Vereinbarungsdebatte

["Neue Rheinische Zeitung" Nr. 39 del 9 de julio de 1848]

Colonia
, 8 de julio. Junto con la noticia de la disolución del ministerio Hansemann nos llega también el informe taquigráfico de la sesión de conciliación del 4 de julio. En esta sesión se dio a conocer el primer síntoma de dicha disolución, la salida del señor Rodbertus, y al mismo tiempo se dio un paso significativo en el desmoronamiento del ministerio mediante las dos votaciones contradictorias sobre la comisión de Posen y la retirada de la izquierda.

Los anuncios de los señores ministros acerca de la salida de Rodbertus no contienen nada nuevo, tampoco en el informe taquigráfico. Los pasamos por alto.

Se levantó el señor
Forstmann
: Debía protestar contra las expresiones que el señor Gladbach había empleado el 30 de junio respecto a la «diputación de los hombres más honorables de Renania y Westfalia». <Véase
"Berliner Vereinbarungsdebatten", pág. 182
>

El señor
Berg
: Ya hace unos días, en relación con el reglamento, hice la observación de que la lectura del escrito no venía al caso y de que me aburría. <Véase
"Berliner Vereinbarungsdebatten"
> (Grito:
¡Nos aburre!) Bien,
nos
aburre. He hablado por mí y por varios más, y el hecho de que hoy se nos aburra con una observación complementaria no anula dicha observación.

El señor
Tüshaus
, ponente de la sección central en la cuestión de la comisión de Posen, presenta su informe. La sección central propone que se nombre la comisión para investigar todas las cuestiones relativas al asunto de Posen, y deja abierta la cuestión de qué medios debe tener la comisión a su disposición para este fin.

Los señores Wolff, Müller, Reichensperger II y Sommer han presentado enmiendas, todas las cuales son apoyadas y pasan a discusión.

El señor
Tüshaus
añade a su informe algunas observaciones en las que se pronuncia contra la comisión. La verdad, como siempre, se halla también esta vez manifiestamente en el término medio, y tras largos y contradictorios informes sólo se llegará al resultado de que ambas partes han cometido injusticias. Con ello se estaría exactamente en el mismo punto que ahora. Al menos debería pedirse primero al gobierno un informe detallado y luego decidir lo demás a partir de él.

¿Cómo es que la sección central elige un ponente que toma la palabra en contra de su propio informe?

El señor
Reuter
expone las razones que le indujeron a presentar la moción para el nombramiento de la comisión. Observa por último que en modo alguno había pretendido una acusación contra los ministros; como jurista sabe demasiado bien que toda la responsabilidad ministerial hasta ahora es ilusoria mientras no exista una ley sobre este punto.

El señor
Reichensperger II
se levanta. Asegura sus enormes simpatías por Polonia; espera que no esté lejano el día en que la nación alemana salde una antigua deuda de honor con los nietos de Sobieski. (¡Como si esa deuda de honor no estuviera saldada ya desde hace mucho tiempo con ocho repartos de Polonia, con metralla, piedra infernal y bastonazos!) “Pero también tendremos que mantener la más tranquila sensatez para que los intereses alemanes estén siempre en primer lugar.” (Los intereses alemanes consisten naturalmente en quedarse con la mayor parte posible del territorio.) Y el señor Reichensperger se manifiesta especialmente en contra de una comisión para investigar los hechos: «Ésta es una cuestión que corresponde expresamente <En el informe taquigráfico: exclusivamente> a la
historia
o a los tribunales.» ¿Ha olvidado el señor Reichensperger que él mismo declaró en el debate sobre la revolución que los señores estaban allí para
«hacer historia»
? <Véase
«El debate berlinés sobre la revolución», pág. 75
> Termina con una sutileza jurídica acerca de la posición de los diputados. Más tarde volveremos sobre la cuestión de competencia.

Pero ahora se levanta el señor
Bauer
, de Krotoschin, él mismo un polaco-alemán, para defender los intereses de su gremio.

«Habría rogado con gusto a la Asamblea que corriese un velo sobre el pasado y se ocupase sólo del porvenir de un pueblo que reclama nuestra participación con todo derecho.»

¡Qué conmovedor! ¡El señor Bauer, de Krotoschin, está tan prendado de la participación en el porvenir del pueblo polaco, que quisiera «correr un velo» sobre su pasado, sobre las barbaries perpetradas por la soldadesca prusiana, los judíos

y los polacos-alemanes! ¡En interés de los propios polacos se debe dejar caer el asunto!

