"Neue Rheinische Zeitung" - Sesión de la Asamblea de Acuerdo del 4 de julio (Segundo artículo)

Sesión de la Asamblea de Acuerdo del 4 de julio

(Segundo artículo)

["Neue Rheinische Zeitung" núm. 41 del 11 de julio de 1848]

Köln
, 9 de julio. Qué acto de justicia tan urgentemente necesario para con los polacos es el nombramiento de una comisión de investigación con plenos poderes, se desprende del informe que hemos comenzado a dar desde hace tres días, basándonos en documentos auténticos.

Los viejos funcionarios prusianos, ya de antemano en una posición hostil hacia los polacos, se veían amenazados en su existencia por las promesas de reorganización. El menor acto de justicia hacia los polacos les acarreaba peligro. De ahí la furia fanática con que, apoyados por la soldadesca desatada, se lanzaron sobre los polacos, violaron los convenios, maltrataron a las personas más inofensivas, dejaron cometer o sancionaron las mayores infamias, sólo para obligar a los polacos a una lucha en la que su aplastamiento por la colosal superioridad de fuerzas era seguro.

El ministerio Camphausen, no sólo débil, irresoluto, mal informado, sino incluso
deliberadamente
inactivo por principio, dejó que todo marchara como marchaba. Se cometieron las barbaridades más espantosas, y el señor Camphausen no movió un dedo.

¿Qué informes se nos presentan ahora sobre la guerra civil de Posen?

Aquí, los informes partidistas e interesados de los causantes de la guerra, los funcionarios, los oficiales, y los datos basados en ambos que puede proporcionar el ministerio. El ministerio es también
parte
, mientras el señor Hansemann siga en él. Estos documentos son partidistas, pero son
oficiales
.

Allá, los hechos recogidos por los polacos, sus escritos de queja al ministerio, en particular las cartas del arzobispo Przyluski a los ministros. Estos documentos no tienen, en su mayoría, carácter oficial, pero sus autores se ofrecen a probar la verdad.

Las dos clases de informes se contradicen totalmente, y la comisión tiene que investigar cuál de las partes tiene razón.

Ello no puede hacerlo —descontados unos pocos casos excepcionales— más que trasladándose al lugar de los hechos y esclareciendo al menos los puntos más importantes mediante interrogatorios de testigos. Si se le prohíbe esto, toda su actividad será ilusoria; podrá ejercer cierta crítica histórico-filológica, declarar más verosímil uno u otro informe, pero decidir no puede.

Todo el significado de la comisión depende, pues, de la facultad de interrogar testigos, y de ahí el celo de todos los devoradores de polacos en la Asamblea por eliminarla mediante toda clase de razones profundas y sutiles, de ahí el golpe de estado al final de la sesión.

El diputado
Bloem
dijo en el debate del 4 [de julio]:

«¿Acaso se investiga la verdad cuando, como pretenden algunas enmiendas, se quiere sacar la verdad de los proyectos del gobierno? ¡Verdaderamente, en modo alguno! ¿De dónde han surgido los proyectos del gobierno? En su mayor parte, de los informes de los funcionarios. ¿De dónde han salido los funcionarios? Del viejo sistema. ¿Han desaparecido esos funcionarios? ¿Se han nombrado nuevos consejeros rurales mediante elección popular? De ningún modo. ¿Estamos informados por los funcionarios sobre el verdadero estado de ánimo? Los viejos funcionarios informan hoy exactamente igual que antes. Por tanto, está claro que la mera inspección de los expedientes ministeriales no nos conducirá a nada.»

El diputado
Richter
va aún más lejos. Ve en la conducta de los funcionarios de Posen tan sólo la consecuencia extrema, pero necesaria, del mantenimiento del viejo sistema administrativo y de los viejos funcionarios en general. Conflictos análogos entre el deber del cargo y el interés de los viejos funcionarios pueden presentarse cualquier día también en otras provincias.

