Nr/106, 25. September 1849

Llamamiento
en apoyo de los refugiados alemanes.

Desde que en Alemania, en medio del salvaje fragor de la guerra, se ha restablecido el «orden y la tranquilidad»; desde que sobre los escombros de ciudades humeantes y bajo el homicida estruendo de los cañones se ha vuelto a instaurar la «seguridad de la propiedad y de la persona»; desde que apenas bastan los consejos de guerra para enviar uno tras otro a la tumba, con la cabeza destrozada, a los «rebeldes»; desde que las prisiones ya no alcanzan para detener a todos los «reos de alta traición»; desde que el único derecho que subsiste es la ley marcial, — desde entonces vagan miles sin techo por tierra extranjera.

Día a día crece la multitud, y con ella la desgracia de los desterrados; expulsados de un lugar a otro, no saben por la mañana dónde recostar la cabeza al llegar la noche, ni al anochecer de dónde tomar su pan a la mañana siguiente.

Es una innumerable emigración la que llena las comarcas de Suiza, Francia e Inglaterra. Los desdichados han acudido de todas las provincias alemanas. Quien en Viena se alzó en las barricadas contra la liga negro-amarilla y luchó con los serezanos de Jellachich; quien en Prusia huyó ante la soldadesca de Wrangel y Brandenburg; quien en Dresde defendió con el fusil la Constitución del Reich y quien en Baden combatió en campaña como soldado republicano contra el ejército cruzado unido de los príncipes — ya sea liberal, ya demócrata, ya republicano, ya socialista: los partidarios de las más diversas doctrinas e intereses políticos están todos reunidos en el mismo exilio y en la misma miseria.

Con el vestido desgarrado, media nación mendiga ante las puertas de los extranjeros...

También sobre el frío empedrado de la esplendorosa metrópoli londinense vagan nuestros fugitivos compatriotas. Cada barco que atraviesa el canal trae de allende el mar una nueva muchedumbre de desterrados; en todas las calles de esta ciudad lamenta su pena un desterrado, en nuestra lengua.

Esta necesidad ha conmovido profundamente a muchos amigos de la libertad alemanes en Londres. El 18 de septiembre del presente año se celebró, por tanto, una asamblea general de la Sociedad de Instrucción de los Obreros Alemanes, con participación de los refugiados de nuestra nación recién llegados, a fin de

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Llamamiento en apoyo de los refugiados alemanes

nombrar un comité para la ayuda de los demócratas necesitados. Resultaron elegidos:
Karl Marx, antiguo redactor de la «Neue Rheinische Zeitung»;
Karl Blind, antiguo enviado del gobierno badense-palatino en París;
Anton Füster, antiguo miembro de la Dieta austriaca en Viena;
Heinrich Bauer, maestro zapatero en Londres; y
Karl Pfänder, pintor residente aquí.

Este comité rendirá cuentas públicamente cada mes, tanto en asamblea general como, por extracto, en los periódicos alemanes. Para prevenir toda interpretación errónea, se ha tomado la determinación de que ningún miembro del comité pueda percibir auxilio alguno de la caja. Si algún miembro del comité llegase a necesitar ayuda, perderá por ello su condición de miembro del comité.

Ahora os rogamos, amigos y hermanos, que hagáis cuanto esté en vuestras manos. Si os interesa que la libertad abatida y encadenada vuelva a alzarse, y si tenéis corazón para los sufrimientos de vuestros mejores paladines, no hará falta por nuestra parte gran exhortación.

Todas las dádivas pueden dirigirse a:

«Heinrich Bauer, maestro zapatero,
Dean Street, 64, Soho square, Londres.»
El envío deberá llevar la indicación:
«Para el Comité de Refugiados.»

El Comité de apoyo a los refugiados políticos alemanes.
(Fdo.) Anton Füster. Karl Marx. Karl Blind.
Heinrich Bauer. Karl Pfänder.

Londres, 20 de septiembre de 1849.