COLONIA, 9 DE MAYO. EL GOBIERNO DEL PR ÍN CIPE DE HOHENZOllern parece querer reafirmar, en los días finales de su exis
tencia y de la existencia del Estado prusiano, la vieja fama
del nombre de Prusia y de la casa de los Hohenzollern.
¿Quién no conoce la semblanza aquella del poema de Heine?:
Un niño con cabezota de calabaza,
Grandes bigotes y coleta cana,
Bracitos largos y delgados, pero vigorosos,
Estómago de gigante, pero intestinos cortos,
Una especie de monstruo...450
¿Quién no conoce las felonías, las perfidias, los fraudes heredi
tarios con que se engrandeció aquella familia de caporales que
ostenta el nombre de los Hohenzollern?
Sabido es cómo el llamado “gran Príncipe Elector” (¡como si un
“Príncipe Elector” pudiera ser nunca “grande” !) perpetró la prime
ra traición contra Polonia, al violar su alianza con este país para
pasarse súbitamente al lado de Suecia, con objeto de poder así
saquear mejor a Polonia en la Paz de Oliva.451
Tomado de un poema de Heine, “El monstruo infantil”.
La Paz de Oliva: fue pactada el 3 de mayo de 1660 entre, por una parte, Suecia, y por la
otra, Polonia, Austria y Brandeburgo. Los Tratados de Paz de Oliva confirmaron el tratado
polaco-brandeburgués, firmado en Wehlau el 19 de septiembre de 1757.

Conocidas son la repugnante figura de Federico I y la brutal
zafiedad de Federico Guillermo II.
Sabido es cómo Federico II, el inventor del despotismo patriar
cal y amigo de la Ilustración, subastando su país al mejor postor, lo
entregó por medio del látigo a contratistas-empresarios franceses;
y es sabido también cómo se alió con Rusia y con Austria para des
pojar a Polonia,452 despojo que todavía hoy, después de la revolu
ción de 1848, sigue siendo una mancha bochornosa en la historia
de Alemania.
Sabido es cómo Federico Guillermo II ayudó a completar el des
pojo de Polonia y cómo entregó al malbarato a sus cortesanos los
bienes nacionales y eclesiásticos robados a aquel país.
Sabido es cómo en 1792 selló con Austria e Inglaterra la coali
ción para ahogar a la gloriosa Revolución francesa y cómo invadió
Francia; y se sabe, asimismo, cómo su “glorioso ejército” fue arroja
do de Francia, cubierto de oprobio.
Sabido es cómo luego dejó en la estacada a sus aliados y se apre
suró a hacer las paces con la República francesa.453
Sabido es cómo aquel Hohenzollern, que decía adorar al rey le
gítimo de Francia y Navarra, compró a la República francesa por
una bagatela los diamantes de la corona de este mismo rey, trafican
do así con la desgracia de su “amadísimo señor hermano”.
Sabido es cómo aquel cuya vida toda era una mezcla auténtica
mente hohenzolleriana de suntuosidad y misticismo, sensualidad senil
e infantil superstición, no tuvo inconveniente en pisotear, en los edic
tos de Bischoffwerder, la libertad de expresión del pensamiento.454
452 En 1772 tuvo lugar el primer reparto de Polonia entre Austria y Prusia (véase supra,
nota 41).
453 En 1792 Francia inició su primera campaña de guerra revolucionaria contra Austria,
inmediatamente después una segunda contra Prusia y, en 1793, una tercera contra Inglaterra,
Holanda y España, en cuanto aliados de Austria. En 1795 Prusia concluyó con Francia un
tratado de paz por separado.
454 El “Edicto concerniente a las asuntos religiosos de los Estados prusianos”, del 9 de
julio de 1788, y el “Censur-Edict”, del 19 de diciembre del mismo año, dieron motivo a Fede
rico Guillermo II de hacer obispo a uno de sus consejeros. Este edicto limitaba el derecho de
prensa y la libertad de cultos.