«Desde la revolución, hemos tenido un ministerio distinto e incluso un segundo; pero el ministerio es tan sólo el alma, tiene que organizar de modo uniforme en todas partes. En cambio, en las provincias, la vieja organización administrativa ha seguido siendo la misma por doquier. ¿Quieren ustedes otra imagen? No se echa el vino nuevo en odres viejos y podridos. De este modo tenemos en el Gran Ducado las quejas más terribles. ¿No deberíamos ya por esta sola razón nombrar una comisión, para que se vea cuán necesario es sustituir en otras provincias, lo mismo que en Posen, la vieja organización por una nueva, adecuada a los tiempos y a las circunstancias?»

El diputado
Richter
tiene razón. Después de una revolución, la renovación de todos los funcionarios civiles y militares, así como de una parte de los judiciales, y en particular de los
parquets
, es la primera necesidad. De lo contrario, las mejores medidas del poder central naufragan ante la resistencia obstinada de los subalternos. La debilidad del gobierno provisional francés, la
debilidad del ministerio Camphausen han dado amargos frutos a este respecto.

Pero en Prusia, donde una jerarquía burocrática perfectamente organizada desde hace cuarenta años ha gobernado en la administración y en el ejército con poder absoluto, en Prusia, donde precisamente esa burocracia era el enemigo principal al que se había vencido el 19 de marzo, aquí la renovación completa de los funcionarios civiles y militares era infinitamente más urgente aún. Pero el ministerio de la conciliación no tenía, naturalmente, la vocación de llevar a cabo necesidades revolucionarias. Tenía, según confesión propia, la vocación de no hacer absolutamente nada, y dejó, por tanto, entre tanto, el poder real en manos de sus viejos adversarios, los burócratas. «Conciliaba» la vieja burocracia con las nuevas condiciones; a cambio, la burocracia le «conciliaba» la guerra civil de Posen y la responsabilidad por crueldades como no se habían visto desde la Guerra de los Treinta Años.

El ministerio Hansemann, heredero del ministerio Camphausen, había tenido que hacerse cargo de todos los activos y pasivos de su causante, es decir, no sólo de la mayoría en la Cámara, sino también de los acontecimientos de Posen y de los funcionarios posnanianos. El ministerio estaba, pues, directamente interesado en hacer que la investigación de la comisión fuera lo más ilusoria posible. Los oradores de la mayoría ministerial, y sobre todo los juristas, emplearon todo su arsenal de casuística y sutilezas para descubrir una razón profunda y de principio por la cual la comisión no debía interrogar testigos. Nos llevaría demasiado lejos entrar aquí en la admiración de la jurisprudencia de un Reichensperger, etc. Tenemos que limitarnos a sacar a la luz la concienzuda disertación del señor ministro
Kühlwetter
.

El señor
Kühlwetter
, dejando de lado por completo la cuestión material, comienza con la declaración de cuán sumamente grato será para el ministerio que comisiones de esa índole le echen una mano en el cumplimiento de su difícil tarea mediante aclaraciones, etc. Sí, si el señor Reuter no hubiera tenido la feliz ocurrencia de proponer una comisión semejante <Véanse los «Debates de la Asamblea de Acuerdo»>, el señor Kühlwetter habría insistido por sí mismo en ello. Bastaba con dar a la comisión encargos bien amplios (para que no acabase nunca); él estaba de acuerdo en que no era en modo alguno necesaria una angustiosa ponderación. La comisión podía incluir en el ámbito de su actividad todo el pasado, el presente y el futuro de la provincia de Posen; siempre que se tratase únicamente de aclaraciones, el ministerio no examinaría con escrúpulo la competencia de la comisión. Cierto que se podía ir demasiado lejos, pero dejaba a la sabiduría de la comisión decidir si quería, por ejemplo, incluir también la cuestión de la destitución de los funcionarios de Posen.

Hasta aquí las concesiones introductorias del señor ministro que, aderezadas con algunas declamaciones bonachonas, merecieron varios bravos entusiastas. Ahora vienen los
peros
.

