Friedrich Engels

El ulterior curso de la guerra turca

Escrito hacia el 18 de noviembre de 1853.

["New-York Daily Tribune" núm. 3944 del 7 de diciembre de 1853, artículo de fondo]

Las noticias llegadas con el vapor “Humboldt” del teatro de la guerra confirman el informe recibido recientemente por el “Europa”, según el cual los turcos, después de haber mantenido una y otra vez su posición en Oltenitza contra una gran superioridad numérica y tras duros combates, se retiraron por fin, aproximadamente el día 14 del mes pasado, tras el río y ocuparon su posición en sus anteriores trincheras de Turtukai. Tal como suponemos, las cartas y periódicos que esperamos contendrán una explicación de ello, pero por el momento no alcanzamos a comprender en modo alguno el motivo de ese movimiento. En el despacho se dice que se llevó a cabo sin ser obstaculizado, lo cual excluye la suposición de que fuera resultado de una decidida superioridad alcanzada por el príncipe Gorchakov; a menos que, en efecto, hayamos de suponer que el comandante ruso ha logrado reunir para su segundo ataque a Oltenitza una fuerza doblemente superior a la que pudo desplegar en el primer ataque a ese punto. Pero en realidad, tal como resultará de un cuidadoso examen de todos los hechos que nos son conocidos, parece que no disponía de un cuerpo semejante de 45.000 hombres para tal fin. Se informa también que los turcos se retiran a Turtukai para no exponerse al peligro de un asalto en Oltenitza durante el invierno, cuando la retirada a través del río resultaría difícil; pero esa noticia contradice el hecho de que, sin haber sido detenidos hasta ahora y hallándose a la ofensiva con una indiscutible superioridad de fuerzas. Además, su ala izquierda en Widdin, en la orilla valaca del Danubio, no solo ha podido mantenerse, sino incluso ser reforzada. Un hecho que apunta a

todo menos a un movimiento general de retroceso por parte de los turcos. Y si suponemos que tienen la intención de cruzar el Danubio por Braila o Galatz —un supuesto que probablemente se ajusta a los hechos—, no podemos comprender por qué Omer Bajá habría de retirar sus tropas de la fuerte posición de Oltenitza simplemente porque se disponía a llevar a cabo, con otras tropas, un avance decisivo contra el flanco izquierdo ruso. Pero la complejidad de la situación se comprenderá mejor si se consideran los acontecimientos desde el inicio de la campaña.

Ante todo, está fuera de duda que a los turcos se les permitió cruzar el río tanto en Widdin como en Turtukai sin oponerles una resistencia seria. En ello no había nada de sorprendente, puesto que la experiencia militar ha confirmado que es imposible impedir que un ejército enemigo activo cruce un río, por ancho que éste sea. Del mismo modo, la experiencia enseña que siempre es sumamente ventajoso atacar al enemigo únicamente después de que haya pasado una parte de sus tropas, para caer sobre éstas con fuerzas superiores y en un momento en que solo disponen de una línea de retirada, y además obstaculizada. Pero el que los turcos se hayan afianzado en la orilla izquierda del Danubio, que hayan salido victoriosos de cada batalla, que hayan mantenido en su poder durante diez días Oltenitza, a no más de cuarenta millas de Bucarest, sin que los rusos hayan sido capaces de expulsarlos de aquella importante posición, y que, finalmente, se hayan retirado de ella sin ser estorbados y por su propia voluntad, todo ello demuestra que se ha calculado de un modo completamente erróneo la relación de fuerzas entre las tropas turcas y rusas que se enfrentaban en aquel lugar.

Sabemos con bastante exactitud de qué fuerzas disponían los turcos, pero en cuanto a las fuerzas de los rusos nos hemos visto siempre obligados a movernos a tientas. Se declaró que dos cuerpos de ejército habían cruzado el Pruth y que una parte de un tercero los había seguido poco después. Si aceptamos esto como correcto, los rusos no habrían tenido menos de 150.000 hombres en los Principados danubianos. Pero una vez que los acontecimientos han mostrado que no se encuentra en Valaquia tal masa de tropas rusas, recibimos finalmente, por la vía de Viena, un informe auténtico de lo que realmente tienen allí. Sus fuerzas se componen de la siguiente manera:

1. El 4.º cuerpo de ejército, al mando del general Dannenberg, compuesto por las siguientes 3 divisiones de infantería:
a) La 10.ª división (general Soimónov) — 16.000 hombres
b) La 11.ª división (general Pávlov) — 16.000 hombres
c) La 12.ª división (general Liprandi) — 16.000 hombres
d) Un batallón de tiradores — 1.000 hombres

2. Una brigada de la 14.ª división, perteneciente al 5.º cuerpo de ejército y bajo el mando del general Engelhardt — 8.000 hombres
Infantería total — 57.000 hombres

3. Dos divisiones de caballería ligera, al mando del general Nirod y del general Fischbach, que suman — 8.000 hombres
y 10 regimientos de cosacos de — 6.000 hombres
lo que arroja un total de — 14.000 hombres

4. Una división de artillería con aproximadamente una batería (12 cañones) por cada regimiento de infantería, o sea, en total de 170 a 180 cañones.

