Friedrich Engels

El curso de la guerra turca

Escrito hacia el 8 de noviembre de 1853.

["New-York Daily Tribune", núm. 3934, del 25 de noviembre de 1853, artículo de fondo]

Ya no es posible dudar de que han comenzado las operaciones militares en el Danubio. Omer Pachá ha cruzado este río por Vidin, ha ocupado Calafat, una aldea en la otra orilla, y ha enviado su vanguardia contra Craiova, al tiempo que se emprendía otro ataque de los turcos desde Rustchuk contra la ciudad opuesta de Giurgiu. Se habla, además, de un tercero y un cuarto ataque en dirección a Braila y Turnu. Al mismo tiempo, se produjo otro encuentro en Oltenița, en el que los rusos fueron los atacantes. Según informa uno de los despachos que hemos recibido, el combate antes mencionado habría durado tres horas y terminado con el rechazo de los rusos; sin embargo, otro despacho llegado de Viena en la tarde del 8 de noviembre comunica que la batalla duró veintiocho horas y que su desenlace sigue siendo incierto. La primera versión parece más probable.

También hay versiones divergentes sobre los resultados de los demás combates. El de Giurgiu parece, según todos los informes, haber sido infructuoso, mientras que nada sabemos del desenlace de los combates librados en Braila y Turnu. Respecto al avance iniciado en Calafat, algunos telégrafos informan que los turcos obtuvieron ventajas y los rusos sufrieron un revés; otros, que se contuvo de inmediato a los turcos y fueron rechazados hacia Calafat. Las circunstancias abonan la verosimilitud del primer informe.

En su conjunto, queda así establecido lo siguiente: Omer Pachá ha abandonado, por razones que se examinarán más detenidamente a continuación, lo que ya antes hemos calificado de posición natural de los turcos en esta frontera, a saber, la defensiva. Ha pasado a medidas ofensivas y, aprovechando la retirada de los rusos de la Pequeña Valaquia, cruzó el Danubio por Vidin, en el extremo izquierdo de su posición, el 28 de octubre; nos es de todo punto imposible determinar con qué fuerzas lo hizo. Sin embargo, como desde entonces sólo hemos tenido noticia de ataques fingidos o parciales de los turcos en otros puntos, y como cruzar un río como el Danubio con una fuerza insignificante frente a un enemigo poderoso sería una locura consumada, podemos dar por seguro que Omer Pachá lleva consigo el grueso de su ejército activo disponible. Pues mientras no nos convenzan noticias fehacientes, no creeremos que haya corrido un riesgo tan grande como afirman algunos despachos, cruzando el Danubio con 7.000 hombres y sin tener a mano más refuerzos ni reservas que 8.000 hombres en Sofía, a 150 millas de distancia. Pero como las fuerzas principales del ejército turco se hallaban concentradas hace muy poco tiempo en Varna, Shumla y Rustchuk, nos resulta igualmente difícil explicar cómo pudo Omer Pachá conseguir concentrar de repente en Vidin, que dista por término medio 250 millas de los lugares arriba mencionados, el grueso de su ejército.

La explicación más probable es que Omer Pachá, al advertir el avance de los rusos hacia Vidin, hubiera desplazado considerablemente hacia la izquierda la posición de su ejército y dejado la defensa del camino directo a Constantinopla a las guarniciones de Rustchuk, Silistria, Varna y Shumla; para el apoyo de su ala derecha ha destinado Rustchuk, para el de su ala izquierda Vidin, y como punto de concentración de su centro, Nikópolis. En esta posición, que se extiende alrededor de 200 millas desde Rustchuk hasta Vidin, ha concentrado en su ala izquierda todas las tropas que pudo reunir y ha cruzado el Danubio, desbordando aparentemente por este medio el ala derecha de los rusos. Esperaba caer sobre su cuerpo de vanguardia y obligarlo a replegarse al otro lado del río Jiu. Él mismo podría alcanzar la otra orilla de ese río, ya forzando el paso de frente, ya enviando cerca de Rassova otro cuerpo a través del Danubio que llegaría así a la margen opuesta del Jiu. El río Olt, el segundo afluente del Danubio sobre el que pasa el camino de Vidin a Bucarest, podría forzarse de la misma manera, echando otra parte del centro turco sobre el Danubio por Nikópolis y Turnu, aguas abajo de la desembocadura del Olt. Por último, ataques fingidos ejecutados más abajo, en Giurgiu y Braila, podrían contribuir a confundir a los rusos respecto de los puntos por donde los turcos aparecerán realmente.

