Londres, viernes 12 de agosto de 1853

[ La cuestión de la guerra ]

Bonaparte compensa a la marina francesa por su humillante situación en la bahía de Besika mediante una rebaja en el precio del tabaco para los marineros, según nos informa el Moniteur de hoy. [Le Moniteur universel, N° 223, 11 de agosto de 1853. — Ed.] Conquistó su trono con salchichas[1]. ¿Por qué no habría de intentar conservarlo con tabaco? En todo caso, la complicación oriental habrá producido la desmonetización de Luis Bonaparte a los ojos de los campesinos franceses y del ejército. Han aprendido que la pérdida de la libertad en el interior no se compensa con una ganancia de gloria en el exterior. El “Imperio de todas las glorias” ha caído aún más bajo que el “Gabinete de todos los talentos”.

Por los periódicos de Constantinopla recién llegados, nos enteramos de que el manifiesto del Sultán [Abdul Mejid] a sus súbditos apareció el 1 de agosto, de que el cónsul ruso en Adrianópolis ha recibido órdenes de San Petersburgo para retirarse de Turquía, de que los demás cónsules rusos esperan órdenes semejantes y de que los periódicos de Constantinopla han sido prohibidos en los Principados. El Impartial de Esmirna, del 1 de agosto, publica la siguiente comunicación relativa a Persia:

“El Shah de Persia [Nasr-ed-Din], después de que, a petición suya, le fuera comunicada la correspondencia cruzada entre la Puerta y el gabinete ruso con motivo del conflicto pendiente, ha declarado oficialmente que toda la razón está del lado de la Puerta y que, en caso de guerra, se pondrá decididamente a su lado. Esta noticia ha causado gran impresión en el embajador ruso en Teherán, de quien se dice que se prepara para pedir sus pasaportes.”

El contenido de la proposición hecha a Rusia, y aceptada por el zar [Nicolás I] —según el misterioso despacho de Petersburgo—, constituye objeto de conjetura en toda la prensa europea. El Morning Post [11 de agosto de 1853], palmerstoniano, afirma:

“El 25 de julio, M. de Meyendorff transmitió a su amo imperial, no precisamente las proposiciones formales” (aceptadas en la Conferencia de Viena), “sino un relato de lo acontecido en la conferencia del 24…. Creemos no equivocarnos al afirmar confiadamente que el asunto está resuelto de manera que se conserven intactas la independencia y la integridad del Imperio Otomano. El modo de arreglo será éste: Reshid Pachá dirigirá al conde Nesselrode una nota en la que incluirá los firmanes por los cuales se conceden a los cristianos griegos, súbditos del Sultán, más privilegios que los que incluso Rusia había pedido para ellos. Dirá muchas cosas corteses al zar y le asegurará la excelente disposición del Sultán hacia sus propios súbditos, a quienes ha concedido tales y cuales derechos. Esta nota será presentada por un embajador turco, y el asunto quedará concluido…. ¡Para el 10 de septiembre, el último soldado ruso habrá cruzado el Prut!”

Por otra parte, cartas privadas de Viena, aludiendo a la aparición de cañoneras rusas más arriba de la confluencia del Prut y el Danubio, confirman la afirmación dada en mi última carta: que las proposiciones enviadas a San Petersburgo no incluyen en absoluto la retirada de los ejércitos rusos de los Principados, que emanan del gabinete austríaco, a cuya intervención apeló el embajador británico en Viena —“ese auténtico amante de la armonía”—, después de que el zar rechazara las propuestas francesas e inglesas, y que brindan a Rusia la oportunidad deseada para prolongar las negociaciones in infinitum[2]. Según el semioficial Frankfort Ober-Postamts-Zeitung, Rusia sólo ha permitido que Austria ilumine a Turquía acerca de sus propios intereses.

[ Estadísticas británicas de población y comercio ]

Los recién publicados informes demográficos demuestran la lenta pero constante disminución de la población de Gran Bretaña. En el trimestre concluido en junio de 1853,

el número de defunciones fue de107.861

mientras que el de nacimientos alcanzó158.718

Excedente neto de nacimientos en los

distritos registrados857

Se supone un excedente de nacimientos

sobre defunciones en el Reino Unido de79.820

Excedente de la emigración sobre el

incremento de nacimientos36.139

El último informe mostraba un excedente de la emigración sobre los nacimientos de sólo 30.000.

