La derrota del ministerio

Karl Marx

La derrota del ministerio

[«New-York Daily Tribune», núm. 3659, del 7 de enero de 1853]

Londres, viernes 17 de diciembre de 1852

Me apresuro a comunicarle el resultado de la sesión nocturna de ayer; terminó con la derrota del ministerio.

A esta derrota general de los ministros precedió un combate singular, en el que el más audaz de sus paladines, Aquiles Beresford, el ministro de la Guerra, sucumbió ignominiosamente. La comisión de verificación de poderes de Derby presentó su informe. Éste confirma todos los diversos hechos que ya había denunciado la petición de los liberales, y llega a la conclusión de que los materiales probatorios revelan un sistema de soborno de gran escala en las elecciones de Derby. No obstante, la comisión ha desistido de seguir investigando los hechos puestos al descubierto, y en lugar de entablar una acusación directa contra el señor Beresford por intento de soborno, se limitó a reprenderle severamente por su «descuidada indiferencia y desprecio de las posibles consecuencias». Ahora hay que esperar a ver si el Parlamento aprueba las opiniones de esta honorable comisión y si permite al señor Beresford conservar su escaño parlamentario. En caso afirmativo, ratificaría con ello la memorable frase del señor ministro Beresford, según la cual «el pueblo de Inglaterra es la chusma más infame con la que jamás se haya topado en el mundo entero». Sea como fuere, el señor Beresford no puede conservar su puesto en el ministerio.

Tras esta breve digresión, volveré a mi tema propiamente dicho.

Durante cuatro noches consecutivas y la mayor parte de la quinta, los miembros de la Cámara de los Comunes debatieron si debían deliberar sobre el presupuesto entero, sobre la resolución general, sobre principios o sobre hechos, sobre este o aquel punto. Finalmente llegaron a la conclusión de que la Cámara de los Comunes, por el momento, sólo había de ocuparse de la cuestión del aumento del impuesto sobre la vivienda y de la extensión de la imposición directa a nuevos ámbitos.

La Cámara rechazó esta primera propuesta presupuestaria de Disraeli por 305 votos contra 286. La mayoría contra los ministros fue de 19. Luego la Cámara se levantó hasta el lunes siguiente. La falta de tiempo me impide entrar en los detalles del debate como quisiera. Por tanto, debo limitarme a exponer los pasajes más importantes del discurso de Disraeli, con mucho el más significativo de todos.

Sir Charles Wood, antiguo canciller del Exchequer, y Sir James Graham habían dirigido sus principales ataques contra su propuesta de utilizar el fondo de préstamos para obras públicas (400.000 libras esterlinas anuales) para compensar el déficit de los derechos de navegación. En particular, Sir James Graham se había empleado a fondo, con la mayor energía, en defensa de los benéficos efectos de este fondo. ¿Qué responde ahora Disraeli?

«Voy a exponer a la comisión el flagrante abuso que se ha hecho de los fondos públicos de este país, las sumas ingentes de dinero que prácticamente se han dilapidado sin conocimiento ni voluntad del Parlamento, y ello exclusivamente mediante la manipulación de este fondo de préstamos para obras públicas.»

A continuación sigue una descripción detallada del escandaloso manejo financiero del gobierno whig en relación con este fondo. Después pasa Disraeli a desarrollar los principios de su presupuesto.

