Neue Rheinische Zeitung – Der Buergerwehrgesetzentwurf

Der Proyecto de ley de la milicia ciudadana

[«Neue Rheinische Zeitung» n.º 51, del 21 de julio de 1848]

Colonia
, 20 de julio.
La milicia ciudadana
está disuelta
, tal es el
artículo principal
del proyecto de ley sobre la
creación de la milicia ciudadana, aunque aparece solo al final del mismo, como § 121,
bajo esta forma modesta:

«Con la formación de la milicia ciudadana según lo dispuesto por esta ley,
quedan disueltos todos los cuerpos armados que actualmente pertenecen a la milicia ciudadana o existen junto a ella.»

Con la disolución de los cuerpos que no pertenecen directamente a la milicia ciudadana se ha comenzado
sin más rodeos. La disolución de la milicia ciudadana misma solo puede
consumarse bajo la apariencia de su
reorganización
.

El decoro legislativo obligó a incluir en el § 1 la consabida frase constitucional:

«La milicia ciudadana tiene la
misión
de

proteger

la libertad constitucional
y el orden legal.»

Pero para corresponder
a la «esencia de esta misión»
, la milicia ciudadana no debe
pensar en los asuntos públicos, ni hablar de ellos, ni deliberar
ni acordar sobre los mismos (§ 1), ni reunirse, ni tomar las armas (§
6), ni dar, en suma, señal alguna de vida, a no ser con superior permiso de la autoridad. No es la milicia ciudadana la que «protege» la constitución frente a las autoridades,
sino las autoridades las que protegen la constitución frente a la milicia ciudadana. Tiene, pues,
(§ 4) que «obedecer ciegamente los requerimientos de las autoridades» y abstenerse de toda
injerencia «en las funciones de las autoridades municipales, administrativas o judiciales»,
así como de toda posible crítica. Si «rehúsa»
la obediencia pasiva, el señor presidente del gobierno puede suspenderla
de su servicio durante cuatro semanas
(§ 4). Si incurre incluso en el sumo des-

agrado, una «real ordenanza» puede suspenderla
de su «servicio»
por «seis meses» o decretar incluso su «disolución»,
a la que solo después de seis meses deberá seguir una nueva formación (según el
§ 3). Así pues, «deberá» (§ 2) existir una «milicia ciudadana en cada municipio del reino», a saber,
en la medida en que el señor presidente del gobierno o el rey no se vean inducidos a disponer lo contrario en cada municipio.
Si los asuntos de Estado no pertenecen al «resorte» de la milicia ciudadana, en cambio
la milicia ciudadana pertenece «al resorte del ministro del interior», es decir, del
ministro de policía
,
que es, naturalmente, su superior y, conforme a la «esencia de su misión», el fiel custodio
de la «libertad constitucional» (§ 5). En la medida en que la milicia ciudadana no es comisionada por el
señor presidente del gobierno y los demás señores funcionarios para la «protección de la
libertad constitucional», es decir, para ejecutar el criterio de los
señores superiores, o sea, no se la comanda al
servicio
, su peculiar misión vital consiste en
cumplir el
reglamento de servicio
redactado por un
coronel
del rey. El reglamento de servicio es su Carta Magna,
para cuya protección y ejercicio ha sido creada, por así decirlo. ¡Viva el

reglamento de servicio
! La enrolación en la milicia ciudadana da
finalmente ocasión para que todo prusiano «que haya cumplido los 24 años y no haya rebasado los 50»
preste el siguiente
juramento
:

«Juro fidelidad y obediencia al rey, a la constitución y a las
leyes del reino.»

¡Pobre constitución! Cuán encogida, cuán azorada, cuán burguesamente modesta, con
qué actitud subalterna figura allí, entre el rey y las leyes. Primero
viene el juramento realista, el juramento de los queridos fieles, y luego el juramento constitucional,
y para terminar, un juramento que carece de todo sentido, salvo el sentido
legitimista de que, junto a las leyes que surgen de la constitución, existen aún otras
leyes que emanan de la plenitud del poder real. Y ahora el
buen ciudadano pertenece de pies a cabeza al «resorte del ministerio del interior».

