MARX A EDUARD VON MÜLLER-TELLERING

[Copia en borrador]
Londres, 12 de marzo de 1850

Por la carta que escribió usted ayer a la Sociedad Obrera, le enviaría un desafío si aún fuera usted capaz de darme satisfacción después de sus calumnias vergonzosas contra Engels y tras la bien fundada sentencia de expulsión pronunciada por el comité directivo de la Sociedad Obrera. Le espero a usted en otro terreno, para arrancarle la máscara hipócrita de fanatismo revolucionario tras la cual ha sabido ocultar hasta ahora con habilidad sus mezquinos intereses, su envidia, su vanidad insaciable y su rabioso descontento por la falta de aprecio que el mundo muestra hacia su gran genio, una falta de aprecio que comenzó con el fracaso de usted en su examen.

Si hubiera reflexionado usted un poco, tendría que haber supuesto que si, como testigo, me veía obligado a consignar un hecho perjudicial para usted, por mi parte haría todo lo posible por evitar un escándalo que forzosamente me comprometería doblemente: ante los ojos de la Sociedad Obrera, a la cual fue usted recomendado por mí, y ante los ojos del público, para el cual usted existe únicamente en tanto que fue colaborador de mi periódico.

Sus cartas a mí, y están disponibles para su publicación, demuestran que hizo usted todo lo posible por endilgarme el papel de «Dalai Lama democrático y titular del futuro». ¿Qué prueba tiene usted de que yo aceptara jamás ese papel absurdo? Lo único que podría usted reprocharme es que yo no rompiera de inmediato con usted ni le denunciara ante los demás después del asunto Klapka, sobre cuyo carácter comprometedor le manifesté sin rodeos mi opinión en presencia de testigos. Admito mi debilidad. Sólo la declaración de Becker de que, cuatro semanas antes de la aparición de su panfletillo falaz contra el Westdeutsche Zeitung, ofreció usted de nuevo colaborar en ese periódico —declaración apoyada por el testimonio de Freiligrath y Hagen—, sólo sus calumnias enteramente infundadas contra Engels me convencieron de que lo que yo había considerado como un caso aislado de precipitación era el eslabón de todo un sistema. Por lo demás, fue muy sensato por su parte no presentarse ayer, después de todo, a la cita definitiva que Willich, una vez más, había concertado para usted a petición suya. Sabía usted bien lo que podía esperar de un careo conmigo.

K. Marx