Apenas cabe duda de que ésos han debido ser los planes de Omer Pachá, dejando a un lado por un momento los motivos políticos. El «Times» de Londres habla de un «paso efectivo» de los turcos por Giurgiu; pero esto es una falsedad evidente. No hay alférez en ningún ejército disciplinado que pudiera cometer un error tan grosero como el de cruzar el mayor río de Europa, y precisamente en su punto más ancho y también más difícil, por dos puntos distintos —distantes 250 millas uno de otro— y frente a un enemigo concentrado y nada desdeñable, con dos cuerpos de ejército.

¿A qué se reduce, pues, la maniobra de Omer Pachá? Es un intento de envolver el flanco del enemigo y, mediante ataques simultáneos de flanco y de frente, arrollar toda su línea de batalla. Una maniobra semejante está plenamente justificada cuando se puede lanzar por sorpresa el grueso de las fuerzas propias sobre el flanco enemigo; cuando el frente propio está protegido contra un ataque; cuando, en caso de revés, se tiene asegurada la retirada, y cuando, al arrollar la posición enemiga de un flanco a otro, se cortan sus comunicaciones con su base de operaciones. Ahora bien, en el presente caso no se cumple esta última condición. Por el contrario, mientras que la retirada de Omer Pachá podría verse amenazada si el ala derecha de su cuerpo en Valaquia fuese envuelta y se cortase así el camino a Calafat (en ese caso, su única posibilidad de retirada sería hacia Austria), el ataque desde Calafat en dirección a Bucarest no puede perturbar en absoluto la línea de retirada rusa. Se recordará la observación que hicimos hace algún tiempo a este respecto: que la única línea defensiva utilizable para los turcos es la que va del Danubio hacia el río Siret, o la estrecha franja de tierra que separa Besarabia de la frontera austríaca. En lugar de ejecutar el movimiento que habría amenazado inmediatamente, si no interrumpido, la línea de comunicaciones rusa, los turcos atacan por el extremo opuesto, donde, incluso en caso de victoria, no cabe esperar ningún éxito decisivo. Puede que el frente turco esté a salvo de ataques en la medida en que las operaciones principales se desarrollen entre Vidin y Craiova o Slatina y entonces los rusos difícilmente cruzarán el Danubio más abajo —a no ser que sean más audaces en su estrategia de lo que los conocemos—. Pero, al mismo tiempo, el frente turco de Vidin a Rustchuk se ve igualmente obstaculizado por el ancho río que lo separa del enemigo, y en aquel sector ha de reinar una inactividad proporcional.

La condición principal, sin embargo, no se ha cumplido en este caso.

Tenemos un excelente ejemplo histórico de esta clase de maniobra en la batalla de Jena. Napoleón consiguió acercar inadvertidamente el grueso de sus fuerzas al flanco izquierdo de los prusianos y en ocho horas los arrolló tan completamente que el ejército prusiano quedó cortado de sus líneas de retirada y aniquilado, cesando de existir como ejército. Pero esto ocurrió en un terreno de veinte millas cuadradas y en el espacio de veinte horas. Aquí, en cambio, tenemos un territorio de doscientas por cincuenta millas, sin carreteras, y cada movimiento exigirá, en consecuencia, más tiempo. La sorpresa, la fuerza y el ímpetu del ataque, a los que Napoleón debió su éxito total en Jena, habrán de quedarse literalmente atascados en el barro después de unos pocos esfuerzos. Esto se hará aún más patente si dirigimos una mirada al mapa. Los turcos tienen que marchar de Calafat a Craiova. Aquí tropiezan con el primero de esos ríos que bajan de los Alpes Transilvanos al Danubio, que cortan Valaquia de norte a sur y cada uno de los cuales forma una línea defensiva que un ejército atacante ha de forzar. En este aspecto, el país se parece exactamente a Lombardía, y los ríos de que se trata, el Jiu y el Olt, pueden compararse con el Mincio y el Adigio, cuyas importancia militar tantas veces se ha puesto de manifiesto.

