"Nueva Gaceta Renana" – Una felicitación de Año Nuevo

Una felicitación de Año Nuevo

["Nueva Gaceta Renana", núm. 190, del 9 de enero de 1849]

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Colonia, 8 de enero. Que párrocos y chantres, sacristanes y organistas, barberos y serenos, guardas rurales, sepultureros, etc., nos feliciten el año nuevo es una costumbre tan antigua como constantemente renovada, y que nos deja indiferentes.

Pero el año 1849 no se contenta con lo tradicional. Ha señalado su entrada con algo sin precedentes: con una felicitación de Año Nuevo del rey de Prusia.

Se ha producido un voto de Año Nuevo dirigido, no al pueblo prusiano, ni tampoco «A mis queridos berlineses», sino «A mi ejército».

Este escrito real de Año Nuevo mira «con orgullo» al ejército, porque permaneció fiel
«cuando»
(la de marzo)
«la rebelión perturbó el desarrollo pacífico de las instituciones liberales hacia las cuales quería yo conducir sensatamente a mi pueblo».

Antes se hablaba de acontecimientos de marzo, de «malentendidos» y cosas por el estilo. Ahora ya no hace falta tapujo alguno: los «malentendidos» de marzo nos son arrojados al rostro como
«rebelión»
.

De la felicitación real de Año Nuevo nos sopla el mismo espíritu que de las columnas de la «Kreuzritterin». Como ésta habla de «rebelión», aquélla habla de «criminales de marzo» sin gloria, de chusma criminal que en marzo interrumpió la calma de la vida palaciega berlinesa.

Si preguntamos por qué la «rebelión» es tan sumamente indignante, la respuesta reza: «porque perturbó el desarrollo pacífico de las instituciones liberales (!!), etc.». – Si no durmierais en el Friedrichshain, rebeldes de marzo, ahora tendríais que ser agraciados con «pólvora y plomo» o con presidio perpetuo.

¡En vuestra maldad habéis perturbado «el desarrollo pacífico de las instituciones liberales»! ¿Hace falta acaso recordar aquel desarrollo real-prusiano de «instituciones liberales», el desarrollo liberalísimo del despilfarro de dinero, la expansión «pacífica» de la mojigatería y del jesuitismo real-prusiano, el desarrollo pacífico del policialismo y del cuartelismo, del espionaje, del fraude, de la hipocresía, de la insolencia y, por fin, del embutecimiento más repugnante del pueblo junto a la corrupción más desvergonzada en las llamadas clases superiores? Tanto menos hace falta este recordatorio cuanto que sólo necesitamos mirar a nuestro alrededor, solo necesitamos tender las manos para ver de nuevo ante nosotros aquel «desarrollo perturbado» en plena floración y para regocijarnos con la duplicada imposición de las susodichas «instituciones liberales».

«Mi ejército –prosigue el escrito real de felicitación– ha acreditado su antigua gloria y cosechado otra nueva».

¡Bien cierto! Ha cosechado tanta gloria, que a lo sumo los croatas podrían reclamar una mayor.

Pero ¿dónde y cómo la ha cosechado? En primer lugar, «adornó sus banderas con nuevos laureles cuando Alemania necesitó nuestras armas en Schleswig».

La nota prusiana dirigida por el comandante Wildenbruch al gobierno danés es el fundamento sobre el cual se amontonó la nueva gloria prusiana. Toda la conducción de la guerra armonizaba excelentemente con aquella nota, que aseguraba al señor primo danés <Federico VII> que al gobierno prusiano ello no le iba en serio, que solo arrojaba un cebo a los republicanos y echaba arena a los ojos de los demás, con tal de ganar tiempo. Y ganando tiempo, todo ganado. Más tarde ya se entenderían del modo más cordial.

