Karl Marx

La situación política en Holanda -

Dinamarca -

Conversión de la deuda pública británica -

La India -

Turquía y Rusia

["New-York Daily Tribune" Nº 3790 del 9 de junio de 1853]

Londres, martes 24 de mayo de 1853

Las elecciones generales en Holanda, a las que dio lugar la reciente disolución de los Estados Generales, han concluido ya, y el resultado ha sido una mayoría de 12 votos en favor del ministerio ultraprotestante y realista.

Dinamarca se ve en este momento inundada de folletos hostiles al gobierno, entre los cuales sobresalen
"Disolución del Parlamento — expuesta al pueblo danés"
, del señor Grundtvig, y uno anónimo titulado:
"La controvertida cuestión de la sucesión danesa; o qué deben hacer las potencias europeas".
Estos dos panfletos intentan demostrar que la abolición de la antiquísima ley de sucesión, tal como la exige el ministerio y quedó fijada en el Protocolo de Londres, llevará al país a la ruina, pues primero convertiría a Dinamarca en una provincia de Holstein y más tarde en una colonia de Rusia.

Por tanto, todo indica que el pueblo danés ha acabado comprendiendo lo que su oposición ciega a las reivindicaciones independentistas de los ducados de Schleswig y Holstein en 1848 trajo sobre Dinamarca. El pueblo danés insistió en la unión perpetua de su país con Holstein y por eso hizo la guerra contra la revolución alemana; Dinamarca ganó la guerra y retuvo Holstein. Pero, como compensación por aquella conquista, ahora está condenada a perder su propio país. La "Neue Rheinische Zeitung" no cesó, durante los años 1848 y 1849, de advertir a los demócratas daneses de las consecuencias últimas de su actitud hostil hacia la revolución alemana. Predijo sin ambages que Dinamarca, al ayudar a desarmar a la revolución en el extranjero, se encadenaba para siempre a una dinastía que, por haber sido sancionada y adquirido vigencia jurídica la vía legal de sucesión mediante su propio consentimiento, sometería su nacionalidad al bon plaisir [voluntad despótica] del zar ruso. La democracia danesa se negó a seguir este consejo y recibe ahora la misma recompensa por su mezquina insensatez que recibieron los eslavos de Bohemia, quienes, para "proteger su independencia nacional de los alemanes", se lanzaron a la lucha asesina contra los revolucionarios vieneses, los únicos liberadores posibles frente al odiado despotismo alemán. ¿No es esta una dura lección la que ahora se está impartiendo a ambos pueblos, que se dejaron arrastrar por las intrigas de la contrarrevolución a una guerra suicida contra la causa de la revolución?

Ahora que el plan del señor Gladstone para la reducción de la deuda pública ha sido aprobado por el Parlamento y está siendo sometido a una verdadera prueba, sus apologistas —y casi toda la prensa londinense parecía aprobar en alto grado este famoso plan— han enmudecido de repente. Las tres posibilidades del señor Gladstone para la conversión voluntaria de los 500.000.000 de libras esterlinas al 3 % han resultado tan disparatadas que hasta ahora no han encontrado una acogida significativa. — En cuanto a la conversión del fondo del Mar del Sur, hasta la noche del 19 de mayo sólo 100.000 libras de un total de 10.000.000 de libras se habían convertido en nuevas acciones. Una de las reglas generales de tal operación es que, si no se lleva a cabo en las primeras semanas, cada día que pasa pierde más probabilidades de realizarse por completo. Además, el tipo de interés está subiendo en una progresión constante, aunque lenta, pero segura. De ahí que raye casi en la exageración suponer que 10.000.000 de libras en títulos antiguos puedan convertirse en títulos nuevos dentro del plazo prescrito para esta operación. Pero incluso en ese caso, el señor Gladstone tendrá que reembolsar por lo menos 8.000.000 de libras a los propietarios de títulos del Mar del Sur que no están dispuestos a transformarlos en nuevas acciones. El único fondo que ha preparado para tal eventualidad es el saldo estatal en el Banco de Inglaterra, que asciende a unos ocho o nueve millones de libras esterlinas. Pero como este saldo no es un superávit de los ingresos sobre los gastos, sino que sólo está depositado en el Banco porque los ingresos públicos entran algunos meses antes de su vencimiento, el señor Gladstone se encontrará en un futuro próximo en graves apuros financieros, los cuales causarán a la vez serias perturbaciones en las transacciones monetarias del Banco y en el mercado de dinero en general, y tanto más cuanto que una cosecha previsiblemente mala provocará una salida más o menos intensa de metales preciosos.