Se comprueba asimismo que el 5.º cuerpo de ejército, bajo el mando del general Lüders, ni siquiera está concentrado aún en Odessa, sino que una parte de sus tropas se halla en Sebastopol y otra en el Cáucaso; que el 3.er cuerpo de ejército al mando del general Osten-Sacken se encuentra todavía en Volinia o, a lo sumo, acaba de cruzar el Pruth y no podrá ser conducido al teatro de la guerra antes de tres o cuatro semanas, y que la caballería de reserva rusa —principalmente caballería pesada— está al otro lado del Dniéper y necesitará cinco o seis semanas para llegar al punto donde se la necesita. Sin duda, esta información es irreprochable, y si la hubiéramos tenido hace seis semanas, habríamos dicho que Omer Bajá debía cruzar el Danubio, sin importar dónde ni cómo, pero cuanto antes, mejor.

En realidad, no hay nada que pueda explicar racionalmente la temeridad de los rusos. Meterse en un callejón sin salida como Valaquia con unos 80.000 hombres, mantenerse allí algunos meses, tener enfermos en los hospitales, como los propios rusos confiesan, alrededor de 15.000 hombres, y confiarse a la casualidad sin recibir nuevos refuerzos: es cosa que jamás se ha visto y que nadie tenía motivo para esperar de un pueblo como el ruso, que por lo general es en extremo prudente y se esfuerza siempre por ir sobre seguro. ¡En efecto, todo ese ejército disponible en Valaquia ascendería, hechas las deducciones por los destacamentos, a solo unos 46.000 hombres, los cuales, además, podrían ser necesarios en diversos puntos!

Pero éste es un hecho, y solo podemos explicarlo por una confianza absoluta de los rusos en las intrigas diplomáticas de sus amigos en el gobierno británico, por un injustificado desprecio hacia sus adversarios y por las dificultades que ha de causar a los rusos la concentración de grandes masas de tropas y enormes cantidades de pertrechos.

Por otra parte, los turcos en Kalafat, en la Pequeña Valaquia, cuentan con 25.000 hombres y continúan reforzando esas fuerzas. Poco sabemos acerca de los demás movimientos de este cuerpo. Parece que ni siquiera han avanzado hasta Krajowa y que no han hecho nada más que ocupar las aldeas vecinas. La razón de ello es igualmente oscura, y solo podemos conjeturar que Omer Bajá se ve controlado en ciertos aspectos, en sus movimientos, por los consejos de Constantinopla, que originalmente había estacionado aquellos 25.000 hombres en Sofía. En todo caso, este cuerpo, en la medida en que se lo puede juzgar desde esta distancia, se halla completamente inútil en su actual emplazamiento, y su presencia en aquel punto es un error, puesto que, incluso para un eventual e improbable empleo contra los serbios, como mostramos en
ocasión anterior
, es o demasiado grande o demasiado pequeño. Habría sido evidentemente mucho mejor trasladarlo río abajo; pues cruzó el río el 28 de octubre y hasta el 15 de noviembre no había avanzado mucho ni había intervenido activamente en modo alguno. Esos quince días podrían haberse empleado mejor enviándolo 150 millas Danubio abajo hasta Sistowa, donde habría estado en contacto directo con el ala izquierda del grueso del ejército turco, y unas cuantas marchas más lo habrían llevado a Rustschuk, centro del ala izquierda turca. Nadie puede dudar de que esos 24.000 hombres, unidos a la fuerza principal, habrían valido el doble que en Kalafat, y los acontecimientos confirman esta opinión, pues, como ya se ha dicho, todavía no hemos oído que hayan prestado a Omer Bajá apoyo activo alguno durante los diecinueve días transcurridos desde su paso del Danubio.

Los ataques turcos en Nikópolis y Rustschuk fueron puras fintas. Parece que se ejecutaron bien, con no más tropas de las necesarias y, sin embargo, con el vigor suficiente para inducir a error al enemigo respecto a las ulteriores intenciones de la parte atacante. El ataque principal tuvo lugar en Oltenitza. Qué fuerzas pusieron allí en el campo de batalla sigue siendo

aún hoy incierto. Algunos informes dicen que ya el día 11 los turcos tenían en Oltenitza 24.000 hombres, mientras que los rusos podían oponerles 35.000. Pero esto es manifiestamente falso. Si los rusos hubieran sido más fuertes que los turcos en una proporción de tres a dos, muy pronto los habrían enviado de vuelta al otro lado del Danubio, mientras que el hecho es que el día 11 presenció una derrota rusa.