El buen hombre ha recibido las armas y el uniforme, a condición
de renunciar desde luego a sus primeros derechos políticos, al derecho de asociación, etc.
Su tarea de proteger la «libertad constitucional» se resuelve, conforme a la «esencia
de su misión», ejecutando ciegamente las órdenes de las
autoridades, trocando la libertad burguesa corriente, tolerada incluso bajo la monarquía absoluta,

por la obediencia pasiva, carente de voluntad y de autonomía, del soldado. ¡Bonita escuela,
como dice el señor Schneider en la Asamblea de acuerdo <véase
«El debate sobre la moción Jacoby», pp. 223-225
>, para educar a los
republicanos del porvenir! ¿En qué se ha convertido nuestro
ciudadano
? En un
híbrido entre un gendarme prusiano y un constable inglés. Pero
de todas sus pérdidas le consuela el
reglamento de servicio
y la
conciencia de acatar la orden. En vez de disolver el ejército en el pueblo, ¿no era más original disolver
el pueblo en el ejército?

Es un espectáculo verdaderamente grotesco, esta
transformación de frases constitucionales en
hechos prusianos
.

Si el prusianismo se aviene a hacerse constitucional, también el
constitucionalismo debe avenirse a hacerse prusiano. ¡Pobre constitucionalismo! ¡Bravos
alemanes! Tanto tiempo se han lamentado de que no se cumplan las promesas
«más sagradas»
. ¡Pronto solo conocerán
un
temor, el temor al
cumplimiento de las sagradas promesas! El pueblo es castigado par où il a
péché <por donde ha pecado>. ¿Habéis exigido
libertad de prensa

? Seréis castigados con la libertad de prensa
y recibiréis una censura sin
censores, una censura por la fiscalía, una censura mediante una ley que encuentra en la
«esencia de la misión» de la prensa el ocuparse de todo, menos de las
autoridades, las infalibles autoridades, una censura de penas de prisión y multas.
Como el ciervo brama por el agua fresca, así bramaréis vosotros por el buen, viejo,
denostado e incomprendido censor, el último romano, bajo cuya ascética
providencia llevabais una conducta de vida tan cómoda y exenta de peligros.

¿Habéis exigido
milicia popular
? Obtendréis un
reglamento de servicio
. Seréis puestos
a disposición de las autoridades, os someterán a ejercicios militares y os
instruirán en la obediencia pasiva hasta que os salten las lágrimas.

La perspicacia prusiana ha rastreado que cada nueva institución constitucional
brinda la ocasión más interesante para nuevas leyes penales, para nuevos
reglamentos, para nuevas medidas disciplinarias, para nuevo control, para nuevas vejaciones y para
una nueva burocracia.

¡Más exigencias constitucionales! ¡Más exigencias constitucionales! –clama el
ministerio de la acción–. ¡Para cada exigencia tenemos una
acción
!

Exigencia
: Todo ciudadano debe ser armado para la protección de la «libertad
constitucional».

Respuesta
: Todo ciudadano pertenece, de ahora en adelante, al resorte del ministerio del
interior.

Más fácil sería reconocer a los griegos
bajo las formas animales en que Circe los transformó que a las instituciones constitucionales
bajo los fantásticos engendros en que el
prusianismo
las encanta junto con su

ministerio de la acción
.

¡Tras la
reorganización prusiana de Polonia, la reorganización prusiana de la
milicia ciudadana
!

[«Neue Rheinische Zeitung» n.º 52, del 22 de julio de 1848]

Colonia
, 21 de julio. Hemos visto que las «disposiciones generales» del
proyecto de ley sobre la
milicia ciudadana
desembocan en esto: la milicia ciudadana
ha dejado de existir. Examinemos aún brevemente algunas otras secciones del
proyecto, para destilar el espíritu del «ministerio de la acción», y también aquí
hemos de proceder selectivamente con la materia prima de esa institución seudónima. Un
gran número de artículos presupone el nuevo ordenamiento municipal y distrital, una nueva
división administrativa de la monarquía, etc., criaturas que, como es sabido, solo llevan aún
su vida oculta en el preñado seno del ministerio de la acción.
¿Por qué, pues, el ministerio de la acción ha hecho preceder su proyecto de ley sobre la reorganización de la
milicia ciudadana a los prometidos proyectos de ley sobre el ordenamiento municipal y
distrital, etc.?