La carta orgánica de la Compañía de las Indias Orientales expira en 1854. Lord John Russell ha anunciado en la Cámara de los Comunes que el gobierno estará en condiciones de exponer sus puntos de vista sobre el futuro gobierno de la India el 3 de junio, por medio de Sir Charles Wood. En algunos periódicos ministeriales se han hecho insinuaciones, respaldadas por rumores generalizados, de que la coalición habría encontrado un modo de reducir la colosal cuestión de la India a dimensiones casi enanas. El "Observer" prepara a la opinión pública inglesa para una nueva decepción. "En cuanto a la remodelación del gobierno de nuestro imperio oriental" —leemos en este periódico, que está bajo el control de Aberdeen—, "quedará mucho menos por hacer de lo que generalmente se supone." Milord Russell y Milord Aberdeen tendrán incluso mucho menos que hacer de lo que se supone.

Los rasgos principales de la remodelación propuesta parecen consistir en dos cosas muy pequeñas. En primer lugar, el Directorio será "refrescado" con algunos miembros más, nombrados directamente por la Corona; pero incluso esta sangre fresca se suministrará "primero con parsimonia". Esto significa que la cura del viejo sistema directorial debe efectuarse de tal modo que la cantidad de sangre transfundida ahora con "gran prudencia" tenga tiempo suficiente para estancarse antes de que se practique una segunda infusión. En segundo lugar, se pondrá fin a la unión en una sola persona de las funciones de juez y recaudador de impuestos, y los jueces deberán ser hombres instruidos. ¿No se siente uno transportado a aquella época de la más temprana Edad Media, cuando se empezó a sustituir a los señores feudales por jueces a quienes se exigía que tuvieran al menos conocimientos de lectura y escritura, al oír semejantes propuestas?

"Sir Charles Wood", que como Presidente de la Junta de Control presentará a la Cámara esta sólida pieza de reforma, es el mismo Timber que bajo el último gobierno whig reveló dotes intelectuales tan extraordinarias que la coalición se encontró en un terrible aprieto y no supo qué hacer con él, hasta que se le ocurrió la idea de dejárselo a la India. Ricardo III ofreció un reino por un caballo; la coalición ofrece un asno por un reino. En verdad, si la actual idiotez oficial de un gobierno oligárquico es la expresión de lo que Inglaterra hoy es
capaz
de hacer, entonces los tiempos en que Inglaterra dominaba el mundo han pasado.

En ocasiones anteriores hemos visto que la coalición encontraba siempre algún motivo oportuno para aplazar cualquier medida, por pequeña que fuera. Hoy, en lo que atañe a la India, se ve respaldada en su tendencia a aplazar por la opinión pública de dos mundos. El pueblo de Inglaterra y el pueblo de la India exigen por igual que se aplace toda legislación sobre asuntos indios, hasta que se haya escuchado la opinión de la población nativa, se hayan reunido los materiales necesarios y se hayan concluido las investigaciones en curso. En Downing Street ya han llegado peticiones de las tres presidencias desaprobando una legislación precipitada. La escuela de Manchester ha fundado una "Sociedad India", que se dispone a poner en movimiento de inmediato para convocar manifestaciones públicas en la metrópoli y en todo el país con el fin de oponerse a cualquier actividad legislativa en este terreno durante la presente sesión. Además, sesionan actualmente dos comisiones parlamentarias que deben informar sobre la situación del gobierno de la India. Pero esta vez el ministerio de la coalición es implacable. No quiere esperar a la publicación de los dictámenes de comisión alguna. Quiere legislar de inmediato y por la vía directa para 150 millones de personas y por 20 años de una sola vez. Sir Charles Wood está ansioso por pasar por un Manu moderno. ¿A qué viene tan de repente esta prisa precipitada en la legislación por parte de nuestros "prudentes" enfermos políticos?

Quieren renovar la vieja carta de la India por otros 20 años. Para ello se sirven del ancestral pretexto de pretender llevar a cabo una reforma. ¿Por qué? La oligarquía inglesa presiente el cercano fin de sus días de gloria y siente, por tanto, el muy comprensible deseo de concertar, por medio de la legislación inglesa, un pacto que, aun en el caso de que Inglaterra se le escape pronto de sus débiles pero rapaces manos, les asegure a ella y a sus compinches el privilegio de saquear la India durante 20 años.

