En u n a s t r e s s e m a n a s (e l 21 d e s e p t ie m b r e ) e x p ir a r á el
armisticio concertado por la traición de Carlos Alberto.259
Francia e Inglaterra se han ofrecido como mediadores. El
Spectateur Républicain, órgano de Cavaignac, informa que Austria
no ha manifestado, hasta ahora, si acepta o rechaza esta propuesta.
El dictador de Francia se muestra furioso ante la descortesía aus
tríaca y amenaza con una intervención armada si el gabinete de Viena no contesta antes de una determinada fecha o rechaza la media
ción. Ahora bien, ¿dejará Austria, sobre todo ahora, después de la
victoria lograda sobre la democracia vienesa y sobre los “rebeldes”
italianos, que un Cavaignac le dicte la paz? Austria sabe muy bien
que la burguesía francesa quiere la “paz a toda costa”, que a esa bur
guesía le tiene sin cuidado que Italia goce de libertad o gima bajo
la servidumbre y que estará dispuesta a acceder a todo, con tal de
que no se le deje en ridículo ante el mundo, obligándola a empu
ñar la espada contra su voluntad. Se dice que Radetzky hará una
breve visita a Viena para pronunciar allí su palabra decisiva con
respecto a la mediación. Claro está que para eso no necesita viajar
a Viena. Su política se halla ahora en su apogeo y sus puntos de vis
ta no perderán nada de su fuerza aunque permanezca en Milán.
Suponiendo que Austria se presentara a concertar la paz, como lo
quieren Inglaterra y Francia, no lo haría por miedo a la interven259 Véase supra, nota 82.

don de Cavaignac, sino por razones mucho más imperiosas y apre
miantes.
Los italianos se han dejado engañar por los acontecimientos de
marzo, ni más ni menos que los alemanes. Aquéllos creyeron que
se había puesto fin de una vez a la dominación extranjera; éstos,
por su parte, pensaron que el viejo régimen había fenecido para
siempre. Pero la dominación extranjera en Italia es ahora más dura
que nunca, y en Alemania vemos que el viejo régimen, después de
reponerse de los dos o tres golpes recibidos en marzo, se impone
con mayor furia y sed de venganza que antes.
El error de los italianos consiste, ahora, en esperar la salvación
del actual gobierno de Francia. Sólo el derrocamiento de este
gobierno podría salvarlos. Los italianos se equivocan, además, en
creer que su país podrá liberarse mientras la democracia pierde cada
vez más terreno en Francia, Alemania, etc. La reacción, que ahora
asesta sus golpes sobre Italia, no es un hecho puramente italiano
sino europeo. Italia no podrá librarse por sí sola de las garras de
esta reacción, y menos que nunca apelando a la burguesía francesa
que forma precisamente el gran baluarte de la reacción en toda
Europa.
Para poder acabar con la reacción en Italia y en Alemania, lo
primero es derrotarla en la misma Francia. Lo primero, por tanto,
en proclamar allí la República democràtico-social, lograr que el pro
letariado francés ponga el pie sobre la cerviz de su burguesía; sólo
entonces se podrá pensar en la victoria estable de la democracia en
Alemania, Polonia, Hungría, etcétera.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 91,1 de septiembre de 1848]