El señor Wrangel, sobre quien la opinión pública anduvo largo tiempo extraviada, el señor Wrangel abandonó secretamente Schleswig-Holstein como un ladrón en la noche. Viajó de civil para no ser reconocido. En Hamburgo, todos los hosteleros declararon que no podían alojarlo. Sus casas, y las ventanas y puertas en ellas, les eran mucho más queridas que los laureles de la prusiana cosechados en este glorioso señor, aunque despreciados por el pueblo. No olvidemos tampoco que el único éxito en esta campaña de marchas y contramarchas inútiles y sin sentido, que recordaba de lleno al proceder de los antiguos tribunales imperiales (véanse nuestros números de entonces <Véase el tomo 5, págs. 34/35 y 256-259>), fue un error estratégico.

Lo único sorprendente en esta campaña es el innominado descaro de los
daneses
, que se burlaron petulantemente del ejército prusiano y cortaron por completo a Prusia del mercado mundial.

Para completar la gloria prusiana, por este lado, están además las negociaciones de paz con Dinamarca y el armisticio de Malmö resultante de ellas.

Si el emperador romano <Vespasiano>, oliendo una moneda ingresada por el impuesto sobre la orina, pudo decir: «Non olet» (no huele), en cambio sobre los laureles prusianos cosechados en Schleswig-Holstein se lee con signos imborrables: «¡Olet!» (¡Hiede!).

En segundo lugar, «Mi ejército superó victoriosamente penalidades y peligros cuando hubo de combatir la insurrección en el Gran Ducado de Posen».

En cuanto a las «victoriosas penalidades», son las siguientes: Prusia, en primer lugar, explotó la magnánima ilusión de los polacos, alimentada desde Berlín con palabras melosas, que veían en los
«pomeranios»
compañeros de armas alemanes contra
Rusia
, y por eso disolvieron tranquilamente su ejército, dejaron entrar a los pomeranios y solo volvieron a reunir los cuadros dispersos cuando los prusianos brutalizaban del modo más vil a quienes no oponían resistencia. ¡Y ahora las hazañas prusianas! No
durante
la guerra, sino
después
de la guerra, se representan las hazañas del «glorioso» ejército prusiano. Cuando Mieroslawski fue presentado al vencedor de junio, la primera pregunta de Cavaignac fue cómo se las habían arreglado los prusianos para ser derrotados en
Miloslaw
. (Podemos probarlo por testigos presenciales.) Tres mil polacos, apenas armados con guadañas y picas, derrotan dos veces y obligan dos veces a retirarse a veinte mil prusianos bien organizados y abundantemente dotados de artillería. La propia caballería prusiana arrolló en fuga salvaje a la infantería prusiana. La insurrección polaca afirma su dominio en Miloslaw, después de haber expulsado dos veces de la ciudad a la contrarrevolución. Más ignominioso aún que la
derrota
de los prusianos en
Miloslaw
fue su
victoria
final en
Wreschen
, preparada por una derrota. Cuando un adversario inerme, pero hercúleo, se enfrenta a un cobarde armado de pistolas, el cobarde huye y dispara sus pistolas desde una distancia prudencial. Así obraron los prusianos en
Wreschen
. Huyeron hasta una distancia desde la cual podían disparar metralla, granadas llenas de balas y shrapnels contra picas y guadañas, que, como se sabe, no alcanzan de lejos. Antaño, los shrapnels solo eran disparados por los ingleses

contra los semisalvajes de la India Oriental. Solo los bravos prusianos, en fanático temor ante la bravura polaca y en el sentimiento de su propia debilidad, emplearon los shrapnels contra supuestos conciudadanos. Naturalmente, tenían que buscar un medio de matar a los polacos en masa desde lejos. Los polacos, de cerca, eran demasiado terribles. Esa fue la
gloriosa victoria de Wreschen
. Pero, como queda dicho,
después
de la guerra comienzan apenas las hazañas del ejército prusiano, como las hazañas de los carceleros
después
de la sentencia.

