FRIEDRICH ENGELS EL PANESLAVISMO DEMOCRÁTIC01 [Neue Rheinische Zeitung, núm. 222 del 15 de febrero de 1849] Colonia, 14 de febrero. Hemos indicado con bastante frecuencia que los apacibles sueños que emergieron tras las revoluciones de febrero y marzo, las exaltaciones de una confraternización general de los pueblos, de una república federativa europea y de una eterna paz mundial no eran, en el fondo, nada más que embozos de la perplejidad e inactividad ilimitadas de los portavoces de entonces. No se veía, o no se quería ver, lo que había que hacer para poner a salvo la revolución; no se podía o no se quería im· poner ninguna providencia realmente revolucionaria; la obtusez de unos y la intriga contrarrevolucionaria de los otros convenían en que el pueblo 1 En los artículos Der magyarische Kampf ( La lucha magiar) y Der demokratische Paneslavismus [ El paneslavismo democrático ) , Engels se declara contra toda forma de ideología nacionalista como el pangermanismo y el paneslavismo .

Junto a la correcta evaluación histórica del movimiento de lo s pa íses eslavos pertenecientes a Austria como movimiento que en esa época contradecía los intereses de la revolución alemana y europea, se dan sin embargo algunas tesis erróneas sobre el destino histórico de tales pueblos. Engels defiende el parecer según el cual tales pueblos, en el transcurso ulterior del desarrollo histórico, ya no estarán en situación de desempeñar un papel progresista, y por ende se verán condenados a desaparecer como pueblos autónomos. En ambos artículos también se expone unilateralmente que la opresión de una serie de pueblos eslavos por los alemanes constituye un proceso progresista que conlleva la propagación de la cultura y la civilización. Esta aseveración contradice el cuadro de la rapaz política de conquistas de Alemania en el este de Europa, que el mismo Engels bosquejó en otros e scritos (la serie de artículos "Die Polendebatte in Frankfurt " [ El debate sobre Polonia en Francfort ) y el artículo "Posen "). El parecer de Engels acerca del futuro histórico de los eslavos pertenecientes al imperio austríaco se conecta con su idea del papel de los pequeños pueblos en el proceso. histórico. Engels defendía la opinión según la cual, en el transcurso ulterior del desarrollo histórico, cuya tendencia fundamental sería la centralización, los pequeños pueblos perderían su autonomía y terminarían absorbidos por las naciones grandes y más viables. Aducía como ejemplo los gaélicos en Escocia, los bretones en Francia y los vascos en España. Engels también juzgaba desde este punto de vista, la conquista de una parte de México por los Estados Unidos de Norteamérica . Pero la evaluación del destino de los pequeños pueblos que hace Engels no considera que al capitalismo no sólo le es inmanente la tendencia a la centralización, sino también la de la lucha de los pequeños pueblos por su indepen - [106)

sólo recibiera un palabrerío sentimental en vez de hechos revolucionarios. El muy aseverativo canalla de Lamartine era el clásico héroe de esa época de traición al pueblo encubierta por poéticas flores y baratijas retóricas. Los pueblos revolucionados saben qué caro han debido pagar el hecho que por ese entonces, con su bonhomía, creyesen en las grandes palabras y las protestaciones altaneras. En vez de la puesta a salvo de la revolución, cámaras reaccionarias que por doquier socavaban la revolución; en vez del cumplimiento de las promesas hechas sobre las barricadas, las contrarrevo. luciones de Nápoles, París, Viena y Berlín, la caída de Milán, la guerra con· tra Hungría; en vez de la confraternización de los pueblos, la renovación de la Santa alianza2 sobre la más amplia base, bajo el patrocinio de Inglaterra y Rusia. Y los mismos hombres que aún en abril y mayo aclamaban el palabrerío altisonante de la época, tan sólo piensan con sonrojo cómo se dejaron estafar en ese entonces por estúpidos y canallas. · A través de una dolorosa experiencia se aprendió que la "confrater· nización de los pueblos europeos" no se llevará a efecto con mero pala- . brerío y deseos piadosos, sino sólo mediante revoluciones radicales y cruentas luchas; que no se trata de una confraternización de todos los pue· blos europeos bajo una bandera republicana, sino de la alianza de l,y,, pueblos revolucionarios contra los contrarrevolucionarios, alianza que no se llevará a efecto en el papel, sino sólo en el campo de batalla. En toda Europa occidental, estas experiencias amargas pero necesarias dencia y la de su afán de crear un sistema estatal propio. Los erróneos pa· receres de Engels acerca del papel histórico de algunos pueblos eslavos se explican por el hecho que entre 1 848 y 1 849 la indagación marxista de la cuestión nacional todavía se hallaba en su estadio inicial y las experiencias provenientes del movimiento nacional de los pequeños pueblos seguían siendo relativamente escasas. Pero también deben destacarse las salvedades que el mismo Engels hace en sus artículos con respecto al destino de esos pueblos eslavos. Engels dice : "Si en una época cualquiera los eslavos hu· biesen empezado una nueva historia revolucionaria dentro de su opresión, ya habrían probado con ello su viabilidad. A partir de ese instante la revolución se habría interesado por su liberación, y el especial interés de ale· manes y magiares habría desaparecido ante el mayor interés de la revolución europea. " El desarrollo de los pueblos eslavos que pertenec ían a Austria probó convincentemente, durante los cien años transcurridos desde la evaluación de Engels, que son lo bastante viables y fuertes para expugnar la libertad y la independencia, erigir exitosamente su propio estado y construir el socialismo.

2 En los años 1 848 y 1 849 se hizo por parte de las fuerzas contrarevolucionarias de Europa una serie de intentos de revivificar la Santa Alianza de 1 81 5 en la lucha contra el movimiento revolucionario. Pero no se llegó a la conclusión de un nuevo tratado.

La Santa alianza era una liga de las potencias contrarrevolucionarias contra todos los movimientos progresistas de Europa. Fue creada el 26 de setiembre de 1 8 1 5 , a iniciativa del zar Alejandro 1, por los vencedores de Napoleón. Adhirieron a ella, junto con Austria y Prusia, casi todos los estados europeos. Los monarcas se comprometieron a respaldarse recíprocamente para reprimir revoluciones, doquiera estallasen. restaron todo crédito al palabrerío lamartiniano. En cambio en el este sigue habiendo fracciones, fracciones revolucionarias, presuntamente democráticas, que no se cansan de servir de eco a ese palabrerío y a esos sentimentalismos ni de predicar el evangelio de la confraternización de los pueblos europeos. Estas fracciones -haciendo abstracción de algunos exaltados ignorantes de lengua alemana, como el señor A. Ruge, etcétera- son lospaneslavistas democráticos de las diferentes etnias eslavas. Tenemos frente a nosotros el programa del paneslavismo democrático en un folleto: Llamamiento a los eslavos. Por un patriota ruso, Mijáil Bakunin, miembro del Congreso eslavo de Praga, Kothen, 1848. Bakunin es amigo nuestro, pero ello no nos retendrá de someter a crítica su folleto.

