["An mein Volk"]

["Neue Rheinische Zeitung" N.° 301 del 19 de mayo de 1849]

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Colonia
, 18 de mayo. ¡"An mein Volk"! No a "¡Mi magnífico ejército!" ¿Acaso han sido derrotados los rusos? ¿Ha girado el viento y ha arrojado de nuevo, como en marzo del año pasado, la gorra militar de la cabeza al "no debilitado" siervo de Rusia? ¿Acaso los "fieles súbditos" sitiados están de nuevo en plena insurrección?

Cuando en 1813 el antiguo "bienaventurado" extrajo igualmente del avance de los cosacos el valor necesario para sacudirse su miserable papel de cobarde, los sangrientos castigos infligidos por el cesarismo revolucionario, entonces fueron, a pesar de los cosacos, los bashkires y el "magnífico ejército" conocido por Jena, por Magdeburgo, por la entrega de Küstrin a 150 franceses, primero las mendaces promesas de una "alocución a mi pueblo" las que llevaron a cabo la cruzada de la Santa Alianza contra los sucesores de la Revolución francesa. ¡Y ahora! ¿No ha recibido el Hohenzollern, fortalecido de nuevo, con la entrada de los cosacos en suelo alemán, el valor necesario para abandonar su papel de cobarde posterior a marzo, para eliminar ese "pedazo de papel" interpuesto por la revolución "entre él y su pueblo"? ¿No ha tomado "Mi magnífico ejército" en Dresde, Breslau, Posen, Berlín y en el Rin, con las valientes matanzas de desarmados, mujeres y niños, con shrapnels y piedra infernal, cumplida venganza de la revolución?

¿No han sido derogadas de nuevo, mediante la recién impuesta ley marcial <Véase "La nueva Carta de la Ley Marcial"> "también fuera del estado de sitio", las últimas concesiones de la cobardía de marzo: abolición de la censura, derecho de asociación, armamento del pueblo?

No, el hijo del héroe de Jena y Magdeburgo aún no se siente suficientemente seguro, a pesar de las alianzas con los cosacos, a pesar de los privilegios de asesinato y ley marcial otorgados a la jauría de soldados "magníficos" desatados.
La corona no debilitada tiene miedo, apela "An mein Volk", se "siente impulsada" a dirigir aún al pisoteado, sitiado y acribillado a metralla "pueblo" un grito de auxilio para que la apoye contra "enemigos interiores y exteriores".

"Prusia está llamada a proteger a Alemania, en tan graves tiempos, contra los enemigos interiores y exteriores. Por eso llamo ya a las armas a mi pueblo. Se trata de restablecer el orden y la ley en el propio país y en los demás países alemanes donde se requiera nuestra ayuda; se trata de fundar la unidad de Alemania, de proteger su libertad contra el dominio del terror de un partido que quiere sacrificar a sus pasiones la cultura, el honor y la lealtad, un partido que ha logrado arrojar una red de seducción y de error sobre una parte del pueblo."

"Esta es la médula de la alocución real", grita la cloaca policial de Dumont, y los aplaudidores policiales pagados por Dumont han encontrado en efecto la "médula" correcta.

¡Los "enemigos exteriores"! Es el "partido del terror", el partido que aterra al valiente Hohenzollern, el que reclama nuestra intervención en los "demás países alemanes". ¡Se llama al pueblo de Renania, de Silesia, de Sajonia a que, "en nombre de la unidad alemana", ponga fin a los movimientos revolucionarios en el extranjero alemán, en Baden, Baviera, Sajonia! Y a este fin se repiten los cebos de la felicidad popular hohenzollerniana de 1813, se empeña de nuevo la acreditada "palabra real", se promete al "pueblo" un reconocimiento castrado de la Constitución de Fráncfort y se le promete la "protección del derecho y de la libertad contra la "impiedad"". "Yo y mi casa queremos servir al Señor". ¿Acaso no vale el acreditado empeño de una "palabra real de los Hohenzollern" una cruzada contra el "partido del terror para la tan prometedora corona"?

El fuerte siervo imperial ruso ha hecho regresar a los diputados prusianos de Fráncfort solo para ponerse ahora, conforme a su promesa de marzo, "a la cabeza de Alemania". La Asamblea de Acuerdo y la Cámara impuesta han sido disueltas, el "pedazo de papel" sustituido por la constitución de la ley marcial y los tribunales militares de asesinato, únicamente para garantizar al pueblo la "protección del derecho y de la libertad".

Y se reprime la libertad de prensa, se somete a censura la prensa en Erfurt, se prohíben directamente los periódicos en toda Posen, en Breslau, en las ciudades provinciales de Silesia, en Berlín mismo la "National-Zeitung", en Düsseldorf se reintroduce de jure la censura, de facto se elimina por completo la prensa (Düsseldorfer Blätter, "Neue Rheinische Zeitung", etc.) y a los "libres" súbditos se les impone por fin únicamente las sucias cloacas policiales de la "Kölnische Zeitung" y del Berliner Galgenblättchen, ¡todo para que no surja ni la última duda sobre el valor de la "palabra real"!

Y la palabra del Hohenzollern es en verdad tan valiosa que el pueblo, para fortalecer el valor real, se viste el uniforme y, conforme a la ley de la Landwehr, consigue a sus mujeres que se quedan, "como protección contra la mendicidad", un tálero mensual de las gracias reales.