Friedrich Engels

Escrito alrededor del 21 de octubre de 1853.

["New-York Daily Tribune", núm. 3919 del 8 de noviembre de 1853, artículo de fondo]

En el teatro de la guerra en Turquía se han producido recientemente varios movimientos militares de importancia, que revelan aún más claramente las posiciones y los planes de las partes interesadas. Los rusos —a los que nos dirigimos en primer lugar, por ser la parte atacante y, por tanto, la que ha de considerarse como la que toma la iniciativa— extendieron su línea de operaciones aún más hacia el oeste. Se puso en marcha brigada tras brigada en dirección a Vidin, en el alto Danubio; y ahora puede decirse que el frente del ejército ruso se extiende desde Kalafat, frente a Vidin, hasta Orsova, frente a Hirsowa, en una dirección que amenaza por igual el camino a Constantinopla y el que conduce a Serbia y Macedonia. El primer movimiento sobre Kalafat bastó para revelar con seguridad un ataque de diversión ruso en dirección a los centros de población eslava y griega de Turquía. Al mismo tiempo, con ello se ha hecho probable que el plan de campaña prevea acciones defensivas y meras demostraciones en el camino directo a Constantinopla, pero enérgicas acciones ofensivas en el camino a Sofía, en Serbia y Macedonia. Sin embargo, cuando se emprendieron estos movimientos, los turcos aún no habían declarado la guerra. Entretanto, esto ha ocurrido y parece haber enfurecido de tal modo al zar, que probablemente dará a sus tropas un impulso mucho más enérgico de lo que antes se podía esperar. No sólo se ha nombrado al príncipe Paskévich comandante de las tropas rusas, sino que se dice también que éste trae consigo 40.000 hombres del ejército de Polonia, el cual, junto con la guardia y los granaderos, es considerado como la mejor tropa a sueldo de Rusia. Tales refuerzos establecerían una superioridad de las armas rusas que justificaría operaciones ofensivas tanto en el alto como en el bajo Danubio, al mismo tiempo que habrían de considerarse como un contrapeso frente a las tropas francesas y británicas que, según rumores, posiblemente se envíen en apoyo de Turquía. En cualquier caso, estos refuerzos rusos ya no pueden llegar a tiempo al Danubio para llevar a cabo operaciones todavía en este año. De Varsovia a Bucarest, pasando por Dubno, Chotín y Jassy, la distancia es de unas 800 millas y atraviesa una región en la que un ejército no puede avanzar más de ocho a diez millas por día. Así pues, se necesitaría tres meses, o hasta principios de enero, para que estas tropas frescas pudieran ocupar sus posiciones; y si tenemos en cuenta la estación del año, es incluso probable que necesiten aún más tiempo. Por lo tanto, estas tropas tendrán que permanecer completamente en la retaguardia hasta el comienzo de la campaña de primavera.

Las tropas rusas que se encuentran hasta ahora en los Principados se estimaban en 130.000 a 150.000 hombres. Suponiendo que hayan perdido de 20.000 a 30.000 hombres por enfermedad y deserción, siguen teniendo una superioridad numérica con respecto a los turcos. Pues aunque no sepamos mucho más sobre la verdadera fuerza de las tropas rusas que lo que puede deducirse del número de divisiones y brigadas que han entrado en Turquía y de la fuerza efectiva que se supone que tienen, conocemos muy bien el número de las tropas turcas en el Danubio por los informes de los oficiales británicos, franceses y piamonteses que fueron enviados allí por sus respectivos gobiernos. Todos estos informes coinciden en que, incluso después de la llegada del contingente egipcio, el ejército turco activo bajo el mando de Omer Pachá no contaba con más de 110.000 combatientes, y de ellos sólo 80.000 soldados regulares. A su espalda se estableció un ejército de reserva en Adrianópolis, que según se dice está compuesto por 80.000 redifs (soldados licenciados, llamados de nuevo a filas), pero sobre el estado de esta reserva no poseemos información precisa. Por tanto, es un hecho que, el día en que caiga el primer disparo, el ejército al mando de Omer Pachá será numéricamente más débil que el de su adversario, y que sólo errores garrafales por parte de éste o una pericia de general excepcional por la suya lo salvarán de una derrota.