La disminución de la población, resultante de la emigración, coincide con un incremento sin precedentes en las potencias productivas y en el capital. Cuando recordamos al reverendo Malthus negando a la emigración semejante influencia, e imaginando que había establecido, mediante los más elaborados cálculos, que las marinas unidas del mundo jamás podrían bastar para una emigración de dimensiones tales que pudieran afectar en modo alguno a la superabundancia de seres humanos, todo el misterio de la economía política moderna se desvela ante nuestros ojos. Consiste simplemente en transformar relaciones sociales transitorias, pertenecientes a una época determinada de la historia y correspondientes a un estado dado de la producción material, en leyes eternas, generales, inmutables, en leyes naturales, como ellos las llaman. La transformación completa de las relaciones sociales, resultante de las revoluciones y evoluciones en el proceso de la producción material, es considerada por los economistas políticos como una mera utopía. Ven los límites económicos de una época dada, pero no comprenden cómo esos mismos límites están limitados por sí mismos, y deben desaparecer a través de la obra de la historia, del mismo modo que por ella fueron creados.

Las cuentas relativas al Comercio y la Navegación para los seis meses que finalizan el 5 de julio de 1853, publicadas por la Junta de Comercio, muestran en general un gran aumento en comparación con las exportaciones, importaciones y navegación del período correspondiente de 1852. [Las cifras que siguen están tomadas de “Accounts Relating to Trade and Navigation” y otros materiales publicados en The Economist, N° 519, 6 de agosto de 1853. — Ed.] La importación de bueyes, toros, vacas, terneros, ovejas y corderos ha aumentado considerablemente.

La importación total de cereales ascendió,

en los seis meses finalizados el 5 de julio de 1852, a2.604.201 quarters

Pero en los meses correspondientes de 1853, a3.984.374 quarters

La importación total de harina y semolinas ascendió,

durante seis meses de 1852, a1.931.363 quarters

Y en los meses correspondientes de 1853, a2.577.340 quarters

Importación total de café, 1852libras 19.397.185

Importación total de café, 1853libras 21.908.954

Importación total de vino, 1852galones 2.850.862

Importación total de vino, 1853galones 4.581.300

Importación total de huevos, 1852N.º 64.418.591

Importación total de huevos, 1853N.º 67.631.380

Importación total de patatas, 1852quintales 189.410

Importación total de patatas, 1853quintales 713.941

Importación total de lino, 1852quintales 410.876

Importación total de lino, 1853quintales 627.173

Importación total de seda cruda, 1852libras 2.354.690

Importación total de seda cruda, 1853libras 2.909.733

Importación total de algodón, 1852quintales 4.935.317

Importación total de algodón, 1853quintales 5.134.680

Importación total de lana (ovejas y corderos), 1852libras 26.916.002

Importación total de lana (ovejas y corderos), 1853libras 40.189.398

Importación total de cueros (curtidos), 1852libras 1.075.207

Importación total de cueros (curtidos), 1853libras 3.604.769

Se registra una disminución en cacao, guano, azúcar sin refinar, té, etc. En cuanto a las exportaciones, encontramos:

Manufacturas de algodón en 1852£11.386.491

Manufacturas de algodón en 1853£13.155.679

En cuanto al hilado de algodón —y lo mismo cabe decir de los hilados de lino y seda—, hallamos que la cantidad exportada ha disminuido, pero que el valor declarado ha aumentado considerablemente.