Obsérvese cómo, en el mismo comienzo de su llamamiento, Bakunin se ciñe a las ilusiones de marzo y abril pasados: "Ya la primera señal de vida de la revolución fue un grito de odio contra la antigua opresión, un grito de simpatía y amor por todas las nacionalidades oprimidas. Los pueblos. . . sintieron finalmente la ignominia que la vieja diplomacia cargó sobre la humanidad, reconociendo que el bienestar de las naciones jamás estará asegurado mientras en cualquier parte de Europa siga viviendo un solo pueblo bajo la opresión. . . ¡Afuera los opresores, retumbó a una voz; vivan los oprimidos, los polacos, los italianos y todos! ¡No más guerras de conquista, sino la última guerra librada hasta el colmo, la buena lucha de la revolución para la liberación final de todos los pueblos! ¡Abajo las barreras artificiales que los congresos de los déspotas levantaron por la fuerza según así llamadas necesidades históricas, geográficas, comerciales y estratégicas! Ya no tiene que haber otras fronteras divisorias que las que corresponden a la naturaleza y fueron trazadas por la justicia y en el sentido de la democracia, y que delinea la soberana voluntad de los mismos pueblos en base a sus particularidades nacionales. Así cundió el clamor por todos los pueblos (pp. 6, 7)." Ya en este pasaje volvemos a encontrar todo el entusiasmo exaltado de los primeros meses posteriores a la revolución. No se dice nada de los obstáculos que existen en la realidad para tal liberación general, de los grados tan íntegramente diferentes de civilización ni de las necesidades políticas igualmente diferentes de cada uno de los pueblos, y que esos grados condicionan. La palabra "libertad" lo sustituye todo. No se dice cabalmente nada de la realidad, o si acaso ésta entra en consideración, se la pinta como algo absolutamente vituperable, como algo arbitrariamente instaurado por "congresos de déspotas" y "diplomáticos". Frente a esta fea realidad se ubica la presunta voluntad popular con su imperativo categórico, con la exigencia absoluta de "libertad" a secas. Ya vimos quién era el más fuerte. Precisamente porque se metió en una abstracción tan fantasiosa de las condiciones realmente presentes, la presunta voluntad popular fue embromada de modo tan ignominioso. "En virtud de su plenitud de poderes, la revolución declaró disueltos los estados de los déspotas: disuelto el reino prusiano... Austria... el imperio turco... disuelto finalmente el último consuelo de los déspotas, el imperio ruso... y, como meta final de todo, la federación general de las república europeas(p. 8)." EL PANESLAVISMO DEMOCRÁTICO 1 09 De hecho, aquí en Occidente nos debe parecer peculiar que, después que todos esos lindos planes naufragaron en su primer intento de ejecución, uno todavía los pueda enumerar como algo meritorio y grande. En rigor, lo malo fue precisamente que la revolución, sí "declaró disueltos en virtud de su propia plenitud de poderes", al mismo tiempo, "en virtud de su propia plenitud de poderes", no movió un dedo para hacer efectivo su decreto. Por ese entonces fue convocado el Congreso eslavo, el cual se colocó por entero en el punto de vista de estas ilusiones. Obsérvese: "Sintiendo vivamente los vínculos comunes de la historia (?) y de la sangre, hemos jurado no volver a dejar que nuestros sinos se separen uno de otro. Maldiciendo la política de la que tanto tiempo fuimos víctimas, nos hemos re habilitado a noso tros mismos en nuestro derecho a una independencia completa, comprometiéndonos a que en adelante ésta sea común a todos los pueblos eslavos. Hemos adjudicado su autonomía a Bohemia y Moravia. . . hemos extendido nuestra mano fraterna al pueblo alemán, a la Alemania democrática. En nombre de aquellos de nosotros que habitan en Hungría, hemos ofrecido a los magiares, esos sañudos enemigos de nuestra raza. . . una alianza fraternal. Tampoco hemos olvidado en nuestra liga de liberación a aquellos de nuestros hermanos que suspiran bajo el yugo de los turcos. Por supuesto que hemos condenado la política criminal que desgarró tres veces a Polonia. . . Hemos expresado todo esto exigiendo con todos los demócratas de todos los pueblos (?) : la libertad, la igualdad y la fraternidad de todas las naciones" (p. 10). Aún hoy, el paneslavismo democrático levanta estas exigencias: "Por ese entonces nos sentíamos seguros de nuestra causa. . . lajusticia y la humanidad estaban totalmente de nuestro lado, y del lado de nuestros enemigos nada más que la ilegalidad y la barbarie. No nos hemos entregado a ninguna ensoñación vacua, sino a las ideas de la única política verdadera y necesaria, la política de la revolución. "

"Justicia", "humanidad", "libertad", "igualdad", "fraternidad'', "independencia": hasta ahora no hemos encontrado en el manifiesto paneslavista otra cosa que estas categorías más o menos morales que suenan muy lindas por cierto, pero no prueban absolutamente nada en cuestiones históricas y políticas. La "justicia", la "humanidad", la "libertad'', etcétera, pueden reclamar mil veces esto o aquello, pero si la cosa es imposible no sucede, y a pesar de todo sigue siendo una "ensoñación vacua". Si los paneslavistas, a partir del papel que desempeñó la masa de los eslavos desde el Congreso de Praga, se hubiesen esclarecido acerca de sus ilusiones, podrían haber visto que nada se consigue hacer contra la férrea realidad a despecho de todos los deseos piadosos y los lindos sueños que se tengan; que su política tampoco era, como alguna vez lo fue la de la república francesa, la "política de la revolución". ¡Y sin embargo hoy, en enero de 1849, todavía nos vienen con el mismo antiguo palabrería de cuyo contenido Europa occidental se desengañó por obra de la más cruenta contrarrevolución! Una palabra nomás sobre la "confraternización general de los pueblos" y el ·trazado de "fronteras que delinea la soberana voluntad de los 1 10 FRIEDRICH ENGELS mismos pueblos en base a sus particularidades nacionales". Los Estados Unidos y México son dos repúblicas; en ambas el pueblo es soberano. ¿Cómo es que entre ambas repúblicas, que conforme a la teoría moral deberían estar "hermanadas" y "federadas", estalló una guerra a causa de Tejas, y que la "soberana voluntad" del pueblo norteamericano, apoyada en la valentía de los voluntarios norteamericanos, corrió unos cientos de millas más al sur, por "necesidades geográficas, comerciales y estratégicas", las fronteras que trazó la naturaleza? ¿Bakunin les reprochará a los norteamericanos una "guerra de conquista" que, en verdad, da un rudo golpe a su teoría apoyada en la "justicia y humanidad", pero que fue librada única y exclusivamente en interés de la civilización'? ¿O acaso es una desgracia que le hayan arrancado la magnífica California a los haraganes mexicanos, que no supieron hacer nada con ella'? ¿Que los enérgicos yankis multipliquen los medios de circulación por obra de la rápida explotación de las minas de oro allí existentes, concentren en pocos años una densa población y un dilatado comercio en la ubicadísima costa del mar Pacífico, creen grandes ciudades, inauguren servicios de vapores, tiendan una vía férrea de Nueva York a San Francisco, recién abran propiamente a la civilización el océano Pacífico y por tercera vez en la historia den una nueva dirección al comercio mundial'? Con ello podrá sufrir la "independencia" de algunos californianos y tejanos de origen español, y ser vulnerados aquí o allá otros postulados morales, pero ¿qué vale eso contra tales hechos de trascendencia histórica mundial?

