Karl Marx LA COMPAÑIA DE LA INDIA ORIENTAL • SU HISTORIA Y LOS RESULTADOS DE SU ACTIVIDAD Londres, viernes 24 de junio de 1853.

El debate en torno de la moción de lord Stanley, de postergar la legislación para la India, ha sido diferido hasta esta tarde. Por primera vez desde 1783, el problema indio se ha convertido en un problema ministerial en Inglaterra. ¿Por qué? El verdadero comienzo de la Compañía de la India oriental no puede fijarse en fecha anterior a 1702, cuando las diferentes sociedades que reclamaban el monopolio del comercio con la India oriental se fusionaron en una sola compañía. Hasta entonces, la existencia misma de la primitiva Compañía de la India estuvo continuamente en peligro, y en una ocasión quedó suspendida durante años, bajo el protectorado de Cromwell, y en otra oportunidad fue amenazada de disolución total por intervención parlamentaria, bajo el reinado de Guillermo III. Gracias al ascendiente de ese príncipe holandés, cuando los whigs se convirtieron en los recolectores de los ingresos del Imperio británico, cuando nació el Banco de Inglaterra, cuando quedó firmemente consolidado en Inglaterra el sistema proteccionista y definitivamente establecido el equilibrio de fuerzas en Europa, el parlamento reconoció la existencia de la Compañía de la India oriental. Esa era de aparente libertad, fue en realidad la época de los monopolios no constituidos por privilegios reales, como en tiempos de Isabel y de Carlos I, sino autorizados y nacionalizados por sanción parlamentaria. En realidad, esa época de la historia de Inglaterra tiene gran semejanza con la de Luis Felipe en Francia, durante la cual fue derrotada la antigua aristocracia terrateniente, y la burguesía no pudo ocupar el lugar de aquélla, a no ser bajo la bandera de la dinerocracia, o de la "haute finance". La Compañía de la India oriental excluía a la gente común del comercio con la India, a la vez que la Cámara de los Comunes la excluía de la representación parlamentaria. En este caso, como en otros, nos encontramos con la primera victoria decisiva de la burguesía sobre la aristocracia feudal, coincidente con la reacc1on más pronunciada contra el pueblo, fenómeno que ha llevado a más de un escritor popular, como por ejemplo Cobbett, a buscar la libertad popular más bien en el pasado que en el futuro. _ La unión entre la monarquía constitucional y los intereses financieros monopolistas, entre la Compañía de la India or_iental y la "gloriosa" revolución de 168215, fue alentada por la misma fuerza mediante la cual los intereses liberales y una dinastía liberal se encontraron y unieron en todas las épocas y todos los países: la fuerza de la corrupción, motor primero y último de la monarquía constitucional, ángel guardián de Guillermo III y demonio fatal de Luis Felipe. Ya en 1693 las investigaciones parlamentarias revelaban que los gastos anuales de la Compañía de la India oriental en el rubro "obsequios" a los hombres que se encontraban en el poder, que antes de la revolución rara vez eran superiores a las 1.200 libras esterlinas, llegaron a f. 90.000. El duque de Leeds fue acusado de haber recibido un soborno de f. 5.000, y el virtuoso rey en persona culpado de recibir f. 10.000. Además de estos sobornos directos, las compañías rivales fueron eliminadas tentando al gobierno con préstamos de enormes sumas al más bajo interés, y con la compra de directores rivales. Para conservar el poder que había obtenido sobornando al gobierno, como lo hizo el Banco de Inglaterra, la Compañía de la India oriental se vio obligada a seguir sobornando, del mismo modo que el Banco de Inglaterra Cada vez .que su monopolio estaba por expirar, sólo podía lograr la renovación de su Carta ofreciendo nuevos préstamos y nuevos obsequios al gobierno. Los acontecimientos de la Guerra de Siete añosl 6 trasformaron a la Compañía de la India oriental, de potencia comercial en potencia militar y territorial. Fue entonces cuando se sentaron las bases del actual Imperio británico del este. Los valores de la India oriental se elevaron a f: 263, y los dividendos se pagaban entonces a una tasa del 12 1/2 por ciento. Pero apareció un nuevo enemigo para la compañía, no ya en la forma de sociedades rivales, .sino en la de ministros rivales y de un pueblo rival. Se afirmaba que el territorio de la compañía había sido conquistado con la ayuda de la flota y los ejércitos británicos, y que ningún súbdito británico podía poseer soberanías territoriales independientemente de la Corona. Los ministros de entonces y la gente de la época reclamaban su parte de los "maravillosos tesoros" que suponían obtenidos por las últim~ conquistas. La compañía sólo pudo salvar su existencia mediante un acuerdo finnado en 1767, por el cual se comprometía a pagar anualmente f. 400.000 al Tesoro nacional.

