Por Karl Marx

La nueva prestidigitación financiera

o Gladstone y los peniques

Escrito el 12 de abril de 1853.

[“The People’s Paper” nº 50 del 16 de abril de 1853]

Nuestros lectores saben por propia experiencia, y lo notan en sus bolsillos, que antiguas fullerías financieras han cargado sobre el pueblo una deuda pública de 800.000.000 de libras esterlinas. Esa deuda fue contraída principalmente para impedir la emancipación de las colonias americanas y para contrarrestar la Revolución Francesa del siglo pasado. La influencia que el aumento de la deuda pública ejerce sobre el incremento de los gastos públicos quedará ilustrada por el siguiente pequeño cuadro:

1. Deuda pública

Al subir la reina Ana al trono después de Guillermo (1701)

16.394.702 lib. est.

Al subir Jorge I al trono (1714)

54.145.363 lib. est.

Al subir Jorge II al trono (1727)

52.092.235 lib. est.

Al asumir Jorge III las riendas del gobierno (1760)

146.682.844 lib. est.

Después de la guerra de América (1784)

257.213.043 lib. est.

Al final de la guerra antijacobina (1801)

579.931.447 lib. est.

En enero de 1810 (durante la guerra napoleónica)

811.898.082 lib. est.

Después de 1815, aproximadamente

1.000.000.000 lib. est.

2. Gastos públicos

Todos los gastos, incluidos los intereses de la deuda pública

Al subir la reina Ana al trono después de Guillermo (1701)

5.610.987 lib. est.

Al subir Jorge I al trono (1714)

6.633.581 lib. est.

Al subir Jorge II al trono (1727)

5.441.248 lib. est.

Al asumir Jorge III las riendas del gobierno (1760)

24.456.940 lib. est.

Al final de la guerra antijacobina (1801)

61.278.018 lib. est.

3. Impuestos públicos

Bajo la reina Ana (1701)

4.212.358 lib. est.

Bajo Jorge I (1714)

6.762.643 lib. est.

Bajo Jorge II (1727)

6.522.540 lib. est.

Bajo Jorge III (1760)

8.744.682 lib. est.

Después de la guerra de América (1784)

13.300.921 lib. est.

Después de la guerra antijacobina (1801)

36.728.971 lib. est.

1809

70.240.226 lib. est.

Después de 1815 aproximadamente

82.000.000 lib. est.

El pueblo sabe muy bien por experiencia en su propio bolsillo cuán gravosamente pesa la deuda pública sobre los impuestos; pero pocos saben bajo qué peculiares condiciones fue contraída esa deuda y continúa subsistiendo. El “Estado”, ese medio de poder común de los terratenientes y especuladores bursátiles entrelazados entre sí, necesita dinero para llevar a cabo la opresión tanto en el interior como en el exterior. Toma dinero prestado de capitalistas y usureros y les da a cambio un pedazo de papel en el que se obliga a pagar tantos y cuantos intereses por cada 100 libras esterlinas prestadas. Los medios para pagar esos dineros los saca, en forma de impuestos, de los bolsillos de la clase obrera, de modo que es el pueblo mismo quien tiene que servir de fiador a sus opresores frente a aquellos que prestan su dinero para que al pueblo se le pueda cortar el cuello. Este dinero es tomado prestado como deuda bajo diversas denominaciones: a veces se paga por él el 3, el 3 ¹/₂ o el 4%, etc., y según el porcentaje y otras contingencias, los fondos reciben también diversas denominaciones: del tres por ciento, etc.

Pero como no es la clase obrera sola, sino que también los fabricantes y los terratenientes tienen que pagar una parte de esos intereses y se esfuerzan por pagar lo menos posible, cada canciller del Exchequer –siempre que no sea whig– intenta reducir esta pesadilla por un procedimiento u otro.

El 6 de abril, antes de que se presentara la propuesta del presupuesto del actual ministerio, el señor Gladstone sometió a la Cámara de los Comunes diversas propuestas, relativas a la deuda pública, para su aprobación. Con anterioridad, el “Morning Chronicle” había comunicado que se harían propuestas de la mayor importancia, las cuales, “según se decía, serían de gran trascendencia y de interés insólito”. A raíz de esos rumores subieron los títulos del Estado; se tenía la impresión de que Gladstone quería extinguir la deuda pública. Así pues, “¿qué significaba todo ese barullo?”

El objetivo final de las propuestas del señor Gladstone era, como él mismo dijo, la reducción de los intereses de los diversos títulos del Estado al 2 ¹/₂ %. En los años 1822/1823, 1824/1825, 1830/1831, 1844/1845 ya habían tenido lugar reducciones del 5% al 4 ¹/₂ %, del 4 ¹/₂ % al 4%, del 4% al 3 ¹/₂ %, del 3 ¹/₂ % al 3%. ¿Por qué no podría ahora efectuarse una nueva reducción del 3% al 2 ¹/₂ %?