Por lo demás, notamos que esta teoría de la confraternización general de los pueblos, que quiere nada más que hermanar al tuntún sin considerar la posición histórica y el grado de desarrollo social de cada pueblo, ya fue combatida por los redactores de la Neue Rheinische Zeitung mucho antes de la revolución, y por cierto que a la sazón lo hicieron en contra de sus mejores amigos, los demócratas ingleses y franceses. Los periódicos democráticos ingleses, franceses y belgas de aquella época contienen las pruebas de ello.3 Ahora bien, en lo específicament.e concerniente al paneslavismo, hemos desarrollado en el núm. 194 de la NRhZ de qué modo éste, aparte de los bienintencionados autoengaños de los paneslavistas democráticos, no tenía en realidad otro objetivo que dar un punto de apoyo a los fragmentados austroeslavos, dependientes de alemanes y magiares en cuanto a historia, literatura, política, comercio e industria, por un lado en Rusia, 3 Véase el artículo de Engels "Das Fest der Nationen in London" ( La Fiesta de las Naciones en Londres ¡ , en Marx·Engels, Werke, Dietz, Berlín, 1 961 , t. 2 , pp. 611·624 ; los "Reden über Polen" ( Discurso sobre Polonia¡ de Marx y Engels ; los artículos de Engels "Louis Blancs Rede auf dem Bankett zu Dijon" [Discurso de Louis Blanc en el banquete de Dijon] y "Die 'zufriedengestellte' Mehrheit "

(La mayoría "contentada "

), así como "Rede über die Frage des Freihandels" [ Discurso sobre la cuestión del librecambio) que Marx pronunció el 9 de enero de 1 848 en la Sociedad democrática de Bruselas, en Marx·Engels, Werke, t. 4, pp. 416-418, 426· 4 28 , 43 2·438 y 444-458.

EL PANESLAVISMO DEMOCR ÁTICO 1 11 y por el otro en la monarquía unitaria austríaca, dominada por la mayoría eslava y dependiente de Rusia. Hemos desarrollado de qué modo tales nacioncitas, remolcadas desde hace siglos por la historia contra su propia voluntad, deben ser necesariamente contrarrevolucionarias, y de qué modo toda su posición en la revolución de 1848 fue realmente contrarrevolucionaria. Frente al manifiesto del paneslavismo democrático que exige la independencia de todos los eslavos sin distingos, debemos volver a este punto. En primer lugar, notemos que el romanticismo político y el sentimentalismo de los demócratas del Congreso eslavo resulta muy disculpable. Con excepción de los polacos -los polacos no son paneslavistas por muy palpables razones-, aquéllos pertenecen a todas las etnias que, o bien son necesariamente contrarre volucionarias debido a su posición histórica global, como los eslavos meridionales, o bien todavía están muy lejos de una revolución, como los rusos, y por ende siguen siendo contrarrevolucionarias, al menos circunstancialmente. Estas fracciones, democráticas gracias a su formación adquirida en el extranjero, buscan armonizar su orientación democrática con su sentimiento nacional que, como se sabe, es muy marcado en los eslavos; y dado que el mundo positivo y la situación real de su país no ofrecen ninguno, o sólo ficticios puntos de contacto para esa reconciliación, no les queda otra cosa que el ultramundano "reino aéreo del sueño", el reino de los deseos piadosos, la política de la fantasía. ¡Qué lindo sería que croatas, panduros y cosacos constituyesen la avanzada de la democracia europea; que el enviado de la república de Siberia presentase sus credenciales en París! Seguro que son perspectivas muy halagüeñas, pero ni siquiera el paneslavista más entusiasta ha de reclamar que la democracia europea aguarde su realización: por de pronto, las naciones cuya independencia específica reclama el manifiesto son precisamente los enemigos específicos de la democracia. Repetimos: fuera de los polacos, los rusos y, a lo sumo, los eslavos de Turquía, ningún pueblo eslavo tiene futuro por la sencilla razón que a todos los restantes eslavos les faltan las primeras condiciones históricas, geográficas, políticas e industriales de la autonoMía y la viabilidad. Pueblos que jamás tuvieron una historia propia; que desde el instante en que ascienden los primeros y más toscos grados de la civilización ya se ponen bajo la férula extranjera o que sólo son compelidos a acceder a los primeros grados de la civilización por obra de un yugo extranjero, no tienen ninguna viabilidad y jamás podrán llegar a autonomía alguna. Y éste fue el sino de los austroeslavos. Los checos, entre quienes nosotros queremos contar incluso a los moravos y los eslovacos, aunque difieran en idioma e historia, jamás tuvieron historia. Desde Carlomagno, Bohemia está encadenada a Alemania. Por un instante la nación checa se emancipa y constituye el gran reino moravo, para en seguida volver a ser sojuzgada y arrojada de aquí para allá como una pelota entre Alemania, Hungría y Polonia durante quinientos años. Luego Bohemia y Moravia pasan definitivamente a Alemania, y las comarcas eslovacas quedan para Hungría. ¿Y esta "nación", que no tiene existencia histórica alguna, reivindica la independencia? Lo mismo [ocurre] con los propiamente llamados eslavos meridiona· 1 1 2 FRIEDRICH ENGELS les. ¿Dónde está la historia de los eslovenos ilirios, de los dálmatas, croatas y chocazos?" A partir del siglo x1 perdieron la última apariencia de independencia política y estuvieron en parte bajo dominio alemán, en parte bajo dominio veneciano y en parte bajo dominio magiar. ¿Y con este ha· rapo desgarrado se quiere frangollar una nación fuerte, independiente, viable?

Más aún. Si los austroeslavos constituyesen una masa compacta como los polacos, los magiares o los italianos; si estuviesen en condiciones de concertar entre ellos un Estado de 12 a 20 millones de habitantes, sus rei· vindicaciones todavía tendrían un carácter serio. Pero ocurre precisamente lo contrario. A modo de amplia cuña, los alemanes y magiares se han entrometido entre ellos hasta los confines de los Cárpatos, y casi hasta el mar Negro, separando a los checos, moravos y eslovacos de los eslavos meridionales por una faja de 60 a 80 millas de ancho. En el norte de la faja, 5 1/2 millones de eslavos, y en el sur 5 1/2 millones, separados por una masa compacta de 10 a 11 millones de alemanes y magiares, que son aliados por historia y necesidad.