• Pero en lugar de cumplir el acuerdo, la Compañía de la India oriental se vio envuelta en dificultades financieras, y no sólo no pagó un tributo al pueblo inglés, sino que solicitó ayuda pecuniaria al parlamento. Como consecuencia de ese paso se introdujeron serias modificaci◊nes en la Carta. Como los negocios de la compañía no mejoraban a pesar de la nueva situación, y como simultáneamente la nación inglesa había perdido sus colonias en América del Norte, comenzó a sentirse en forma cada vez más general, la necesidad de reconquistar en otra parte un gran Imperio colonial. El ilustre Fox creyó, en 1783, que había llegado el momento oportuno para presentar su famoso proyecto de ley para la India, por el cual proponía abolir las Cortes de Directores y Propietarios, y poner todo el gobierno indio en manos de siete comisionados designados por el parlamento. Por influencia personal del rey imbecil sobre la Cámara de los Lores, el proyecto de ley de Mr. Fox no fue aprobado, y se convirtió en instrumento de la caída del gobierno de coalición de entonces, ae Fox y lord North, y de la instalación del famoso Pitt al frente del gobierno. En 1784 Pitt hizo aprobar en las dos Cámaras un proyecto de ley que se orientaba al establecimiento de una Junta de Control integrada por seis miemmos del Consejo Privado, quienes debían "comprobar, vigilar y controlar todos los actos, operaciones y empresas de algún modo relacionados con el gobierno civil y miliw, o con las rentas de los territorios y posesiones de la Compañía de la India oriental".

Sobre este punto dice Mili, el historiador: "Al aprobar la ley se perseguían dos fines. Para evitar lB impuª Se trata de la separación de las 13 colonias de -Inglaterra en América del Norte (Massachusetts, Nueva York, Nueva Jersey, Pennsylvania, Virginia, Maryland, Carolina del norte y del sur, Georgia y otras) como resultado de la guerra libertadora revolucionaria por la independencia que tuvo Jugar en ellas entre 1'i75 y 1783. La Victoria de las colonias norteamericanas en esa guerra y la formación de un estado americano independiente debilitaron en cieria medida el ¡redominio marítimo y colonial de Inglaterra. b Jorge III. t.ación de lo que era present.ado como el atroz objetivo del proyecto de ley de Mr. Fox, era necesario que la mayor parte del poder pareciera quedar en manos de los directores. Para conveniencia ministerial era preciso que en /a realidad se les quitara todo el poder. El proyecto de ley de Mr. Pitt aparentaba diferir del de su rival, principalmente en este punto, puesto que, mientras el uno destruía el poder de los directores, el otro lo dejaba casi intacto. Bajo la ley de Mr. Fox, los ministros habrían conserva~o sus poderes en forma declarada. Según la de Mr. Pitt, los conservaban en forma secret.a y fraudulenta. El proyecto de ley de Fox trasfería el poder de la compañía a comisionados designados por el parlamento. El de Mr. Pitt lo ponía en manos de comisionados designados por el rey". Así, pues, 1783 y 1784 fueron los primeros, y hasta el momento los únicos años en que . el asunto de la India se convirtió en un problema ministerial. Como el proyecto de ley de Mr. Pitt fue aprobado, se renovó la Carta de la Compañía de la India oriental y se dejó a un lado el problema de la India por veinte años. Pero la guerra antijacobina de 1813 y el proyecto de reforma de la leyb, nuevamente presentado en 1833, desalojaron a todos los demás problemas políticos. Este es, pues, el primer motivo de que el problema indio no se haya convertido en un gran problema político antes y después de 1784; de que antes de esa época la Compañía de la India oriental tuviese que conquistar existencia e importancia; de que después de esa época la oligarquía absorbiese todo el poder que podía usurpar sin asumir responsabilidades; y de que luego el pueblo inglés en general, en la época misma de la renovación de la Carta, en 1813 y 1833, estuviera absorbido por otros problemas de imperioso interés. Adoptaremos ahora un enfoque distinto. La Compañía de la India oriental comenzó simplemente por un intento de establecer factorías para sus agentes y depósitos para sus mercancías. A fin de protegerlos. levantó varios fuertes. Aunque ya en 1689 había cona Guerra Antijacobina: la que Inglaterra inició en 1793 contra 11.1 Francia revolucionaria, cuando los jacohinoi: estaban Pn el poder en ésta, y que continuó contra el imperio napoleónico.