«Antes de que pudiéramos ponernos de acuerdo sobre el primero de los pasos a dar, era preciso resolver una cuestión de la mayor importancia: en qué medida debíamos influir sobre el país para que éste determinase aquella suma de impuestos directos que necesita todo ministerio que intenta proceder a una reforma financiera.» (¡Oíd!) «El representante de Halifax (Sir Charles Wood) me acusa de una propuesta que aumenta temerariamente la imposición directa del país.» (¡Oíd! ¡Oíd!) «El representante de Carlisle (Sir James Graham) me acusa de llevar la imposición directa a un extremo irreflexivo. Ahora bien, en primer lugar, la propuesta que hice en nombre del gobierno, en caso de ser aprobada, no aumenta en modo alguno temerariamente la cuantía del impuesto directo, sino que conduce a una imposición directa más baja que bajo la administración financiera del honorable gentleman, el representante de Halifax, quien no sólo se benefició de los ingresos procedentes del impuesto sobre la renta y la propiedad, sino también del impuesto sobre las ventanas, el cual en el último año de su vigencia le reportó casi dos millones de libras esterlinas.» (Aprobación.) «El honorable gentleman que nos exhorta a no aumentar temerariamente la imposición directa redujo los ingresos del impuesto sobre las ventanas en su último año de mandato y se contentó con la modesta suma de 700.000 libras esterlinas que el impuesto sobre las ventanas, tras la rebaja, aún le produjo. No puedo olvidar que el honorable gentleman que tan temerariamente me acusa de aumentar la cuantía de los impuestos directos propuso por primera vez una transformación total mediante la cual su impuesto sobre la vivienda habría sido aún más elevado que el propuesto por mí.» (Gran aprobación.) «Pero eso no es todo. ¿Es que el honorable gentleman que me acusa del aumento temerario de los impuestos directos del país no ha hecho nada más? Mirad aquí al ministro bajo cuyo régimen se recaudó un impuesto sobre la propiedad cuyo verdadero alcance sólo ahora se manifiesta, bajo cuyo régimen hubo un impuesto sobre las ventanas de casi dos millones anuales; y este ministro se presentó un buen día ante la Cámara de los Comunes y propuso a la cámara sobresaltada casi duplicar el impuesto sobre la propiedad y la renta.» (Gran aprobación.) «En semejante proceder veo el más temerario desprecio de todas las consecuencias… Oímos hablar mucho de la duplicación del impuesto sobre la vivienda, una cantidad del todo inofensiva; pero si el honorable gentleman hubiese impuesto la duplicación del impuesto sobre la propiedad y la renta, entonces, a mi juicio, se le habría podido acusar con razón y justicia del aumento temerario de los impuestos directos del país.» (Gran aprobación.) «¡Habla de temeridad! Pero ¿hay algo en toda la historia financiera que iguale la temeridad con que procedió este honorable gentleman?» (Gran aprobación.) «¿Y cómo fundamentó esta propuesta inaudita y monstruosa? Una propuesta que, en realidad, sólo debería hacerse cuando está en juego el destino del país. Después de ser derrotado y de tener que arrastrarse por el fango, después de que su plan fuese frustrado, declaró de pronto que tenía ingresos suficientes y que podía arreglárselas sin su proposición.» (Gran y prolongada aprobación.) «Ningún historiador futuro será creído si refiere que el ministro que quiso casi duplicar el impuesto sobre la renta declaró ya al día siguiente que sus ingresos y sus medios bastaban plenamente.» (Renovada aprobación.)

Tras haber parado así el ataque de Sir Charles Wood, Disraeli prosiguió:

«Tuvimos que poner de manifiesto que existe una diferencia entre propiedad y renta, una diferencia entre renta insegura y renta segura. Tuvimos también que defender, en primer lugar, un principio que considerábamos justo y que seguimos considerando justo, y que, si no ya ahora, sí finalmente habrá de ser reconocido y adoptado como tal: a saber, *que es preciso ampliar la base de la imposición directa*.» (Aprobación de los ministeriales.) … «Si se pretendiera que, como parte integrante y permanente de nuestro sistema social, se creasen clases que ejercieran su poder político cargando a los más ricos del país con impuestos directos demasiado elevados y a las clases trabajadoras con impuestos indirectos demasiado elevados, no podría imaginar para este país medida más funesta ni que acarreara consecuencias peores.» (Aprobación.) «Pero de lo que estoy convencido es de que la clase privilegiada sería la primera en sentir estas desastrosas consecuencias.»

Luego Disraeli se dirigió a los librecambistas y prosiguió:

«Vemos cómo los grandes adversarios de los aranceles sobre los productos coloniales se pronuncian aquí todos a favor de una elevada imposición de la producción; los vemos aquí lanzarnos pullas mientras operan con todas las falacias que nosotros, al menos, tenemos el honorable valor de abandonar.» (Enorme aprobación.) «El arancel protector, ¿ha de estar muerto, su partido ha de haber desaparecido? Yo afirmo que se extiende cada vez más y que está muy presente.» (Señalando los bancos de la oposición.) «Ustedes se han apropiado de nuestros principios al ocupar nuestros escaños, y creo que tendrán tan poco éxito como nosotros.» (Aprobación.)