Pero ¿por qué los 5 1/2 millones de checos, moravos y eslovacos no podrían formar un reino y los 5 1/2 millones de eslavos meridionales, junto con los eslavos turcos, otro reino? Considérese en el primer mapa lingüístico que venga la distribución de los checos y de sus vecinos lingüísticamente emparentados. Ellos están encajados a modo de cuña en Alemania, pero de ambos lados los corroe y contiene el elemento alemán. La tercera parte de Bohemia habla alemán; en Bohemia hay 17 alemanes por cada 24 checos. Y precisamente los checos han de formar el núcleo del reino eslavo propuesto, pues los moravos también están fuertemente mesturados con alemanes y los eslovacos con alemanes y magiares, y además totalmente desmoralizados en el aspecto nacional. ¡Qué reino eslavo ése, donde finalmente dominaría la burguesía alemana de las ciudades !

Lo mismo con los eslavos meridionales. Los eslovenos y los croatas aíslan a Alemania y a Hungría del mar Adriático, y Alemania y Hungría no se pueden dejar aislar del mar Adriático, por "necesidades geográficas y comerciales" que si no son ningún obstáculo para la fantasía de Bakunin, sin embargo existen y constituyen para Alemania y Hungría cuestiones tan vitales como para Polonia, por ejemplo, la costa báltica de Danzig a Riga. ¡Y allí donde se trate de la existencia, del libre despliegue de todos los recursos de grandes naciones, un sentimentalismo semejante, como la consideración por un par de alemanes o eslavos desbandados, no decidirá nada! ¡Aparte del hecho que esos eslavos meridionales están igualmente mesturados en todas partes con elementos alemanes, magiares e italianos; que aquí también, a la primera ojeada sobre el mapa lingüístico, revienta en harapos inconexos el proyectado reino eslavo meridional y que, en el mejor de los ca8os, el reino entero será librado a las manos de los burgueses 4 Chocazos ( también chocatzos ) : tribu eslava del Sur (de confesión católico-romana ) que habitaba en Hungría meridional y Yugoslavia septen· trional, y en en siglo XVII huyó de Bosnia a la llegada de los tu rcos. EL PANESLAVISMO DEMOCRÁTICO italianos de Trieste, Fiume y Zaza, y de los burgueses alemanes de Agram, Leibach, Karlstadt, Semlin, Pancsova y Weisskirchen! · Pero ¿acaso los austroeslavos meridionales no podrían asociarse con los serbios, bosnios, morlajos5 y búlgaros? Seguro, si fuera de las dificultades enunciadas no siguiese existiendo el antiquísimo odio del fronterizo austríaco contra los eslavos turcos de allende el Save y el Unna; pero estas gentes, que desde hace siglos se conocen recíprocamente como pillos y bandidos, se odian inf mitamente más que eslavos y magiares, pese a todo su parentesco étnico.

¡De hecho, la posición de los alemanes y los magiares sería extremadamente agradable si se hubiese ayudado a los austroeslavos a obtener su llamado "derecho"! ¡Entre Silesia y Austria, enclavado un estado bohemiomoravo independiente; Austria y la Marea Estiria cortadas de su débouché natural, el mar Adriático y el Mediterráneo, por la "república eslava meridional"; el este de Alemania hecho jirones como un pan mordisqueado por las ratas! ¡Y todo esto gracias a que los alemanes se tomaron la molestia de civilizar a los testarudos checos y eslovenos e introducir entre ellos el comercio, la industria, la labranza pasable y la educación! ¡Pero precisamente este yugo impuesto a los eslavos so pretexto de civilizarlos constituye en rigor, y precisamente, uno de los máximos crímenes de los alemanes como de los magiares! Obsérvese nomás: "Con razón se encolerizan ustedes, con razón resuellan venganza ustedes contra esa nefanda política alemana que no tramó otra cosa que su perdición, que los tiranizó durante siglos. .

." (p. 5). ". . . Los magiares, esos sañudos enemigos de nuestra raza, quienes apenas contando cuatro millones se atrevieron a querer poner bajo su yugo a ocho millones de eslavos. . ." (p. 9). "Sé todo lo que hicieron los magiares contra nuestros hermanos eslavos, lo que perpetraron contra nuestra nacionalidad y de qué modo pisotearon nuestra lengua y nuestra independencia" (p. 30).

Ahora bien, ¿cuáles son los grandes y espantosos crímenes de los alemanes y los magiares contra la nacionalidad eslava? Aquí no hablamos de la partición de Polonia, que no viene al caso; hablamos de la "centenaria injusticia" que se habría infligido a los eslavos. En el norte, los alemanes volvieron a conquistarle a los eslavos el territorio ex alemán y luego eslavo entre el Elba y el Warthe, conquista condicionada por "necesidades geográficas y estratégicas" que derivaban de la partición del imperio carolingio. Esas extensiones territoriales eslavas están completamente germanizadas; la cosa quedó finiquitada y no se puede rectificar, a no ser que los paneslavistas vuelvan a dar con Ias perdidas lenguas sorbia, venda y obotrita6 y se las impongan a los habitantes de Leipzig, 5 Mor/ajos (también morlacos) : porciónde la población montañesa de Dalmacia (Yugoslavia). Los morlajos viven en las comarcas de Zadar y Split (Dalmacia septentrional) y en el sur de Istria. Son descendientes de la antigua población iliria latinizada que en el siglo pasado se mezcló con la población serbia circundante. Hoy hablan serbio, pero en los siglos XVI y XVII todavía se conservaban entre ellos locuciones latinas. 6 Lenguas de tribus eslavas del oeste que tras la migración de pueblos Berlín y Stettin. Pero hasta ahora jamás se impugnó que esa conquista estuviese en el interés de la civilización. En el sur encontraron y:a desmenuzadas las tribus eslavas. De ello se habían encargado los ávaros7 no eslavos, que ocuparon el territorio más tarde ocupado por los magiares. Los alemanes sometieron a esos eslavos al pago de censo y libraron más de un combate con ellos. Iguales combates libraron con los ávaros y magiares, a quienes quitaron todo el país entre el Enns y el Leitha. Mientras que aquí germanizaron por la fuerza, la germanización de los países eslavos se operó en son mucho más pacífico, mediante la inmigración y la influencia de la nación más desarrollada sobre la no desarrollada. La industria alemana, el comercio alemán y la educación alemana aportaron automáticamente la lengua alemana al país. En lo atinente a "opresión'', los eslavos no fueron más oprimidos por los alemanes que la masa de los mismos alemanes.

En lo que concierne a los magiares, también hay en rigor, en Hungría, una cantidad de alemanes, y los magiares jamás tuvieron que quejarse de la "nefanda política alemana", ¡aunque los suyos eran "apenas cuatro millones"! ¡Y si los "ocho millones de eslavos" debieron sufrir que durante ocho siglos los cuatro millones de magiares les pusieran el yugo, ello sólo prueba suficientemente quién era más viable y más enérgico, si los muchos eslavos o los pocos magiares!

