El 13 de junio

[“Der Volksfreund” núm. 26 del 29 de junio de 1849]

París, 21 de junio. Conocéis a la población parisiense lo bastante como para comprender de antemano lo ridículo de esa acusación de cobardía a priori. Sin embargo, entiendo que el día 13 de junio resulta del todo inexplicable, sobre todo en Alemania, y tiene que dar pie a toda suerte de interpretaciones malévolas.

El principal protagonista del 13 de junio no fue el pueblo, sino la «Montaña». Ahora bien, detrás de la «Montaña» había un comité secreto que empujaba hacia adelante y que obligaba en mayor o menor medida a Ledru-Rollin a desempeñar aquel papel.

El error principal de la «Montaña» fue su certeza en la victoria. Se consideraba tan segura de su causa que creyó zanjarlo todo con una manifestación pacífica. De ese modo ofreció al gobierno la oportunidad de vencerla sin batirla. La columna que, partiendo del Château d’Eau (la torre de agua), avanzó pesadamente por los bulevares, estaba completamente desarmada. El gobierno, por su parte, perfectamente informado de todos los detalles mediante espías, había hecho ocupar en silencio y sin llamar la atención todos los puntos importantes con guardias nacionales, cazadores de Vincennes y otras tropas. La columna estaba literalmente cercada, y aun cuando hubiera estado armada, no habría podido ofrecer resistencia. ¡Cuánto menos desarmada! Changarnier, que había tomado todas las disposiciones, fue lo bastante astuto para no hacer batir la llamada. Como por ensalmo, se vio de pronto todos los puntos decisivos militarmente ocupados. Comprenderéis, pues, que la masa desarmada se dispersó a toda prisa para precipitarse en busca de armas; pero también los depósitos de armas preparados para el caso de una insurrección estaban ya confiscados por el gobierno y bajo custodia militar. Así se encontró la insurrección burlada. — Ese es todo el secreto de este día, inaudito en la historia de la revolución francesa. Quizás hayáis oído hablar en los periódicos alemanes de barricadas que habrían sido tomadas con facilidad. Esas barricadas no consistieron sino en unas cuantas sillas arrojadas a la calle para detener por un momento a la caballería, que cargaba contra gentes indefensas.

A ello se sumaron todavía algunas circunstancias que hicieron inevitable el desenlace ignominioso del 13 de junio.

En el mismo instante en que Ledru-Rollin y los suyos se ocupaban en el Conservatorio de Artes y Oficios de constituirse en gobierno provisional, el comité socialista secreto se dedicaba al mismo quehacer. Quería constituirse en comuna. Antes, pues, de haber derribado al poder existente, la insurrección se escindía ya en dos campos y, lo que es importante, el partido popular no era el partido de la «Montaña». Este solo hecho os explica mucho. El comité secreto había querido desencadenar el estallido violentamente en la noche, unos días antes. De ese modo el gobierno habría sido sorprendido. Pero la «Montaña» y los «Amigos de la Constitución» (el partido nacional), aliados con ella, se opusieron. Querían tomar ellos mismos la iniciativa. La intervención de Ledru-Rollin en la Cámara debía ser la prenda de que la «Montaña» estaba decidida a actuar seriamente. Así, por un lado, se quebró la energía inmediata y se preparó la manifestación pacífica. Por otro, el pueblo, al ver que Ledru-Rollin se comprometía tan estrepitosamente en la Asamblea Nacional, creyó que este contaba con inmensas conexiones en el ejército, un plan profundamente urdido y de vastas ramificaciones, etc. ¡Cuánta no debió de ser, pues, su sorpresa al quedar patente a plena luz del día que el poder de Ledru-Rollin era solo una ilusión y que las medidas de precaución y de ataque únicamente las había tomado el gobierno! Ya veis cómo los dos partidos revolucionarios se han paralizado mutuamente y se han engañado uno al otro. Los recuerdos del pueblo sobre el comportamiento más que equívoco de la «Montaña» y en especial de Ledru-Rollin en mayo y junio, y finalmente el cólera que causaba estragos sobre todo en los barrios obreros, hicieron el resto. En líneas generales, el 13 de junio de 1849 no es sino la represalia por junio de 1848. Entonces el proletariado fue abandonado por la «Montaña»; esta vez la «Montaña» fue abandonada por el proletariado.

Por abrumador que para nuestro partido en toda Europa haya tenido que ser el 13 de junio, este día tiene de bueno que, con excepción de Lyon, sin gran derramamiento de sangre, el partido contrarrevolucionario de la Asamblea Nacional alcanzara el dominio exclusivo. No solo se descompondrá en su interior, sino que su fracción más extrema llevará pronto las cosas a un punto en que ella misma tratará de despojarse de la fastidiosa apariencia de la república, y entonces veréis cómo es barrida por un soplo y el Febrero se repite en una potencia superior.

K. M.x.