En la Sección III encontramos dos listas de servicio: la lista de servicio de los honrados y la
lista de servicio de los obligados a la milicia ciudadana que reciben asistencia de fondos públicos
(§ 14 [y 16]). Entre las personas asistidas de fondos públicos
no se cuenta, naturalmente, el ejército de los funcionarios. Ya se sabe que en
Prusia constituyen la clase propiamente productiva. En cuanto a los paupers, como los esclavos en la
antigua Roma, «solo han de ser llamados al servicio en casos extraordinarios». Si los paupers,
por su dependencia económica burguesa, están tan poco llamados a proteger la
«libertad constitucional» como los lazzaroni de Nápoles,
¿merecen acaso ocupar un puesto subordinado en esta nueva institución de la obediencia pasiva?

Prescindiendo de los paupers, encontramos, sin embargo, una distinción incomparablemente más importante entre los
obligados a la milicia ciudadana
capaces de pagar
y los
incapaces de pagar

.

Antes, una observación. Según el § 53,

«la milicia ciudadana llevará un uniforme de servicio sencillo, igual en todo el país,
que será determinado por el rey. El uniforme no debe ser de tal naturaleza
que dé lugar a confusión con el ejército.»

¡Naturalmente! El uniforme debe ser de tal naturaleza
que el ejército de la milicia ciudadana y la milicia ciudadana se enfrenten al
pueblo, y que en ocasiones tales como sablazos, fusilamientos
y otras maniobras bélicas semejantes no pueda producirse confusión alguna. El
uniforme
de servicio
como tal
es, sin embargo, tan indispensable como la
lista
de servicio, como el

reglamento
de servicio. La librea de la libertad es precisamente el
uniforme
de servicio.
Esta librea da ocasión para aumentar considerablemente los costes del equipo de un miliciano,
y los mayores costes de este equipo brindan una bienvenida ocasión para cavar una sima infinita entre los
burgueses
de la milicia ciudadana y los
proletarios
de la
milicia ciudadana.

Escúchese:

§ 57. «En lo tocante al uniforme de servicio, donde lo haya, a las insignias
de servicio y a las armas, todo miembro de la milicia ciudadana debe
procurárselos
por su cuenta
. Sin embargo, el municipio está obligado a adquirir estos objetos por su
cuenta en la cantidad necesaria para equipar
a aquella parte de los efectivos realmente
en servicio activo
que
no pueda sufragar los gastos con sus propios medios
.»

§ 59. «El municipio conserva el derecho de propiedad <en el proyecto de ley: propiedad>
de los objetos de equipo adquiridos por él y
puede hacerlos custodiar en lugares especiales fuera del
tiempo de uso en el servicio
.»

Así pues, todos aquellos que no pueden equiparse militarmente de pies a cabeza
– y es esta la gran mayoría de la población prusiana, es la
totalidad de los obreros, es una gran parte de las clases medias –,
todos ellos

quedan legalmente
desarmados
«fuera del tiempo de uso en el servicio», mientras que la
burguesía
de la milicia ciudadana sigue en todo momento en posesión de las armas y los uniformes.
Dado que esa misma burguesía, bajo la forma del «municipio», «puede hacer custodiar en lugares especiales» todos los «objetos de equipo adquiridos» por ella,
se encuentra no solo en posesión de sus
propias
armas, sino además en
posesión de las armas del proletariado de la milicia ciudadana, y
«puede»
y
«dará»
, en caso de que sobrevengan colisiones políticas que le desagraden,
negar la entrega de las armas incluso para el «uso en el servicio»
. De este modo, el privilegio político del capital queda restablecido en la forma más imperceptible, pero a la vez en la más eficaz, en la
más decidida. El capital posee el privilegio de las armas
frente al desposeído, como el barón feudal de la Edad Media frente
a su siervo.