¡Claro que el máximo "crimen" de los alemanes y los magiares es que impidieron que esos 12 millones de eslavos se volvieran turcos! ¡Qué habría sido de esas pequeñas nacioncitas fragmentadas que han desempeñado un papel tan deplorable en la hisoria, qué habría sido de ellas si los magiares y los alemanes no las hubieran cohesionado y conducido contra los ejércitos de Mohammed y Solimán, si sus llamados "opresores" no hubiesen decidido las batallas libradas en defensa de esas débiles poblaciones! La suerte de los "doce millones de eslavos, valacos y griegos" que hasta el día de hoy "son pisoteados por setecientos mil osmanlíes" (p. 8), ¿no lo dice bastante alto?

Y por fin, ¡qué "crimen", qué "nefanda política", que los alemanes y los magiares, por la época en que en Europa en general las grandes monar· quías se volvían una "necesidad histórica", ensamblasen a todas esas pequeñas nacioncitas mutiladas e impotentes en un gran imperio y de tal ocurrido aproximadamente a partir del siglo V habitaron el país comprendido entre el Elba, el Saale y el Oder. El nombre venda fue , en sus orígenes, una designación colectiva alemana para diferentes pueblos eslavos que después se restringió a los sorbios de Lusacia. Obotritas ( obodritas, abotritas, bodritsas) : designación de varias tribus eslavas de la margen derecha del Elba inferior y del Mecklemburgo occidental. En el siglo XII los obotritas fueron sometidos por señores feudales alemanes y germanizados por la cruz y la espada.

7 Pueblo turco-tártaro que, proveniente de Asia, penetró en el siglo VI hasta Europa central y se estableció en Europa centro-oriental y los Balcanes. Entre los siglos VII y IX fueron batidos por los turcos, los eslavos, los alemanes y los húngaros, y finalmente desaparecieron de la historiografía. EL PANESLAVISMO DEMOCRÁTICO 1 1 5 modo las capacitasen para participar de un desarrollo histórico al cual, abandonadas a sí mismas, hubiesen pennanecido totalmente ajenas! Por supuesto que tal cosa no puede imponerse sin tronchar violentamente más de una amable florcita nacional. Pero en la historia nada se impone sin violencia y sin una férrea desconsideración, y si Alejandro, César y Napoleón hubieran poseído la misma emotividad a que ahora apelan los paneslavistas en favor de sus degenerados clientes, ¡qué habría sido de la historia! ¿Acaso los persas, celtas y gennanos cristianos no valen lo que los checos, ogulinos8 y sereshanos?9 Pero ahora la centralización política, debido a los pujantes progresos de la industria, el comercio y las comunicaciones, se ha vuelto una necesi· dad mucho más apremiante aún que allá por los siglos xv y XVI . Lo que aún tiene que centralizarse, se centraliza. ¿Y ahora vienen los paneslavistas a reclamar que "pongamos en libertad" a esos eslavos semigermanizados, que anulemos una centralización que todos sus intereses materiales le imponen a esos eslavos? En suma, resulta que esos "crímenes" de los alemanes y los magiares contra los eslavos en cuestión pertenecen a los mejores y más apreciables actos de que se puedan jactar en la historia nuestro pueblo y el 'pueblo magiar.

Por lo demás, en lo atinente a los magiares, aquí hay que notar especialmente que éstos, sobre todo a partir de la revolución, procedieron con demasiada condescendencia y demasiada debilidad contra los inflados croatas. Es notorio que Kossuth les consintió todo lo posible, y no solamente que sus diputados pudiesen hablar croata en la Dieta imperial. Y esa condescendencia para con una nación contrarrevolucionaria por naturaleza es lo único que se les puede reprochar a los magiares. [Neue Rheinische Zeitung, núm. 223 del 16 de febrero de 1849] Colonia, 15 de febrero. Ayer concluimos con la prueba de que los austroeslavos jamás tuvieron una historia propia; de que en cuanto a historia, literatura, política, comercio e industria dependen de alemanes y magiares; de que ya están parcialmente gennanizados, magiarizados e italianizados; de que si constituyeran Estados autónomos, no dominarían ellos esos es8 Miembros del regimiento de infantería de fronteras de Karlstadt [ hoy Karlovac, Yugoslavia! , división Ogulin, creado en 1 746. Estaban esta· donados en Ogulin (Croacia occidental ), y de ahí recibieron su nombre en 1 7 53 .

9 Sereshanos (también capas-rojas) : tropa montada especial, asignada desde 1700 a los regimientos de frontera austríacos, para hacer reconoci· mientos y librar guerrillas defensivas contra las incursiones turcas. Estaban vestidos con capas y gorras rojas, y se distinguieron por su particular crueldad . Después de 1 871 cumplieron servicio de gendarmería en la fron· tera serba-austríaca.

tados, sino las burguesías alemana e italiana de sus ciudades y de que, finalmente, ni Hungría ni Alemania pueden tolerar el desgajamiento y la constitución autónoma de esos pequeños e inviables estados intermedios. Todo esto, sin embargo, aún no decidiría nada. Si en una época cualquiera los eslavos hubiesen empezado una nueva historia revolucionaria dentro de su opresión, ya habrían probado con ello su. viabilidad. A partir de ese instante la revolución se habría interesado por su liberación, y el especial interés de alemanes y magiares habría desaparecido ante el mayor interés de la revolución europea.

