Karl Marx

["New-York Daily Tribune" Nr. 3748 vom 21. April 1853]

Londres, viernes 8 de abril de 1853

En la época en que escribí mi último artículo sobre la gran conspiración descubierta por el señor Stieber, no podía imaginar que dos periódicos conservadores berlineses confirmarían en mayor o menor medida mis puntos de vista sobre este asunto. El "Preußisches Wochenblatt", órgano de la fracción conservadora bajo la dirección del señor von Bethmann-Hollweg, fue confiscado el 2 de abril por haber recomendado a sus lectores: «no dar crédito apresuradamente a las fábulas de la policía sobre las recientes detenciones». Pero mucho más significativo es un artículo del "Zeit", periódico oficioso del grupo del gobierno prusiano encabezado por el señor von Manteuffel. El "Zeit" se ve obligado a hacer la siguiente confesión:

«Nadie que no esté aquejado de ceguera puede ocultarse que las múltiples e insolubles complicaciones existentes en la situación general de las relaciones europeas han de conducir, tarde o temprano, a una ruptura violenta, que incluso la indudable y seria voluntad de las grandes potencias europeas podrá, a lo sumo, demorar, pero que, según todas las previsiones humanas, no podrá impedir de manera duradera… Es nuestro deber no seguir callando que se extiende en círculos cada vez más amplios un malestar que nos parece tanto más preocupante y funesto cuanto menos se manifiesta en expresiones concretas, pues tanto más se repliega en lo más hondo de los ánimos… Dicho malestar es provocado, para decirlo clara y llanamente, por el afán que en los últimos tiempos se ha manifestado con increíble irreflexión, de llevar a cabo una “contrarrevolución” en Prusia…»

El "Zeit" se equivoca únicamente en su conclusión. La contrarrevolución prusiana no se inicia ahora; se está concluyendo. No es un fenómeno nuevo, sino que comenzó el 20 de marzo de 1848 y desde ese día ha estado avanzando constantemente. Precisamente en este momento, el gobierno prusiano está incubando dos proyectos de ley muy peligrosos: uno restringe la libertad de parcelación de la propiedad territorial, y el otro somete la instrucción pública a la Iglesia. No habrían podido elegir medidas más adecuadas para predisponer en su contra al campesinado de la Prusia renana y a las clases medias de toda la monarquía. Como curiosa circunstancia accesoria quisiera mencionar también la disolución forzosa de la Sociedad para el fomento de la Salud de Berlín (un comité de asistencia mutua para enfermos), como consecuencia del “gran descubrimiento”. Dicha sociedad estaba compuesta por cerca de 10.000 miembros, todos pertenecientes a las clases trabajadoras. Aparentemente, el gobierno está convencido de que la actual constitución del Estado prusiano es incompatible con el “fomento de la salud”.

La prensa londinense, que hasta ahora no sospechaba las maquinaciones de la policía de Londres, está asombrada por las declaraciones de la "Presse" vienesa y de la "Emancipation", el principal periódico reaccionario belga, de que la policía londinense ha confeccionado una lista de todos los refugiados políticos residentes en Londres, con numerosos detalles sobre sus circunstancias privadas y conducta personal.

«Una vez que se ha tolerado semejante sistema con respecto a los extranjeros», exclama indignado el "Morning Advertiser", «se aplicará tan pronto como el gobierno o cualquiera de sus miembros considere deseable conocer los detalles de la vida privada de nuestros propios compatriotas… ¿No es lamentable tener que suponer que se ha instado a la policía londinense a desempeñar el papel infame asignado a sus colegas del continente europeo?»

Junto a estas declaraciones en los periódicos belgas y de otros países, la prensa londinense ha sido informada estos días por un despacho telegráfico desde Viena

«de que la cuestión de los refugiados está resuelta: el gobierno británico ha prometido mantener a los refugiados bajo estricta observación y hacerles sentir todo el peso de la ley tan pronto como se presenten pruebas de que han participado en “manejos revolucionarios”».

«Jamás», observa el "Morning Advertiser", «se había encontrado Inglaterra en situación tan humillante como ahora, en que se ha arrojado a los pies de Austria. Ninguna humillación podía compararse a ésta. Estaba reservada al gabinete de coalición.»

Sé de fuente muy fidedigna que los abogados de la corona presentarán una acusación contra Mazzini tan pronto como se verifique su estancia en Londres. Por otra parte, oigo que en la Cámara de los Comunes se dirigirán preguntas a los ministros acerca de sus escandalosas transacciones con Austria y sus intenciones respecto a la cuestión de los refugiados en general.

En un artículo anterior he expuesto lo satisfecho que estaba Radetzky de haber obtenido, gracias a la insurrección milanesa, un pretexto para «obtener dinero bajo falsos pretextos». Esta opinión sobre el asunto ha sido confirmada entretanto por un acto inconfundible. En una proclama recién emitida, Radetzky ha declarado nulos y sin valor todos los préstamos o hipotecas contratados a partir de 1847 sobre las posesiones confiscadas de los emigrados lombardos. Esta confiscación no puede justificarse de otro modo que por el horror vacui de la hacienda austriaca. La sentimental burguesía ha sacrificado en todas partes la revolución a su dios —llamado propiedad—. Ahora, la contrarrevolución reniega de ese dios.

Un despacho telegráfico de hoy trae la noticia de que el príncipe Menschikow ha concluido una convención con la Puerta, según la cual las tropas rusas han recibido orden de retirarse de las fronteras turcas y la cuestión de Oriente ha sido zanjada por enésima vez.

Karl Marx