"Neue Rheinische Zeitung"
La política exterior francesa

["Neue Rheinische Zeitung" n.º 263 del 4 de abril de 1849]

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Colonia
, 3 de abril. La sesión de la Asamblea Nacional francesa del 31 de marzo se distinguió por el discurso del «pequeño hombre hábil», del señor 
Thiers
, quien con cínica franqueza y claridad inequívoca hizo la apología de los Tratados de Viena de 1815 y los sostuvo como fundamento del estado político existente en Europa. ¿No tenía toda la razón el hombrecillo al poner en ridículo la contradicción de mantener en los hechos esos tratados y, en la fraseología jurídica, renegar de ellos? Y esa fue la prudente manera de vivir del gobierno provisional y de Cavaignac. La política exterior de Barrot fue la consecuencia necesaria de la política de Cavaignac, así como la política exterior de Cavaignac fue la consecuencia necesaria de la política de Lamartine. Lamartine, al igual que todo el gobierno provisional, del cual era el órgano en el exterior, traicionó a Italia y a Polonia bajo el pretexto de no entorpecer el desarrollo interno de la república francesa. El entrechocar de las armas habría sido una disonancia en su propaganda de frases. Del mismo modo que el gobierno provisional pretendía poder extinguir la oposición entre la clase burguesa y la clase obrera con la frase de la «fraternización» y disipar con fantasías la lucha de clases, pretendía también hacer desaparecer la oposición entre las naciones y la guerra exterior. Bajo la égida del gobierno provisional se reconstituyeron los subyugadores de los polacos, italianos y húngaros al mismo tiempo que la burguesía francesa, que a fines de junio puso en obra la fraternización lamartiniana. Cavaignac mantuvo la paz hacia el exterior para conducir tranquilamente la guerra civil en el interior y para no poner en peligro el aniquilamiento de la derrotada república roja, de la república obrera, por la república moderada y honrada, por la república burguesa. Bajo Cavaignac se restauró en Europa la antigua Santa Alianza, así como en Francia la nueva

santa alianza entre legitimistas, orleanistas, bonapartistas y republicanos «honrados». El ministerio de esta doble santa alianza es Odilon Barrot. Su política exterior es la política de esta santa alianza. Necesita el triunfo de la contrarrevolución en el extranjero para consumar la contrarrevolución en la propia Francia.

En la sesión de la Asamblea Nacional del 31 de marzo, el gobierno provisional reniega de Cavaignac; Cavaignac, con razón, afirma ser un descendiente legítimo del gobierno provisional, y reniega a su vez de Odilon Barrot, quien, imperturbable, calla con la conciencia de que el sentido de la Revolución de Febrero son los Tratados de Viena de 1815. Flocon declara, sin ser desmentido por Barrot, que este ministerio desde hace dos días ha declarado formalmente a Italia en entredicho y 
niega los pasaportes
 a todos los franceses, polacos e italianos que quieran dirigirse allí. ¡Bien merece Barrot ser primer ministro de Enrique V!

Ledru-Rollin, en su réplica a Thiers, confiesa por lo demás:

«Sí, debo confesarlo, obré mal; el gobierno provisional habría debido enviar sus soldados a las fronteras, no para conquistar, sino para proteger a los hermanos oprimidos, y en este momento no habría ya déspota alguno en Europa. Pero si entonces vacilamos en comenzar la guerra, la culpa fue de la monarquía, que había agotado nuestras finanzas y vaciado nuestros arsenales.»