Pero éste nunca fue el caso precisamente. Los eslavos -volvemos a recordar que aquí excluimos invariablemente a los polacos- siempre fueron precisamente los principales instrumentos de la contrarrevolución. Oprimidos en su casa, fueron en el extranjero los opresores de todas las naciones revolucionarias, hasta donde alcanzara la influencia eslava. Que no se nos replique que aquí actuamos en interés de prejuicios nacionales alemanes. En las revistas alemanas, francesas, belgas e inglesas están las pruebas de que precisamente los redactores de la Neue Rheinische Zeitung, ya mucho antes de la revolución, enfrentaron del modo más decidido todas las obtuseces nacionales alemanas.1 0 Por cierto que, como hicieron muchos otros, no han increpado a los alemanes al tuntún y basándose sólo en lo que oían decir, sino que probaron históricamente y develaron sin miramientos el mísero papel que ha desempeñado Alemania en la historia gracias a su nobleza y a su burguesía y, porsupuesto, gracias a su atrofiado desarrollo industrial, reconociendo invariablemente, frente a los rezagados alemanes, la legitimidad de las grandes naciones históricas de Occidente; los ingleses y los franceses. Pero justamente por eso permítasenos que no compartamos las exaltadas ilusiones de los eslavos y que juzguemos a otros pueblos de modo tan riguroso como hemos juzgado a nuestra propia nación. Hasta ahora siempre se dijo que los alemanes fueron los portalanzas del despotismo en toda Europa. Estamos muy lejos de negar la ignominiosa participación de los alemanes en las ignominiosas guerras contra la Revolución francesa desde 1792 hasta 1815 , y en la opresión de Italia desde 1815 y de Polonia desde 1772, pero ¿quién estaba detrás de los alemanes, quién los usaba como mercenarios o vanguardia suya? Inglaterra y Rusia. ¡Si hasta el día de hoy los rusos se jactan de haber decidido con sus innumerables ejércitos la caída de Napoleón, cosa que, por supuesto, tiene su buena parte de exactitud! Por lo menos se sabe que las tres cuartas partes de los ejércitos que por su superioridad rechazaron a Napoleón desde el Oder hasta París constaban de eslavos, rusos o austroeslavos. ¡Y ahora la opresión de los italianos y los polacos por los alemanes! 1 0 Véase el artículo de Engels "Deutsche Zustiinde " [ Situación alemana) , en Marx-Engels, Werke, t . 2 , pp. 564-584, y " Deutschen Sozialismus in Versen und Prosa" [ Socialismo alemán en verso y prosa f , "Rede über Polen" [ Discurso sobre Polonia) , "Drei neue Konstitutionen " ( Tres nuevas constitucionesf y "Ein Wort an die Riforma " [ Una palabra a la R iforma f , e n Marx-Engels, Werke, t . 4 , pp. 207- 247 , 4 1 7 ·41 8, 51 4-51 8 y 5 26-527. EL PANESLAVISMO DEMOCRÁ',I'ICO 1 1 7 En la partición de Polonia compitieron una potencia totalmente eslava y una semieslava; los ejércitos que reprimieron a KoSciuszk:o eran eslavos en su mayor:ía; los ejércitos de Diebich y Paskevich eran ejércitos exclusivamente eslavos. Y en Italia los tadeschi fueron los únicos que durante años cargaron con la ignominia de pasar por opresores; pero una vez más, ¿de qué constaban los ejércitos que se dejaron usar mejor para reprimir y cuyas brutalidades se achacaron a los alemanes? Nuevamente, de eslavos. Vayan a preguntar a Italia quién reprimió la revolución milanesa y ya no les dirán: los tedeschi -desde que los tedeschi l}icieron una revolución en Viena no se los odia más-, sino: los croati. 1 1 Esta es la palabra con que ahora los italianos sintetizan todo el ejército austríaco, vale decir todo lo que aborrecen más profundamente: ¡i croati! Pero estos reproches serían superfluos e injustificados si los eslavos hubiesen participado seriamente, no importa dónde, en el movimiento de 1848; si se hubieran apurado a entrar en las filas de los pueblos revolucionarios. Un solo y animoso intento de revolución democrática, aunque sea sofocado, borra de la memoria de los pueblos siglos enteros de infamia y cobardía, rehabilita en el acto a una nación, por más profundo desprecio que se le tenga. Los alemanes lo experimentaron el año pasado. Pero mientras franceses, alemanes, italianos, polacos y magiares enarbolaban la bandera de la revolución, los eslavos se ponían como un solo hombre bajo la bandera de la contrarrevolución. Adelante iban los eslavos meridionales, que ya hace muchos años habían defendido sus especiales veleidades contrarrevolucionarias contra los magiares; luego los checos, y en pos de ellos, armados para la batalla y preparados a aparecer en la liza en el momento de la decisión, los rusos. · Se sabe que en Italia los húsares magiares se pasaron masivamente a los italianos; que en Hungría batallones italianos enteros se pusieron a disposición del gobierno revolucionario magiar y siguen luchando bajo la bandera magiar; se sabe que en Viena los regimientos alemanes estuvieron junto al pueblo e incluso en Galitzia no se confiaba para nada en ellos; se sabe que los polacos austríacos y no austríacos lucharon en masas contra los ejércitos austríacos en Italia, Viena y Hungría, y siguen luchando en los Cárpatos, pero ¿dónde se oyó alguna vez que tropas checas o eslavas meridionales se hayan sublevado contra la bandera negriamarilla? Al contrario, hasta ahora sólo se sabe que Austria, conmocionada hasta los cimientos, se conserva en vida gracias al entusiasmo negriamarillo de los eslavos y vuelve a quedar en salvo por un instante; que fueron precisamente los croatas, eslovenos, dálmatas, checos, moravos y rutenos, quienes dotaron a Windischgratz y a Jellai!ii! de contingentes para reprimir la revolución en Viena, Cracovia, Lemberg y Hungría, y de lo que aún ahora nos entera Bakunin es de que el Congreso eslavo de Praga no fue desmenuzado por alemanes, ¡sino por eslavos, y "nada más que eslavos " (p. 33), galitzianos, checos y eslovacos! La revolución de 1848 compelió a todos los pueblos europeos a declararse a favor de ella o en su contra. En un mes todos los pueblos madu1 1 Soldados del ejército imperial austríaco .

l l 8 FRIEDRICH ENGELS ros para la revolución habían hecho su revolución, y todos los pueblos inmaduros se habían aliado contra la revolución. Por ese entonces era menester desenmarañar la confusión de los pueblos de Europa oriental. Importaba qué nación tomaba allí la iniciativa revolucionaria, cuál desarro· liaba la mayor energía revolucionaria y de tal modo se aseguraba el futuro. Los eslavos se quedaron mudos; los alemanes y los magiares, fieles a su posición histórica actual, pasaron al frente, y así los eslavos se arrojaron por completo en brazos de la contrarrevolución.

Pero, ¿y el Congreso eslavo de Praga? Repetimos: los llamados demócratas que hay entre los austroeslavos son o bien canallas o bien fantaseadores, y los fantaseadores que en su pueblo no hallan terreno alguno para las ideas importadas del extranjero, son continuamente llevados de la nariz por los canallas. En el Congreso eslavo de Praga, los fantaseadores tenían la primacía. Cuando a los paneslavistas aristocráticos, señores conde Thun, Palackj y consortes, les pareció peligroso el fantaseo, traicionaron a los fantaseadores a Windischgriitz y a la contrarrevolución negriamarilla. ¡Qué amarga y contundente ironía no hay en el hecho que ese congreso de exaltados, defendido por la exaltada juventud de Praga, fuese dispersado por soldados de su propia nación, y que al fantasioso Congreso eslavo se le enfrentase, como quien dice, un congreso eslavo militar! ¡Es el ejército austríaco, que ocupó Praga, Viena, Lemberg, Cracovia, Milán y Budapest, el real, el activo Congreso eslavo!

