Neue Rheinische Zeitung - Lassalle

Los planes contrarrevolucionarios en Berlín
El puntapié prusiano para los de Frankfurt

Los números de página remiten a: Karl Marx - Friedrich Engels - Werke, tomo 6, págs. 454-458

Lassalle

["Neue Rheinische Zeitung" nº 287 del 2 de mayo de 1849]

Colonia, 1 de mayo. Pasado mañana se verá ante los jurados de Düsseldorf la acusación contra Lassalle por incitación directa a armarse contra el poder real.

Se recordará que Lassalle, Cantador (jefe de la milicia ciudadana de Düsseldorf) y el voceador Weyers fueron detenidos en noviembre pasado, al decretarse el estado de sitio sobre Düsseldorf, y que se abrió contra ellos la instrucción por el susodicho "crimen contra los artículos 87 y 102 del Código penal". <Véase "N.Rh.Ztg." nº 237, "Lassalle">.

La instrucción avanzó lo más lentamente posible. Mientras el proceso por denegación de impuestos contra el Comité de Distrito Renano de los Demócratas, incoado al mismo tiempo, ya se veía ante los tribunales el 8 de febrero en Colonia, una sesión de jurados tras otra transcurrían en Düsseldorf antes de que siquiera el Senado de Acusación de Colonia remitiese el caso a los jurados. Pero Marx, Schneider y Schapper andaban en libertad, y Lassalle estaba preso en la casa de detención de Düsseldorf, ¡y el Código de instrucción criminal prescribe que la causa de un detenido debe ser atendida con preferencia!

Lassalle fue tratado en la prisión con particular predilección. La "N[eue] Rh[einische] Z[ei]t[un]g" ha tenido ocasión sobrada de publicar muestras de la ternura con que los esbirros de la justicia real prusiana se ocupaban de él. <Véase "N.Rh.Ztg." nº 219, "Lassalle">. Mientras a Cantador se le concedían toda clase de favores —pues Cantador contaba, pese a su actuación política, con un gran número de amigos entre la burguesía de Düsseldorf—, Lassalle tuvo que experimentar una vez más a qué arbitrariedad tiránica está expuesto un detenido en prisión preventiva

en la Prusia real. Recordemos, para no hablar de las vejaciones menores, solo las brutalidades que el señor Morret, director de la prisión, se permitió contra él en presencia del juez instructor, el señor Ebermeyer (a quien ahora tenemos la dicha de poseer aquí en Colonia). Lassalle presentó una queja ante el ministerio fiscal; el procurador general, el señor Nicolovius, decidió: ¡La acción en cuestión no constituía ni un crimen ni un delito y, por tanto, no podía ser perseguida!

Recordemos además los paseos que el médico consideró urgentemente necesarios para la salud de Lassalle, paseos a los que el ministerio fiscal dio su consentimiento, mientras que el gobierno los denegaba, aunque un detenido en prisión preventiva, según la ley, no está bajo la autoridad del gobierno, sino única y exclusivamente bajo la del procurador.

Las dificultades para obtener acceso a Lassalle en la prisión, las evasivas, el juego del escondite, etc., son conocidas por todo aquel que alguna vez ha intentado penetrar en el interior del "establecimiento" de Düsseldorf.

Por fin se cerró la instrucción y la causa debía pasar a la Sala del Consejo. Entonces aún era tiempo de llevar el proceso ante los últimos jurados reunidos en febrero y marzo. Pero esto debía impedirse a toda costa. Cuando el sumario fue presentado al suplente del procurador general, el "muy señor mío" von Ammon I, para que formulara su dictamen final, el señor Ammon extrae de repente una carta de Lassalle a un tal Stangier, terrateniente en el distrito de Altenkirchen <Véase "N.Rh.Ztg." nº 283, "Lassalle">, para fundamentar sobre ella una nueva acusación. Pero esta carta llevaba ya varias semanas guardada tranquilamente en el pupitre del señor Ammon, sin que a este se le hubiera ocurrido añadirla a los autos como nuevo cargo. Ahora, cuando todo está listo y los jurados estaban a las puertas, ahora se presenta él con la carta. Ahora había que hacer, naturalmente, nuevos interrogatorios de testigos, la causa se retrasaba varias semanas, y este tiempo bastaba precisamente para imposibilitar la vista de la causa de Lassalle en las sesiones de jurados que entonces estaban próximas.