Para que el privilegio surta efecto en toda su exclusividad, según el § 56
solo

en el campo y en las ciudades de menos de 5.000 habitantes, el armamento de los milicianos con pica o sable bayoneta es suficiente, y en este modo de armamento, en lugar del uniforme, sólo se requiere una insignia de servicio que ha de determinar el coronel.

En todas las ciudades de más de 5.000 habitantes, el uniforme debe aumentar el censo que realmente otorga la aptitud para el servicio, y con él el número del proletariado de la milicia ciudadana. Así como el uniforme y las armas son sólo prestadas a este proletariado, es decir, a la mayor parte de la población, así también el derecho de defensa le es sólo prestado, su existencia como miliciano es sólo una existencia prestada, y — ¡beati possidentes, dichosos los poseedores! La incomodidad moral en que una casaca prestada envuelve al individuo, y más aún una casaca prestada que, como en el soldado, vuela de un cuerpo a otro por turno — esta incomodidad moral es, naturalmente, el primer requisito para los romanos llamados a «proteger la libertad constitucional». Pero, en contraste, ¿no crecerá el orgulloso sentimiento de sí de la milicia ciudadana solvente, y qué más se quiere?

Y aun estas mismas condiciones que hacen ilusorio el derecho de defensa para la mayor parte de la población, son, en interés de la parte poseedora, del capital privilegiado, encajonadas de nuevo bajo condiciones aún más restrictivas.

En efecto, el municipio sólo necesita tener almacenados los pertrechos para la parte «realmente en servicio activo» de la tropa insolvente. Con arreglo al § 15, la situación de esta parte «realmente en servicio activo» es la siguiente:

«En todos los municipios donde el número total de hombres utilizables para el servicio corriente exceda de la vigésima parte de la población, la representación municipal tiene el derecho de limitar la tropa realmente en servicio activo a esta parte de la población. Si hace uso de esta facultad, deberá establecer una rotación del servicio de modo que todos los hombres utilizables para el servicio corriente vayan siendo llamados por turno. Pero en cada relevo no podrá salir a la vez más de un tercio; además, todas las clases de edad deberán ser llamadas simultáneamente en proporción al número de milicianos existentes en ellas.»

Y ahora calcúlese, ¿para qué ínfima parte del proletariado de la milicia ciudadana y de la población total están realmente destinados los pertrechos que proporciona el municipio?

En nuestro artículo de ayer vimos al ministerio de la acción reorganizar la institución constitucional de la milicia ciudadana en el sentido del viejo Estado prusiano, del Estado burocrático. Sólo hoy lo vemos a la altura de su misión, lo vemos plasmar esta institución de la milicia ciudadana en el sentido de la Revolución de Julio, en el sentido de Luis Felipe, en el sentido de la época que ciñe la corona al capital y

con bombos y platillos

rinde pleitesía a su joven magnificencia.

<H. Heine, «Idilio montañés», poema del «Viaje por el Harz»>

Una palabra al ministerio Hansemann-Kühlwetter-Milde. El señor Kühlwetter ha dictado hace unos días una circular contra las maquinaciones de la reacción a todos los presidentes de distrito gubernativo. ¿De dónde este fenómeno?

El ministerio de la acción quiere fundar la dominación de la burguesía, concertando al mismo tiempo un compromiso con el viejo Estado policial y feudal. En esta tarea ambigua y contradictoria ve a cada instante cómo la dominación de la burguesía, aún por fundar, y su propia existencia son rebasadas por la reacción en el sentido absolutista, en el sentido feudal – y sucumbirá a ella. La burguesía no puede conquistar su propia dominación sin tener provisionalmente al pueblo entero como aliado, sin presentarse por tanto más o menos democráticamente.

Pero querer unir la época de la Restauración con la época de Julio, dejar que la burguesía, que aún lucha con el absolutismo, el feudalismo, la hidalguía rural, la dominación militar y burocrática, excluya ya al pueblo, lo sojuzgue y lo arroje a un lado — eso es la cuadratura del círculo, es un problema histórico ante el cual fracasará incluso un ministerio de la acción, incluso un triunvirato Hansemann-Kühlwetter-Milde.