Más que nunca parece que nada, salvo una dirección militar excepcionalmente mala, puede impedir a los turcos expulsar a Gortschakow de Valaquia. Sin embargo, lo cierto es que ha habido algunas curiosas muestras de arte de la guerra en ambos bandos. El 2 de noviembre, los turcos cruzaron el Danubio en Oltenitza —donde al parecer se encuentra su principal punto de cruce—. El 3, 4 y 5 rechazaron con éxito los ataques de los rusos y se aseguraron así la superioridad en la orilla izquierda del Danubio. Durante esos tres días, sus refuerzos deberían haber llegado, y ellos deberían haber estado en condiciones de marchar de inmediato sobre Bucarest. Napoleón actuaba de este modo, y desde entonces todo general sabe que la sola rapidez del movimiento puede compensar la falta de fuerzas, porque permite caer sobre el enemigo antes de que tenga tiempo de concentrar sus tropas. Así como en el comercio se dice: ¡tiempo es dinero!, en la guerra podemos decir: ¡tiempo son tropas! Pero aquí, en Valaquia, se descuida esta máxima. Los turcos mantienen ocupado Oltenitza con toda tranquilidad durante nueve días, del 6 al 15, y salvo pequeñas escaramuzas no ocurre nada, de modo que los rusos tienen tiempo de concentrar sus fuerzas, desplegarlas con todo el cuidado posible y, si su línea de retirada se ve amenazada, restablecerla y asegurarla. ¿O debemos suponer que Omer Pachá se proponía simplemente mantener a los rusos cerca de Oltenitza hasta que su ejército principal hubiera cruzado más abajo y cortado por completo las posibilidades de retirada de los rusos? Es posible, aunque se trata de una operación que, con 24.000 hombres en Kalafat y 24.000 en Oltenitza, permite inferir otros 50.000 más abajo, en dirección a Hirsowa. Ahora bien, si disponía de semejante fuerza allí —como es muy probable—, habría podido emplear mejor su tiempo que perdiéndose en todas esas maniobras artificiales y rebuscadas. ¿Por qué no lanzar en ese caso 70.000 u 80.000 hombres como una masa por el Danubio en Braila y cortar de un solo golpe a los rusos en Valaquia de sus líneas de comunicación? Como ya dijimos, es probable que ahora se tenga la intención de realizar este movimiento; pero no se alcanza a ver por qué ha habido esta larga demora y estos complicados preparativos. Estando disponible tan gran superioridad de fuerzas en la línea de operaciones, no se podía obtener ninguna ventaja especial engañando al príncipe Gortschakow. Más bien habría que haberlo aislado y aniquilado de un solo golpe.

En cuanto a los soldados turcos, puede decirse que hasta ahora han salido airosos en los pocos encuentros en que han aparecido. La artillería ha demostrado en todas partes que el zar Nicolás no exageraba cuando la declaró una de las mejores de Europa. Un batallón de tiradores, creado apenas diez semanas antes del comienzo de las hostilidades y armado con fusiles Minié recién llegados de Francia, ha alcanzado en este breve lapso una gran maestría en el combate en orden disperso y ha producido tiradores de primera clase que saben manejar muy bien aquella terrible arma. En Oltenitza tuvieron ocasión de ponerlo de manifiesto, abatiendo a casi todos los oficiales superiores rusos. En general, la infantería tiene que estar perfectamente capacitada para ejecutar los movimientos tradicionales en línea y en columna, y además tiene que haber atacado en Oltenitza con gran valor y gran firmeza, puesto que al menos en dos de los tres días el ataque de la infantería turca decidió la batalla, y ello en combate cuerpo a cuerpo, y, como es bien sabido, la infantería rusa a la bayoneta es un adversario que no debe menospreciarse.

Las noticias de Asia son incluso más decididamente favorables a los turcos que las de Europa. Parece ser cierto que ha habido un levantamiento general y en todos los frentes de las tribus circasianas contra los rusos, que mantienen los accesos al Cáucaso y que el príncipe Woronzow ha quedado aislado de sus comunicaciones, mientras las fuerzas turcas lo hostigan por el frente. De modo que la guerra comienza en todas partes con infortunios para el zar. Esperemos que continúe así hasta el final y que el gobierno y el pueblo rusos aprendan de esta guerra a refrenar su ambición y su arrogancia y a ocuparse en adelante de sus propios asuntos.