Manufacturas de lino, 1852£2.006.951

Manufacturas de lino, 1853£2.251.260

Manufacturas de seda, 1852£467.838

Manufacturas de seda, 1853£806.419

Manufacturas de lana, 1852£3.894.506

Manufacturas de lana, 1853£4.941.357

Manufacturas de loza, 1852£590.663

Manufacturas de loza, 1853£627.218

Manufacturas de vidrio, 1852£187.470

Manufacturas de vidrio, 1853£236.797

Mercería y sombrerería, 1852£884.324

Mercería y sombrerería, 1853£1.806.007

Ferretería y cuchillería, 1852£1.246.639

Ferretería y cuchillería, 1853£1.663.302

Maquinaria, 1852£476.078

Maquinaria, 1853£760.288

Barras, pernos y varillas de hierro, 1852£1.455.952

Barras, pernos y varillas de hierro, 1853£2.730.479

Hierro forjado, 1852£696.089

Hierro forjado, 1853£1.187.059

Alambre, 1852£42.979

Alambre, 1853£106.610

En cuanto a las importaciones de manufacturas, el mayor aumento se da en zapatos, botas y guantes, y la mayor disminución en manufacturas de vidrio, relojes, tejidos de lana y manufacturas de seda de la India. Respecto a las exportaciones, el incremento es mayor en lino, sedas, lanas y metales. En lo que toca a las importaciones de artículos de consumo, hallamos que, con excepción de los cereales y el ganado, el aumento en casi todos los artículos atestigua que el consumo interior de las clases altas y medias ha avanzado en una proporción mucho mayor que el de las clases trabajadoras. Así, mientras el consumo de vino se ha duplicado, el de cacao, azúcar sin refinar y té ha retrocedido decididamente.

De 260 informes sobre la cosecha de trigo en todo el Reino Unido, sólo 25 hablan de una cosecha abundante y de buena calidad, 30 de una cosecha regular, y más de 200 declaran que es mala e insuficiente. Se espera que la avena, la cebada y las habas resulten menos desfavorables, pues la humedad las ha beneficiado, pero la patata está atacada por el tizón en todas las regiones del país. Los Sres. J. [y] C. Sturge & Co. señalan en su última circular sobre la cosecha de trigo:

“La cosecha de trigo, en conjunto, será probablemente la menos productiva desde 1816, y a menos que la cosecha de 1854 sea muy temprana, podríamos necesitar una importación de toda clase de cereales y panificables aún mayor que la de 1847 —probablemente no inferior a 15.000.000 de quarters—; pero nuestros precios actuales bastan para inducir importaciones de esa magnitud, a menos que Francia compita con nosotros en los mercados productores.”

En cuanto a una cosecha muy temprana en 1854, no parece haber grandes perspectivas, ya que la experiencia ha demostrado que las malas cosechas suelen sucederse, al igual que las buenas; y la sucesión de buenas cosechas desde 1848 ha sido ya excepcionalmente larga. Que Inglaterra obtendrá un abastecimiento suficiente de cereales del extranjero es, quizá, bastante seguro; pero que la exportación de sus manufacturas, como esperan los librecambistas, marche al mismo paso que las importaciones de cereales, no puede presuponerse. El probable excedente de la importación sobre la exportación, además, se verá acompañado de un descenso en el consumo interior de manufacturas. Ya ahora la reserva de metálico del Banco de Inglaterra disminuye semana tras semana, y ha bajado a 17.759.107 libras esterlinas.

[ Actividad parlamentaria ]

La Cámara de los Lores, en su sesión del pasado viernes, rechazó el proyecto de ley de coaliciones de trabajadores que había pasado por los Comunes. Este proyecto no era más que una nueva interpretación de la vieja Ley de Coaliciones de 1825[3], y pretendía, al eliminar su farragosa y equívoca terminología, colocar a los trabajadores en un pie de mayor igualdad con sus patronos, en lo que a la legalidad de la coalición se refiere. Los sentimentales lores, que se complacen en tratar a los trabajadores como a sus humildes clientes, se exasperan cada vez que esa chusma pide derechos en vez de simpatías. Los periódicos llamados radicales, naturalmente, han aprovechado con avidez esta ocasión para denunciar a los lores ante los proletarios como sus “enemigos hereditarios”. Estoy lejos de negarlo. Pero veamos ahora a esos radicales, los “amigos naturales” de los trabajadores. Les dije en una carta anterior que los fabricantes de hilados y manufacturas de Manchester estaban formando una asociación para resistir las reivindicaciones de sus “brazos”. Dicha asociación se autodenomina “asociación con el propósito de ayudar al comercio a regular la agitación entre los operarios del distrito de Manchester”. Pretende haberse constituido con los siguientes propósitos:

1. Fijar los salarios para diversas operaciones vinculadas a la hilatura y el tejido, semejantes a los que se pagan en los demás distritos del ramo algodonero.