["Neue Rheinische Zeitung" Nr. 54 del 24 de julio de 1848]

Colonia, 23 de julio. La sección del proyecto de ley de la milicia ciudadana sobre la «Elección y nombramiento de los superiores» es un verdadero laberinto de métodos electorales. Queremos hacer de Ariadna y dar al moderno Teseo — la honorable milicia ciudadana — el hilo que la guiará a través del laberinto. Pero el moderno Teseo será tan desagradecido como el antiguo y, después de matar al Minotauro, abandonará sin fidelidad a su Ariadna — la prensa — en la roca de Naxos.

Enumeremos los diversos corredores del laberinto.

Corredor 1. Elección directa.

§ 42. «Los jefes de la milicia ciudadana, hasta el capitán inclusive, son elegidos por los milicianos realmente en servicio activo.»

Corredor lateral. «Los milicianos realmente en servicio activo» constituyen sólo una pequeña parte de la tropa realmente «apta para el servicio de defensa». Compárese el § 15 y nuestro artículo de anteayer.

La elección «directa» es, pues, también sólo, por así decirlo, una elección directa.

Corredor II. Elección indirecta.

§ 48. «El mayor del batallón es elegido por los capitanes, jefes de sección y jefes [de las escuadras] de las compañías respectivas, por mayoría absoluta de votos.»

Corredor III. Combinación de la elección indirecta con el nombramiento real.

§ 49. «El coronel es nombrado por el rey de entre una lista de tres candidatos, elegidos por los jefes de los respectivos batallones, hacia abajo hasta los jefes de sección, éstos inclusive.»

Corredor IV. Combinación de la elección indirecta con el nombramiento por parte de los señores comandantes.

§ 50. «Los ayudantes son nombrados por los comandantes respectivos de entre los jefes de sección; el escribiente del batallón, de entre los jefes de las escuadras; el tambor mayor del batallón, de entre los tambores.»

Corredor V. Nombramiento directo por vía burocrática.

§ 50. «El sargento primero y el escribiente de la compañía son nombrados por el capitán; el sargento de caballería y el escribiente del escuadrón, por el capitán de caballería; el jefe de escuadra, por el jefe de sección.»

Así pues, si estos métodos electorales comienzan con una elección directa falseada, concluyen con el cese sin falsear de toda elección, con el arbitrio de los señores capitanes, capitanes de caballería y jefes de sección. Finis coronat opus. <El fin corona la obra.> A este laberinto no le falta la punta, la agudeza.

Los cristales que se precipitan de este complicado proceso químico, desde el esplendente coronel hasta el insignificante cabo, se fijan por seis años.

§ 51. «Las elecciones y nombramientos de los jefes se hacen por seis años.»

No se comprende por qué, después de tales precauciones, el ministerio de la acción necesitaba aún la falta de tacto de gritar a la milicia ciudadana a la cara, en las «disposiciones generales»: De un instituto político debéis ser reorganizados en un instituto puramente policial y en un semillero de la doma prusiana antigua. ¡Para qué arrebatar la ilusión!

El nombramiento real es hasta tal punto una canonización que en la sección «Tribunales de la milicia ciudadana» no se encuentra ningún tribunal para el «coronel», sino expresamente sólo tribunales hasta los mayores hacia arriba. ¿Cómo podría un coronel real cometer un crimen?

El mero ser miliciano es, por el contrario, hasta tal punto una profanación del ciudadano que basta una palabra de sus superiores, una palabra del coronel real e infalible hasta el primer cualquier sujeto que el señor capitán haya nombrado sargento primero o que el señor jefe de sección haya nombrado jefe de escuadra, para privar al miliciano de su libertad personal durante 24 horas y hacerlo encerrar.

§ 81. «Todo superior puede reprender a su subordinado en el servicio; incluso puede ordenar su arresto inmediato y encierro por 24 horas, si el subordinado se hace culpable en el servicio de embriaguez o de cualquier otra falta grave de servicio.»