Sabido es cómo su sucesor, Federico Guillermo III, “el Justo”,
entregó traidoramente a Napoleón a sus antiguos aliados, a cambio
de la ciudad de Hannover, que le fue lanzada como cebo.
Sabido es cómo, poco después, traicionó a Napoleón a favor de
aquellos mismos antiguos aliados, al traicionar a sueldo de Inglate
rra y de Rusia a la Revolución francesa, personificada en Napoleón.
Sabido es el éxito que tuvo este ataque, la desastrosa derrota
sufrida en Jena455 por el “glorioso ejército”, cómo estalló de pronto
en todo el organismo del Estado prusiano la peste moral de los pio
jos, toda aquella serie de traiciones, villanías y jugadas rastreras de
funcionarios prusianos, de las que Napoleón y sus generales se apar
taban con asco.
Sabido es cómo Federico Guillermo III, en 1813, logró engañar
al pueblo prusiano, a fuerza de hermosas palabras y brillantes pro
mesas, hasta hacerle creer que marchaba a una “guerra de libera
ción” contra los franceses, cuando de lo que en realidad se trataba
era, pura y simplemente, de ahogar la Revolución francesa y de res
tablecer el viejo régimen establecido por la Gracia de Dios.456
Sabido es cómo se olvidaron las bellas promesas tan pronto
como la Santa Alianza hizo su entrada en París, el 30 de marzo de
1814.
Sabido es cómo, al volver Napoleón de la isla de Elba, el entu
siasmo del pueblo había vuelto a enfriarse ya de tal modo, que el
Hohenzollern tuvo que atizar de nuevo el celo extinguido median
te la promesa de una Constitución (edicto del 22 de mayo de 1815,457
dado cuatro semanas antes de la batalla de Waterloo).
Recuérdese las promesas formuladas en el acta de la Confede
455 El 14 de octubre de 1806, la muy deplorable situación del ejército prusiano constituyó
el completo desmoronamiento de la monarquía feudal de los Hohenzollern y condujo a la
capitulación de Prusia ante la Francia napoleónica.
456 Tanto Marx como Engels subrayaron el carácter de descontento de las llamadas “gue
rras de liberación” como auténticas guerras nacionales de liberación de las masas populares
contra la política de despojo de Napoleón I, y contra los príncipes alemanes y los Junkers,
quienes pretendían seguir gobernando mediante las viejas relaciones feudales.
457 Véase supra, nota 7.

ración Alemana y en el acta final de Viena:458 libertad de prensa,
Constitución, etcétera.
Sabido es cómo aquel “justo” Hohenzollern cumplió su palabra:
Santa Alianza y congresos para la opresión de los pueblos, acuer
dos de Karlsbad,459 censura, despotismo policiaco, dominación de
la nobleza, arbitrariedad de la burocracia, justicia de gabinete, per
secuciones contra los demagogos, condenas en masa, dilapidación
financiera y ... nada de Constitución.
Sabido es cómo en 1820 se garantizó al pueblo la no percepción
de los impuestos y de la deuda pública,460 y cómo el Hohenzollern
cumplió su palabra, ampliando una empresa marítima para con
vertirla en un establecimiento secreto de préstamos para el Es
tado.461
Sabido es cómo el Hohenzollern respondió al grito del pueblo
francés en la revolución de Julio: concentrando tropas en la fronte
ra, reprimiendo a su propio pueblo, aplastando el movimiento en
los pequeños Estados alemanes y, por último, poniendo a estos Esta
dos bajo el látigo de la Santa Alianza.
Sabido es cómo el mismo Hohenzollern volvió a la neutralidad
en la guerra ruso-polaca,462 al permitir a los rusos cruzar por su
territorio para atacar a los polacos por la espalda, al poner a su dis
posición los arsenales y almacenes de Prusia y al ofrecer seguro asi
lo en su territorio a cada cuerpo de ejército derrotado de los rusos.
Sabido es cómo todos los designios del Hohenzollern, en conso
nancia con los fines de la Santa Alianza, iban encaminados a afian -
458 El 8 de junio de 1815, en el Congreso de Viena, fue firmada el Acta de la Confedera
ción alemana, en cuyo art. 13 se dice: “En todos los Estados confederados habrá una Consti
tución local”
459 Acuerdos de Karlsbad: en agosto de 1819 tuvo lugar una conferencia de ministros de los
Estados confederados de Karlsbad, de la cual surgió una serie de acuerdos de carácter reac
cionario. Estos acuerdos contemplaban la introducción de una estricta censura previa apli
cable a todos los escritos no mayores de veinte pliegos, en todos los Estados alemanes. El
instigador de esta medida policiaca fue el ministro de Austria, Metternich.
460 Véase supra, nota 38.
461 Véase supra, nota 37.
462 Se hace referencia a los conflictos de 1830 en Polonia (véase supra, nota 184).