Examinemos, pues, lo que el señor Gladstone propone para alcanzar ese objetivo.

En primer lugar, propone reunir bajo un denominador común ciertos títulos por un importe de 9.500.000 libras esterlinas, relacionados ante todo con la vieja estafa del Mar del Sur, y reducirlos forzosamente del 3% al 2 ³/₄ %. Esto supone un ahorro corriente anual de unas 25.000 libras esterlinas. La invención de una nueva denominación unificada para diversos títulos y el ahorro de 25.000 libras esterlinas frente a gastos de 30.000.000 de libras esterlinas anuales no es precisamente una hazaña demasiado admirable.

En segundo lugar, propone la emisión de un nuevo título valor bajo la denominación de bonos del Tesoro, que no exceda de 30.000.000 de libras esterlinas. Esos bonos del Tesoro serán transmisibles mediante simple entrega, sin costo alguno, y devengarán el 2 ³/₄ % hasta el 1 de septiembre de 1864, y luego, hasta el 1 de septiembre de 1894, el 2 ¹/₂ % de interés. Esto no es, pues, otra cosa que la creación de un nuevo instrumento financiero en beneficio de la clase acaudalada y comerciante. Dice “sin costos”, es decir, sin costos para los hombres de la Bolsa. En la actualidad existen letras del Tesoro por 18.000.000 de libras esterlinas al 1 ¹/₂ %. ¿No significa una pérdida para el país que por los bonos del Tesoro haya de pagar un 1% más que por las letras del Tesoro? La segunda propuesta, en todo caso, nada tiene que ver con una disminución de la deuda pública. Las letras del Tesoro solo pueden circular en Inglaterra; los bonos del Tesoro son transmisibles como letras de cambio ordinarias. Esta medida no es, por tanto, más que una facilidad para los hombres de la Bolsa, que el pueblo ha de pagar a un elevado precio.

Llegamos, por último, al único punto importante: los consols del tres por ciento y los “tres por ciento reducidos”, que juntos representan un capital de casi 500.000.000 de libras esterlinas. Una disposición parlamentaria prohíbe la reducción forzosa de estos títulos, salvo mediante un preaviso de doce meses. El señor Gladstone elige, por tanto, un procedimiento de canje voluntario y ofrece a los poseedores de los títulos del tres por ciento la posibilidad de cambiarlos, a su elección, por otros que se crearán conforme a sus propuestas. Los poseedores de los títulos del tres por ciento tendrán la opción de canjear cada 100 libras esterlinas de sus títulos de una de las tres maneras siguientes:

1. Canje parcial. Cada 100 lib. est. de los títulos del tres por ciento pueden canjearse por un bono del Tesoro por el mismo importe, que devengará hasta 1864 2 libras 15 chelines, y hasta 1894 2 libras 10 chelines. Si la totalidad de los 30.000.000 de libras esterlinas en bonos del Tesoro al 2 ¹/₂ % sustituyeran a los 30.000.000 de libras esterlinas en consols del 3%, resultaría para los primeros diez años un ahorro de 75.000 libras esterlinas y, después de esos diez años, de 150.000 libras esterlinas: en total, 225.000 libras esterlinas. Sin embargo, el gobierno estaría obligado a reembolsar los 30.000.000 de libras esterlinas al cabo de cuarenta años. Esta propuesta no constituye, en modo alguno, una medida apta para enfrentarse a fondo, ni siquiera parcialmente, con la deuda pública. ¿Qué son 225.000 libras esterlinas de ahorro frente a gastos anuales de 30.000.000 de libras esterlinas?

2. La segunda propuesta establece que los poseedores de títulos del tres por ciento reciban, por cada 100 libras esterlinas, 82 libras 10 chelines en nuevos títulos del 3 ¹/₂ por ciento, los cuales devengarán hasta el 5 de enero de 1894 3 libras 10 chelines por cada 100 libras esterlinas. Si la gente acepta este canje, en lugar de los actuales 3 libras esterlinas de intereses percibirá solo 2 libras 17 chelines 9 peniques, o, en otras palabras, perderá por cada 100 libras esterlinas 2 chelines 3 peniques en intereses. Si la totalidad de los 500.000.000 de libras esterlinas se convirtiera conforme a esta propuesta, la nación, en vez de los 15.000.000 de libras esterlinas anuales pagados hasta ahora, solo tendría que pagar 14.437.500 libras esterlinas, lo que equivaldría a una ganancia de 562.500 libras esterlinas al año. ¡Pero por este exiguo ahorro de 562.500 libras esterlinas, el Parlamento se ataría las manos durante medio siglo, aprobando un tipo de interés que supera el 2 ⁴/₅ %, y ello en una época en que todo está sujeto a cambios y reina la más extrema incertidumbre acerca de la tasa de interés futura! Ciertamente, Gladstone habría ganado una cosa: al cabo de los cuarenta años, en lugar de los títulos del tres por ciento, protegidos hoy por un preaviso de doce meses, existirían títulos del 3 ¹/₂ por ciento que el Parlamento podría reembolsar a la par. Gladstone no propone ninguna restricción para los títulos del 3 ¹/₂ por ciento.