- b Proyecto de reforma de la tt>:v: Se refiere a la reforma electoral llevada a etabo por el parlamento británico en junio de 1832. Estaba dirigida contra el monopolio político de la aristocracia terrateniente y financiera, y briru:ló acceso al parlamento a ios representantes de la burguesía industrial. cebido el establecimiento de un dominio en la India y pensado hacer de la renta territorial una de sus fuentes de emolumentos, hasta 1744 sólo había adquirido unos pocos distritos sin importancia alrededor de Bombay, Madrás y Calcuta. La guerra que estalló posteriormente en el Carnatic convirtió a la compañía, luego de varias luchas, en soberana virtual en esa región de la India. La guerra en Bengala y las victorias de Clive produjeron resultados mucho más considerables: la ocupación real de Bengala, Bihar y Orissa. A fines del siglo XVIII y durante los primeros años del actual, estallaron las guerras con Tippoo-Sahib, cuya consecuencia fue un gran aumento de poder y una inmensa expansión del sistema subsidiariol 7• En la segunda década del siglo XIX se había conquistado, al cabo, la primera frontera conveniente, la de la India dentro del desierto. Sólo entonces penetró el Imperio británico del este en las regiones del Asia que siempre fueron la sede de todas las grandes potencias centrales en la India. Pero los puntos más vulnerables del Imperio, las barreras de la frontera occidental, de los cuales fue expulsado con tanta frecuencia como los antiguos conquistadores lo eran por los nuevos, no estaban en manos de los ingleses. En los años que median entre 1838 y 1849, durante las guerras contra los sikh y los afganos, el régimen británico logró la posesión definitiva de las fronteras etnográficas, po!íticas y militares del continente de la India oriental, por medio de la anexión compulsiva del Penjab y Sindhi 18. Estas posesiones le eran indispensables para repeler a cualquier fuerza invasora proveniente de Asia central, e indispensables para frenar el avance ruso hacia las fronteras de Persia. Durante esta última década se han agregado al territorio británico de la India 167.000 millas cuadradas, con una población de 8.572.630 almas. En cuanto al interior, todos los estados nativos se encuentran ahora rodeados de posesiones británicas, sometidos a la suzeraineté británica bajo diversas formas, y aislados de la costa marítima, con la sola excepción de Gujarat y Sindhi. En el aspecto exterior, la India estaba terminada. El único y gran imperio anglo-indio sólo existe desde 1849. De este modo, bajo el nombre de la compañía, el gobierno británico luchó durante dos siglos, hasta llegar por fin a los límites naturales de la India. Ahora entendemos por qué durante todo ese tiempo los partidos de Inglaterra, inclusive los que habían resuelto convertirse en los más estrepitosos en sus hipócritas cantos de paz, toleraron todo en silencio hasta que quedara terminado el arrondissement del Imperio. único de la India. Primero, desde luego, tenían que lograrlo, a fin de someterlo luego a su aguda filantropía. Desde este punto de vista se entiende la modificación del problema de la India en este año de 1853, én comparación con todos los períodos anteriores de renovación dé la Carta. Partamos, una vez más, de un criterio diferente. Se comprenderá mejor aun la peculiar crisis de la legislación india si analizamos en sus distintas fases la marcha del intercambio comercial de Inglaterra con la India Cuando la Compañía de la India oriental inició sus operaciones, bajo el reinado de Isabel, se le autorizó, a efectos de que realizara provechosamente su comercio con la India, a exportar un valor anual de t 30.000 en plata, oro y divisas extranjeras. Se trataba de una infracción a todos los prejuicios de la época, y Thomas Mun se vio obligado a establecer, en Un discurso sobre comercio de Inglaterra hacia la India oriental, las bases del "sistema mercantil", y a admitir que los metales preciosos eran la única riqueza real que un país podía poseer, a la vez que afirmaba que podía pentlitirse sin riesgos su exportación, siempre que la balanza de pagos fuese favorable a la nación exportadora. En este sentido, afirmó que las mercancías importadas de la India oriental eran en su mayor parte reexportadas a otros países, de los cuales se obtenía una cantidad de metálico mucho mayor de la que había sido necesaria para