«
Pero
cuando se ha observado que los informes sobre Posen no podían arrojar una luz correcta, porque proceden sólo de funcionarios, y además de funcionarios de la vieja época, considero mi deber salir en defensa de un estamento honorable. Si es verdad que algunos funcionarios no han sido fieles a su deber, castíguese a esos individuos que han faltado a su deber, pero nunca se debe denigrar al
estamento
de los funcionarios porque algunos de sus miembros hayan violado su deber.»

¡Con qué audacia se presenta el señor Kühlwetter! Ciertamente ha habido casos aislados de violación del deber, pero en conjunto los funcionarios han cumplido su deber de manera honorable.

Y, en efecto, la masa de los funcionarios de Posen
ha
cumplido su «deber», su «deber respecto a su juramento del cargo», respecto a todo el viejo sistema prusiano de burocracia, respecto a su propio interés, coincidente con ese deber. Han cumplido su deber en la medida en que todo medio les parecía bueno para aniquilar el 19 de marzo en Posen. Y precisamente por eso, señor Kühlwetter, es «deber» de usted destituir en masa a esos funcionarios.

Pero el señor Kühlwetter habla del deber definido por las leyes prerrevolucionarias, allí donde se trata de un deber completamente distinto, que aparece después de cada revolución y que consiste en aprehender correctamente las relaciones transformadas y en fomentar su desarrollo. Y pretender que los funcionarios cambien el punto de vista burocrático por el constitucional, que se sitúen, tanto como los nuevos ministros, en el terreno de la revolución, ¡eso significa, según el señor Kühlwetter, denigrar a un estamento honorable!

También el reproche de que se ha favorecido a jefes de partido y de que los crímenes han quedado impunes lo rechaza el señor Kühlwetter en esa generalidad. Hay que señalar casos concretos.

¿Pretende acaso seriamente el señor Kühlwetter que se haya castigado siquiera una mínima parte de las brutalidades y crueldades perpetradas por la soldadesca prusiana, toleradas y apoyadas por los funcionarios, aclamadas por los alemanes-polanos y los judíos? El señor Kühlwetter dice que hasta ahora no ha podido examinar el colosal material desde todos los lados. En efecto, parece como si, a lo sumo, lo hubiese examinado desde un solo lado.

Pero ahora aborda el señor Kühlwetter la «cuestión más difícil y delicada», a saber, la de en qué
formas
debe actuar la comisión. El señor Kühlwetter habría deseado que esta cuestión se discutiera más a fondo, pues «en esta cuestión está planteada, como con razón se ha señalado, una cuestión de principio, la cuestión del droit d'enquête <derecho de investigación>».

El señor Kühlwetter nos obsequia ahora con una dilatada exposición sobre la división de poderes en el Estado, que sin duda contenía muchas novedades para los campesinos de la Alta Silesia y de Pomerania que se hallaban en la Asamblea. Causa una impresión extraña oír, en el año de gracia de 1848, a un ministro prusiano, y además un «ministro de la acción», explicar en la tribuna con solemne seriedad a Montesquieu.

La división de poderes, que el señor Kühlwetter y otros grandes filósofos del Estado consideran como un principio sagrado e inviolable con la más profunda veneración, no es en el fondo otra cosa que la profana división industrial del trabajo, aplicada al mecanismo estatal para su simplificación y control. Como todos los demás principios sagrados, eternos e inviolables, sólo se aplica en la medida en que conviene a las relaciones existentes. Así, por ejemplo, en la monarquía constitucional, el poder legislativo y el ejecutivo se confunden en la persona del príncipe; además, en las Cámaras, el poder legislativo se confunde con el control sobre el ejecutivo, etc. Estas indispensables restricciones de la división del trabajo en el Estado las expresan ahora los estadistas de la fuerza de un «ministro de la acción» del siguiente modo:

"El poder legislativo, en la medida en que es ejercido por la representación popular, tiene sus propios órganos; el poder ejecutivo tiene los suyos, y no menos el poder judicial. No es, por tanto (!), admisible que uno de esos poderes recurra directamente a los órganos del otro, a menos que le sea transferido por una ley especial."