De que
esta
gloria del ejército prusiano sobrevivirá en la historia responden los miles de polacos asesinados a traición por la perfidia prusiana y la alevosía negriblanca con shrapnels, balas apuntadas, etc., ¡y los después cauterizados con piedra infernal!

De este segundo haz de laureles del ejército de la contrarrevolución han dado sobrado testimonio las aldeas y ciudades incendiadas por los héroes prusianos, los habitantes polacos magullados y masacrados a culatazos y bayonetazos en sus casas, los saqueos y brutalidades prusianas de todo tipo.

¡Gloria imperecedera para estos guerreros prusianos en Posen, que abrieron el camino por el cual, poco después, avanzó el sicario napolitano cuando tiroteó a su fiel capital y la entregó a la soldadesca para un saqueo de 24 horas! ¡Salud y gloria al ejército prusiano de la campaña de Posen! Porque iluminó con un ejemplo a los croatas, a los sereschanos, a los otocanos y a otras hordas de Windischgrätz y consortes, ejemplo que, como demuestran Praga (en junio), Viena, Presburgo, etc., ha incitado a la más digna secuela.

Y, finalmente, incluso
este
valor de los prusianos contra los polacos solo tuvo lugar por miedo a los rusos.

«Todas las cosas buenas han de ser tres.» Por eso, también «Mi ejército» tenía que cosechar una triple gloria. La ocasión para ello no se hizo esperar. Pues «su cooperación en el mantenimiento del orden (!) en el sur de Alemania procuró al nombre prusiano nuevo reconocimiento».

Solo la malevolencia o el afán de empequeñecimiento podrían negar que «Mi ejército» ha prestado a la Dieta federal –que al cambiar de nombre se modernizó y se hizo llamar Poder central– los más excelentes servicios de esbirro y gendarme. Tampoco es discutible que el nombre prusiano se ha ganado pleno reconocimiento en el exterminio de vino, carne, sidra, etc., del sur de Alemania. Los hambrientos marcenses, pomeranios, etc., se han cebado una patriótica mochila; los sedientos se han regalado, y, en general, todo lo que los hospederos del sur de Alemania les pusieron por delante lo supieron exterminar con tan

heroico valor, que allí el nombre prusiano se encuentra por doquier el más sonoro reconocimiento. Lástima que las boletas de alojamiento no estén aún pagadas: el reconocimiento sería aún más sonoro.

La gloria de «Mi ejército» es propiamente inagotable; pero no debe omitirse que, «donde yo llamé, estuvo él presto, con plena fidelidad,
con plena disciplina
», e igualmente digno de mención es comunicar a la posteridad que «Mi ejército opuso a las infames calumnias su excelente espíritu y
su noble disciplina militar
».

Qué halagadora es esta felicitación para «Mi ejército», al recordarle agradablemente la «plena disciplina» y la «noble disciplina militar», y con ello, una vez más, sus hazañas en el Gran Ducado y, además, los laureles de Maguncia, Schweidnitz, Tréveris, Erfurt, Berlín, Colonia, Düsseldorf, Aquisgrán, Coblenza, Münster, Minden, etc. Los demás, en cambio, que no pertenecemos a «Mi ejército», ampliamos con ello nuestros limitados conceptos de súbditos. Abatir a tiros a ancianos y mujeres encintas, robar (registrado protocolariamente en las cercanías de
Ostrowo
), maltratar a culatazos y sables a ciudadanos pacíficos, demoler casas, salir de noche con armas ocultas bajo la capa contra gente inerme, saltear en los caminos (recuérdese la aventura cerca de Neuwied)… este y parecido heroísmo se llama en cristiano-germánico:
«plena disciplina»
,
«noble disciplina militar»
¡Viva la disciplina militar y la disciplina, ya que los asesinados bajo tal firma están, de una vez, muertos!

Los pocos pasajes que hemos rozado de la felicitación real-prusiana de Año Nuevo nos muestran que este escrito está, por su significado y su espíritu, al mismo nivel que el manifiesto del duque de Brunswick del año 1792.