Londres, martes 1 de noviembre de 1853

[ Guerra ]

Apenas había llegado a Londres la noticia del cañoneo de Isakcha [1] cuando se telegrafió de Viena a Londres y a París que la Puerta, a petición de los representantes de las cuatro potencias, había dado órdenes de aplazar las hostilidades, si no hubieran comenzado ya, hasta el 1 de noviembre. ¿Debe o no considerarse el intercambio de cañonazos en Isakcha como comienzo de las hostilidades? He ahí la cuestión que ahora agita a la Bolsa y a la prensa. En mi opinión, es una cuestión muy indiferente, pues en todo caso el armisticio habría expirado hoy.

Se rumorea que el ejército turco ha cruzado el Danubio por Widin y Matchin, es decir, en las fronteras nororiental y noroccidental de Bulgaria. La exactitud de este despacho parece muy dudosa. Según la *Presse* de París de hoy, un consejo militar celebrado en el Seraskerato [Ministerio de Guerra del Imperio Otomano — Ed.] el 15 o 16 de octubre resolvió que, tan pronto como se conociera oficialmente la negativa del príncipe Gorchakoff a evacuar los Principados, las hostilidades debían comenzar en Asia, en dos puntos diferentes: contra la fortaleza de Poti, en el Mar Negro, y en la frontera de Georgia. El mismo periódico nos informa de que el general Baraguay d'Hilliers, el recién nombrado embajador francés en Constantinopla, ha partido acompañado de un estado mayor compuesto por oficiales de ingenieros y de artillería. El señor Baraguay es conocido como mal general y buen intrigante. Les recuerdo sus hazañas en el famoso Club de la Rue de Poitiers. [2]

[ Huelgas ]

Mientras las primeras balas de cañón se han intercambiado en la guerra de los rusos contra Europa, la primera sangre se ha derramado en la guerra que ahora ruge en los distritos manufactureros, del capital contra el trabajo. El viernes por la noche tuvo lugar un motín en Wigan, surgido del conflicto entre los mineros del carbón y los reyes del carbón; el sábado se dijo que la ciudad estaba perfectamente tranquila, pero hoy se nos informa por telégrafo eléctrico que en la mina de Lord Crawford o del conde de Balcarres los mineros realizaron un ataque, que se llamó a la fuerza armada, que los soldados dispararon y que uno de los obreros resultó muerto. [3] Como he de recibir información privada del lugar, aplazo mi informe sobre este suceso, advirtiendo solamente a sus lectores contra los informes de *The Daily News* y *The Times*; el primero de estos periódicos está directamente a sueldo de la Escuela de Manchester, y el segundo es, como justamente observa *The Morning Herald*, «el enemigo amargo, implacable, despiadado de las clases trabajadoras».

En 1842, cuando la Escuela de Manchester, bajo la bandera del librecambio, incitó al proletariado industrial a movimientos insurreccionales y, en el momento del peligro [4], los abandonó traicioneramente, como Sir Robert Peel dijo claramente a los Cobden en la Cámara de los Comunes —en aquella época su consigna era: *Alimentos baratos y salarios caros*. Abolidas las Leyes de Cereales y realizado el librecambio tal como ellos lo entienden, su grito de batalla se ha transformado en: *Salarios baratos y alimentos caros*. Con la adopción por el Gobierno del sistema comercial manchesteriano, la milinocracia se había impuesto a sí misma un problema imposible de resolver bajo su régimen: el aseguramiento de una continuación ininterrumpida de comercio activo y prosperidad comercial. Para la hora de la adversidad, habían cortado toda posición a la que replegarse. Ya no se podía engañar a las masas con la reforma parlamentaria, como en 1831; la influencia legislativa conquistada por aquel movimiento para las clases medias se había empleado exclusivamente contra las clases trabajadoras; y estas últimas, entre tanto, habían puesto en pie un movimiento político propio: el cartismo. Ya no se puede culpar a los proteccionistas aristocráticos de todas las anomalías del sistema industrial y de los conflictos mortales que brotan de sus propias entrañas, pues el librecambio ha funcionado durante unos ocho años bajo circunstancias asombrosamente afortunadas, con una California y una Australia —dos mundos de oro, improvisados, por así decirlo, por las potencias imaginativas del demiurgo moderno. Así, una tras otra, paso a paso, la burguesía industrial ha eliminado con sus propias manos todos los espejismos cuidadosamente propagados que podían conjurarse en la hora del peligro, a fin de desviar la indignación de las clases trabajadoras de su verdadero antagonista y dirigirla contra los antagonistas de la milinocracia, contra la aristocracia terrateniente. En 1853 se han desvanecido los falsos pretextos por parte de los patronos y las ilusiones necias por parte de los obreros. La guerra entre esas dos clases se ha vuelto inmitigada, indisimulada, abiertamente confesada y claramente comprendida. «La cuestión —exclaman los propios patronos en uno de sus recientes manifiestos— ya no es de salarios, sino de señorío.» [Aquí y más abajo Marx cita del artículo «As They've Made Their Bed So They Must Lie», publicado en *The People's Paper*, núm. 78, 29 de octubre de 1853. — Ed.] Los liberales de Manchester, pues, se han quitado al fin la piel de león. Lo que pretenden es señorío para el capital y esclavitud para el trabajo.