2. Protegerse mutuamente, en el pago de tales salarios, contra la resistencia que les opongan los operarios respectivamente empleados por ellos.

3. Asegurar a los operarios mismos la ventaja de una uniformidad de salarios adecuados, que se les abonaría en toda la ciudad y sus alrededores.

A fin de realizar estos propósitos, han resuelto establecer toda una organización, formando asociaciones locales de maestros hilanderos y fabricantes, con un comité central.

"Resistirán todas las demandas que formulen los cuerpos asociados de obreros fabriles, pues cualquier concesión que se les hiciera sería perjudicial para los patronos, los operarios y el ramo en general."

No permitirán que la maquinaria erigida por y para ellos mismos sea contrarrestada por una maquinaria semejante erigida por sus hombres. Se proponen fortificar el monopolio del capital con el monopolio de la combinación. Dictarán condiciones como cuerpo asociado. Pero los trabajadores sólo podrán disputarlas en su capacidad individual. Atacarán en batalla ordenada, pero no se les resistirá sino en combate singular. Esto es "competencia leal", tal como la entienden los radicales de Mánchester y los librecambistas modelo.

En su sesión del 9 de agosto, la Cámara de los Lores hubo de decidir sobre la suerte de tres proyectos de ley para Irlanda, aprobados por los Comunes tras diez meses de deliberación, a saber: el proyecto sobre propietarios e inquilinos, que eliminaba las leyes relativas a las hipotecas, las cuales constituyen hoy una barrera insuperable para la venta efectiva de las fincas más pequeñas no comprendidas en la Ley de Fincas Gravadas [4]; el proyecto sobre facultades de arrendamiento, que enmendaba y consolidaba más de sesenta actas del Parlamento que prohíben celebrar contratos de arrendamiento por 21 años, regulaba la compensación al arrendatario por mejoras en todos los casos en que existieran contratos e impedía el sistema de subarriendo; por último, el proyecto de compensación al arrendatario por mejoras, que disponía la compensación por las mejoras realizadas por el arrendatario en ausencia de contrato con el propietario y contenía una cláusula para la aplicación retroactiva de esta disposición. La Cámara de los Lores no podía, desde luego, oponerse a la injerencia parlamentaria entre propietario e inquilino, pues ella misma ha cargado el libro de estatutos, desde los tiempos de Eduardo IV hasta hoy, con actas legislativas sobre propietarios e inquilinos, y su propia existencia se funda en leyes que entrometen en la propiedad territorial, como, por ejemplo, la ley de vinculación. Esta vez, los nobles lores, sentándose como jueces en su propia causa, se permitieron montar en una cólera harto sorprendente en aquel hospital de inválidos.

"¡Un proyecto de ley como ése", exclamó el conde de Clanricarde, "como el proyecto de compensación a los arrendatarios, una violación y un desprecio tan total de todos los contratos, jamás, en su opinión, se había sometido antes al Parlamento, ni había oído jamás que gobierno alguno se hubiera atrevido a proponer una medida como la que se llevaba a efecto en las cláusulas retroactivas del proyecto!"

Los Lores llegaron al extremo de amenazar a la Corona con la retirada de su fidelidad feudal [5] y de presentar la perspectiva de una rebelión de los propietarios territoriales en Irlanda.

"La cuestión", observó el mismo noble, "afectaba de cerca [...] toda la cuestión de la lealtad y la confianza de los propietarios territoriales de Irlanda en el Gobierno de este país. [...] Si veían que la propiedad territorial en Irlanda era tratada de tal manera, deseaba saber qué garantizaría su adhesión a la Corona y su obediencia a su supremacía."