Estamos igualmente bien informados sobre la posición y los preparativos defensivos de los turcos. Se han fortificado tres líneas: la primera, el Danubio, para impedir que el enemigo lo cruce; la segunda, la línea de Varna a Schumla; la tercera, a pocas millas detrás de la segunda, en el
río Kamtschyk, donde se halla el fuerte que asegura los pasos de los Balcanes. Los oficiales extranjeros califican estas fortificaciones de insuperables y suficientes para frustrar cualquier asalto enemigo. Pero, con todo el respeto debido al arte significativo de la fortificación de campaña y al juicio de los oficiales que emiten ese informe, nos permitimos observar que semejantes opiniones deben tomarse con la mayor cautela. ¡Cuántas obras de campaña hubo que se tenían por inexpugnables y que fueron tomadas al primer asalto tras unos cuantos disparos de metralla, y quién no sabe que la más célebre posición fortificada jamás levantada, la línea de Torres Vedras, no era fuerte por su fuerza de resistencia pasiva, sino porque Wellington tenía 100.000 hombres para defenderla, mientras que Masséna sólo podía reunir 30.000 para el ataque! Las obras de campaña aisladas, destacadas, por ejemplo en desfiladeros de montaña, han prestado a menudo buenos servicios, pero en la época moderna jamás ha sido derrotado un ejército superior, comandado por un general capaz, como consecuencia de la fuerza de resistencia pasiva que ofrecían las trincheras de campaña, en una acción ordinaria. Además, la forma de defender las fortificaciones de campaña es de importancia decisiva; pero tropas poco disciplinadas o soldados carentes de disciplina son, tras un parapeto, de poca utilidad cuando los envuelve una granizada de metralla.

Pero echemos un vistazo a las tres líneas defensivas fortificadas por los turcos. La primera es el Danubio. Ciertamente, la fortificación de la línea del Danubio sólo puede significar que se erigen obras que impidan el cruce del río por los rusos. El Danubio tiene aproximadamente 600 millas de longitud desde Orsova hasta su desembocadura; para fortificar eficazmente una línea semejante y guarnecer las fortificaciones con tropas, se necesitaría seis veces el número de soldados que están bajo el mando del general turco; y, si los tuviera, cometería el mayor error empleándolos en ello. Deducimos de esto que esta primera línea fortificada debe limitarse a obras entre Rustschuk y Hirsowa, mediante las cuales el cruce del río puede ser obstaculizado, pero no impedido de manera efectiva.

La segunda posición —de Schumla a Varna— es exactamente la misma en la que los turcos fueron derrotados completamente en 1829 y en la que seguramente pueden ser batidos de nuevo de forma aplastante, si allí aceptaran una batalla decisiva. La posición parece poseer excelentes cualidades defensivas y podría reforzarse artificialmente aún más. La posición del Kamtschyk, a espaldas de Varna y Schumla,
parece ser aún más fuerte y tiene además la ventaja de obligar al enemigo a dejar tropas para el bloqueo de esas fortalezas. Sin embargo, ambas tienen el inconveniente de que detrás de ellas, como única vía de retirada, hay un estrecho desfiladero, con lo cual todas las demás ventajas quedan anuladas para un ejército más débil y constituiría un error inaudito aceptar batalla, a menos que el ejército más débil tuviera la certeza, como los británicos en Waterloo, de que en el momento decisivo un ejército aliado caería sobre el flanco del enemigo atacante.

No tenemos posibilidad de juzgar qué uso hará Omer Pachá de estas fortificaciones. Sin duda, sabe muy bien que su papel en la guerra será esencialmente defensivo; y, por tanto, está completamente en lo cierto al reforzar su posición defensiva con todos los medios del arte de la fortificación de que dispone. No sabemos si se propone, con estas fortificaciones, disuadir a los rusos de cruzar el Danubio por aquellos puntos desde los cuales Constantinopla se ve más directamente amenazada, o si está dispuesto a aceptar aquí una batalla decisiva. Se dice que ha desplegado su ejército de tal modo que está preparado para lanzarse sobre la punta del grueso de las fuerzas rusas, dondequiera que crucen el Danubio en dirección a Schumla, y batirlas antes de que puedan recibir apoyo. En este caso, la segunda línea fortificada le permitiría una retirada segura, si la operación se viera frustrada. Pero, en verdad, una gran batalla defensiva en cualquiera de las tres líneas defensivas sería un error; pues o bien los rusos concentrarán toda su fuerza para el ataque, y entonces a Omer Pachá apenas le quedará oportunidad alguna; o bien dividirán sus fuerzas, y entonces él deberá abandonar las líneas fortificadas para lanzarse sobre una de las columnas rusas. El mejor empleo de estas fortificaciones, y el único que corresponde a las exigencias modernas de la guerra, sería que las utilizara como puntos de apoyo temporales para operaciones ofensivas contra columnas rusas aisladas en el momento en que éstas crucen el Danubio; que contuviera el avance ruso mediante una defensa más o menos tenaz de cada una de las líneas, y que, mediante la tercera línea, mantuviera los principales pasos de los Balcanes tanto tiempo como fuera posible sin librar un combate ordinario. Al mismo tiempo, no debe silenciarse que cualquier ejército, y especialmente el ejército turco, se desmoralizaría en extremo si entregara estas fortalezas sin luchar; pues si no puede mantenerse tras atrincheramientos y en fosos,
¿cómo habrá de batir a los rusos en campo abierto? Ése es el modo de juzgar que tiene siempre el soldado raso, particularmente cuando está poco disciplinado. Si, pues, estas fortalezas tienen realmente la importancia que se les atribuye, hemos de considerarlas menos peligrosas para los rusos que para los propios turcos.

