»Neue Rheinische Zeitung« – Las noticias más recientes de Viena, Berlín y París

Las noticias más recientes de Viena, Berlín y París

[«Neue Rheinische Zeitung» nº 135 del 5 de noviembre de 1848]

*
Colonia
, 4 de noviembre.
El horizonte
se despeja.

De
Viena
siguen faltando las noticias directas. Pero de los
informes de la propia
prensa prusiana
oficial se desprende que
Viena

no se ha rendido y que
Windischgrätz
, deliberadamente o por un

malentendido
, había lanzado al mundo un
despacho telegráfico falso
, que encontró un eco presto, multilingüe y ortodoxo en la «buena»
prensa, por mucho que ésta tratase de ocultar su alegría maliciosa tras hipócritas discursos de plañidera. Si despojamos todo el fármago legendario y que se disuelve en sus propias
contradicciones de los informes de Silesia y Berlín, se
destacan los siguientes puntos: el 29 de octubre, los bandidos imperiales sólo tenían en su poder
algunos arrabales. De los informes habidos hasta ahora
no
se desprende que hayan llegado a poner el pie en la ciudad de Viena propiamente dicha. La rendición total
de Viena se limita a algunas
proclamas de alta traición del
consejo municipal
de Viena. El 30 de octubre, la vanguardia del ejército húngaro atacó a Windischgrätz
y fue
supuestamente
rechazada. El 31 de octubre, Windischgrätz reanudó
el bombardeo de Viena... sin éxito. Ahora se encuentra entre los vieneses y el
ejército húngaro, de más de 80.000 hombres. Los infames manifiestos de Windischgrätz
han dado en todas las provincias la señal para la insurrección o, al menos, para movimientos muy amenazadores.
Incluso los fanáticos checos de Praga, los neófitos de la Slovanská lipa,
despiertan de su turbio sueño y se declaran
por Viena
, contra el
Schinderhannes imperial.
Jamás
se había atrevido la contrarrevolución a trompetear sus
planes con tan necia desvergüenza. Incluso en
Olmütz
, la Coblenza austríaca, tiembla el suelo bajo los pies del idiota coronado. El

mando del mundialmente célebre
Sipehsalar

<
comandante en jefe
>
Jellachich,
cuyo nombre es tan grande que

«al brillo de su sable la luna espantada se esconde entre las nubes»
, a
quien en toda ocasión «el trueno de los cañones señala la dirección» en la que ha de poner pies en polvorosa, no deja lugar a dudas de que Hungría y los
látigos vieneses arrojarán a esta chusma al Danubio,

echarán de aquí a azotes a esa insolente canalla,

los mendigos, hambrientos, hartos de su vida,

un enjambre de vagabundos, bellacos, vagamundos,

escoria croata, bajos siervos campesinos,

que vomitó su tierra ahíta

hacia aventuras locas,
segura perdición
.

Informes posteriores traerán detalles espantosos sobre las infamias de los croatas y
de los otros caballeros «del orden legal y de la libertad constitucional».
Y desde sus palcos de la Bolsa y otros cómodos palcos de espectadores, aplaudía la
burguesía europea su bravo a la innombrable escena sangrienta, esa misma miserable burguesía que,
ante unos cuantos actos severos de justicia popular, lanzó un solo grito de indignación moral
y graznó a pleno pulmón su unánime anatema contra los «asesinos» del bravo Latour y
del noble Lichnowski.

Los
polacos
, en represalia por las escenas de asesinato en Galitzia, se han puesto de nuevo a la cabeza
de los libertadores de Viena, del mismo modo que están a la cabeza del pueblo italiano, del mismo modo que son
en todas partes los magnánimos
generales de la revolución
. ¡Salud, tres veces salud a los

polacos
!

La
camarilla de Berlín
, ebria con la sangre de Viena, cegada por las columnas de humo
de los arrabales en llamas, aturdida por los aullidos de victoria de los croatas y haiduques, ha
dejado caer el velo: «El orden ha quedado restablecido en Berlín.» Nous verrons. <Ya veremos.>

De
París
, por fin, oímos un primer rumor subterráneo que anuncia el terremoto
que sepultará a la república honesta en sus propias ruinas.

El horizonte se despeja
.