¡Despacio, milord, despacio! ¿Qué garantizaría su obediencia a la supremacía de la Corona? Un magistrado y dos guardias. ¡Una rebelión de los propietarios territoriales en la Gran Bretaña! ¿Se ha proferido jamás un anacronismo más monstruoso? Pero desde hace mucho tiempo los pobres Lores sólo viven de anacronismos. Naturalmente, se animan a resistir a la Cámara de los Comunes y a la opinión pública.

"Que sus señorías", dijo el anciano lord St. Leonards, "no aprueben, por evitar lo que se ha llamado un choque con la otra Cámara, ni en aras de la popularidad, ni a causa de una presión desde fuera, medidas imperfectas como éstas." "No pertenezco a ningún partido", exclamó el conde de Roden, "pero me intereso vivamente por el bienestar de Irlanda."

Es decir, su señoría supone que Irlanda se interesa vivamente por el bienestar del conde de Roden. "Esto no es una cuestión de partido, sino una cuestión de Lores", fue el grito unánime de la Cámara; y así era. Pero entre ambos bandos, los lores whigs y los lores tories, los lores de la coalición y los lores de la oposición, había existido desde el principio un entendimiento secreto para echar abajo los proyectos, y toda la apasionada discusión fue una mera farsa, representada en beneficio de los reporteros de los periódicos.

Esto resultará evidente si recordamos que los proyectos de ley que fueron objeto de tan acalorada controversia no provenían del gabinete de coalición, sino del Sr. Napier, el fiscal general irlandés bajo el ministerio de Derby, y que los tories, en las últimas elecciones de Irlanda, apelaron al testimonio de estos proyectos de ley introducidos por ellos. El único cambio sustancial realizado por la Cámara de los Comunes en las medidas introducidas por el gobierno tory fue excluir las cosechas en pie del embargo. "Los proyectos no son los mismos", exclamó el conde de Malmesbury, preguntando al duque de Newcastle si no le creía. "Ciertamente que no", replicó el duque. "¿Pero la afirmación de quién creería usted entonces?" "La del Sr. Napier", respondió el duque. "Ahora bien", dijo el conde, "aquí tengo una carta del Sr. Napier en la que afirma que los proyectos no son los mismos." "Aquí", dijo el duque, "hay otra carta del Sr. Napier en la que afirma que sí lo son."

Si los tories hubieran seguido en el poder, los lores de la coalición se habrían opuesto a los proyectos para Irlanda. Estando en el poder la coalición, recayó sobre los tories la tarea de oponerse a sus propias medidas. La coalición, que había heredado estos proyectos de los tories y había introducido al partido irlandés en su propio gabinete, no podía, desde luego, oponerse a los proyectos en la Cámara de los Comunes; pero tenían la seguridad de que serían estrangulados en la Cámara de los Lores. El duque de Newcastle ofreció una débil resistencia, pero lord Aberdeen se declaró satisfecho con que los proyectos pasaran formalmente una segunda lectura y fueran realmente desechados para aquella sesión. Así se hizo. Lord Derby, jefe del último ministerio, y lord Lansdowne, presidente nominal del actual ministerio, a la vez que uno de los mayores propietarios de tierras en Irlanda, se las arreglaron, prudentemente, para estar ausentes por indisposición.

El mismo día, la Cámara de los Comunes aprobó en tercera lectura el proyecto de ley sobre los derechos de los coches de alquiler, renovando las regulaciones oficiales de precios del siglo XIV y aceptando la cláusula propuesta por el Sr. F. Scully, que somete las huelgas de los propietarios de coches de alquiler a sanciones legales. No nos toca ahora resolver la cuestión de la intervención del Estado en los asuntos privados. Sólo hemos de constatar que esto se aprobó en una Cámara librecambista. Pero, se dice, en el ramo de los coches de alquiler existe un monopolio y no la libre competencia. Esta es una lógica curiosa. Primero someten un ramo particular a un impuesto, llamado patente, y a reglamentos policiales especiales, y luego afirman que, en virtud de estas mismas cargas que se le imponen, el ramo pierde su carácter librecambista y se transforma en un monopolio estatal.

