Sobre la consigna de la abolición del Estado y los "amigos de la anarquía" alemanes

Friedrich Engels

[Sobre la consigna de la abolición del Estado y los "amigos de la anarquía" alemanes]

Escrito en octubre de 1850.

"La abolición del Estado sólo tiene un sentido para los comunistas como resultado necesario de la abolición de las clases, con la cual desaparece por sí misma la necesidad del poder organizado de una clase para la supeditación de la otra. En países burgueses, la abolición del Estado significa la reducción del poder estatal a la escala de Norteamérica. Aquí, los antagonismos de clase sólo se han desarrollado de modo incompleto; las colisiones entre las clases se encubren cada vez mediante el desplazamiento de la superpoblación proletaria hacia el Oeste; la intervención del poder estatal, reducida al mínimo en el Este, no existe en absoluto en el Oeste. En países feudales, la abolición del Estado significa la abolición del feudalismo y la instauración del ordinario Estado burgués. En Alemania, tras ella se oculta ora la cobarde huida de las luchas inmediatamente presentes, la exaltada tergiversación de la libertad burguesa en la independencia y autonomía absolutas del individuo, ora, finalmente, la indiferencia del burgués respecto de toda forma de Estado, siempre que los intereses burgueses no sean obstaculizados en su desarrollo. Que esta abolición del Estado 'en sentido superior' se predique de modo tan necio no es, naturalmente, culpa de los berlineses Stirner y Faucher. La plus belle fille de la France ne peut donner que ce qu'elle a. <La muchacha más hermosa de Francia no puede dar sino lo que tiene.>" ("N. Rh. Z.", cuaderno IV, pág. 58.)

La abolición del Estado, la anarquía, se ha convertido entretanto en Alemania en una consigna general. Los dispersos discípulos alemanes de Proudhon, la democracia berlinesa "superior" e incluso los desaparecidos "espíritus más nobles de la nación" del parlamento de Stuttgart y de la Regencia del Imperio se han apropiado de esta consigna de aspecto salvaje, cada cual a su manera.

Todas estas fracciones coinciden en el mantenimiento de la sociedad burguesa existente. Con la sociedad burguesa defienden, por tanto, necesariamente la dominación de la burguesía y en Alemania incluso la conquista de la dominación por la burguesía; se distinguen de los verdaderos representantes de la burguesía sólo por la forma extraña que les da la apariencia de "avanzar más", de "ir a lo más extremo". En todas las colisiones prácticas, esta apariencia se desvaneció; frente a la anarquía real de las crisis revolucionarias, <[Suprimido en el manuscrito:] donde el poder estatal desaparecía ante el poder de las masas> donde las masas <[Suprimido en el manuscrito:] se apoderaban de la violencia> luchaban entre sí con "violencia brutal", estos representantes de la anarquía hicieron siempre todo lo posible por poner coto a la anarquía. El contenido de esta tan cacareada "anarquía" venía a parar, finalmente, en lo mismo que en países más desarrollados se expresa con la palabra "orden". Los "amigos de la anarquía" en Alemania se hallan en plena entente cordiale <unión cordial> con los "amigos del orden" en Francia.

En la medida en que los amigos de la anarquía no dependen de los franceses Proudhon y Girardin, en la medida en que su modo de ver es de origen germánico, tienen todos una fuente común: Stirner. El período de disolución de la filosofía alemana ha suministrado en general al partido democrático en Alemania la mayor parte de sus frases generales. Las representaciones y frases de los últimos eruditos alemanes, especialmente de Feuerbach y Stirner, habían pasado ya antes de febrero, en forma bastante disoluta, a la conciencia belletrística común y a la literatura periodística, y éstas constituían a su vez la fuente principal para los voceros democráticos posteriores a marzo. La prédica de Stirner sobre la ausencia de Estado se presta en particular excelentemente para dar a la anarquía proudhoniana y a la abolición del Estado girardiniana la "consagración superior" de la filosofía alemana. El libro de Stirner "El único y su propiedad" ha caído ciertamente en el olvido, pero su modo de representación, especialmente su crítica del Estado, resurge en los amigos de la anarquía. Si ya antes hemos investigado las fuentes de estos señores, en lo que tenían de origen francés, ahora debemos, para examinar sus fuentes alemanas, descender una vez más a las profundidades de la filosofía alemana antediluviana. Cuando uno ha de ocuparse una vez de la polémica cotidiana alemana, siempre es más grato atenerse a los inventores originales de un modo de ver que a los chamarileros de segunda mano.

