"Neue Rheinische Zeitung" - La "Réforme" de París sobre la situación francesa

["Neue Rheinische Zeitung" núm. 133, del 3 de noviembre de 1848]

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Colonia
, 2 de noviembre. Ya
antes
de la insurrección de junio habíamos revelado repetidas veces las ilusiones de los republicanos de la tradición de 1793, de los republicanos de la "Réforme" (de la "Réforme" de París). La revolución de junio y el movimiento a que dio origen obligan a estos republicanos utopistas a abrir los ojos poco a poco.

Un artículo de fondo de la "Réforme" del 29 de octubre nos muestra el forcejeo de este partido entre sus viejas quimeras y los hechos nuevos.

Dice la "Réforme":

"Desde hace mucho tiempo, las luchas que tenían por fin entre nosotros la posesión del gobierno eran
guerras de clase
: luchas de la burguesía y del pueblo contra la nobleza al surgir la primera república; entrega del pueblo armado hacia el exterior, dominación de la burguesía en el interior bajo el Imperio; tentativas de restauración del feudalismo bajo los Borbones de la rama mayor; finalmente, en 1830, triunfo y dominación de la burguesía: he aquí nuestra historia."

La "Réforme" añade suspirando:

"Con pesar, ciertamente, hablamos de
clases
, de diferencias impías y odiosas; pero esas diferencias existen, y no podemos desconocer este hecho."

Es decir: el optimismo republicano de la "Réforme" sólo veía hasta ahora "citoyens" <ciudadanos>; la historia le ha pisado tan de cerca los talones que ya no puede disipar en sueños la disgregación de esos "citoyens" en "bourgeois" y "prolétaires".

La "Réforme" prosigue:

"En febrero fue quebrantado el despotismo burgués. ¿Qué reclamaba el pueblo? Justicia para todos, igualdad. Ese fue su primer grito, su primer deseo. La burguesía, iluminada por el rayo que la había alcanzado, no tuvo al principio otro deseo que el pueblo."

La "Réforme" sigue juzgando el carácter de la revolución de febrero por las declamaciones de febrero. Lejos de quebrantarse en la revolución de febrero el despotismo burgués, éste se perfeccionó. La corona, último nimbo feudal que encubría la dominación de la clase burguesa, fue derribada. La dominación del capital apareció en toda su pureza. En la revolución de febrero, burguesía y proletariado combatieron a un enemigo común. Apenas eliminado el enemigo común, las dos clases hostiles quedaron solas en la palestra, y la lucha decisiva entre ellas tenía que comenzar. Si la revolución de febrero perfeccionó la dominación burguesa, ¿de dónde proviene, se preguntará, la recaída de la burguesía en el realismo? Nada más sencillo. Suspira por el período en que dominaba sin ser responsable de su dominación; en que un poder aparente, interpuesto entre ella y el pueblo, debía actuar por ella y al mismo tiempo servirle de escondite; en que poseía, por así decirlo, un chivo expiatorio coronado, sobre el cual se lanzaba el proletariado apenas quería alcanzarla a ella, y contra el cual ella misma se aliaba con el proletariado siempre que aquél le resultaba molesto y pretendía afirmarse como poder autónomo. En el rey tenía un pararrayos frente al pueblo, y en el pueblo un pararrayos frente al rey.

Al tomar la "Réforme" por realidades las ilusiones, en parte hipócritas, en parte sinceramente sentidas, que cundieron el día siguiente a la derrota de Luis Felipe, el movimiento posterior a las jornadas de febrero se le antoja una serie de errores y azares desgraciados, que se habrían evitado con un gran hombre que hubiese respondido a las necesidades de la situación. ¡Como si Lamartine, ese fuego fatuo, no hubiese sido el verdadero hombre de la situación!

Sigue sin aparecer el verdadero hombre, el gran hombre —se lamenta la "Réforme"—, y la situación empeora cada día.

"Por un lado, crece la crisis industrial y comercial. Por otro, crece el odio, y cada cual aspira a metas contrapuestas. Los que antes del 24 de febrero estaban oprimidos buscan un ideal de felicidad y de libertad en la concepción de una sociedad enteramente nueva. Los que dominaban bajo la monarquía no piensan más que en reconquistar su reino para explotarlo con redoblada dureza."

¡Cómo! ¿Se sitúa ahora la "Réforme" entre las clases radicalmente enfrentadas? ¿Se eleva siquiera al presentimiento de que los antagonismos de clase y la lucha de clases sólo desaparecen con la desaparición de las clases?

¡No! Acaba de admitir el antagonismo de clase. Pero los antagonismos de clase se basan en fundamentos económicos, en el modo de producción material existente hasta ahora y en las relaciones de intercambio que de él se derivan. La "Réforme" no conoce mejor medio para modificarlos y abolirlos que apartar la vista de su base real, precisamente de esas relaciones materiales, y precipitarse de nuevo en el azul cielo vaporoso de la ideología republicana, es decir, en el poético período de febrero, del que los acontecimientos de junio la habían arrojado violentamente. Escúchese nada más:

"Lo más triste en estas disensiones internas es la extinción, la pérdida de los sentimientos patrióticos, nacionales", es decir, justamente de esa exaltación con la que ambas clases encubrían patriótica y nacionalmente sus determinados intereses, sus condiciones de vida. Cuando así lo hacían en 1789, tampoco se había desarrollado aún su oposición real. Lo que entonces era la expresión adecuada de la situación, hoy no es más que una evasión de la situación. Lo que entonces era cuerpo, hoy es reliquia.

"Evidentemente —concluye la "Réforme"—, es un mal profundo lo que aqueja a Francia; pero no es incurable. Tiene su origen en la confusión de las ideas y de las costumbres, en el olvido de la justicia y de la igualdad en las relaciones sociales, en la corrupción debida a una enseñanza egoísta. En este círculo es donde hay que asegurar los medios de reorganización. En lugar de ello, se recurre a medios materiales."

La "Réforme" remite el asunto a la "conciencia", y luego la palabrería moral sale al paso de toda necesidad. El antagonismo entre burguesía y proletariado proviene, pues, de las ideas de estas dos clases. ¿Y de dónde provienen esas ideas? De las relaciones sociales. ¿Y de dónde estas relaciones? De las condiciones materiales, económicas, de vida de las clases hostiles. Según la "Réforme", a ambas se las ayuda si pierden la conciencia de su situación real y de su oposición real y se embriagan con el opio de los sentimientos y las frases "patrióticas" de 1793. ¡Qué perplejidad!