El señor superior decide naturalmente qué es cualquier otra falta grave de servicio, y el subordinado ha de obedecer la orden.

Así pues, si el ciudadano, ya en el comienzo de este proyecto, se encamina hacia la «esencia de su destino», la «protección de la libertad constitucional», dejando de ser lo que según Aristóteles es el destino del hombre — un «zoon politikon», un «animal político» —, sólo culmina su vocación con la entrega de su libertad burguesa al arbitrio de un coronel o de un jefe de escuadra.

El «ministerio de la acción» parece rendir culto a representaciones propiamente oriental-místicas, a una especie de culto a Moloch. Para proteger la «libertad constitucional» de los presidentes de distrito gubernativo, alcaldes, directores y presidentes de policía, comisarios de policía, funcionarios del ministerio público, presidentes o directores de tribunales, jueces de instrucción, jueces de paz, alcaldes pedáneos, ministros, eclesiásticos, militares en servicio activo, funcionarios de fronteras, aduanas, impuestos, guardas forestales y correos, directores y guardianes en todos los establecimientos penitenciarios, agentes ejecutivos de seguridad y de las personas menores de 25 o mayores de 50 años — personas todas que, según los §§ 9, 10, 11, no pertenecen a la milicia ciudadana —, para proteger la «libertad constitucional» de esta élite de la nación, el resto de la nación tiene que dejar morir sus libertades constitucionales, hasta la libertad personal, en el altar de la patria, una sangrienta muerte sacrificial. Pends toi, Figaro! Tu n’aurais pas inventé cela! <¡Cuélgate, Figaro, tú no habrías ideado eso! de: Las bodas de Fígaro>

No es necesario señalar que la sección sobre las penas está elaborada con voluptuosa minuciosidad. Todo el instituto, según «la esencia de su destino», no ha de ser más que un castigo por las apetencias constitucionales y de milicia popular de una honorable ciudadanía. Sólo observamos que, además de los casos penales determinados por la ley, el reglamento de servicio, la Carta Magna de la milicia ciudadana redactada por el coronel real con la asistencia del mayor y la aprobación de la apócrifa «representación distrital», da lugar a un nuevo muestrario de penas (véase § 82 y siguientes). Se entiende de suyo que las penas de multa pueden sustituir a las penas de prisión, para que la diferencia entre la milicia ciudadana solvente y la insolvente, la diferencia inventada por el «ministerio de la acción» entre la burguesía y el proletariado de la milicia ciudadana, goce de una sanción altamente criminal.

El fuero eximido, que el ministerio de la acción tiene que abandonar en la constitución en general, lo introduce de contrabando de nuevo en la milicia ciudadana. Todas las faltas disciplinarias de los milicianos y jefes de escuadra pertenecen a la competencia de los tribunales de compañía, compuestos de dos jefes de sección, dos jefes de escuadra y tres milicianos. (§ 87.) Todas las faltas disciplinarias de los «jefes de las compañías pertenecientes al batallón, desde el jefe de sección hacia arriba, inclusive el mayor», pertenecen a la competencia de los tribunales de batallón, compuestos de dos capitanes, dos jefes de sección y tres jefes de escuadra. (§ 88.) Para el mayor existe de nuevo un fuero eximido especial, pues dispone el mismo § 88: «si la investigación afecta a un mayor, se añadirán como miembros del tribunal de batallón dos mayores». El señor coronel, finalmente, como ya se ha dicho, está eximido de todo fuero judicial.

El excelente proyecto de ley termina con el siguiente parágrafo:

(§ 123.) "Las disposiciones sobre la participación de la milicia ciudadana en la defensa de la patria en caso de guerra, así como sobre su armamento, equipo y avituallamiento cuando entre en funciones, quedan reservadas a la ley sobre la constitución militar."

En otros términos: La
Landwehr
subsiste al lado de la reorganizada
milicia ciudadana
.

¿No merece el
Ministerio de la Acción
ser puesto en estado de acusación, ya solo sea por este proyecto de ley y por su proyecto de armisticio con Dinamarca?