Por lo demás, la carta que el señor Ammon, como él mismo confesó, había guardado ya largo tiempo en su pupitre, era tan insignificante que ¡ni la Sala del Consejo ni el Senado de Acusación la tuvieron en cuenta o la mencionaron como cargo!

Baste decir que se esquivaron felizmente aquellos jurados y los siguientes no empezaban hasta mayo. Comisiones y más comisiones acudieron al procurador general

señor Nicolovius y le pidieron que acelerase el caso o convocase una sesión extraordinaria de jurados. El señor Nicolovius prometió hacer todo lo posible y declaró que Lassalle no permanecería preso seis meses en ningún caso. ¡Y ahora! Apenas faltan 14 días para los seis meses.

La Sala del Consejo decidió por fin... Los tres acusados fueron remitidos al Senado de Acusación. Pero entonces surgió una dificultad: se estaba convencido de que en todo el distrito del tribunal de primera instancia de Düsseldorf no se habría encontrado un jurado que hubiera condenado al señor Cantador. Así pues, para dejar libre a Cantador, Lassalle habría sido absuelto también incluso por aquellos que, de otro modo, lo habrían condenado. Y justamente en la condena de Lassalle tenían interés el gobierno de Düsseldorf, el ministerio e incluso la más alta y altísima camarilla. La enemistad contra Lassalle "no se detiene ni siquiera ante el trono".

¿Qué sucede?: "El Senado de Acusación sobresee la causa contra Cantador y lo pone en libertad, mientras Lassalle y Weyers permanecen en prisión preventiva y son remitidos a los jurados."

Y sin embargo, contra Cantador pesaba exactamente lo mismo que contra Lassalle, con la excepción de un único discurso que Lassalle había pronunciado en Neuss.

Y precisamente este discurso en Neuss es arrancado del contexto, y por él Lassalle va a parar ante los jurados.

Recordemos brevemente todo el curso de los acontecimientos.

Cuando la lucha abierta entre la fenecida Asamblea Nacional y la Corona podía estallar cada día, Düsseldorf era, como se sabe, una de las ciudades más agitadas de la provincia renana. Allí, la milicia ciudadana estaba por completo del lado de la Asamblea Nacional y, además, era dirigida por un demócrata. Estaba dispuesta a transformar la resistencia pasiva en activa en cuanto se diese la señal desde Berlín. Había armas y municiones. Lassalle y Cantador estaban al frente de todo el movimiento. No solo incitaban a los ciudadanos a armarse contra el ministerio Manteuffel, sino que realmente los armaban. Aquí, en Düsseldorf, estaba el centro de su actividad. Aquí, si realmente existía un crimen, este crimen tenía que haberse cometido. ¿Y dónde se supone que se cometió? ¡No en Düsseldorf, sino en Neuss!

Lassalle había estado en Neuss en una asamblea y había incitado a acudir armados a Düsseldorf. Esta incitación ni siquiera tuvo resultado, pues no se llegó al combate. ¡Y en esto se supone que consiste el crimen de Lassalle!

Así pues, no por su actividad principal, no por el armamento real, no por la insurrección real que en Düsseldorf estaba a punto

de estallar, se remite a Lassalle a los jurados: en eso no hay ningún "crimen". El propio Senado de Acusación, por decrépito que sea, tiene que admitirlo. ¡El presunto crimen reside en una acción totalmente ocasional, cometida de paso, completamente dependiente de la acción principal en Düsseldorf y totalmente carente de sentido sin ella, no en la organización de una fuerza armada contra el gobierno en Düsseldorf, sino en la incitación a los de Neuss a apoyar esta organización!

