["Neue Rheinische Zeitung" – Lassalle]

[La división del trabajo en la “Kölnische Zeitung”]
El paneslavismo democrático

Lassalle

["Neue Rheinische Zeitung", núm. 219 del 11 de febrero de 1849]

*
Colonia
, 10 de febrero. Ayer prometimos <Véase “El proceso por denegación de impuestos”, pág. 259> volver sobre
Lassalle
. Lassalle lleva ya 11 semanas en la cárcel de Düsseldorf, y sólo ahora ha terminado la investigación sobre hechos sencillos y en absoluto negados; sólo ahora decide la Sala del Consejo. Se ha conseguido felizmente que, con tal de atenerse al plazo máximo legal, la Sala del Consejo y el Senado de acusación puedan dilatar el asunto más allá de las próximas Audiencias de jurados de Düsseldorf y agraciar al preso con tres nuevos meses de prisión preventiva.

¡Y qué prisión preventiva!

Se sabe que una comisión de las diversas asociaciones democráticas de Colonia entregó hace poco al procurador general Nicolovius un memorial firmado por unos cuantos miles de ciudadanos, en el que 1.º se pedía la aceleración de la investigación contra los presos políticos de Düsseldorf, y 2.º un trato decoroso de los mismos durante la prisión preventiva. El señor Nicolovius prometió atender en lo posible estas justas demandas.

He aquí un ejemplo de hasta qué punto se preocupan en la cárcel de Düsseldorf por el señor procurador general, por las leyes y por las más elementales consideraciones del decoro:

Un guardián de la cárcel se permitió el 5 de enero algunas brutalidades contra Lassalle y las coronó acudiendo al director y acusando a Lassalle de haberlo brutalizado a él.

Una hora después entra el director, acompañado del juez instructor, en el cuarto de Lassalle, sin saludarlo, y le pide cuentas por ello.

Lassalle lo interrumpe observándole que entre gente culta es costumbre saludarse cuando se entra en el cuarto de alguien, y que él tiene derecho a exigir esa cortesía del director.

Esto fue demasiado para el señor director. Furioso se va hacia Lassalle, lo acorrala contra la ventana y grita con voz lo más alta posible y acompañándose de gesticulaciones de todos sus miembros:

“¡Escuche usted, usted es aquí
mi
prisionero y nada más, usted tiene que someterse al reglamento de la casa, y si no gusta de ello, haré que lo arrojen al
calabozo
, y aún
peores cosas
pueden sucederle!”

A raíz de esto, Lassalle se exaltó igualmente y declaró al director: que él no tenía derecho a castigarlo según el reglamento de la casa, pues era preso preventivo; los gritos no sirven de nada ni prueban nada; aunque esta casa sea una prisión,
aquí
está su cuarto, y cuando el director entra (señalando con el dedo)
aquí, en su cuarto
, tiene que saludarlo.

Entonces el director perdió todo el sentido. Se acercó a Lassalle pegado a su cuerpo, se echó hacia atrás con el brazo extendido y gritó:

“¡No gesticule con el dedo, o le planto ahora mismo, con mi propia mano, una bofetada en la cara, que…!”

Lassalle requirió enseguida al juez instructor como testigo de este maltrato inaudito y se puso bajo su protección. El juez instructor trató entonces de apaciguar al director, cosa que no consiguió hasta después de que éste amenazase repetidamente con abofetearlo.

Tras esta edificante escena, Lassalle se dirigió al procurador del Estado, von Ammon, con la solicitud de [abrir una investigación] contra el director, el señor Morret. En efecto, las violencias del director no constituyen meramente un maltrato y un grave insulto, sino también una extralimitación de sus atribuciones oficiales.

El señor von Ammon respondió que las investigaciones por extralimitación en el ejercicio del cargo por parte de los funcionarios de prisiones no podían incoarse sin la previa autorización de la autoridad administrativa, y remitió a Lassalle al Gobierno. Se apoyó para ello en no sé qué vieja orden de gabinete de 1844.

El art. 95 de la llamada Constitución otorgada declara:

“No se necesita ninguna autorización previa de las autoridades para demandar judicialmente a los funcionarios públicos civiles o militares por las violaciones del derecho cometidas por extralimitación de sus atribuciones oficiales.”

El art. 108 de la misma Carta deroga expresamente todas las leyes que estén en contradicción con ella. Pero en vano se remitió Lassalle al art. 95 frente al procurador del Estado; el señor von Ammon insistió en su conflicto de competencias y lo despidió con la agradable observación: “¡Parece usted olvidar que es un preso preventivo!”

¿No teníamos razón al decir que la denominada Constitución había sido otorgada solamente contra nosotros, mas no contra los señores funcionarios?

Así pues, ofrecimiento de bofetadas, calabozo y
castigo corporal
–pues eso era lo “peor” que el señor Morret se reservaba–, ¡ése es el “trato decoroso” que se prometió a la comisión para los presos políticos!

Observamos de paso que, según la ley, las cárceles de prisión preventiva deben estar
totalmente separadas
de las penitenciarías y los presos de las primeras estar sometidos a un régimen completamente distinto al de los penados. ¡Pero en Düsseldorf no existe ninguna cárcel especial de prisión preventiva, y los presos preventivos, después de haber sido encerrados ilegalmente en una penitenciaría, han de verse además sometidos al
reglamento interior de los penados
, arrojados al calabozo y tratados a golpes de bastón! ¡Y para alcanzar este loable objetivo con Lassalle, el P. P. Morret ha convocado una comisión disciplinaria que ha de hacer partícipe al señor Lassalle de las susodichas amenidades! ¡Y los señores jueces instructores y procuradores parecen dejar pasar todo esto tranquilamente o atrincherarse tras un conflicto de competencias!

Lassalle se ha dirigido al procurador general. Por nuestra parte, hacemos público todo el asunto para que la voz pública apoye la queja del preso.

Por lo demás, nos enteramos de que por fin han sacado a Lassalle de la celda de aislamiento y lo han encerrado al menos en la misma cárcel que Cantador.