"Neue Rheinische Zeitung" – La guerra en Italia y Hungría

La guerra en Italia y Hungría

["Neue Rheinische Zeitung" nº 257 del 28 de marzo de 1849]

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Colonia
, 27 de marzo. La guerra en Italia ha comenzado. Con ella, la monarquía habsbúrgica se ha echado encima una carga bajo la cual probablemente sucumbirá.

Mientras Hungría no se hallaba en guerra abierta con el conjunto de la monarquía, sino tan sólo en un vacilante estado de guerra contra los eslavos del sur, no era ninguna proeza para Austria acabar con los italianos, sólo a medias revolucionados, divididos y paralizados por una triple traición principesca. Y, sin embargo, ¡cuánto esfuerzo no costó! Primero fue necesario que el Papa <Pío IX>, que el gran duque de Toscana <Leopoldo II> retiraran sus tropas –directa o indirectamente– del Véneto; primero fue necesario que Carlos Alberto y sus generales, en parte incapaces, en parte vendidos, cometieran una traición directa a la causa italiana; primero fue necesario, sobre todo, que ya los magiares, ya los eslavos del sur, fuesen llevados a enviar tropas a Italia mediante una política solapada y concesiones aparentes, antes de que Radetzky pudiera cosechar sus victorias en el Mincio. Bien se sabe que sólo los regimientos fronterizos eslavos del sur, trasladados en masa a Italia, devolvieron la capacidad combativa al desorganizado ejército austriaco.

Mientras duró, además, el armisticio con el Piamonte, mientras Austria sólo se vio obligada a mantener su ejército italiano en la fuerza anterior sin tener que reforzarlo extraordinariamente, pudo dirigir contra Hungría la masa principal de sus 600.000 soldados, pudo rechazar a los magiares de una posición a otra y, finalmente, incluso, mediante refuerzos que afluían a diario, llegar a aplastar el poder magiar. A la larga, Kossuth habría sucumbido a la superioridad numérica tanto como Napoleón.

Pero la guerra en Italia modifica mucho la situación. Desde el momento en que fue segura la denuncia del armisticio, Austria tuvo que duplicar sus envíos de tropas a Italia, tuvo que repartir sus reclutas recién alistados entre Windischgrätz y Radetzky. De este modo, es de esperar que ninguno reciba lo suficiente.

Mientras, por tanto, para los magiares e italianos se trata solamente de ganar tiempo –tiempo para recibir y fabricar armas, tiempo para ejercitar en el servicio de campaña a la leva en masa y a las Guardias Nacionales, tiempo para llevar a cabo la revolución del país–, Austria, en relación con sus adversarios, va perdiendo poder cada día.

Mientras Roma, Toscana e incluso el Piamonte, empujados cada vez más profundamente a la revolución por la propia guerra, se ven forzados diariamente a una mayor energía revolucionaria; mientras pueden esperar la crisis que se avecina a pasos rápidos en Francia, en Austria el tercer elemento desorganizador, la
oposición eslava
, gana cada día más terreno y se organiza cada día mejor. La constitución otorgada, que arroja a los eslavos a una situación anterior a marzo, en agradecimiento por haber salvado a Austria; los numerosos ultrajes inferidos a los eslavos mediante atropellos burocráticos y militares, son hechos consumados que ya no se pueden cambiar.

Se comprende que, en estas circunstancias, la "Kölnische Zeitung" tenga la mayor prisa en hacer que los imperiales acaben con la desagradable guerra húngara. Ayer, en consecuencia, los hace cruzar el Tisza en tres columnas –noticia tanto más creíble cuanto menos ha sido confirmada hasta ahora por boletín alguno. Por otras partes, en cambio, se informa de que, por el contrario, el ejército magiar avanza a marchas forzadas hacia Pest y, manifiestamente, se propone levantar el sitio de Komorn. Komorn, aunque fuertemente bombardeada, se mantiene valientemente. Durante el bombardeo no dispararon un solo tiro; pero cuando los austriacos intentaron un asalto, fueron rechazados con grandes pérdidas por un mortífero fuego de metralla. Se dice que el regimiento polaco de ulanos «Duque de Coburgo», cuando Dembinski aguardaba tranquilamente su ataque e hizo sonar la melodía «Aún no ha perecido Polonia», se pasó a los magiares.

Estas son todas las noticias del teatro de guerra húngaro que hoy podemos dar. El correo de Viena del día 23 no ha llegado.