zar en su dominación a la nobleza, la burocracia y los militares,
aplastando por la violencia, no sólo en Prusia, sino también en el
resto de Alemania, toda libertad de expresión y toda posible influen
cia de la “limitada inteligencia de los súbditos”463 sobre el gobierno.
Sabido es cómo rara vez ha habido una época de gobierno en la
que las plausibles intenciones se jalonaran con medidas tan bruta
les de gobierno como en tiempos de Federico Guillermo III, prin
cipalmente en los años de 1815 a 1840. Nunca ni en parte alguna ha
habido tantos encarcelamientos y condenas, nunca han estado las
fortalezas tan llenas de presos políticos como bajo el reinado de este
monarca al que se ha llamado “el justo”. Y, para comprender todo
lo que esto significa, hay que saber qué clase de necios inofensivos
eran los demagogos a quienes se encarcelaba.
¿Hace falta que hablemos, además, del Hohenzollern que está lla
mado a ser, según el monje de Lehnin,464 “el último de su estirpe”?
¿Es necesario hablar del renacimiento del esplendor cristiano-ger
mánico y de la resurrección de la penuria financiera, de la Orden
del Cisne465 y del alto tribunal de la censura, de la Dieta Unificada
y del Sínodo general, del “trozo de papel”, de los vanos intentos por
conseguir dinero prestado y de todas las demás conquistas de la glo
riosa época de 1840 a 1848? ¿Hace falta que demostremos con citas
de Hegel por qué la figura que ponga término al cortejo de los
Hohenzollern tiene necesariamente que ser una figura cómica?
No creemos que haga falta. Los datos apuntados bastan, sin
duda, para caracterizar plenamente lo que representa el nombre de
Prusia y de los Hohenzollern. Es cierto que el brillo de este nombre
463 Véase supra, nota 4.
464 Se trata de una obra conocida como Vaticinio lehninense, escrita en latín y cuyo pro
bable autor era un monje llamado Hermann, que debió haber vivido alrededor de 1300 en el
monasterio de Lehnin, cerca de Postdam. El poema, cuyo autor y época de composición no
son nada seguros, predecía el ocaso de los Hohenzollern cuando subiera al trono el undéci
mo de su estirpe.
46:5 La Orden del Cisne: esta caballeresca Orden medieval fue fundada por el príncipe elec
tor Federico II de Brandeburgo pero desapareció con el movimiento de Reforma. Federico
Guillermo IV de Prusia, que ambicionaba un renacimiento del romanticismo, intentó fun
dar en 1843 una orden similar.

quedó empañado por un momento; pero desde que rodea a la Coro
na la constelación de la Pléyade de Manteuffel y consortes466 vuelve
a brillar el viejo esplendor. Prusia vuelve a ser, como en los buenos
tiempos, un virreinato bajo el cetro superior de Rusia; el Hohenzollern vuelve a ser un vasallo del autócrata de todas las Rusias y un
soberano para todos los pequeños boyardos de Sajonia, Baviera,
Hessen-Hamburgo, Waldeck, etc., y la limitada inteligencia de los
súbditos se ve repuesta de nuevo en su viejo derecho del silencio,
“mi glorioso ejército”;467 mientras el zar Prawoslawny no lo necesi
te para sus fines, puede dedicarse a restablecer en Sajonia, Badén,
Hessen y el Palatinado el orden que desde hace dieciocho años rei
na en Varsovia; puede ocuparse, en el propio país y en Austria, en
pegar con sangre de súbditos las coronas averiadas. La vieja palabra
empeñada hace tiempo, en momentos de penuria y angustia, nos
tiene tan sin cuidado como la de nuestros antepasados, que en glo
ria estén; y, una vez que hayamos arreglado los asuntos de nuestra
propia casa, marcharemos con la espada desenvainada y las ban
deras desplegadas hacia Francia, y conquistaremos el país en que
mana la champaña y destruiremos la gran Babel, matriz de todos
los pecados.
He allí los planes de nuestros altos gobernantes; he allí el puer
to seguro hacia el que navega nuestro noble Hohenzollern. De allí
los incesantes actos otorgados y golpes de violencia, de allí los repe
tidos puntapiés descargados sobre el trasero de la cobarde Asam
blea de Francfort; de allí los estados de sitio, las detenciones y per
secuciones; de allí las incursiones de la soldadesca prusiana en
Dresde y el sur de Alemania.
Pero existe todavía una fuerza que los señores de Sanssouci, es
verdad, tienen en poca estima, pero que, a pesar de todo, interpon466 Constelación de Manteuffel y consortes: se trata de los siete ministros que formaban el
ministerio del barón Theodor von Manteuffel: conde Federico Guillermo de Brandeburgo
(primer ministro), Ludwig Simons (ministro de lusticia), Arnold von Rabe (ministro de
Finanzas), general Karl Adolf von Strotha (ministro de la Guerra), barón August van der
Heydt (ministro de Comercio) y Adalbert von Ladenberg (ministro de Cultos y Educación),
467 Véase supra, nota 447.

drá su palabra tonante: el pueblo. El pueblo, que lo mismo en París
que en el Rin, en Silesia o en Austria, aguarda rechinando de ira el
momento de levantarse y que, tal vez no tardando, dará su mereci
do a todos los Hohenzollern y a todos los miserables soberanos y
vasallos.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 294,10 de mayo de 1849]