1) La Sociedad ha cambiado totalmente de carácter a causa de la emigración, provocada por la situación política, de miembros que fueron aceptados de buen grado por los señores Schapper y Willich por razones financieras, y de miembros honorarios aceptados con derecho a voto, que no pagan contribución alguna. El pago de dinero a la Sociedad no conduciría sino a que se lo empleara para fines enteramente contrarios a la intención original.

2) Hemos tomado posesión del dinero como fideicomisarios de la Sociedad. La posición de los fideicomisarios está reglamentada por la ley inglesa. Un fideicomisario puede usar el dinero a su discreción, siempre que esté en condiciones de reintegrarlo tras el plazo de preaviso habitual.

3) En lo tocante al empleo actual del dinero, los ciudadanos Schapper y Willich, que ahora insisten por consideraciones privadas en la devolución de los fondos, saben muy bien que en todo momento la Sociedad ha estado respaldada, sin conocimiento previo de la mayoría de los miembros, por un comité secreto con poderes ilimitados para disponer de los fondos sociales. El señor Schapper lo sabe tanto mejor cuanto que en más de una ocasión ha recibido dinero de la Sociedad para fines personales por medio del comité.

4) No obstante, el dinero fue ofrecido por nosotros a la Sociedad, y como la Sociedad, después de aceptar aparentemente nuestras propuestas, nos llevó de repente ante los tribunales —sin éxito—, hemos depositado el dinero en manos de un ciudadano londinense, en cuyas manos permanecerá hasta que la Sociedad ofrezca garantías adecuadas de que será usado de acuerdo con la intención original.

5) En cuanto a la negativa a poner las cosas por escrito, semejante escrito no tendría validez legal. Ni siquiera una declaración escrita vincularía a los firmantes legalmente frente a una persona moral. Tal declaración escrita no tendría más fin que ser empleada de manera contraria a lo pactado.

Los abajo firmantes somos trabajadores y no estamos acostumbrados a vivir explotando la Sociedad, como el señor Schapper, o a usar el fondo para los refugiados, como el señor von Willich.

Karl Marx y Frederick Engels

DECLARACIÓN *

En un artículo fechado en Londres el 13 de enero, el Bremer Tages-Chronik del 17 de enero de este año ha importado todo un cargamento de estupideces mal escritas, de chismes inventados y mal entendidos, de insinuaciones groseras y poses moralizantes contra la Neue Rheinische Zeitung y contra los abajo firmantes.

«Hombres prominentes y decididos» del calibre de este corresponsal londinense han respondido desde tiempos inmemoriales a la crítica superior a la manera de los simios. Bombardean a su enemigo con su propio excremento. Chacun selon ses facultés.

Dejamos que este hombre «decidido y prominente» se vaya con sus bonitas historietas inventadas sobre la Neue Rheinische Zeitung. En respuesta a sus bienintencionadas insinuaciones acerca de nuestra dimisión de la Gran Sociedad del Molino de Viento, declaramos:

Ni antes ni después de su dimisión de esta Sociedad han tenido Engels y Marx la menor relación con la administración de sus fondos. Tomaron parte en la administración del fondo para refugiados, y dimitieron sólo después de que su gestión hasta ese momento hubiera sido fiscalizada y hallada conforme. Que la dimisión se produjera para eludir el pago de una contribución mensual de nueve peniques: ¡esa es la idea de un Reichs-Stuiber que ha sido retirado de la circulación! Y con ese fin se dice que uno de ellos se habría trasladado a Manchester y el otro habría deseado viajar a ultramar. ¡Qué puras perlas reposan en lo profundo de almas moralmente indignadas!

Los verdaderos motivos de nuestra dimisión de la Sociedad y de nuestra separación de sus dirigentes son conocidos por nuestros camaradas de partido en Alemania. Ellos los aprueban y comparten, y no conciernen al público en general. Bajo las actuales condiciones alemanas, ni siquiera un hábil agente provocador nos habría dado pie para ulteriores explicaciones, y mucho menos el burdamente torpe del Bremer Tages-Chronik.

Baste para concluir señalar que el hombre que desde Londres embadurna el Bremer Tages-Chronik con su propio guano no es otro que aquel pensador pomeranio al que la Neue Rheinische Zeitung volvió una y otra vez con una suerte de preferencia artística, a quien hemos caracterizado en otra parte, sobre la base de sus escritos, como «el sumidero en el que confluyen toda la basura retórica y todas las contradicciones de la democracia alemana»; en una palabra, que el sujeto en Bremen no es nadie menos que «Arnold Winkelried Ruge», la quinta rueda del carro del Estado de la democracia central europea. Ahora se puede entender la depravación de la Neue Rheinische Zeitung.

Londres, 27 de enero de 1851
Karl Marx, Frederick Engels