I General Klapka.

El siguiente programa del general Klapka, que hemos recibido de fuente fidedigna, está destinado a ser entregado a Kossuth a su llegada a Londres. Prueba hasta qué punto está resquebrajada la autoridad de Kossuth entre sus partidarios más significativos. Reza como sigue:

«Programa político.
Puesto que me he retirado por algún tiempo, y quizá por largo tiempo, del escenario de toda actividad política, y para que mis principios y opiniones no sean mal interpretados, declaro por la presente a mis amigos:

1) Ninguna dictadura, ni en la patria ni fuera de ella, mientras la voluntad de la nación no decida al respecto.

2) Rindiendo homenaje a la mayoría de mis compatriotas y a mi propia convicción, reconozco a nuestro honrado conciudadano Ludwig Kossuth como jefe de la asociación de los refugiados húngaros, pero declaro al mismo tiempo que considero el aferrarse al cargo y al título de gobernador absolutamente incompatible con el principio fundamental de nuestra actividad revolucionaria y muy perjudicial para nuestra causa.

3) En lo que respecta a nuestra actividad en el extranjero.

a) Para la dirección de los asuntos, junto al jefe designado, algunos miembros elegidos por la emigración en su conjunto formarán, en común con él, el Comité Central.

En la distribución de los subsidios económicos obtenidos mediante la explotación de la popularidad húngara, no serán las relaciones personales, sino únicamente las circunstancias, la pauta a seguir: si se es un hijo fiel de la patria, lo que se ha hecho por la patria y si se tiene en general derecho a un subsidio. En consecuencia, los fondos destinados por el Comité Central a subsidios privados serán administrados de manera imparcial y pública por comités que elijan las respectivas corporaciones de refugiados.

En lo que respecta a nuestra actividad en el interior.

Tan pronto como Hungría esté en condiciones de emprender la lucha a muerte con sus tiranos, aquellos que se hallen entonces a la cabeza de la causa pública estarán obligados a convocar, en el plazo más breve posible, una Asamblea Nacional Constituyente sobre la base del sufragio universal, que será el único poder revolucionario, y el gobierno no deberá ser más que una emanación de esta Asamblea.

4) Puesto que no puede ser tarea nuestra intervenir en la actividad de los futuros representantes de la nación ni elaborar ya ahora una constitución para nuestra patria, nos es posible || señalar tan solo aquellos principios de los que esperamos el futuro florecimiento, la resurrección, la fuerza, el bienestar de la patria y la garantía de una unión unánime e indisoluble

de todas las nacionalidades; pero estos principios son, si queremos además tomar en cuenta el espíritu y el pasado de nuestra nación, la libertad, la igualdad y la fraternidad, aplicadas por igual tanto a los individuos como a las nacionalidades.

Estos son mis principios personales. — Pero como la Providencia, sin tomar en consideración nuestros mezquinos razonamientos, ejerce a menudo su influencia decisiva sobre el destino de las naciones precisamente allí donde menos se espera, y como, según mi modo de ver, la cuestión de la futura constitución de Hungría es actualmente solo una cuestión de segundo orden, mientras que el sacudimiento del yugo austríaco, que amenaza la existencia nacional con el aniquilamiento total, es la cuestión principal y vital, declaro que tanto con mi espada como con mi influencia serviré a cualquier potencia extranjera cuyo objetivo sea el derrocamiento de la Casa de Austria y, vinculada a ello, la restauración de la independencia y de la existencia estatal de Hungría.
Abril de 1852.

Georg Klapka
General.»

Por el programa arriba expuesto se puede juzgar muy acertadamente el carácter de Klapka. Se mantiene firme entre dos sillas, quisiera con gusto parecer autónomo y enérgico, mas no tiene suficiente fuerza para ello. El impulso natural es más fuerte que la voluntad. Quiere a Kossuth y a la vez no lo quiere. Con una mano lo acaricia, con la otra le propina bofetadas, pero para que resulten más suaves se pone guantes de seda. Klapka olvida que una bofetada, dada con guantes o sin ellos, sigue siendo siempre una bofetada, y que un hombre vanidoso, irritable, ambicioso como Kossuth

olvida la ofensa pequeña tan poco como la grande. Los hombres vacilantes y dependientes como Klapka tienen siempre la desgracia de hacerlo todo a medias. Con este programa, Klapka manifiesta su minoría de edad política, y su frase final lleva incluso el sello de la torpeza, de la imprudencia. Klapka olvida que a menudo una palabra pronunciada a destiempo basta para traicionar planes enteros. Deseamos que el general Klapka no se vea en la situación de tener que arrepentirse de la torpeza del diplomático Klapka.