«¿Qué se espera de discusiones tan entristecedoras? Si ustedes encuentran culpables a los alemanes, ¿van a preocuparse por ello menos de la salvaguarda de su nacionalidad, de la seguridad de su persona y de su propiedad?»

¡En efecto, una franqueza magnífica! ¡El señor Bauer, de Krotoschin, admite que los alemanes podrían eventualmente no tener razón —pero aunque así fuera, la nacionalidad alemana debe ser apoyada a costa de los polacos!

«No alcanzo a ver qué provecho puede sacarse, para una solución satisfactoria de estas difíciles cuestiones, de remover los escombros del pasado.»

Por supuesto, nada «provechoso» para los señores polacos-alemanes y sus furibundos aliados. Por eso se resisten tanto a ello.

A continuación, el señor Bauer intenta intimidar a la Asamblea: con una comisión así se arrojará de nuevo la tea incendiaria en los ánimos, se excitará de nuevo el fanatismo, y de nuevo podrá producirse un choque sangriento. Estas consideraciones filantrópicas impiden al señor Bauer votar a favor de la comisión. Pero para que no parezca que sus comitentes temen a la comisión, tampoco puede votar en contra. Por consideración a los polacos está
en contra
, por consideración a los alemanes está
a favor
de la comisión, y para mantener su total imparcialidad en este dilema, no vota en absoluto.

Otro diputado de Posen,
Bußmann
de Gnesen, considera su mera presencia como una prueba de que en Posen también viven alemanes. Pretende demostrar estadísticamente que en su comarca viven «masas enteras de alemanes». (Interrupción.) Y la fortuna, además, está en más de dos tercios en manos de los alemanes.

«En cambio, creo demostrar que nosotros los prusianos no sólo hemos
conquistado Polonia en 1815 por la fuerza de las armas
(!?!), sino que la hemos conquistado por segunda vez gracias a una paz de 33 años, a nuestra inteligencia» (¡de la cual esta sesión ofrece pruebas!) «. (Interrupción. El presidente llama al señor Bußmann a ceñirse al tema.) No estoy en contra de la reorganización; pero la reorganización más razonable sería un reglamento comunal con elección de los funcionarios; esto y los acuerdos de Fráncfort sobre la protección de todas las nacionalidades ofrecerían todas las garantías a los polacos. Mas estoy muy en contra de la línea de demarcación. (Interrupción. Nueva llamada al orden.) Si he de atenerme al tema, pues estoy en contra de la comisión, porque es inútil y excitante; por lo demás no la temo,
sino que estaré a favor de la comisión cuando llegue el caso ... (Interrupción: ¡Así que habla a favor!) No, hablo en contra ... Señores, para comprender al menos las causas por las que estalló la insurrección, quiero en breves palabras ...» (Interrupción. Protestas.)

Cieszkowski
: ¡No interrumpir! ¡Dejar que termine!

Presidente
: Ruego una vez más al orador que se atenga estrictamente a la cuestión.

Bußmann
: «¡Me he pronunciado en contra de la comisión y no tengo nada más que decir!»

Con estas furiosas palabras, el indignado señor terrateniente polaco-alemán abandona la tribuna y, entre las sonoras carcajadas de la Asamblea, se dirige a toda prisa a su escaño.

El señor
Heyne
, diputado del distrito de Bromberg, intenta salvar el honor de sus paisanos votando a favor de la comisión. Sin embargo, no puede evitar echar en cara a los polacos astucia, engaño, etc.

El señor
Baumstark
, asimismo polaco-alemán, está de nuevo en contra de la comisión. Los argumentos son siempre los mismos.

Los polacos se abstienen de intervenir en la discusión. Sólo Pokrzywnicki habla a favor de la comisión. Es sabido que precisamente los polacos habían insistido desde siempre en una investigación, mientras que ahora se pone de manifiesto que los polacos-alemanes, con una sola excepción, protestan todos contra ella.

El señor
Pohle
es tan poco polaco que incluía todo Posen en Alemania y declaró que la frontera entre Alemania y Polonia era una «pared divisoria trazada a través de Alemania».

Los defensores de la comisión hablaron, en general, de manera prolija y con poca agudeza. Como sus adversarios, también ellos incurrieron en repeticiones y más repeticiones. Sus argumentos eran en su mayoría de naturaleza hostilmente trivial y mucho menos entretenidos que las interesadas protestas de los polacos-alemanes.

Mañana volveremos sobre la actitud de los ministros y los funcionarios en esta cuestión, así como sobre la tan cacareada cuestión de competencia.