Los planes contrarrevolucionarios en Berlín

["Neue Rheinische Zeitung" Nr. 286 del 1 de mayo de 1849]

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Colonia
, 30 de abril. Los planes de nuestro gobierno contrarrevolucionario van saliendo a la luz poco a poco.

Se pretendía datar a partir del 27 de abril una nueva fase de la contrarrevolución prusiana. Se quería provocar al pueblo berlinés a un combate callejero, dejar quizá que la insurrección a lo Cavaignac «cobrara dimensiones», aplastarla luego con medios y superioridad de fuerzas a lo Cavaignac, proclamar la ley marcial, indultar a plomo y pólvora a unos cuantos diputados y a buen número de agitadores y, finalmente, mediante nuevos otorgamientos, liberarse de las molestas ataduras que incluso la carta de la ley marcial del 5 de diciembre había impuesto a nuestra contrarrevolución.

En la insurrección provocada se tenía, en efecto, un pretexto suficiente para afirmar que el pueblo «todavía no está maduro» para las libertades graciosamente otorgadas, que con semejante ley electoral, con semejante constitución, no se podía gobernar. «Para evitar derramamientos de sangre», es decir, en interés del propio pueblo, había que aniquilar también el último resto de libertad. «Para evitar derramamientos de sangre», ¡había que declarar a todo el país, con excepción de Pomerania Ulterior, en estado de sitio! Todo eso se podía afirmar si primero se había pasado por una decente asonada en Berlín, con los obligados disturbios en Breslau, Magdeburgo, Colonia, etc., y se la había dispersado felizmente a metrallazos.

De ahí las brutalidades de los guardias contra la izquierda reunida en la Sala de Conversación; de ahí el cerco militar de la plaza de Dönhoff por todos lados; de ahí el rápido fuego sobre una masa popular inerme y tranquila que no podía retirarse porque todas las calles le estaban bloqueadas.

La actitud tranquila del pueblo, a pesar de todas las provocaciones, ha desbaratado los cálculos a los contrarrevolucionarios. No tienen ningún pretexto para otorgar, y tienen que otorgar. Quizá esta misma noche sabremos a qué nuevo giro se han decidido los señores.

Los inmensos planes que se tenían se desprenden de todas las circunstancias. En primer lugar, de la simultánea disolución de la Cámara en Hannover; en segundo lugar, y muy especialmente, del viaje del señor Radowitz a Berlín.

El señor Radowitz es el alma de la contrarrevolución prusiana. El señor Radowitz ha trazado el plan de la contrarrevolución de noviembre, pero todavía se ha mantenido entre bastidores e intrigado en Fráncfort a favor del imperio hereditario prusiano. El señor Radowitz ha ido esta vez en persona a Berlín, según se dice, para salir por fin abiertamente a la palestra y convertirse en primer ministro. ¡Un ministerio Radowitz: he ahí el quid de la cuestión!

Sabemos además, de manera positiva, los siguientes hechos:

1. En el curso de la semana pasada llegó ya un escrito de los presidentes superiores a todos los presidentes en jefe, en el que se les comunicaba que la disolución de la Cámara era inminente, con la orden de tomar todas las medidas de precaución necesarias.

2. Ha sido expedido un rescripto ministerial a todos los gobiernos, en el que se dice:

1. Que se ordene a todas las alcaldías que informen diariamente a los respectivos gobiernos sobre la impresión que ha producido el acto de disolución de la Cámara. Los gobiernos, por su parte, deben remitir al ministerio informes colectivos al respecto.

2. Por el momento no se celebrarían nuevas elecciones; en cambio, se procedería contra muchos miembros de la «llamada» izquierda.

3. Deben tomarse todas las medidas de precaución para sofocar cualquier intento de rebelión.

El rescripto está firmado: Manteuffel.

El señor Manteuffel, o más bien el señor Radowitz, su superior, no podía prestar un servicio mejor a la revolución húngaro-polaco-alemana en desarrollo que salir ahora abiertamente con sus planes para la restauración del absolutismo.