"Neue Rheinische Zeitung" - Bajeza de los profesores alemanes

Bajeza de los profesores alemanes

["Neue Rheinische Zeitung" n.º 156 del 30 de noviembre de 1848]

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Colonia, 29 de noviembre. La naturaleza lacayuna de los profesores alemanes encuentra su ideal superado en los doctos señores de Berlín y Halle. Ante este sentido servil, el siervo ruso se llena de vergüenza. El piadoso budista que devotamente ingiere los excrementos de su Dalai Lama oye con asombro la leyenda de los budistas berlineses y hallenses, cuya prostitución ante la monarquía "por la gracia de Dios" se le antoja una fábula. Sólo empieza a creer en esa realidad cuando se le muestran las misivas dirigidas por los profesores de Berlín y de Halle al rey de Prusia, fechadas el 24 y el 21 de noviembre respectivamente, acompañadas de las firmas de puño y letra.

"Quedó abolida la libertad de deliberación, amenazada la vida de los diputados, ultrajada la dignidad de la asamblea y la honra de la nación, y las propuestas mejor intencionadas y más justas para poner fin a este régimen de terror naufragaron ante la resistencia de aquellos a quienes ese régimen servía."

Con estas y parecidas mentiras descaradas y con las más perrunas protestas de innata fidelidad, 80 profesores berlineses —entre ellos Hengstenberg, Schönlein, Ehrenberg, Böckh y los dos hermanos Grimm, etc.— fabrican un mensaje al rey, en el que le vitorean con su docto aplauso por los actos de violencia del ministerio Brandenburg.

Semejante es el mensaje de 19 profesores de Halle, quienes, sin embargo, llevan la comicidad al extremo de hablar, de paso, de la "seriedad de su oficio".

El meollo del asunto en ambos mensajes es una ira indescriptible contra la
negativa a pagar impuestos
. ¡Muy comprensible! Si cesan los impuestos, la erudición privilegiada quiebra. A esta estirpe de profesores ávidos de dinero no hay más que amenazarles remotamente el bolsillo, para que toda la ciencia se ponga en llamas. Su monopolio hunde sus raíces en la monarquía "por la gracia de Dios". Le escriben a ella mensajes de sumisión, es decir, están consagrados hasta la muerte a su propio monopolio. Si el pueblo alcanza la victoria final, estos señores, a pesar de toda la "seriedad de su oficio científico", sabrán ponerse rápidamente del lado de la soberanía popular, ahora tan condenada por ellos. Pero entonces el pueblo les gritará su "¡demasiado tarde!", y pondrá un rápido fin a toda la miseria de la erudición privilegiada.