Pasemos ahora al teatro de guerra italiano. Aquí, el ejército piamontés está desplegado en un amplio arco a lo largo del Tesino y del Po. Su primera línea se extiende desde Arona, pasando por Novara, Vigevano, Voghera, hasta Castel San Giovanni, delante de Piacenza. Su reserva se halla algunas millas más atrás, en el Sesia y la Bormida, cerca de Vercelli, Tortona y Alessandria. En el extremo del ala derecha, cerca de Sarzana, en la frontera toscano-modenesa, se encuentra un cuerpo destacado al mando de La Marmora, dispuesto a penetrar por los pasos de la Lunigiana hacia Parma y Módena, a enlazarse por la izquierda con el ala derecha del ejército principal y por la derecha con el ejército toscano y romano, para, según las circunstancias, atravesar el Po y el Adigio y operar en el Véneto.

Enfrente, en la orilla izquierda del Tesino y del Po, se encuentra Radetzky. Como se sabe, su ejército está dividido en dos cuerpos, uno de los cuales ocupa la Lombardía y el otro el Véneto. Mientras que de esta última provincia no se comunica ningún movimiento de tropas, por todas partes oímos que Radetzky concentra todo su ejército en el Tesino, en Lombardía. Ha retirado todas sus tropas de Parma y no ha dejado en Módena más que unos pocos centenares de hombres en la ciudadela. Varese, Como, el Val d'Intelvi y la Valtelina están completamente desguarnecidos de tropas, e incluso han desaparecido los guardias fronterizos de aduanas.

Toda la fuerza disponible de Radetzky, 50.000 hombres, está desplegada a lo largo del Tesino desde Magenta hasta Pavía, y a lo largo del Po desde Pavía hasta Piacenza.

Se dice que el propio Radetzky concibió el temerario plan de cruzar inmediatamente el Tesino con este ejército y, al amparo de la inevitable consternación de los italianos, marchar directamente sobre Turín. Aún se recuerda del año anterior cómo Radetzky abrigó más de una vez semejantes anhelos napoleónicos y cómo le sentaron ya entonces. Esta vez, sin embargo, se opuso todo el consejo de guerra y se decidió retirarse, sin librar batalla decisiva, hacia el Adda, el Oglio y, en caso necesario, incluso hacia el Chiese, para atraer allí refuerzos procedentes del Véneto y de Iliria.

El que esta retirada pueda realizarse sin pérdidas y el que los austriacos logren detener mucho tiempo a los piamonteses dependerá de las maniobras de éstos y del ardor bélico de los lombardos. La vertiente sur de los Alpes, es decir, la Comasca, la Brianza, la Bergamasca, la Valtelina (Val Tellina) y la zona de Brescia, que ya han sido abandonadas en gran parte por los austriacos, se prestan en grado sumo a una guerra nacional de partidas. Los austriacos, concentrados en la llanura, se ven forzados a dejar libre la montaña. Aquí pueden los piamonteses, mediante un rápido avance con tropas ligeras sobre el ala derecha de los austriacos, organizar rápidamente guerrillas que amenacen el flanco y, en caso de derrota de algún cuerpo, la retirada de los imperiales, cortarles los suministros y propagar la insurrección hasta los Alpes tridentinos. Garibaldi estaría aquí en su lugar. Pero no se le ocurrirá volver a servir al traidor Carlos Alberto.

El ejército toscano-romano, apoyado por La Marmora, deberá ocupar la línea del Po desde Piacenza hasta Ferrara, cruzar lo más pronto posible el Po y, en segunda línea, el Adigio, separar a Radetzky del cuerpo austriaco del Véneto y operar sobre su flanco izquierdo o, respectivamente, sobre su retaguardia. Sin embargo, difícilmente llegará con la suficiente rapidez para influir en las primeras operaciones de guerra.

Pero más que todo eso decide la actitud de los piamonteses. El ejército es bueno y está deseoso de combatir; pero si vuelve a ser traicionado, como el año pasado, tendrá que ser derrotado. Los lombardos claman por armas para batirse contra esos opresores; pero si de nuevo, como el año pasado, un vacilante gobierno burgués paraliza la insurrección en masa, Radetzky podrá hacer una vez más su entrada en Milán.

Contra la traición y la cobardía del gobierno sólo hay un medio: la revolución. Y tal vez sea precisamente necesario un nuevo perjurio de Carlos Alberto, una nueva felonía de la nobleza y de la burguesía lombardas, para llevar a cabo la revolución italiana y, con ella, la guerra de independencia italiana. Pero entonces, ¡ay de los traidores!