Stein

["Neue Rheinische Zeitung" nº 225, del 18 de febrero de 1849]

*
Colonia, 16 de febrero. La "Verein für gesetzliche Ordnung" de Breslau (una asociación "Mit Gott für König und Vaterland") dirige una carta abierta al Dr. Julius Stein, en la que se dice, entre otras cosas, que la "Neue Rheinische Zeitung" se dejó engañar por los discursos conservadores del señor Stein tanto como los buenos filisteos de Breslau, y que "lo dio por perdido para la democracia".

Amamos las posiciones decididas. Jamás hemos coqueteado con un partido parlamentario. El partido que nosotros representamos, el partido del pueblo, no existe en Alemania más que de modo elemental. Pero allí donde se trata de luchar contra el gobierno existente, nos aliamos incluso con nuestros enemigos. Aceptamos la oposición oficial prusiana, tal como surge de las miserables condiciones culturales alemanas hasta ahora, como un hecho, y por eso, en la lucha electoral misma, hemos dejado en segundo plano nuestras propias opiniones. Ahora, después de las elecciones, volvemos a sostener nuestro viejo punto de vista implacable, no sólo frente al gobierno, sino también frente a la oposición oficial.

La "Verein für gesetzliche Ordnung" se engaña. No "damos por perdidos para la democracia" al señor Stein, a Waldeck y consortes. Siempre hemos felicitado a la democracia por no estar representada por los Stein, los Waldeck y consortes.

En uno de nuestros primeros números declaramos que la extrema izquierda de la Asamblea de concertación de Berlín, en una Convención, formaría la extrema derecha, a excepción de tres o cuatro personas. Nunca contamos a Stein y a Waldeck entre esos tres o cuatro.

En lo que respecta al señor Stein en particular, recordamos la época en que se presentó como fanático constitucional contra los republicanos y denunció formalmente a los representantes de la clase obrera en la "Schlesische Zeitung", haciéndolos denunciar también por un maestro de escuela espiritualmente afín, actual miembro de la "Verein für gesetzliche Ordnung".

Tan miserable como la Asamblea de concertación era la llamada fracción democrática de esa asamblea. Era de prever que esos señores, para ser reelegidos, reconocerían ahora la Constitución otorgada. Denota la posición de estos señores el que, después, en los clubes democráticos, renieguen de lo que antes de las elecciones afirmaban en las asambleas de electores. Esta pequeña y astuta taimería liberal nunca fue la diplomacia de los caracteres revolucionarios.