¡Una vez más, musas, ensilladme el hipogrifo,
Para cabalgar hacia la vieja tierra romántica!

<Wieland, "Oberon">

Antes de entrar en el mencionado libro de Stirner mismo, tenemos que trasladarnos a la "vieja tierra romántica" y al tiempo olvidado en que este libro apareció. La burguesía prusiana, aferrándose a las dificultades financieras del gobierno, comenzaba a conquistar poder político, mientras, al mismo tiempo, junto al movimiento burgués-constitucional, el movimiento comunista en el proletariado ganaba terreno día a día. Los elementos burgueses de la sociedad, necesitados aún del apoyo proletario para alcanzar sus propios fines, tenían que afectar por doquier un cierto socialismo; el partido conservador y feudal se veía igualmente forzado a hacer promesas al proletariado. Junto a la lucha de burgueses y campesinos contra la nobleza feudal y la burocracia, la lucha de los proletarios contra los burgueses; en medio, una serie de grados intermedios socialistas que abarcaban todas las clases de socialismo: el reaccionario, el pequeñoburgués, el socialismo burgués; todas estas luchas y aspiraciones, mantenidas bajo sujeción, amortiguadas en su expresión por la presión del poder dominante, por la censura, por la prohibición de asociaciones y asambleas: ésa era la posición de los partidos en aquella época en que la filosofía alemana celebraba sus últimos y mezquinos triunfos.

La censura imponía de antemano a todos los elementos más o menos mal vistos el modo de expresión más abstracto posible; la tradición filosófica alemana, que precisamente había llegado a la completa disolución de la escuela hegeliana, suministraba esta expresión. La lucha contra la religión proseguía aún. Cuanto más difícil se volvía en la prensa la lucha política contra el poder existente, con tanto más celo se proseguía bajo la forma de lucha religiosa y filosófica. La filosofía alemana, en su forma más disuelta, se convirtió en patrimonio común de los "cultos", y cuanto más se convertía en patrimonio común, tanto más disueltos, desbaratados e insulsos se volvían los filósofos, y esta ligereza e insulsez les daba a su vez una consideración tanto mayor a los ojos del público "culto".

La confusión en las cabezas de los "cultos" era espantosa y aumentaba a cada instante. Era un verdadero cruce de razas de ideas de origen alemán, francés, inglés, antiguo, medieval y moderno. La confusión era tanto mayor por cuanto se poseían todas las ideas sólo de segunda, tercera y cuarta mano y, por tanto, circulaban en una figura desfigurada hasta lo irreconocible. No sólo los pensamientos de los liberales y socialistas franceses e ingleses, también las ideas de alemanes, por ejemplo, de Hegel, compartían este destino. Toda la literatura de aquella época, y especialmente, como veremos, el libro de Stirner, suministra innumerables pruebas de ello, y la actual literatura alemana padece todavía hoy fuertemente las consecuencias.

Las esgrimas filosóficas de espejo servían bajo esta confusión como reflejo de las luchas reales. Cada "nuevo giro" en la filosofía excitaba la atención general de los "cultos", que en Alemania incluyen a un sinnúmero de cabezas ociosas, pasantes, candidatos a maestros de escuela, teólogos fracasados, médicos sin pan, literatos, etc., etc. Para esta gente, con cada uno de esos "nuevos giros" quedaba superada y liquidada para siempre una fase del desarrollo histórico. El liberalismo burgués, por ejemplo, tan pronto como un filósofo cualquiera lo había criticado a su antojo, estaba muerto, borrado del desarrollo histórico y aniquilado también para la práctica. Lo mismo el republicanismo, el socialismo, etc. Hasta qué punto estas fases del desarrollo estaban "aniquiladas", "disueltas", "liquidadas", se demostró después en la revolución, donde desempeñaron el papel principal y donde de sus aniquiladores filosóficos no se habló ya de repente para nada.

La ligereza en la forma y el contenido, la arrogante vulgaridad y la hinchada fadaise, la trivialidad sin fondo y la miseria dialéctica de esta última filosofía alemana supera todo cuanto hasta ahora se ha visto en esta materia. Sólo es igualada por la increíble credulidad del público, que tomaba todas estas cosas por moneda contante, por flamantemente nuevas, por "jamás vistas antes". La nación alemana, la "profunda"... <Aquí termina el manuscrito>.