Al benévolo consejo de Sir Charles Wood de que retire su presupuesto, responde Disraeli finalmente lo siguiente.

«Se me aconseja que retire mi presupuesto. Que Pitt retiró su presupuesto, y que también otras personas (los whigs y especialmente Sir Wood) lo hicieron después de él.» (Risas.) «No aspiro a la fama de Pitt, pero tampoco me doblego a la degradación que otros dejaron pasar sobre sí.» (Gran aprobación.) «No, señores. He visto qué consecuencias acarrea para un gobierno no ser capaz de imponer sus medidas; y esas consecuencias no fueron ni honorables para el gobierno, ni ventajosas para el país, ni, en mi opinión, compatibles con la dignidad de esta Cámara, que tanto me importa.» (Gran aprobación.) «Recuerdo un presupuesto en 1848 que fue retirado, presentado de nuevo y retirado una vez más.» (Risas.) «¿Qué fue de aquel gobierno que se limitaba a ser tolerado? ¿Qué fue de las finanzas de este país? Pues bien, se llegó a aquella vergonzosa transacción, a la reducción del impuesto sobre ventanas y sobre la vivienda, que ahora debo esforzarme en enderezar.» (Aprobación.) «El mal está más hondo; no se trata aquí sólo de consideraciones de partido… Sí, bien sé a quién tengo que hacer frente. A una coalición» (Aprobación), «¡posiblemente una coalición exitosa! Ha habido muchas coaliciones que han tenido éxito. Pero hasta las coaliciones exitosas hubieron de experimentar una y otra vez que el tiempo de su triunfo es breve. Y también sé que Inglaterra, desde siempre, no ama las coaliciones.» (Aprobación.) «Ante esta coalición, apelo a aquella opinión pública que gobierna el país, a aquella opinión pública que, por su sabiduría y su irresistible influencia, puede incluso dirigir las resoluciones del Parlamento, y sin cuyo apoyo incluso las instituciones más sublimes y más antiguas se convierten en la “endeble construcción de la apariencia”.» (Entre aplausos interminables y ensordecedores, el altamente honorable gentleman volvió a ocupar su escaño.)

¿Cómo se manifiesta ahora la prensa diaria sobre las consecuencias de la derrota de los ministros?

El «Morning Chronicle» (órgano de los peelitas) y el «Morning Advertiser» (radical) consideran segura la dimisión del ministerio. El «Times» es de la misma opinión, aunque duda de que la oposición pueda formar un nuevo ministerio tan rápidamente como destruyó el antiguo.

El «Daily News» (órgano de la escuela de Manchester) supone que el ministerio derribado podría tal vez ser restablecido, y precisamente en una combinación con Lord Palmerston. La «Morning Post» (palmerstoniana) considera este restablecimiento como algo que se da por sentado. Por último, el «Morning Herald» (de la tendencia Derby-Disraeli) declara que, si los ministros presentan hoy su dimisión, la reina <Victoria> se verá obligada a llamarlos de nuevo a su lado al día siguiente.

Una cosa es cierta: los ministros han sido derribados a causa de una resolución librecambista que preveía una ampliación de la imposición directa. En todo caso, les queda la satisfacción de que, si bien solo lograron rechazar con éxito el primer ataque parlamentario renegando de sus propios principios, la oposición solo pudo vencerlos en la segunda batalla porque también ella sacrificó sus principios.

En este debate, pues, se ha confirmado plenamente lo que ya dije antes sobre la posición de los partidos parlamentarios. La oposición coaligada cuenta, en comparación con el número compacto de los 286 tories, solo con una mayoría de 19 votos. Si forma un nuevo gobierno, este caerá a la primera oportunidad. Si luego el gobierno de oposición disolviera la Cámara de los Comunes, las nuevas elecciones se celebrarían bajo las viejas condiciones y arrojarían de nuevo el mismo resultado, es decir, una nueva Cámara de los Comunes en la que los distintos partidos volverán a paralizarse mutuamente, en la que el viejo juego tendrá que empezar de nuevo, de modo que la política inglesa se moverá de nuevo en un cercle vicieux (Teufelskreis).

Por lo tanto, debo insistir en el viejo dilema: o se mantiene un gobierno tory o se llega a una reforma del Parlamento.

Karl Marx