Mientras las primeras balas de cañón han sido intercambiadas en la guerra de los rusos contra Europa, la primera sangre se ha derramado en la guerra que ahora ruge en los distritos manufactureros, del capital contra el trabajo. El viernes por la noche tuvo lugar un motín en Wigan, surgido de la contienda entre los mineros del carbón y los reyes del carbón; el sábado se dijo que la ciudad se encontraba perfectamente tranquila, pero hoy nos informan por telégrafo eléctrico que en la mina de Lord Crawford o del conde Balcarres se produjo un ataque por parte de los mineros; que se llamó a la fuerza armada; que los soldados dispararon y que uno de los obreros resultó muerto. Como voy a recibir información privada desde el lugar, aplazo mi informe sobre este suceso. ...

Así, una por una, paso a paso, la burguesía industrial ha eliminado, con sus propias manos, todos los engaños cuidadosamente propagados que podían conjurarse en la hora del peligro, a fin de desviar la indignación de las clases trabajadoras de su verdadero antagonista y dirigirla contra los antagonistas de la millocracia, contra la aristocracia terrateniente. En 1853, han desaparecido las falsas pretensiones por parte de los patronos y las ilusas ilusiones por parte de los obreros. La guerra entre esas dos clases ha llegado a ser sin paliativos, sin disfraces, abiertamente confesada y claramente comprendida. «La cuestión —exclaman los propios patronos en uno de sus recientes manifiestos— ya no es de salarios, sino de señorío.» Los liberales de Manchester, pues, se han quitado por fin la piel de león. Lo que pretenden es señorío para el capital y esclavitud para el trabajo.

Lock-out contra huelga es el gran pleito que ahora está pendiente en los distritos industriales, y es probable que las bayonetas pronuncien sentencia en el caso. Todo un ejército industrial, más de 70.000 obreros, han sido licenciados y arrojados a las calles. A las fábricas cerradas en Preston y Wigan se han sumado las del distrito de Bacup, que comprende los municipios de Bacup, Newchurch, Rawtenstall, Sharnford y Stanford. En Burnley las fábricas pararon el viernes pasado; en Padiham el sábado. En Accrington los patronos están contemplando un lock-out; en Bury, donde cerca de 1.000 hombres se encuentran ya sin trabajo, los patronos han notificado a sus obreros que procederán a un lock-out si no dejan de contribuir a las colectas para los que están sin trabajo en su propia ciudad y en Preston. Y en Kindley, tres grandes fábricas fueron cerradas el sábado por la tarde, y más de mil personas más quedaron sin empleo.

Mientras que la hipócrita, charlatana y bizca caterva de farsantes de Manchester predicaban la paz al zar en Edimburgo, hacían la guerra a sus propios compatriotas en Manchester. Mientras predicaban el arbitraje entre Rusia y Europa, rechazaban con desdén todas las apelaciones al arbitraje de sus propios conciudadanos. Los obreros de Preston habían aprobado en una reunión al aire libre la resolución de que los delegados de los obreros fabriles recomendaran al alcalde que convocara una reunión pública de fabricantes y obreros para acordar un arreglo amistoso del conflicto pendiente.

Pero los patronos no quieren arbitraje. Lo que pretenden es la dictadura. Mientras que, en el mismo momento de una lucha europea, esos propagandistas rusos claman por la reducción del ejército, al mismo tiempo están engrosando el ejército de la guerra civil, la fuerza policial, en Lancashire y Yorkshire. A los obreros sólo podemos decirles con The People’s Paper:

«Si cierran todas las fábricas de Lancashire, enviad delegados a Yorkshire y ganad el apoyo de los valientes hombres del West Riding. Si se cierran las fábricas del West Riding, apelad a Nottingham y Derby, a Birmingham y Leicester, a Bristol y Norwich, a Glasgow y Kidderminster, a Edimburgo e Ipswich. Cada vez más lejos, cada vez más ampliamente, extended vuestras apelaciones y aglutinad a vuestra clase a través de cada ciudad y cada oficio. Si los patronos eligen alinear a todo su orden contra vosotros, alinead vosotros a toda vuestra clase contra ellos. Si quieren la vasta lucha de clases, dejádsela tener, y nosotros aguardaremos el resultado de esa tremenda prueba.»