3. La tercera propuesta dice así: los tenedores de cada 100 libras esterlinas en títulos del tres por ciento recibirán 110 libras esterlinas en nuevos títulos del 2 ¹/₂ por ciento, con vencimiento hasta 1894. Cuando el 6 de abril Gladstone expuso por primera vez su plan a la Cámara de los Comunes, aún no había fijado el importe de los nuevos títulos del 2 ¹/₂ por ciento a emitir. Pero cuando el señor Disraeli le hizo notar que toda persona razonable, comparando esta propuesta con las otras dos, optaría sin duda por la conversión de sus 100 libras esterlinas en títulos del tres por ciento por 110 libras esterlinas en títulos del 2 ¹/₂ por ciento, y que, además, si se convirtieran los 500.000.000 de libras esterlinas del tres por ciento en nuevos títulos del 2 ¹/₂ por ciento, la nación, por un lado, ganaría anualmente 1.250.000 libras esterlinas, pero, por otro lado, la deuda pública aumentaría en 50.000.000 de libras esterlinas, el señor Gladstone modificó al día siguiente su propuesta y planteó limitar los nuevos títulos del 2 ¹/₂ por ciento a 30.000.000 de libras esterlinas. Con esa limitación, sin embargo, su propuesta pierde toda influencia notable sobre la gran masa de la deuda pública y solo aumenta su importe en 3.000.000 de libras.

Ahora conocéis “una de las más significativas y grandiosas propuestas financieras que jamás se hayan hecho”. Probablemente no hay mayor patraña en el mundo que la llamada hacienda. Las operaciones más simples, relativas al presupuesto y a la deuda pública, son designadas por los adeptos de esta “ciencia oculta” con los términos más abstrusos; detrás de esa terminología se ocultan las maniobras triviales de crear diversas denominaciones de títulos –el canje de papeles viejos por nuevos, la reducción del interés y el aumento del capital nominal, el aumento del interés y la reducción del capital, la introducción de primas, bonificaciones y acciones preferentes, la distinción entre anualidades amortizables y no amortizables, la gradación artificial de las posibilidades de transmisión de los distintos títulos, de modo que el público queda totalmente confundido por esta abominable escolástica bursátil y se pierde por completo en la multiplicidad de los detalles. Pero a los usureros, cada nueva operación financiera de este tipo les brinda una oportunidad ansiosamente esperada para desplegar su funesta y rapaz actividad. El señor Gladstone es, sin duda, un maestro en esta especie de alquimia financiera, y Disraeli caracteriza su propuesta con mucho acierto cuando dice:

“El ingenio y el genio de los casuistas más consumados jamás han ideado una maquinaria más complicada y enmarañada para alcanzar un resultado tan insignificante. En los escritos de santo Tomás de Aquino hay un capítulo donde se discute la cuestión de cuántos ángeles pueden bailar en la punta de un alfiler. Aquella fue una de las flores más exquisitas del espíritu humano; y en las propuestas de Gladstone reconozco un sorprendente parentesco con aquel egregio espíritu.”

Recordarán ustedes nuestra constatación de que el fin último de los planes de Gladstone era la creación de un fondo «normal» del 2 1/2 por ciento. Pues bien, para alcanzar este fin, crea un fondo muy limitado del 2 1/2 por ciento y un empréstito ilimitado del 3 1/2 por ciento. Para crear el fondo limitado del 2 1/2 por ciento, reduce el tipo de interés en un 1/2 por ciento y aumenta el capital mediante una prima del 10 por ciento. Para eludir la dificultad de la ley, que concede a los títulos del tres por ciento un plazo de preaviso de doce meses, promulga una ley para medio siglo por anticipado. En pocas palabras: si tuviera éxito, cortaría al pueblo inglés, durante medio siglo, toda oportunidad de liberarse financieramente.

Todo el mundo tendrá que admitir que, si la Jewish Disabilities Bill <Ley de emancipación de los judíos> fue un pequeño intento de alcanzar la tolerancia religiosa, la Canada Reserves Bill <Ley sobre la secularización del fondo de reserva eclesiástico de Canadá> un pequeño intento de conceder el autogobierno colonial, y la Education Resolution <Ley de instrucción popular> un pequeño intento de eludir la cuestión de la instrucción popular, el proyecto financiero de Gladstone es, en cambio, un intento infinitamente pequeño de acabar con el gigantesco monstruo llamado la deuda del Estado de Gran Bretaña.

Karl Marx