Pero, desde luego, Cantador no estaba en Neuss cuando Lassalle pronunció este terrible discurso; Cantador no incitó a los de Neuss a la resistencia armada, Cantador se limitó a —organizar a los de Düsseldorf para la resistencia armada y a incitar a la resistencia contra el gobierno a la milicia ciudadana de allí, la cual es ella misma parte de la fuerza armada del gobierno. Esa es la diferencia, y por eso se dejó en libertad a Cantador y se mantuvo en prisión preventiva a Lassalle hasta las actuales sesiones de jurados.

Aún mejor. Lassalle también incitó directamente al terrateniente Stangier a acudir armado a Düsseldorf. La carta figura en los autos y es citada literalmente en el escrito de acusación. (Véase nº 277, segunda edición, de la "N[eue] Rh[einischen] Z[eitung]".) ¿Ha encontrado el escrito de acusación en ello un motivo para remitir a Lassalle a los jurados? Ni se le ha pasado por la cabeza. Incluso la Sala del Consejo, que formuló nueve puntos de acusación contra Lassalle, de los cuales el Senado de Acusación dejó caer ocho, no pensó en incluir esta carta entre los puntos de acusación. Y sin embargo, esta carta contiene exactamente el mismo presunto "crimen" que Lassalle cometió en Neuss.

Rara vez se ha fabricado algo más inconsecuente, más contradictorio, más incomprensible que este auto de remisión del Senado de Acusación.

Pero hay en él algo que es ciertamente digno de reconocimiento: Según el fallo del propio Senado de Colonia, en toda la agitación, tal como fue practicada el pasado noviembre en Düsseldorf, en la incitación directa a la resistencia contra el ministerio, en el armamento, en la adquisición de municiones, en la oposición directa y abierta de la milicia ciudadana contra el gobierno, en el juramento que la milicia ciudadana prestó de luchar con las armas en la mano contra el gobierno y por la Asamblea Nacional, en todo eso no hay ningún crimen. El Senado de Acusación de Colonia lo ha dicho.

Y en esto coincide con la Sala del Consejo de Colonia, sí, incluso con el ministerio fiscal de Colonia. En la instrucción contra el Comité de Distrito Renano, ambos pasaron tranquilamente por alto la incitación a armarse contra el "enemigo", dejaron de lado el caso criminal y se atuvieron solo

al hecho correccional de la rebelión, el cual fue visto ante los jurados únicamente por haber pasado por la prensa.

Pero en el caso de Lassalle se ha sido mucho más astuto. Se ha iniciado primero la causa criminal y se ha reservado la correccional. A saber, para el caso de que Lassalle fuera absuelto por el discurso de Neuss, se le ha remitido al tribunal de policía correccional por incitación a la resistencia contra los funcionarios (rebelión), incitación que se supone contenida en dos discursos de Düsseldorf.

Solo necesitamos aquí recordar la vista en el proceso contra el Comité de Distrito Renano. El caso es totalmente análogo. Allí se expuso cómo o bien existe un crimen (el mismo de que se acusa a Lassalle) o no hay nada; cómo no se puede incitar a la resistencia armada contra el gobierno sin incitar también a la resistencia contra todos los funcionarios particulares que son el gobierno. Los jurados absolvieron.

Lassalle, cuando después de su indudable absolución por los jurados comparezca ante el correccional, se encontrará en la misma situación. Pero, entre tanto, se tiene un pretexto para solicitar la prolongación de la prisión preventiva, ¡y entonces el tribunal correccional no es tan escrupuloso como los jurados!

Mañana entraremos en el propio escrito de acusación y demostraremos, también a partir de él, lo ridículo de todo este proceso.