Suponiendo que los turcos crucen el río Jiu, cosa que tal vez logren, toparán con la primera resistencia seria en el Olt, cerca de Slatina. El Olt es, por su anchura y profundidad, una barrera mucho más temible, y además los rusos pueden concentrar allí con un poco de empeño un ejército capaz no sólo de rechazar todos los ataques turcos, sino de asegurarse la victoria de inmediato. Una victoria rusa en Craiova, de no ser muy considerable, no tendría en realidad gran importancia, pues los turcos, en tres marchas forzadas, alcanzarían Calafat y el Danubio y podrían así escapar a la persecución. Pero una derrota turca en Slatina, aparte de que sería más decisiva debido a la mayor masa de tropas rusas reunidas allí, daría a los rusos cinco o seis días de posibilidad de persecución; y todo el mundo sabe que los frutos de la victoria no se recogen en el campo de batalla, sino durante la persecución, que puede acarrear la desorganización total del ejército vencido. No es, pues, probable que Omer Pachá llegue nunca a cruzar el Olt si Gortschakov desea empeñar combate allí con él; pues, aun contando con todas las probabilidades a favor de los turcos, Omer Pachá no puede llevar a las orillas de aquel río más de 25.000 hombres, mientras que Gortschakov puede reunir allí holgadamente y a tiempo 35.000. En cuanto a los ataques de flanco de los turcos desde la orilla sur del Danubio, serán bastante inofensivos si las fuerzas atacantes no disponen de un número considerable de pontones y demás material, que rara vez se encuentra en manos de los turcos. Pero aun suponiendo que incluso se lograse el paso del Olt y del Argeș, otro importante río más al este, difícilmente cabe imaginar que Omer Pachá pudiese superar las fortificaciones rusas de Bucarest y poner en fuga, en una batalla campal, a un ejército que, por el número, tendría que sobrepasar seguramente en un tercio a las tropas que él pudiera oponerle.

Si, por tanto, la guerra se hace por parte de los rusos conforme a algún principio militar, la derrota de Omer Pachá parece cierta; pero si se la continúa no según principios militares, sino diplomáticos, el resultado podría ser distinto.

La retirada voluntaria de los rusos de la posición militarmente importante de Kalafat, después de que se hubieran enviado tantas tropas allí para amenazar a Serbia; el paso del Danubio por Omer Pachá, que no encontró resistencia alguna; sus movimientos, relativamente poco molestados y muy lentos, en la Pequeña Valaquia (la región al oeste del Aluta); la insignificancia, en la medida en que podemos juzgar, de los ataques turcos en todos los demás puntos y, por último, los errores estratégicos contenidos en el avance desde Widdin, de los cuales nadie puede suponer, ni por un momento, que Omer Pachá no los haya notado: todos estos hechos parecen ofrecer cierto fundamento para una conclusión a la que llegaron algunos expertos competentes, pero que resulta bastante fantástica. Esta opinión parte de que entre los comandantes enemigos existe una especie de acuerdo tácito, según el cual los rusos dejan la Pequeña Valaquia a los turcos.

Quienes sostienen esta opinión dicen: el Aluta forma una barrera natural muy cómoda, por encima de la cual los dos ejércitos podrían mirarse durante todo el sombrío invierno, mientras los diplomáticos se esfuerzan de nuevo por encontrar una solución. Si los rusos se retiraran tan lejos, no solo mostrarían su generosidad y su disposición pacífica, sino que al mismo tiempo obtendrían una especie de derecho sobre los territorios usurpados, ya que una ocupación conjunta de los Principados del Danubio por rusos y turcos concuerda en gran medida con los tratados vigentes. Mediante esta manifiesta generosidad en Europa, los rusos eludirían los peligros amenazantes en Asia, donde, al parecer, están peor que nunca, y, sobre todo, mantendrían en todo momento la fuerza suficiente para expulsar a los turcos de la franja de terreno que se les ha concedido en la margen izquierda del Danubio.

