The People's Paper. Núm. 14, 7 de agosto de 1852

Circular secreta de Kossuth. Consiguiente partida repentina de éste.

(Comunicada especialmente al “People's Paper” y aún no conocida por la prensa inglesa.)

(El “Times” ha afirmado que la causa de la repentina partida de Kossuth de América fue que, esperando más dinero del que recibió, había hecho grandes pedidos de mosquetes que no pudo pagar. Esto es inexacto, pues obtuvo dinero suficiente para liquidar todas sus obligaciones por medio del Sr. Hajnik, según ha notificado en periódicos americanos; pero la siguiente carta de nuestro corresponsal especial en Nueva York ilustra la verdadera causa de su partida. —Ed. del “People's Paper”.)

(Al Director del “People's Paper”.)

Señor: La partida directa de Kossuth de este lado del Atlántico os sorprenderá, sin duda, en el Viejo Mundo, y como, sin duda también, pronto circularán muchos rumores incorrectos, tal vez sea aconsejable ofrecer a vuestros lectores una versión auténtica del asunto.

Kossuth siempre se jactó de su no intervención en los asuntos internos de los países de los que era huésped, y bien notamos el extraño uso que hizo de esa política mientras estuvo en vuestro país. Prometió fielmente atenerse a la misma a su llegada a los Estados Unidos y rechazó toda idea de interferir en la elección presidencial. Ahora ha roto esa promesa y ha intrigado secretamente en los asuntos gubernamentales de un país del que era huésped y de cuyo Gobierno gozaba de confianza.

El 28 de junio expidió la siguiente circular secreta a los alemanes residentes en los Estados:—

“Nueva York, 28 de junio de 1852.

Honorable señor: Espero que haya leído usted ya mi discurso alemán de despedida en el ‘Tabernáculo de York’ del día 23 del corriente, así como las resoluciones de la reunión que le siguieron. Espero, además, que la impresión causada con ello en ambos grandes partidos políticos no haya escapado a su atención.

En efecto, no puede negarse que los alemanes residentes en los Estados, poseedores del sufragio, si siguen el consejo dado en mi discurso y se unen todos en esa política, tienen en sus manos la balanza del poder en una elección presidencial.

Pueden decidir la política exterior del futuro Gobierno de los Estados y, con ello, determinar el triunfo o la caída de la libertad europea.

¿Cómo actuarán los ciudadanos alemanes de América, poseedores de este poder decisivo?

Los jefes de todos los partidos se han percatado de vuestra fuerza y están todos alarmados. Saben que, en todo caso, los alemanes pueden desbaratar su más hábil combinación.

¿Estarán los ciudadanos alemanes a la altura de la importancia de su posición, que tal vez no se repita en un siglo?

Espero que sí. ¡Quiera Dios, Guardián omnipotente de la Libertad, que no desaprovechéis la ocasión! ¿No respetaréis más los principios que los nombres de partido? Espero que sí. La actitud que ha de adoptar América, la libertad de Europa, Alemania, Hungría e Italia están en vuestras manos.

¡Por amor de Dios, tomad medidas para que todos vuestros conciudadanos alemanes actúen según mi consejo en el discurso aludido; celebrad reuniones y aprobad resoluciones basadas en ese consejo.

Apresuraos. Mantened la balanza del poder en vuestras propias manos hasta que uno u otro de los dos partidos haya dado garantía positiva de que adoptará la política propuesta.

Si yo tuviera la fortuna de conseguir que todos los electores alemanes de la Unión proclamasen mi política como propia y actuaran en consecuencia, me hallaría en posición de negociar personalmente con los distintos partidos y de dictarles condiciones.

Dios ve mis pensamientos más íntimos y sabe que no es la vana importancia personal lo que mueve mi corazón. ¡No! Es la convicción de que la libertad de Europa depende de la ayuda unánime de los ciudadanos alemanes de América.

Mis peticiones a usted son, por tanto, las siguientes:—

1. Convoque usted de inmediato una reunión de alemanes para decidir cómo actuarán los alemanes en relación con la elección presidencial.

2. Forme usted un comité de hombres influyentes y que redacten resoluciones en el sentido siguiente:—

(a.) Los electores alemanes de—aprueban los principios enunciados por Kossuth en su discurso del 23 de junio, adoptan el plan de acción en él contenido y creen que ese plan es el único adecuado para las libertades de Europa y América.

(b.) Que invitamos públicamente a Kossuth a no abandonar América antes de informar a los electores alemanes de—cuál de los dos partidos que disputan la Presidencia le ha dado la mejor garantía de hacer de la política de L. Kossuth la base de la elección presidencial.

(c.) Que exigimos especialmente la derogación o una nueva interpretación de la ley de no intervención de 1818.

(d.) Que exhortamos a nuestros conciudadanos de otras razas a unirse a nosotros en la política arriba expuesta.

Los alemanes son un poder en los Estados. Cuanto más se demuestre que ustedes me apoyan, tanto más puedo hacer yo por nuestra causa común.

Hágame saber pronto su actividad en este asunto.

(Firmado) Louis Kossuth.

Circular secreta de Kossuth.—Consiguiente partida repentina de éste.

N. B.—Esta carta es confidencial. No debe usted darle publicidad, pero puede, confidencialmente, comunicarla a sus amigos.”

Tal es la Circular secreta. Ahora ha sido divulgada, y el resultado ha sido la precipitada huida de Kossuth ante la indignación pública. La política recomendada en el discurso aludido era la intervención directa de las armas americanas en los asuntos de Europa.

Pero el mal ha sido mayor que la cólera americana contra Kossuth. Se ha despertado un partido que había comenzado a extinguirse: el “partido nacional americano” o “Nativistas”, de Filadelfia, que retiraría el sufragio a todos los que no fuesen americanos nativos. Esta Circular de Kossuth ha elevado a ese partido latente, egoísta y detestable a una importancia renovada. Al punto han lanzado a Webster como “candidato americano independiente” a la Presidencia, y en agosto debe reunirse una Convención en Filadelfia para ratificar la nominación.

Los unionistas whigs de Georgia, los representantes de los “unionistas whigs del Sur”, ya han otorgado su apoyo a Webster.

Kossuth se alarmó, y aunque invitó a los alemanes a pedirle que se quedara en su Circular del 28 de junio, antes de poder recibir respuestas de los Estados de la Unión, se apresura a abandonar el país el 14 de julio.