Lock-out contra turn-out, tal es el gran proceso ahora pendiente en los distritos industriales, y es probable que las bayonetas dicten sentencia en el caso. Todo un ejército industrial, más de 70.000 obreros, están licenciados y arrojados a las calles. A las fábricas cerradas en Preston y Wigan se han añadido las del distrito de Bacup, que comprende los municipios de Bacup, Newchurch, Rawtenstall, Sharnford y Stanford. En Burnley las fábricas pararon el viernes pasado; en Padiham, el sábado; en Accrington los patronos contemplan un lock-out; en Bury, donde unos 1.000 hombres están ya sin trabajo, los patronos han notificado a sus obreros un «lock-out a menos que dejen de contribuir a los que están sin trabajo en su propia ciudad y en Preston»; y en Kindley, tres grandes fábricas se cerraron el sábado por la tarde, y más de mil personas adicionales quedaron sin empleo.

Mientras el hipócrita, fraseológico y bizco círculo de los charlatanes de Manchester predicaban la paz al zar [5] en Edimburgo, hacían la guerra a sus propios compatriotas en Manchester. Mientras predicaban el arbitraje entre Rusia y Europa, rechazaban desdeñosamente toda apelación al arbitraje de sus propios conciudadanos. Los obreros de Preston habían aprobado en un mitin al aire libre la resolución

«de que los delegados de los obreros fabriles recomienden al alcalde que convoque una reunión pública de fabricantes y obreros para acordar un arreglo amistoso de la disputa ahora pendiente».

Pero los patronos no quieren arbitraje. Lo que pretenden es dictadura. Mientras que, en el momento mismo de una lucha europea, esos propagandistas rusos claman por la reducción del ejército, al mismo tiempo están aumentando el ejército de la guerra civil, la fuerza policial, en Lancashire y Yorkshire. A los obreros sólo podemos decirles con *The People's Paper*:

«Si cierran todas las fábricas de Lancashire, enviad delegados a Yorkshire y alistad el apoyo de los valientes hombres del West Riding. Si las fábricas del West Riding se cierran, apelad a Nottingham y Derby, a Birmingham y Leicester, a Bristol y Norwich, a Glasgow y Kidderminster, a Edimburgo e Ipswich. Más y más lejos, más y más ampliamente, extended vuestras apelaciones y reunid a vuestra clase a través de cada ciudad y cada oficio. Si los patronos eligen poner en orden de batalla a toda su clase contra vosotros, vosotros poned a toda vuestra clase contra ellos. Si quieren la vasta lucha de clases, que la tengan, y nosotros aguardaremos el resultado de esa tremenda prueba.»

[ Carestía ]

Mientras, por un lado, tenemos la lucha de patronos y obreros, tenemos, por el otro, la lucha del comercio con los mercados sobresaturados, y de la industria humana con las insuficiencias de la naturaleza.