Una prueba extraña, pero en modo alguno suficiente, a favor de esta teoría puede verse en el hecho de que los periódicos vieneses que gozan de la confianza de la corte la exponen abiertamente. Los próximos días mostrarán si esta opinión es acertada o si se va a librar, con toda seriedad, una guerra regular. Nos equivocaríamos si no fuera esto último lo que ocurriera.

Ahora queda claro que ambas partes en Asia son considerablemente más débiles de lo que se suponía. Según el Journal de Constantinople, el 9 de octubre los turcos tenían en Erzerum 10.000 hombres de reserva; en Batum, 4.000 regulares y 20.000 irregulares, evidentemente destinados a un ejército activo; en Bajased, en la frontera persa, 3.000 hombres; en Kars y Ardahan, los dos puntos más importantes de la frontera rusa (aparte de Batum), una vanguardia de 16.000 hombres en total. Estos debían ser reforzados en pocos días con 10.000 o 12.000 hombres de tropas frescas procedentes de Siria. Esto constituye, en comparación con lo que otros informes nos habían inducido a suponer, una reducción bastante considerable: ¡en lugar de 100.000, solo son 65.000! Pero si, por otra parte, se puede dar crédito a las noticias llegadas a través de Constantinopla, el principal paso del Cáucaso, que une Tiflis y Georgia con Rusia, está en manos de los montañeses; Schamyl ha hecho retroceder a los rusos hasta nueve millas de Tiflis; y el general Woronzow, comandante en Georgia, declara que, en caso de guerra con Turquía, no podría mantener esas regiones a menos que reciba 50.000 hombres de refuerzo. No podemos juzgar hasta qué punto son exactos estos informes; pero los refuerzos enviados a toda prisa por mar a Jerkkum Kale, Redut Kale y otros puntos de la costa transcaucásica demuestran que la estrella de Rusia no brilla tan claramente en aquella comarca. Los informes sobre la magnitud de estos refuerzos difieren; primero se dijo que se habían enviado 24.000 hombres; pero ¿de dónde iban a sacar los rusos los barcos para semejante ejército? Ahora resulta que ha sido enviada la 13.ª División, la primera del 5.º Cuerpo (general Lüders); eso supondría unos 14.000 hombres, lo cual es más que probable. La historia según la cual los cosacos del Mar Negro, con una fuerza de 24.000 hombres (parece una cifra muy querida para los rusos), habrían rodeado el extremo occidental del Cáucaso por tierra y habrían logrado pasar sin ser molestados a lo largo de la rocosa y estrecha costa en dirección a Redut Kale nos parece tanto más inverosímil cuanto más tiempo le dedicamos. Los cosacos del Mar Negro ya tienen bastante que hacer vigilando la línea del Kubán y del Térek; y que una caballería de semejante fuerza pudiera atravesar, sola y sin ser atacada, un desfiladero de ciento cincuenta millas de longitud, a través de una región con población hostil, donde unos pocos hombres podrían detenerla o escindir su columna en dos mitades: cosas así solo pueden oírse en Rusia, donde hasta el día de hoy se asegura que Suworow derrotó a Massena en Zúrich.

Este es, pues, el mejor campo de acción para los turcos. Ataques concéntricos y repentinos de las tropas regulares contra la vía principal hacia Tiflis —a lo largo de la costa, si los turcos pueden dominar el mar; a través de Kars o Ardahan, si no pueden—, acompañados de una guerra incansable, enérgica y fulgurante según la manera propia de los irregulares, todo eso pondría muy pronto a Woronzow en una situación sin salida, abriría una comunicación con Schamyl y provocaría un levantamiento general en todo el Cáucaso. Pero aquí se requiere, aún más que en el Danubio, audacia, rapidez y concordancia en las acciones. Queda por ver si los comandantes turcos en aquella región poseen estas cualidades.