La desviación de la división de poderes no es admisible, ¡"a menos que esté prescrita por una ley especial"! Y, a la inversa, ¡la aplicación de la división de poderes prescrita tampoco es admisible, "a menos que esté prescrita por leyes especiales"! ¡Qué profundidad! ¡Qué revelaciones!

El señor Kühlwetter no habla en absoluto del caso de una revolución, en el que la división de poderes cesa sin "una ley especial".

El señor Kühlwetter se extiende ahora en una disquisición sobre el hecho de que el pleno poder otorgado a la comisión para tomar declaración jurada a testigos, requisar funcionarios, etc., en suma, para ver con sus propios ojos, constituiría una injerencia en la división de poderes y tendría que ser fijado por una ley especial. Como ejemplo se aduce la Constitución belga, cuyo artículo 40 otorga expresamente a las Cámaras el droit d'enquête.

Pero, señor Kühlwetter, ¿existe acaso en Prusia, legal y realmente, una división de poderes en el sentido en que usted entiende la palabra, en sentido constitucional? ¿No es la división de poderes existente la restringida, la recortada, la que corresponde a la monarquía absoluta, a la monarquía burocrática? ¿Cómo pueden aplicarse entonces a ella frases constitucionales, antes de que haya sido reformada constitucionalmente? ¿Cómo pueden tener los prusianos un artículo 40 de la Constitución, mientras esa misma Constitución no existe en absoluto?

Resumamos. Según el señor Kühlwetter, el nombramiento de una comisión con poderes ilimitados es una injerencia en la división constitucional de poderes. La división constitucional de poderes no existe aún en Prusia; por consiguiente, tampoco se puede injerir nadie en ella.

Pero se supone que ha de introducirse, y durante la interinidad revolucionaria en que vivimos debe darse por supuesta, a juicio del señor Kühlwetter, como ya existente. ¡Si el señor Kühlwetter tuviera razón, entonces también habría que dar por supuestas, ciertamente, las excepciones constitucionales! ¡Y entre esas excepciones constitucionales figura precisamente el derecho de investigación de los cuerpos legislativos!

Pero el señor Kühlwetter no tiene en modo alguno razón. Al contrario: la interinidad revolucionaria consiste precisamente en que la división de poderes queda suspendida provisionalmente, en que la autoridad legislativa arrebata momentáneamente el poder ejecutivo, o la autoridad ejecutiva arrebata el poder legislativo. Es del todo indiferente que la dictadura revolucionaria (es una dictadura, por muy laxa que se ejerza) esté en manos de la Corona, de una Asamblea o de ambas conjuntamente. Si el señor Kühlwetter quiere ejemplos de los tres casos, la historia de Francia desde 1789 los proporciona en abundancia.

La interinidad a la que apela el señor Kühlwetter prueba justamente en contra suya. Otorga a la Asamblea atributos muy distintos del mero derecho de investigación: ¡le otorga incluso el derecho de transformarse, llegado el caso, en un tribunal y condenar sin leyes!

Si el señor Kühlwetter hubiera previsto estas consecuencias, tal vez habría obrado con algo más de cautela respecto al "reconocimiento de la revolución".

Pero consuélese:

Deutschland, die fromme Kinderstube,

Ist keine römische Mördergrube,

<H. Heine, "Zur Beruhigung">

y los señores conciliadores, por más que se empeñen en permanecer sentados, nunca se convertirán en un "Parlamento largo".

Si, por lo demás, comparamos al doctrinario de oficio del ministerio de la acción con su predecesor en el doctrinarismo, el señor Camphausen, encontramos una diferencia significativa. El señor Camphausen poseía, en todo caso, infinitamente más originalidad; lindaba con Guizot, pero el señor Kühlwetter no alcanza ni siquiera al insignificante lord John Russell.

