Karl Marx

La cuestión turca –

El «Times» –

La expansión rusa

Del inglés.

[«New-York Daily Tribune» núm. 3794 del 14 de junio de 1853]

Londres, martes 31 de mayo de 1853

La flota del almirante Corry fue avistada en la bahía de Vizcaya rumbo a Malta, donde debe reforzar la escuadra del almirante Dundas. Al respecto, el «Morning Herald» observa con toda razón:

«Si se le hubiera permitido al almirante Dundas reunirse hace algunas semanas con la escuadra francesa en Salamina, la situación sería ahora muy distinta.»

En caso de que Rusia, sólo para guardar las apariencias, intentara apoyar las ridículas demostraciones de Ménshikov con verdaderas maniobras de guerra, sus dos primeros pasos consistirían probablemente en la reocupación de los principados del Danubio y en una invasión de la provincia armenia de Kars y del puerto de Batum, territorios que el tratado de Adrianópolis ya había querido asegurarle a toda costa. Como el puerto de Batum es el único refugio seguro para los buques en la parte oriental del Mar Negro, su toma por Rusia privaría a Turquía de la última estación naval en el Ponto y convertiría éste en un mar exclusivamente ruso. Si Rusia poseyera, además de Kars —la parte más rica y mejor cultivada de Armenia—, también este puerto, estaría en condiciones de cortar el comercio de Inglaterra con Persia a través de Trebisonda y de crearse una base de operaciones tanto contra Persia como contra Asia Menor. No obstante, si Inglaterra y Francia se mantienen firmes, Nicolás fracasará en sus planes allí como en su día fracasó la emperatriz Catalina en sus planes durante la lucha contra Aga Mohammed, cuando éste ordenó a sus esclavos que, a latigazos, hicieran regresar a sus barcos al enviado ruso Voinóvich y a sus compañeros desde Asterabad.

En ninguna parte han causado mayor consternación las últimas noticias que en el Printing House Square. Cuando el «Times» se atrevió a levantar de nuevo la cabeza tras el terrible golpe, se desahogó con salidas desesperadas contra el telégrafo eléctrico, esa institución «completamente increíble». «De estos mendaces despachos telegráficos —exclamó— no pueden extraerse conclusiones fiables.» Después de achacar así sus propias conclusiones poco fiables al hilo eléctrico, el «Times» se esfuerza ahora también, exactamente como en las declaraciones de los ministros en el Parlamento, por deshacerse de sus vetustas premisas «fiables».

Dice:

«Cualquiera que sea el destino del Imperio Otomano, o más bien del poder mahometano que lo ha dominado durante cuatro siglos, no puede haber divergencia de opinión entre *todos* los partidos de nuestro país y de Europa sobre el hecho de que el progreso gradual de la población cristiana nativa hacia la civilización y una forma de gobierno independiente es de interés para el mundo entero, y que jamás se debería consentir que esas poblaciones caigan bajo el yugo de Rusia y acrecienten su gigantesco ámbito de dominio. Abrigamos a este respecto la firme confianza de que no sólo Turquía, sino toda Europa opondrían resistencia a semejantes pretensiones de Rusia, y que esa aspiración a anexiones y ampliaciones territoriales no necesita más que mostrarse en su verdadera faz para suscitar antipatía general y una oposición insuperable, en la que los súbditos griegos y eslavos de Turquía están dispuestos, por su parte, a participar activamente.»

¿Cómo se le ocurrió al pobre «Times» creer en las «buenas intenciones» de Rusia para con Turquía y en su «antipatía» contra toda expansión? ¡Las buenas intenciones de Rusia hacia Turquía! Ya Pedro I quería levantarse sobre las ruinas de Turquía. Catalina convenció a Austria e instó a Francia a que participase en el proyectado desmembramiento de Turquía y en la erección de un imperio griego en Constantinopla, que debía gobernar su nieto <Constantino>, criado ya para esa tarea y que incluso había recibido su nombre en vista de ella. Nicolás, mucho más modesto, exige únicamente el *protectorado exclusivo* sobre Turquía. ¡La humanidad no debe olvidar que Rusia ha sido el *protector* de Polonia, el *protector* de Crimea, el *protector* de Curlandia, el *protector* de Georgia, Mingrelia y de las tribus circasianas y caucásicas! ¡Y ahora quiere convertirse además en el *protector* de Turquía! Para ilustrar la «antipatía de Rusia contra las ampliaciones territoriales», menciono los siguientes datos, extraídos del gran número de conquistas realizadas por Rusia desde Pedro el Grande.

Las fronteras rusas han avanzado:

en dirección a Berlín, Dresde y Viena, alrededor de
700 millas
en dirección a Constantinopla, alrededor de
500 millas
en dirección a Estocolmo, alrededor de
630 millas
en dirección a Teherán, alrededor de
1.000 millas.

Las conquistas rusas en Suecia son más extensas que el territorio que aún le queda a ese reino; en Polonia, casi tan grandes como todo el imperio austriaco; en la Turquía europea, mayores que Prusia (sin la provincia renana); en la Turquía asiática, equivalentes al territorio de toda Alemania; en Persia, tan grandes como Inglaterra; en Tartaria, tan grandes como la Turquía europea, Grecia, Italia y España juntas. El total de las conquistas realizadas por Rusia en los últimos sesenta años equivale, en extensión e importancia, al imperio entero que poseía antes de esa época en Europa.

Karl Marx