Los refugiados prusianos

["The Sun" del 5 de junio de 1850]

Al redactor del periódico "The Sun"

Señor:

los abajo firmantes, refugiados políticos alemanes residentes en Londres, hemos tenido ocasión desde hace algún tiempo de admirar la atención que se nos dispensa, no solo por parte de la legación prusiana, sino también por parte del Gobierno británico. No habríamos concedido gran cosa a este hecho, pues apenas podemos figurarnos en qué sentido pudiéramos entrar en colisión con lo que la ley de extranjería llama «el mantenimiento de la paz y la tranquilidad en este Reino»; pero en los últimos tiempos hemos leído con tanta frecuencia en los periódicos acerca de instrucciones al embajador prusiano para que insista en la expulsión de Inglaterra de los refugiados más peligrosos, y, además de ello, desde hace aproximadamente una semana estamos sometidos a una vigilancia tan estrecha por parte de agentes de la policía inglesa, que hemos llegado a la conclusión de que es necesario someter este caso a la opinión pública.

Sin duda, el Gobierno prusiano se afana por que se nos aplique la ley de extranjería. Pero ¿por qué? ¿Acaso porque nos entrometamos en la política inglesa? Sería imposible probar nada semejante contra nosotros. Entonces, ¿por qué? Porque el Gobierno prusiano se ve obligado a hacer como si el tiro disparado en Berlín contra el rey fuera el resultado de una vasta conspiración, cuyo centro hubiese que buscar necesariamente en Londres.

Ajustémonos a los hechos. ¿Puede negar el Gobierno prusiano que Sefeloge, el autor del atentado, aparte de ser un demente notorio, es miembro de una sociedad ultrarrealista, la Liga de la Fidelidad [_Treubund_]? ¿Puede negar que en los libros de esta sociedad figura bajo el número de miembro 133, de la sección n.° 2 de Berlín? ¿Puede

negar que hace bien poco recibió apoyo financiero de esta sociedad? ¿Puede negar que sus papeles se guardaban en casa de un tal comandante Kunowski, ultrarrealista empleado en el Ministerio real de la Guerra?

Es en verdad ridículo, ante semejantes hechos, afirmar que el partido revolucionario tenga algo que ver con este atentado. El partido revolucionario no tiene ningún interés en que el príncipe de Prusia suba cuanto antes al trono, pero los ultrarrealistas sí lo tienen. Y, no obstante, el Gobierno prusiano hace que la oposición radical pague por el atentado, como lo demuestran la nueva ley contra la libertad de prensa y la actividad de la legación prusiana en Londres.

Podemos declarar al mismo tiempo que, unas dos semanas antes del atentado, se presentaron ante nosotros personas —en nuestra convicción, agentes prusianos— y trataron de arrastrarnos a una conspiración de regicidas. Naturalmente, no caímos en la trampa.

Si el Gobierno británico desea alguna información sobre nosotros, siempre estaremos dispuestos a dársela. Pero no podemos comprender qué espera averiguar mandando espiarnos.

La Santa Alianza, que actualmente vuelve a ser erigida bajo la égida de Rusia, se sentiría sobradamente feliz si pudiera conseguir mover a Inglaterra, el único obstáculo en su camino, hacia una política interior reaccionaria. Pero ¿qué sería del sentimiento antirruso de Inglaterra, de las notas diplomáticas y de las declaraciones parlamentarias de su Gobierno, si estas fueran comentadas por una aplicación de la ley de extranjería que no habría sido causada por otra cosa que por la sed de venganza de la Santa Alianza, de la cual Prusia forma parte esencial?

Sin embargo, confiamos en que los gobiernos de la Santa Alianza no lograrán engañar al Gobierno británico hasta el punto de que este ordene al Ministerio del Interior adoptar medidas que perjudicarían gravemente la reputación, ganada desde hace largo tiempo, de Inglaterra como el asilo más seguro para los refugiados de todos los partidos y de todos los países.

Somos, señor, sus más obedientes servidores,

Carlos Marx,

}
Redactores de la
"Nueva Gaceta Renana"
de Colonia

Federico Engels,

Aug. Willich,

coronel del ejército revolucionario de Baden

64, Dean Street, Soho Square, 14 de junio de 1850