Ya hemos admirado bastante la plenitud iusfilosófica del discurso del señor Kühlwetter. Consideremos ahora el propósito, la verdadera razón práctica de esta sabiduría mohosa, de toda esta teoría montesquiana de la división de poderes.

El señor Kühlwetter pasa ahora, en efecto, a las consecuencias de su teoría. El ministerio está excepcionalmente dispuesto a ordenar a las autoridades que ejecuten lo que la comisión considere necesario. Sólo tiene que oponerse a que los encargos a las autoridades partan directamente de la comisión; es decir, la comisión, sin contacto directo con las autoridades, sin poder sobre ellas, no puede obligarlas a proporcionarle otra información que la que las autoridades tengan a bien darle. ¡Y encima la marcha lenta de los trámites, el interminable conducto de instancias! ¡Un lindo medio para, bajo el pretexto de la división de poderes, hacer ilusoria a la comisión!

"No puede ser la intención transferir a la comisión toda la tarea que incumbe al gobierno."

¡Como si a alguien se le ocurriera otorgar a la comisión el derecho de gobernar!

"El gobierno tendría que seguir investigando, al lado de la comisión, las causas que han provocado la discordia en Posen" (precisamente el hecho de que ya lleva tanto tiempo "investigando" y aún no ha averiguado nada es motivo suficiente para dejarlo ahora completamente al margen), "y, al perseguir este objetivo por doble vía, es de temer que a menudo se malgasten tiempo y esfuerzos y que apenas puedan evitarse las colisiones."

Según los antecedentes habidos hasta ahora, la comisión ciertamente malgastaría mucho "tiempo y esfuerzos" si aceptara la propuesta del señor Kühlwetter y se enredara en el prolongado conducto de instancias. Las colisiones son también mucho más fáciles por esta vía que cuando la comisión se comunica directamente con las autoridades y puede aclarar al instante los malentendidos y sofocar las veleidades de rebeldía burocrática.

"Por tanto (!) parece radicar en la naturaleza de la cosa que la comisión busque alcanzar el objetivo de acuerdo con el ministerio y bajo su cooperación constante."

¡Cada vez mejor! ¡Una comisión que debe controlar al ministerio, pero de acuerdo con él y bajo su constante cooperación! El señor Kühlwetter no se recata en dejar traslucir que considera deseable que la comisión esté bajo su control y no él bajo el de ella.

"Si en cambio la comisión quisiera adoptar una posición aislada, tendría que plantearse la cuestión de si entonces quiere y puede asumir la responsabilidad que incumbe al ministerio. Con tanta verdad como ingenio se ha hecho ya la observación de que la inviolabilidad de los diputados no es conciliable con esa responsabilidad."

No se trata de administración, sino simplemente de la constatación de hechos. La comisión debe recibir plenos poderes para aplicar los medios necesarios a tal fin. Eso es todo. Se sobreentiende que es responsable ante la Asamblea tanto por la aplicación negligente como por la aplicación excesiva de esos medios.

Todo este asunto tiene tan poco que ver con la responsabilidad ministerial y la irresponsabilidad de los diputados como con la "verdad" y el "ingenio".

En fin, el señor Kühlwetter recomendó encarecidamente estas propuestas para resolver la colisión a los conciliadores, bajo el pretexto de la división de poderes, si bien sin formular una propuesta concreta. El ministerio de la acción se siente en terreno inseguro.

No podemos detenernos en la discusión ulterior. Las votaciones son conocidas: la derrota del gobierno en la votación nominal, el golpe de Estado de la derecha, que aprobó a posteriori una cuestión ya rechazada. Ya hemos relatado todo esto. Sólo añadimos que entre los renanos que votaron contra los plenos poderes incondicionales de la comisión nos llaman la atención los siguientes nombres:

Arntz, Dr. jur. Bauerband, Frencken, Lensing, v. Loe, Reichensperger II, Simons y el último, pero no el menor, nuestro procurador jefe Zweiffel.