Sus frutos prueban cuán inconsistente y poco claro fue el fantaseo del Congreso eslavo. El bombardeo de una ciudad como Praga habría llenado a cualquier otra nación del odio más inextinguible contra los opresores. ¿Qué hicieron los checos? Besaron el látigo que los azotaba hasta dessangrarlos, juraron entusiasmados por la bandera bajo la que fueron acuchillados sus hermanos y ultrajadas sus mujeres. La lucha callejera de Praf:a fue el punto de inflexión de los paneslavistas democráticos de Austria. 2 1 2 En el movimiento social bohemio de 1 848 se pueden diferenciar dos etapas principales. En la primera etapa, desde el comienzo de los acontecimientos de marzo hasta el sofocamiento de la insurrección de Praga, las masas populares checas -el campesinado y el proletariado- tomaron parte activa en el movimiento revolucionario contra el feudalismo y el absolutismo. Esta lucha del pueblo checo coincidía con los intereses del movimiento revolucionario europeo y fue respaldada por Marx y por Engels (véase los artículos "Der Prager Aufstand " [ La insurrección de Praga] y "Demokratischer Charakter des Aufstandes " ( El carácter democrático de la insurrección] , en Marx-Engels, Werke, t. 6, pp. 80·82 y 1 08-1 09. Tras el sofocamiento de la insurrección de Praga, la burguesía liberal checa, que en la lucha contra la revolución y la democracia hiciera causa común con la nobleza y los Habsburgo, consiguió reprimir a las fuerzas democráticas de Bohemia, poner bajo su dirección el movimiento social y llevarlo por las aguas de la lucha nacionalista. De tal modo ese movimiento entró en contradicción con la revolución europea, ya que de ahora en más se convertía en apoyo de la contrarrevolucionaria monarquía habsburguesa e, indirectamente también, del zarismo ruso. Los elementos democráticos del pueblo checo no consiguieron respaldar enérgicamente la revolución EL PANESLAVISMO DEMOCRÁTICO 1 19 Ante la perspectiva de su miserable "autonomía nacional" vendieron la democracia, la revolución, a la monarquía unitaria austríaca, al "centro", a "la cumplimentación sistemática del despotismo en el corazón de Europa", como dice el mismo Bakunin en la p. 29. Y por esta cobarde y baja traición a la revolución un día nos vengaremos cruentamente de los eslavos. No obstante, a estos traidores se les ha vuelto finalmente claro que la contrarrevolución los estafó ; que no hay que pensar ni en una "Austria eslava" ni en un "estado federativo de naciones con igualdad de derechos", ni tan siquiera en instituciones democráticas para los austroeslavos. Jellai!U!, que no es un canalla más gande que la mayoría de los restantes demócratas que hay entre los austroeslavos, se duele con amargura del modo como lo explotaron, y Stratimirovich, para no dejarse explotar más, ha proclamado la abierta insurrección contra Austria. Las asociaciones Slovanská-Lípa1 3 vuelven a enfrentarse al gobiemo por doquier, y diariamente hacen nuevas y dolorosas experiencias de la trampa en que se dejaron apresar. Pero ahora es demasiado tarde; en su propia patria, impotentes contra la soldadesca austríaca que ellas mismas reorganizaron, repelidas por los alemanes y magiares, a quienes traicionaron, y repelidas por la Europa revolucionaria, tendrán que soportar el mismo despotismo militar que ayudaron a cargar sobre vieneses y magiares. "Sean devotos para con el emperador, así las tropas imperiales no los tratan como si fueran magiares rebeldes": en estas palabras del patriarca Rajai!ii! está expresado lo que por de pronto tienen que esperar.

¡De qué modo tan distinto han obrado lospolacos! Oprimidos, tiranizados y esquilmados desde hace ochenta años, se pusieron invariablemente del lado de la revolución, declarando inseparables la revolucionarización de Polonia y la independencia de Polonia. En París, en Viena, en Berlín, en Italia y en Hungría, los polacos han combatido en todas las revoluciones y guenas revolucionarias, sin preocuparse de si luchaban contra alemanes, contra eslavos, contra magiares o, en rigor, contra polacos. Los polacos son la única nación eslava que está libre de toda veleidad paneslavista. Pero también tienen sus muy buenas razones: han sido soju7.1ados principalen la segunda etapa ni desbaratar la política contrarrevolucionaria de la burguesía. Así, es evidente que Marx y Engels, con plena exactitud, evaluaron como contrarrevolucionario el papel del movimiento nacional checo (y eslavo meridional) de 1 848/49, y como reaccionaria la posición de che  cos y eslavos meridionales en la segunda etapa del movimiento , decisiva para la revolución en toda Austria.

Pero en el artículo "Der Prager Aufstand ", Marx y Engels destacaban que la política nacionalista y antieslava de hl burguesía alemana tenía la culpa principal de que los checos hubiesen sido empujados al campo de la contrarrevolución.

Sociedad nacional checa, fundada en abril de J. 848. En Praga, la dirección de la sociedad estaba en manos de liberales ($afafík, Gauč), que tras la insurrección de Praga se pasaron al campo de la contrarrevolución, mientras que en esa época, en las filiales de provincia, los representantes de la burguesía checa radical desempeñaban preponderantemente el papel protagónico.

1 20 FRIEDRICH ENGELS mente por sus propios llamados hermanos eslavos, y en el polaco la rusofobia sigue prevaleciendo sobre la germanofobia, con pleno derecho. Y por éso, dado que la liberación de Polonia resulta inseparable de la revolución y dado que polaco y revolucionario se han vuelto palabras idénticas, por eso también la simpatía de toda Europa para los polacos y la restauración de su nacionalidad son tan seguras como el odio de toda Europa para los checos, croatas y rusos y la más cruenta guerra revolucionaria de todo Occidente contra ellos.

Los paneslavistas austríacos tendrían que ver que todos sus deseos, en tanto se pueden satisfacer en general, ya están satisfechos con la instauración de la "monarquía unitaria austríaca" bajo protección rusa. Si Austria se desmembra, los amenaza el terrorismo t-evolucionario de alemanes y magiares, pero en modo alguno, como se imaginan, la liberación del conjunto de las naciones tiranizadas bajo el cetro de Austria. Por éso deben desear que Austria siga unida y, en rigor, que Galitzia quede para Austria, así los eslavos conservan la mayoría en el estado. O sea que aquí los intereses paneslavistas ya se contraponen directamente a la restauración de Polonia, pues una Polonia sin Galitzia, una Polonia que no vaya desde el Báltico hasta los Cárpatos, no es ninguna Polonia. Y por éso también sigue siendo mero sueño una "Austria eslava", pues sin la supremacía de los alemanes y los magiares, y sin sus dos centros -Viena y Budapest-, Austria se disocia nuevamente, como lo prueba toda su historia hasta los últimos meses. De conformidad con ello, la realización del paneslavismo debería restringirse al patronato ruso sobre Austria. Por ende, los paneslavistas abiertamente reaccionarios tenían toda la razón cuando se aferraban al mantenimiento de la monarquía unitaria: era el único medio de salvar alguna cosa. Pero los llamados paneslavistas democráticos se hallaban en arduo dilema: o bien desistían de la revolución y la monarquía unitaria salvaba por lo menos en parte la nacionalidad, o bien desistían de la nacionalidad y el desmembramiento de la monarquía unitaria salvaba la revolución. Por ese entonces, el destino de la revolución de Europa oriental dependía de la posición de los checos y los eslavos meridionales; ¡no olvidaremos que en el instante decisivo ellos traicionaron la revolución en Petersburgo y Olmütz por amor a sus mezquinas esperanzas nacionales! ¿Qué dirían si el partido democrático de Alemania abriese su programa con el reclamo de Alsacia y Lorena y de Bélgica, que bajo todo aspecto pertenece a Francia, so pretexto que allí la mayoría de la población es germánica? ¡Qué ridículos se pondrían los demócratas alemanes si quisiesen instaurar una alianza pangermánica alemán-danés-sueco-anglo-holandesa para la "liberación" de todos los países germanoparlantes! Felizmente, la democracia alemana pasó por encima de esos fantaseos. Los estudiantes alemanes de 1817 y 1830 se atarearon con semejantes exaltaciones reaccionarias y hoy se los distingue en toda Alemania como se merecen. La revolución alemana se llevó a cabo y la nación alemana empezó a ser algo recién cuando uno se hubo liberado completamente de esas futilidades. Pero tan pueril y reaccionario como el pangermanismo es, asimismo, el paneslavismo. Si uno relee la historia del movimiento paneslavista de la última primavera de Praga, supone que se trasladó treinta años atrás: cintas tricolores, vestimentas de ñaupa, ferias a la antigua usanza eslava, restauración completa de tiempos y costumbres de los bosques primitivos; la svomost, una cabal Burschenschaft;14 el Congreso eslavo, una nueva edición de la Fiesta de Wartburg;1 5 el mismo palabrerío, la misma exaltación, el mismo lamento después: "Habíamos construido una casa imponente",1 6 etcétera. Quien quiera leer esta célebre canción traducida a prosa eslava, que lea el folleto de Bakunin.