En un período muy temprano de la revolución china, llamé la atención de sus lectores sobre las influencias desastrosas que probablemente ejercería sobre la condición social de Gran Bretaña.

«La insurrección china —se nos dice ahora por *The Examiner*— campea en los distritos del té, con el resultado de que los tés están al alza en el mercado de Londres, y los calicós están a la baja en el mercado de Shanghai.» «En Shanghai —leemos en la circular de los Sres. Bushby & Co., una casa de Liverpool— el mercado del té se ha abierto a precios de un 40 a un 50 por ciento superiores a los de la temporada pasada. Las existencias eran ligeras, y los suministros llegan [...] lentamente.»

Los últimos avisos de Cantón afirman que los

«insurgentes se están [...] extendiendo generalmente por todo el país, para la ruina total del comercio, que las manufacturas, casi sin excepción, han cedido en precio; en algunos casos la caída es muy grave. Las existencias son grandes y se acumulan rápidamente, y tememos que la perspectiva de mejora sea más bien remota. En Amoy el comercio de importaciones, fuera de algunas cajas de opio, parece haber llegado a su fin por el momento.»

He aquí cómo se describe el estado de los mercados en Shanghai:

«Se han ofrecido libremente tés negros y sedas crudas, pero las condiciones impuestas por los tenedores han sido tales que han restringido enormemente las operaciones; no aparecía deseo alguno de tomar manufacturas, y las transacciones se han efectuado principalmente por medio de opio a precios muy bajos y de metal precioso procedente de Cantón. Se han retirado de aquel lugar grandes cantidades de tesoro, pero la provisión se está agotando rápidamente, y tenemos que mirar a otros lugares en busca de plata en lingotes y moneda, sin lo cual pronto seremos incapaces de comprar productos, a menos que se produzca una gran mejora en el mercado de importación. Los negocios en este último han sido muy limitados, y principalmente confinados a ventas de artículos averiados en subasta.»

En la circular comercial de los Sres. Gibson & Co., fechada en Manchester el 21 de octubre, encontramos señalada, como causa muy prominente de la depresión actual,

«no sólo los malos avisos actuales de nuestro gran mercado chino, [...] sino la perspectiva de que tales sigan llegando en esa ausencia de confianza en las transacciones monetarias allí, que tan inevitablemente ha de ser el resultado, y por un período prolongado, de los cambios completos y radicales que parecen susceptibles de efectuarse en el gobierno y las instituciones de ese vasto Imperio».

En cuanto a los mercados australianos, *The Melbourne Commercial Circular* afirma

«que mercancías compradas sólo hace alrededor de un mes [...] se han vendido, si entonces fueron entregadas, con un beneficio de no menos del 100 al 150 por ciento; [...] ahora [...] no realizarían lo bastante para cubrir los gastos».

Cartas privadas de Port Philip, recibidas la semana pasada, son también extremadamente desfavorables respecto al estado de los mercados. Las mercancías siguen llegando a raudales de todas las partes del mundo, y los precios que podían alcanzar eran tan bajos, que antes que someterse a sacrificios inmediatos, se estaban comprando barcos en gran número para usarlos como almacenes.

No puede, pues, sorprendernos que las circulares comerciales sigan registrando estancamiento y precios en declive en los mercados de los distritos industriales. Así leemos en las circulares de los Sres. Fraser, Son & Co., fechadas en Manchester el 21 de octubre:

La escala de las operaciones, tanto para el comercio interior como para el exterior, ha sido sumamente limitada, y los precios han sufrido en todo momento en mayor o menor grado. La nueva baja en los prints de 7/8 y en los madapolams puede estimarse en 1 1/2 peniques a 3 peniques por pieza; en las shirtings de 56 a 66 reed, de 34 a 36 pulgadas, de 4 1/2 peniques a 6 peniques por pieza; en las shirtings de 36-72 reed, 3 peniques por pieza; en las shirtings de 39 pulgadas, de calidad baja, con un peso de 5 1/4 a 6 libras, alrededor de 4 1/2 peniques por pieza; en las shirtings de 39 pulgadas, de 60 a 64 reed, 3 peniques por pieza; en las shirtings de 45 a 54 pulgadas, de 4 1/2 peniques a 7 1/2 peniques por pieza; en los jaconets bajos de 5 a 8, 1 1/2 peniques, y en los jaconets cuadrados de 14 a 16, 3 peniques por pieza; en las T cloths, 1 1/2 peniques, en las long cloths, 3 peniques por pieza, y en los domésticos de ciertas clases, alrededor de 1/16 de penique por yarda. En hilados, el twist regado ha sido el que más ha bajado en las calidades comunes y medias, lo que puede considerarse entre 1/4 de penique y 1/2 penique por libra por debajo de las cotizaciones del mes pasado. Los hilados de mula han sido los más afectados en los números 40, que se han vendido a una reducción de un penique entero por libra respecto al punto más alto del año. [...] Otros hilados de 20 por debajo de 60 se han visto afectados de manera análoga.

En cuanto al mercado de alimentos, el London Weekly Dispatch declara:

«En lo que al trigo respecta, la opinión de los agricultores, a medida que proceden a la trilla de su grano y hacen recuento de sus existencias, es que la cosecha será aún más escasa de lo que habían previsto. De hecho, la califican de [...] media cosecha.»

La humedad del tiempo desde hace aproximadamente una quincena, sumamente desfavorable para la siembra del trigo y para la sementera, suscita también serios temores para la cosecha de 1854.

Desde Oxfordshire se informa lo siguiente:

«En cuanto a la cosecha de trigo, en su conjunto es un fracaso miserable; fincas que habitualmente producen de 40 a 44 bushels por acre rinden este año de 15 a 20 bushels; y algunas tierras bien cultivadas de trigo y habas no rinden sino de 8 a 10 bushels por acre. [...] Las patatas, tristemente enfermas, constituyen un rendimiento insignificante.»

Un informe de Yorkshire nos comunica que:

«La humedad ha causado una cesación total de todas las labores activas al aire libre; y los restos de la última cosecha, lamentamos decirlo —todas las habas, el grueso del trigo de primavera y parte de la avena—, al estar expuestos a la acción del tiempo, se han reblandecido de tal modo que impiden la esperanza de que puedan llegar a ser aptos para la trilla tras los vientos secos de la primavera. Además, están tristemente germinados, y tendrá lugar sin duda un triste desperdicio de este último recurso. Damos una idea vaga de la magnitud de la pérdida a la que nos referimos. Comenzando en el Tees, y desde allí hasta Catterick, en Stokesley, y abarcando las tierras bajas de Cleveland, y al este de Thirsk hasta el mar, al oeste de Harrogate y desde el Humber hasta el mar, [...] vastas cantidades de grano están al raso y estropeadas por la humedad, con un cielo lluvioso sobre las cabezas; un cincuenta por ciento de las patatas irrevocablemente enfermas, y ha surgido una nueva demanda de semilla, con pequeñas existencias de grano viejo. Es seguro que la totalidad de los distritos trigueros del país están deficientes y estropeados más allá de todo período anterior que recordemos.»

Un informe de Hertfordshire declara:

«Es muy extraordinario en este período del año no haber concluido la cosecha en esta comarca. Tal es, sin embargo, el hecho, pues hay muchos campos de avena que aún no han sido acarreados, y una porción considerable de las habas sembradas en primavera, con algún que otro campo de cebada; en realidad, hay algunos sembrados de lenteja que aún no han sido segados.»

The Economist del sábado pasado publica el siguiente cuadro, que muestra las cantidades de trigo y granos de todas las clases, y de harina y flor de todas las clases importadas al Reino Unido durante el período del 5 de enero al 10 de octubre de 1853:

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Países de los C. de C. de Harina [...] Total de
que se exportó: trigo, trigo o flor de todas
qrs. mlda., de todas clases,
cwts. clases, cwts.
qrs.
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Rusia, a saber:
Puertos del Norte 69,101 64 307,976 65
Puertos del Mar Negro 704,406 — 1,029,168 —
Suecia 3,386 13 3,809 13
Noruega — 1 561 1
Dinamarca 220,728 5,291 733,801 5,291
Prusia 872,170 3,521 899,900 3,521
Mecklemburgo-Schwerin 114,200 — 123,022 —
Hannover 19,187 — 146,601 —
Oldemburgo 2,056 — 19,461 —
Ciudades Hanseáticas 176,614 53,037 231,287 53,066
Holanda 58,034 306 132,255 308
Bélgica 15,155 353 20,829 353
Islas del Canal
(prod. extranjero) 526 4,034 629 4,034
Francia 96,652 857,916 470,281 858,053
Portugal 4,217 4 21,657 4
Azores 630 — 14,053 1
España 13,939 177,963 48,763 177,985
Gibraltar — 9 4,368 9
Italia, a saber:
Territorios Sardos 7,155 2,263 8,355 2,263
Toscana 48,174 67,598 45,597 67,598
Territorios Pontificios 39,988 — 41,488 —
Nápoles y Sicilia 8,618 2 11,977 2
Territorios Austríacos 44,164 370 106,796 370
Malta 28,569 — 56,281 —
Islas Jónicas 82 — 16,220 —
Grecia 1,417 — 10,221 —
Valaquia y Moldavia 209,048 — 601,481 —
Siria 21,043 — 24,686 —
Egipto 297,980 — 543,934 —
Otros Dom. Turcos 218,407 7,370 689,703 7,340
Argelia — — 21,661 —
Marruecos 3 3 13,451 —
India Oriental Brit. — 205 — 205
Norteamérica Brit. 45,587 232,216 62,626 232,493
EE. UU. de América 434,684 2,388,056 630,324 2,389,283
Brasil — 3 237 320
Otras Partes 1 148 8 148
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Total 3,770,921 3,800,746 7,093,458 3,802,743

El total de trigo es qrs. 3,770,921
El equivalente de 3,802,743 cwts.
de harina y flor es qrs. 1,086,522
Total de grano, harina y flor qrs. 8,179,980
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The Economist, a fin de disipar las aprensiones de los comerciantes de la City, extrae del cuadro anterior las siguientes conclusiones:

«En 1847, a pesar del estímulo extraordinario de los precios elevados, importamos de trigo y harina, en todo el año, solo 4,464,000 quarters. En los primeros nueve meses del presente año hemos importado, sin tal estímulo, excepto durante los dos últimos meses, 4,856,848 quarters. [...] Ahora bien, una de dos cosas ha de ser cierta respecto a estas grandes importaciones en cuanto afectan a nuestra propia oferta interior: o bien han sido consumidas en gran medida, y han ahorrado con ello en la misma proporción nuestra propia producción interior, o están almacenadas, y estarán disponibles en lo sucesivo.»

Ahora bien, este dilema es del todo inadmisible. A consecuencia de las prohibiciones o de las amenazas de prohibición de la exportación de cereales del continente, los comerciantes de granos consideraron oportuno almacenar entretanto sus existencias en Inglaterra, donde solo estarán disponibles en lo sucesivo en caso de que los precios de los cereales sean más altos en Inglaterra que en el continente. Además, en contraposición a 1847, la oferta de los países que probablemente se vean afectados por una guerra ruso-turca asciende a 2,438,139 quarters de grano y 43,727 cwt. de harina. De Egipto, también se prohibirá la exportación después del 30 de noviembre próximo. Finalmente, Inglaterra este año ha de recurrir únicamente al excedente anual habitual de otras naciones, mientras que, antes de la abrogación de las Leyes de Cereales, disponía, en épocas de escasez, de las reservas extranjeras acumuladas durante las temporadas favorables.

El Weekly Times, desde su punto de vista, resume la situación en los siguientes términos:

«El pan de cuatro libras está a un chelín —el tiempo es peor de lo que ha sido en medio siglo en esta estación del año—, las clases trabajadoras están en el delirio de las huelgas —el cólera asiático hace estragos entre nosotros una vez más, y tenemos una manía de guerra. Sólo nos faltan impuestos de guerra y hambruna para completar el número ortodoxo de las plagas de Inglaterra.»

Firmado: Karl Marx