El sábado pasado llegaron aquí despachos telegráficos procedentes de Bruselas y París con noticias de Constantinopla del 13 de mayo. Inmediatamente después de su llegada se celebró en el Ministerio de Asuntos Exteriores un consejo de gabinete que permaneció reunido tres horas y media. El mismo día se envió por telégrafo al Almirantazgo de Portsmouth la orden de que las dos fragatas de vapor "London" 90 y "Sans-

pareil" 71 zarparan de Spithead rumbo al Mediterráneo. También las fragatas "Highflyer" 21 y "Oden" 16 se mantienen listas para zarpar.

¿Qué contenían esos despachos que tan de repente pusieron a los ministros en febril actividad y sacudieron a Inglaterra de su silenciosa inercia?

Es sabido que la cuestión de los Santos Lugares se ha resuelto a satisfacción de Rusia; según las seguridades dadas por las embajadas rusas en París y Londres, Rusia no pedía otra cosa que la parte principal en dichos Santos Lugares. Los objetivos de la diplomacia rusa no eran menos caballerescos que los de Federico Barbarroja y Ricardo Corazón de León. Al menos eso es lo que nos contaba el "Times".

"Pero", dice el "Journal des Débats", "el 5 de mayo llegó de Odesa la fragata rusa de vapor 'Besarabia', con un coronel ruso a bordo portador de despachos para el príncipe Ménshikov; y el sábado 7 de mayo, el príncipe entregó a los ministros de la Puerta el proyecto de un acuerdo o tratado especial en el que se consignaban las nuevas exigencias y pretensiones. Este es el documento que se denomina lisa y llanamente el ultimátum. Lo acompañaba, en efecto, una nota muy breve en la que se señalaba el martes 10 de mayo como el último día en que el Diván podía aceptarlo o rechazarlo. La nota terminaba aproximadamente así: 'Si la Sublime Puerta estima oportuno responder con una negativa, el emperador se verá obligado a ver en este acto una total falta de respeto hacia su persona y hacia Rusia, y no recibiría la noticia sino con el más
profundo pesar
.'"

El objetivo principal de este tratado era asegurar al emperador de Rusia el protectorado sobre todos los súbditos griego-ortodoxos de la Puerta. En virtud del Tratado de Kütschük-Kainardschi, concertado a fines del siglo XVIII, se permitió erigir una capilla griega en Constantinopla, y a la embajada rusa se le había concedido el derecho de intervenir en los litigios entre los sacerdotes de dicha capilla y los turcos. Este privilegio fue confirmado nuevamente en el Tratado de Adrianópolis. Lo que ahora exige el príncipe Menschikow es la transformación de ese privilegio excepcional en un protectorado general sobre toda la iglesia griego-ortodoxa en Turquía, es decir, sobre la gran mayoría de la población de la Turquía europea. Además, Menschikow exige que los patriarcas de Constantinopla, Antioquía, Alejandría y Jerusalén, así como los metropolitanos, sean inamovibles, salvo que se les declare culpables de alta traición (contra los rusos), y

aun entonces solo podrán ser destituidos con el consentimiento del zar. Exige, en otras palabras, la renuncia del sultán a su soberanía en favor de Rusia.

Las noticias que trajo el telégrafo el sábado decían: en primer lugar, que el príncipe Menschikow había concedido un nuevo aplazamiento —hasta el 14 de mayo— para la respuesta a su
Ultimatum
; luego, que se había producido un cambio en el ministerio turco, en virtud del cual Reschid Pachá, adversario de Rusia, había sido nombrado Ministro de Asuntos Exteriores y Fuad Efendi reintegrado a su cargo; y, por último, que el
ultimátum ruso había sido rechazado
.

Aun cuando Rusia hubiera obtenido una serie de victorias decisivas, no habría podido presentar a Turquía exigencias más amplias. Esta es la mejor prueba de cuán tenazmente se aferra Rusia a su idea arraigada de que cada interregno de la contrarrevolución en Europa le da derecho a concesiones por parte del Imperio Otomano. Y, en efecto, desde la primera revolución francesa, cada retroceso en el continente ha sido sinónimo de un avance ruso en Oriente. Pero Rusia se equivoca al confundir el estado actual de Europa con su situación después de los congresos de Laibach y Verona, o incluso después de la paz de Tilsit. La propia Rusia teme la revolución que ha de seguir a toda guerra europea general mucho más de lo que el sultán teme el ataque del zar. Si las demás potencias permanecen firmes, Rusia se retirará sin duda con la mayor modestia. Pero sea como fuere, sus últimas maniobras han dado, en todo caso, un poderoso impulso a aquellos elementos que están desorganizando a Turquía desde dentro. La única cuestión es esta: ¿Actúa Rusia por impulso propio y libre, o no es más que el esclavo inconsciente y renuente del moderno
fatum
—la revolución? Creo en esta última posibilidad.

Karl Marx