Precisamente como a la larga despuntó entre los Burschenschaftler alemanes la más decidida orientación contrarrevolucionaria, la más sañuda francofobia y el más obtuso sentimiento nacional; como más tarde todos se convirtieron en traidores a la causa por la que pretendían estar exalta· dos: precisamente así, sólo que más rápido, porque 1848 era un año de revolución, la apariencia democrática de los paneslavistas democráticos se disolvió muy pronto en germanofobia y magiarofobia fanáticas, en indirecta oposición a la restauración de Polonia (Lubomirski) y en directa adhesión a la contrarrevolución.

Y cuando en la actualidad algunos sinceros demócratas eslavos aislados llaman a los austroeslavos a que adhieran a la revolución, consideren a la monarquía unitaria austríaca como su principal enemigo y estén, en rigor, junto a los magiares en interés de la revolución, recuerdan a la gallina que corretea al borde del estanque desesperada por los patitos que ella misma empolló y que de repente se le escapan por un elemento absolutamente extraño, donde no los puede seguir.

Por lo demás, no nos hagamos ninguna ilusión. En todos los panesla· vistas la nacionalidad, vale decir la nacionalidad fantástica y común a todos los eslavos, prevalece sobre la revolución. Los paneslavistas quieren adherir a la revolución con la condición de que se les permita constituir en estados eslavos autónomos a todos los eslavos sin excepción y sin consideración por las necesidades más materiales. ¡Lejos hubiéramos ido en marzo los alemanes si hubiésemos querido poner las mismas fantásticas condiciones! Pero la revolución no se deja poner condiciones. O uno es revolucionario y acepta las consecuencias de la revolución, sean cuales fueren, o se lanza en brazos de la contrarrevolución y, quizás muy contra su conciencia y su voluntad, se encuentra una mañana de bracete con Nicolás y Windischgriítz. Nosotros y los magiares tenemos que garantizar la autonomía de los 1'I Svornost: organización nacional checa, preponderantemente estu· diantil, surgida en marzo de 1 848 en Bohemia. Burschenschaften: organi· zaciones estudiantiles alemanas, que surgieron influidas por la lucha de liberación antinapoleónica y abogaban por la unificación de Alemania. Además de las ideas progresistas, también estaban muy difundidas en las Burschenschaften las ideas nacionalistas extremas. 1 5 La Fiesta de Wartburg fue organizada por el estudiantado alemán el 1 8 de octubre de 1 8 1 7 , con motivo del 300 aniversario de la Reforma y del 4. aniversario de la batalla de Leipzig. Esta fiesta, en la que se manifestaron sentimientos nacionalistas, se convirtió en una demostración del estudiantado opositor contra el régimen de Metternich. 1 6 Canción de August Daniel Binzer, compuesta en 1 81 9 con motivo de la disolución de la Burschenschaft de Jena.

austroeslavos: así lo reclama Bakunin, y gente del calibre de un Ruge es capaz de haberle hecho realmente tales promesas entre cuatro paredes. ¡Se reclama d e nosotros y de las restantes naciones revolucionarias d e Europa que garanticemos a los rebaños de la contrarrevolución una existencia sin trabas pegada a nuestras puertas y el libre derecho a conspirar y armarse contra la revolución; que constituyamos en medio del corazón de Alemania un reino checo contrarrevolucionario y quebremos el poder de las revoluciones alemana, polaca y magiar con puestos rusos de avanzada intercalados en el Elba, los Cárpatos y el Danubio! No pensamos en eso. Al palabrerío sentimental sobre la hermandad, que aquí se nos brinda en nombre de las naciones contrarrev olucionarias de Europa, respondemos que la rusofobia fue y sigue siendo la primera pasión revolucionaria entre los alemanes; que, a partir de la revolución, se agregaron la checofobia y la croatofobia y que, mancomunados con los polacos y los magiares, sólo podemos poner a salvo la revolución mediante el más decidido tenorismo contra esos pueblos eslavos. Ahora sabemos dónde se concentran los enemigos de la revolución : en Rusia y los países eslavos de Austria, y ningún palabrerío, ninguna indicación sobre un indetenninado futuro democrático de esos países nos impedirá tratar como enemigos a nuestros enemigos.

Y si Bakunin exclama finalmente: "¡En verdad, el eslavo nada tiene que perder, sino que ganar! ¡En verdad, tierie que vivir! Y viviremos. Mientras se nos impugne la mínima parte de nuestros derechos, mientras un - solo miembro se mantenga separado o arrancado del conjunto de nuestro cuerpo, mientras luchemos hasta desangramos, mientras luchemos inexorablemente a vida o m1<lerte, hasta que por fin la eslavidad se yerga grande, libre e independiente en el mundo" . . . ; si el paneslavismo revolucionario cree seriamente en este pasaje y allí donde se trate de la nacionalidad fantástico-eslava deja totalmente fuera de juego a la revolución, entonces también nosotros sabremos lo que tenemos que hacer. · ¡Lucha, pues, "lucha inexorable de vida o muerte" con la eslavidad que traiciona a la revolución ; lucha de aniquilamiento y tenorismo sin contemplaciones, no en interés de Alemania, sino en interés de la revolución! [Traducido de Marx-Engels, Werke, Berlín, Dietz, 1961 , t. 6, pp. 270-286, por Conrado Ceretti.]