Pero ¿acaso no se han atrincherado también los rusos en Valaquia? Ciertamente, pero su situación es otra. Ellos son la parte atacante; sus fortificaciones sirven únicamente para, en caso de un fracaso, cubrir la retirada y detener a los perseguidores. Disponen, además, de cuatro ríos, uno tras otro, que rozan su línea de retirada y que, en consonancia, forman cuatro líneas de defensa. Esas líneas son: el Danubio, el Argeș, el Buzău y el Siret. Esta es una posibilidad ideal para erigir fortificaciones preventivas; se trata de líneas de defensa naturales que no constituyen ningún obstáculo para una retirada de un ejército europeo, pero que, con algunos refuerzos artificiales del terreno, se convierten en serios obstáculos para las persecuciones; y, más allá de esto, aquí no existe la intención de aceptar una batalla general contando con una sola línea de retirada. En cuanto podemos juzgar, las fortificaciones rusas pertenecen decididamente al sistema europeo de guerra, mientras que en las de los turcos predomina el carácter asiático. Ese mismo carácter irreflexivo es el factor determinante de la posición general de los turcos. Defienden Constantinopla situándose sobre la vía de acceso más próxima a ella, mientras que los rusos no parecen dirigir su primer ataque contra esta ciudad, sino contra la parte central de la península, donde el dominio turco es particularmente vulnerable y desde donde, a pesar de todo, el camino más corto conduce para un ejército ruso a la capital.

Pero hay una circunstancia que no debemos olvidar. El ejército ruso es y ha sido siempre lento y cauteloso en sus movimientos. Muy probablemente no emprenderá nada durante el invierno. Puede que haya unos cuantos combates para ganar para uno u otro bando esta o aquella isla del Danubio. Pero si el zar no ordenase una actividad del todo extraordinaria —si bien la ejecución de semejante orden sería muy probablemente frustrada por la pedantería pasiva de sus generales—, hay muy pocas perspectivas de maniobras decisivas antes del comienzo de la primavera. El Danubio podría ser cruzado, pero los Balcanes no pueden ser franqueados, y entre ambos la situación de los rusos sería sumamente peligrosa.

Entretanto, los turcos han enviado su flota a Varna. El inglés, el almirante Slade, que la manda, parece estar de buen ánimo. Pero también este movimiento es muy arriesgado. En efecto, la flota rusa parece ser inferior a la turca en todo, excepto en su número, pero mientras los rusos tengan dos navíos de línea por cada turco y dos cañones rusos por cada cañón turco, los turcos no pueden aventurar ninguna operación fuera del alcance de sus baterías costeras. Y en tal caso, la flota estaría más segura y mejor situada en el Bósforo, donde los rusos difícilmente intentarán bloquearla. Una vez que la flota turca esté en Varna, se le quitará toda posibilidad de movimiento, mientras que en el Bósforo conserva su libertad de acción y puede ser empleada para expediciones a Trebisonda, a la costa caucásica o contra destacamentos aislados de la flota rusa.

Así pues, nos vemos obligados, de buen o mal grado, a suponer que los rusos son superiores a los turcos en todos los sentidos. Si Omer Pachá, que en verdad es un soldado capaz, tendrá éxito echando en la balanza sus cualidades personales, está por ver. El viejo Paskievich, aunque es un compañero lento, es un general experimentado y no será fácil de burlar.