pagarlas en la India En el mismo espíritu, sir .Josiah Child escribió Un tratado en el que se demuestra, I, que el comercio de la India oriental es el más nacional de todos los comercios exteriores. Muy pronto los partidarios de la Compai1ía de la India oriental se volvieron más audaces, y puede señalarse como una curiosidad, en esta extraña historia de la India, que los monopolistas indios fueron los primeros predicadores del libre cambio en Inglaterra La intervención parlamentaria en lo referente a la compañía fue reclamada otra vez -no por la clase comercial, sino por la industrial- a fines del siglo XVII y durante gran parte del XVIII, cuando se declaró que la importación de telas de algodón y de seda de la India oriental arruinaba a los pobres fabricantes británicos, opinión expuesta por John Pollexfen en su Incompatibilidad entre las manufacturas de Inglaterra y la India oriental, Londres, 1697, título extraordinariamente justificado siglo y medio después,. pero en un sentido muy diferente. El parlamento intervino entonces. Según las leyes 11 y 12 de Guillermo III, cap. 10, se establecía la prohibición de usar sedas y calicó estampado o teñido de la India, Persia y China, y se imponía una multa de t 200 a toda persona que los poseyera o vendiese. Leyes similares se pusieron en vigor bajo Jorge I, 11 y III, como resultado de las reiteradas lamentaciones de los que después serían los tan "esclarecidos" fabricantes británicos. Y de este modo, durante la mayor parte del siglo XVIII las manufacturas indias fueron importadas en general a Inglaterra para venderlas en el continente, y se las excluyó del mercado inglés mismo. Junto a esta intervención parlamentaria respecto de la India oriental, solicitada por los codiciosos industriales del país, los comerciantes de Londres, Liverpool y Bristol se esforzaron en todo momento por lograr la renovación de la Carta, a fin de quebrar el monopolio comercial de la compañía y participar en ese comercio, considerado como una verdadera mina de oro. Como resultado de estos esfuezzos se incluyó en la ley de 1773 una cláusula que prorrogaba la Carta de la compañía hasta el 1° de mano de 1814, y que autorizaba a los ciudadanos privados ingleses a exportar de Inglaterra -y los servidores indios de la compañía a importar a Inglaterra- casi cualquier clase de mercancías. Pero esta concesión estaba rodeada de condiciones que anulaban sus efectos en lo relativo a fas exportaciones a la India británica por comerciantes privados. En 1813 la compañía no pudo continuar resistiendo la presión del comercio general, y, con la excepción del monopolio del comercio chino, el intercambio con la India fue abierto a la competencia privada bajo ciertas condiciones. Al renovarse la Carta en 1833, estas últimas restricciones quedaron por fin anuladas, se prohibió a la compañía realizar comercio alguno -se invalidó su carácter comercial,...., se le retiró el privilegio de excluir a los súbdit_os británicos de los territorios indios. Entretanto el comercio de la India oriental había sufrido muy serias modificaciones, que alteraban totalmente la posición de los diferentes intereses de_ clase en Inglaterra respecto del mismo. Durante todo el siglo XVIII, las riquezas trasportadas de la India a Inglaterra fueron logradas, no tanto por un comercio relativamente insignificante, cuanto por la explotación directa de ese país, y por las colosales fortunas que se arrancaban de allí y se enviaban a Inglaterra. Con la apertura de los mercados en 1813, el comercio con la India llegó a más del triple en muy poco tiempo. Pero no fue eso todo. Toda la naturaleza del comercio cambió. Hasta 1813 la India había sido principalmente un país exportador, mientras que entonces se convirtió en importador; y en tan rápida progresión, que ya en 1823 el tipo de cambio, que en general había sido de 2/6 por rupia, bajó a 2 por rupia. La India, que desde tiempos inmemoriales era el gran taller de manufactura algodonera para todo el mundo, fue inundada de hilados y telas de algodón ingleses. Después de que su propia producción fue excluida de Inglaterra, o admitida sólo en las condiciones más crueles, los productos manufacturados británicos se volcaron sobre la India, pagando impuestos pequeños, puramente nominales, para ruina de las telas nacionales de algodón, otrora tan célebres. En 1780 el valor de la producción de las manufacturas