El proyecto de ley sobre deportación ha pasado también por comisión. Salvo un pequeño número de penados que seguirán siendo deportados a Australia Occidental, la pena de deportación queda abolida por este proyecto. Tras un cierto período de prisión preliminar, los delincuentes recibirán en Gran Bretaña boletas de libertad condicional, revocables, y luego serán empleados en las obras públicas con salarios fijados por el Gobierno. El objeto filantrópico de esta última cláusula es la creación de un excedente artificial en el mercado de trabajo, atrayendo el trabajo forzado de los penados a la competencia con el trabajo libre; los mismos filántropos prohíben toda suerte de trabajo productivo a los pobres de las casas de trabajo, por miedo a crear competencia al capital privado.

El London Press, semanario inspirado por el Sr. Disraeli, y seguramente el periódico mejor informado en lo que concierne a los misterios ministeriales, hacía el sábado pasado, y en consecuencia antes de la llegada del despacho de Petersburgo, la siguiente curiosa declaración:

"Se nos informa de que, en sus círculos privados y confidenciales, los ministros declaran no sólo que ahora no hay peligro de guerra, sino que el peligro, si es que alguna vez existió, hace ya tiempo que ha sido conjurado. Parece ser que la proposición formalmente remitida a San Petersburgo [...] había sido aprobada previamente por el Emperador; y mientras el Gobierno británico adopta en público un tono que está ejerciendo una influencia deletérea sobre el comercio del país, en privado tratan el pánico como una superchería, se burlan de cualquier idea de que alguna potencia hubiera contemplado seriamente la guerra y hablan del malentendido en cuestión 'como de algo que quedó zanjado hace tres semanas'. ¿Qué significa todo esto, cuál es el misterio de toda esta conducta? ... Las proposiciones que están ahora en San Petersburgo, y que fueron aprobadas por el Emperador antes de que se transmitieran a San Petersburgo, implican una concesión completa por parte de Turquía a Rusia de todas aquellas demandas, cuya resistencia provocó la actual guerra entre estos dos países. Esas demandas fueron resistidas por la Puerta bajo el consejo y a instigación especial de Inglaterra y Francia. Por el consejo y la instigación especial de Inglaterra y Francia, esas demandas, según este proyecto, van a ser ahora cumplidas. [...] Hay algún cambio de forma, [...] pero nada material en ese cambio. [...] El Emperador de Rusia, al establecer virtualmente el protectorado sobre la gran masa de la población de la Turquía europea, ha de declarar que al hacerlo no desea impugnar los derechos soberanos del Sultán. ¡Magnánima admisión!"

En Gran Bretaña se supone que la realeza constituye únicamente un poder nominal, supuesto que explica la paz que todos los partidos mantienen con ella. Si se preguntara a un radical por qué su partido se abstenía de atacar las prerrogativas de la Corona, respondería: es un mero adorno estatal que no nos importa. Os diría que la Reina Victoria sólo una vez se atrevió a tener voluntad propia, en tiempos de la famosa catástrofe de las camareras, cuando insistió en conservar su séquito femenino whig, pero se vio obligada a ceder ante Sir Robert Peel y a despedirlo. Diversas circunstancias, sin embargo, relacionadas con la cuestión de Oriente —la inexplicable política del Ministerio, las denuncias de los periódicos extranjeros y la llegada sucesiva de príncipes y princesas rusos, en un momento en que se suponía a Inglaterra en vísperas de una guerra con el Autócrata— han acreditado el rumor de que existió, durante toda la época de la crisis oriental, una conspiración de la Corte con Rusia, que sostenía en el cargo al buen viejo Aberdeen, paralizaba la ostentosa alianza con Francia y contrarrestaba la resistencia oficial a las usurpaciones rusas. Se alude a la contrarrevolución portuguesa, impuesta por una flota inglesa en interés exclusivo de la familia Coburgo. [6] Se reitera que Lord Palmerston también fue destituido del Foreign Office a consecuencia de intrigas cortesanas. Se hace referencia a la notoria amistad entre la Reina y la Duquesa de Orleans. Se recuerda que el Consorte Real es un Coburgo, que el tío de la Reina es otro Coburgo, sumamente interesado, como Rey de Bélgica y como yerno de Luis Felipe, en la caída de Bonaparte, y recibido oficialmente en el círculo de la Santa Alianza por el matrimonio de su vástago con una archiduquesa austriaca. Por último, la recepción de que disfrutan los huéspedes rusos se contrasta con el encarcelamiento y las vejaciones que viajeros ingleses padecieron últimamente en Rusia.

