Carta al redactor del "Globe"

Karl Marx

[Carta al redactor del "Globe"]

Escrita a mediados de junio de 1850.

Del inglés.

Al redactor del "Globe"

Sir,

permítame usted, por medio de su periódico, llamar la atención del público sobre un hecho que, según cabe suponer, afecta en mayor o menor medida al honor de la nación británica.

Sabe usted que, tras las derrotas del partido del movimiento en 1849, los diversos gobiernos continentales han logrado expulsar a los numerosos refugiados políticos, en particular alemanes, húngaros, italianos y polacos, de un lugar de refugio a otro, hasta que encontraron aquí, en Inglaterra, protección y tranquilidad.

En el continente hay ciertos gobiernos cuya hostilidad contra sus adversarios políticos no parece quedar satisfecha con este resultado. El gobierno prusiano es uno de ellos. Después de haber conseguido concentrar en Inglaterra a la mayoría de los refugiados prusianos, el gobierno de Berlín se esfuerza manifiestamente por moverlos, de un modo u otro, a partir hacia América. Los mismos partidos que en su patria, en sus propios periódicos (testimonio de ello son la "Neue Preußische Zeitung" y la "Assemblée Nationale"), presentan al gobierno inglés como un comité de jacobinos y conspiradores contra los conservadores de toda Europa, esos mismos partidos muestran una preocupación de lo más sospechosa por la tranquilidad de este país, denunciando a los refugiados extranjeros ante el gobierno británico en el sentido de que se inmiscuían en la política inglesa y de que tenían algo que ver con el intento de asesinar al rey de Prusia.

Tengo el honor de contarme entre quienes, dondequiera que fueron, fueron perseguidos por el gobierno prusiano. Como redactor de la "Rheinische Zeitung" (de Colonia) en 1842 y de la "Neue Rheinische Zeitung" en los años 1848 y 1849, ambas suspendidas directa o indirectamente por la intervención violenta del gobierno prusiano, fui expulsado de Francia en 1845 y en 1849, y de Bélgica en 1848, por exigencia directa y presión de la legación prusiana; y durante mi estancia en Prusia en los años 1848 y 1849 se presentaron contra mí alrededor de una docena de acusaciones políticas, todas las cuales, sin embargo, fueron abandonadas después de que el jurado me absolviera en dos ocasiones.

Que el gobierno prusiano no me ha perdido de vista ni siquiera en este país me ha sido confirmado por numerosas advertencias que he recibido recientemente y de las que se desprende que el gobierno inglés, sobre la base de denuncias semejantes, tendría la intención de emprender medidas contra mí; esto queda confirmado también por el hecho de que desde hace varios días algunos individuos se han apostado directamente ante mi puerta para tomar nota cada vez que alguien entra o sale de la casa. Queda probado además por la "Neue Preußische Zeitung", que hace algún tiempo declaró que yo había viajado por Alemania y estado dos semanas en Berlín, cuando puedo demostrar por medio de mis caseros y de otros ingleses que no he abandonado Londres ni un solo instante desde que llegué aquí el año pasado. El mismo periódico ultrarrealista relacionó, tras el atentado del demente Sefeloge, mi supuesto viaje a Berlín con aquel atentado; y sin embargo, debería ser precisamente este periódico el que mejor supiera quién, si es que alguien, está en conexión con este asunto, ya que Sefeloge es miembro de la sección 2 del Treubund, una sociedad ultrarrealista, y nunca ha tenido relación más que con oficiales de estado mayor empleados en el Ministerio de la Guerra de Berlín. Queda probado, además, por la presencia aquí en Londres de agents provocateurs <espías incitadores> prusianos, que catorce días antes del atentado de Sefeloge nos visitaron a mí y a algunos de mis amigos y predicaron la necesidad de un atentado tal e incluso insinuaron que en Berlín existe una conspiración formada con este propósito. Después de haber descubierto que es imposible embaucarnos, asisten ahora constantemente a asambleas cartistas, a fin de que en el público se produzca la impresión de que los refugiados extranjeros toman parte activa en el movimiento cartista inglés.

Para terminar, permítame usted, Sir, preguntarle a usted y, por medio de usted, al público, si sería deseable que el gobierno británico, bajo tales influencias, fuera llevado a emprender medidas que podrían menoscabar en mayor o menor medida la convicción, por doquier extendida, de que la ley británica otorga la misma protección a todo aquel que pisa suelo británico.

Quedo, etc.