británicas era de sólo t 386.152, el metálico exportado durante ese mismo año de t 15.041, y el valor total de las exportaciones de t 12.648.616, de manera que el comercio con la India era apenas 1/32 de todo el comercio exterior. En 1850 las exportaciones totales de Gran Bretaña e Irlanda a la India fueron de t 8.024.000, de las cuales sólo los géneros de algodón represen• taban t 5.220.000, de modo que llegaron a más de 1/8 de la población de Inglaterra, y aportaba 1/12 del total de las rentas nacionales. Después de cada crisis comercial el comercio con la India oriental adquiría importancia más trascendental para los fabri• cantes de telas de algodón británicos, y el continente de la India oriental se convirtió, en realidad, en su mejor mercado. En la misma proporción en que las manufacturas algodoneras adquirieron interés vital para toda la estructura social de Gran Bretaña, la India oriental se tornó vitalmente importante para la manufactura algodonera británica. Hasta entonces los intereses de la dínerocracia que había conver• tido a la India en su· posesión territorial, los de la oligarquía que la conquistó con sus ejércitos y los de la industriocracia que la inundó con sus telas habían ido de la mano. Pero cuanto más dependían los intereses industriales del mercado indio, más necesidad sentían de crear nuevas fuerzas productivas en la India, después de haber arruinado su industria nacional. No es posible continuar inundando un país con las propias manufacturas, si no se le permite entregarle a uno algún producto en cambio. Los intereses industriales descubrieron que su comercio declinaba en lugar de aumentar. En los cuatro años anteriores a 1846, las exportaciones de- Gran Bretaña a la India alcanzaron la suma de 261 millones de rupias; en los cuatro años anteriores a 1850 sólo fueron de 253 millones, en tanto que las importaciones del primer período fueron de 274 millones de rupias, y las del último de 254 millones. Descubrieron que la capacidad de consumo de sus mercancías se había contraído en la India al nivel más bajo posible, que el consumo de sus manufactu• ras por las Indias occidentales británicas era de un valor de unos 14 chelines por cabeza y por año, el de Chile de 9 chelines 3 peni• ques, el de Brasil de 6 chelines 5 peniques, el de Cuba de 6 chelines 2 peniques, el de Perú de 5 chelines 7 peniques, el de América Central de 10 chelines, mientras que en la India sólo era de unos 9 chelines. Luego vino una cosecha pobre de algodón en Estados Unidos, que les causó una pérdida de f: 11.000.000 en 1851, y se sintieron exasperados por tener que depender de Norteamérica, ·en lugar de obtener en la India oriental el algodón en rama suficiente. Además, advirtieron que todos sus intentos de invertir capitales en la India chocaban con impedimentos y trapacerías por parte de las autoridades indias. De ese modo, la India se convirtió en campo de batalla de la contienda entre los intereses industriales por una parte, y los de la dinerocracia y la oligarquía por la otra; Los fabricantes, cons(.'ientes de su ascendiente en Inglaterra, reclaman ahora la aniquilación de esas fuerzas antagónicas en la India, la destrucción de toda la antigua estructura del gobierno de la India y la liquidación final de la Compañía de la India oriental. Y ahora el cuarto y último punto de vista desde el cual debe juzgarse el problema de la India. Desde 1784 las. finanzas de ésta se han hundido cada vez más profundamente en dificultades. Hoy hay una deuda nacional de 50 millones de libras, una continua reducción en las rentas públicas y un aumento correspondiente en los gastos, dudosamente equilibrado por los riesgosos ingresos del impuesto al opio, que en este momento es amenazado de extinción 7-'B qu~ los chinos han comenzado a cultivar ellos mismos la amapola- y es agrando por los gastos que pueden preverse de la ínsensata guerra de Binnania 19. "Tal como están las cosas -dice Mr. Dickinson--·, a'>í como la pérdida de su Imperio de la India significaría la mina de Inglaterra, la obligación de conservarlo significa llevar nuestras propias finanzas a la ruina." He demostrado e.sí por qué el problema de la India se ha con• vertido, por primera vez desde 1...83. en un problem;ei inglés, y en un problema ministerial. Escrito el 24 de junio de 1853. Publicado en el New• Y()l'k Daily Tri• bune, núm. 3.816, del 11 de julio de 1853.