El parisino *Siècle* denunció hace unas semanas a la Corte inglesa. Un periódico alemán se explayó sobre la conspiración Coburgo-Orleans, la cual, en aras de intereses familiares, había impuesto al Ministerio inglés, por mediación del rey Leopoldo y del príncipe Alberto, una línea política peligrosa para las naciones occidentales y favorable a las intenciones secretas de Rusia. El bruselense *Nation* publicó un extenso informe de un Consejo de Gabinete celebrado en Londres, en el cual la Reina había declarado formalmente que Bonaparte, con sus pretensiones sobre los Santos Lugares, había sido la única causa de las complicaciones actuales, que el Emperador de Rusia deseaba menos humillar a Turquía que a su rival francés, y que ella jamás daría su Real asentimiento a guerra alguna contra Rusia en interés de un Bonaparte.

Estos rumores han sido aludidos con delicadeza por *The Morning Advertiser*, y han encontrado un fuerte eco en el público, y uno cauteloso en la prensa semanal.

«Sin desear —dice *The Leader*— hacer interpretaciones demasiado amplias, limitémonos a observar los hechos. La princesa Olga ha llegado a Inglaterra con su esposo y su hermana, la duquesa de Leuchtenberg, la hija más diplomática del Emperador. Ha sido recibida por el barón Brunnow y [...] es acogida de inmediato en la Corte y rodeada por los representantes de la buena sociedad en Inglaterra, figurando Lord Aberdeen entre ese [...] número.»

Incluso *The Examiner*, el primero entre los periódicos semanales londinenses de primer orden, anuncia la llegada de estos huéspedes bajo la lacónica rúbrica «Más rusos». En uno de sus artículos de fondo encontramos la observación:

«No existe ya razón terrenal alguna para que la Sociedad de la Paz no reaparezca ante el mundo, en la forma más aprobada, bajo el patronato de Su Alteza Real, el Príncipe Alberto.»

No es lícita una alusión más directa en un periódico de la posición de *The Examiner*. Concluye el artículo del que cito contrastando la Monarquía inglesa con la República transatlántica:

«Si los americanos ambicionaran apoderarse del lugar que otrora ocupábamos en Europa, no es asunto nuestro. Dejadles cosechar el honor presente y la ventaja última de hacer cumplir el derecho de gentes y de ser reverenciados como protectores de los débiles contra los [...] fuertes. Inglaterra está contenta, siempre que los consolidados sigan a la par y sus propias costas estén [...] a salvo de cualquier ataque inmediato de un ejército extranjero.»

Al proponerse un voto de £5.820 para sufragar el coste de obras, reparaciones, mobiliario, etc., en la residencia del embajador británico en París correspondiente al año que termina el 31 de marzo de 1854, el Sr. Wise preguntó qué había sido de las £1.100 anuales votadas durante los últimos treinta años para mantener en buen estado la residencia del embajador británico en París. Sir William Molesworth se vio obligado a reconocer que el dinero público había sido malversado y que, según el arquitecto Albano, enviado por el Gobierno a París, la residencia del embajador británico se hallaba en un estado de lo más ruinoso. La galería alrededor de la casa se había derrumbado; las paredes se hallaban en estado de deterioro; la casa no había sido pintada en varios años; las escaleras eran inseguras; los pozos negros exhalaban un efluvio de lo más ofensivo; las habitaciones estaban llenas de sabandijas que correteaban sobre las mesas, y había gusanos por doquier sobre el mobiliario y las cortinas, mientras que la suciedad de perros y gatos había manchado las alfombras.

El proyecto de ley de Lord Palmerston para la supresión de las molestias del humo ha pasado la segunda lectura. Una vez aprobada esta medida, la metrópoli cobrará un nuevo aspecto y no quedarán más casas sucias en Londres que la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes.

Firmado: Karl Marx