"Neue Rheinische Zeitung"
Respuesta de Federico Guillermo IV a la diputación de la guardia ciudadana

["Neue Rheinische Zeitung" nº 121 del 20 de octubre de 1848]

*  
Colonia, 18 de octubre.  
Federico Guillermo IV respondió al comandante de la guardia ciudadana de Berlín, Rimpler, a su felicitación con motivo del 15 de octubre:

"Sé que un pueblo heroico y valiente es también un pueblo fiel. Pero no olvidéis que las armas las tenéis de mí, y yo os exijo como un deber que os comprometáis a mantener el orden, la ley y la libertad."

Los reyes constitucionales son irresponsables, a condición de ser inimputables —en el sentido constitucional, naturalmente. Sus actos, sus palabras, sus gestos no les pertenecen a ellos mismos, pertenecen a los ministros responsables.

Hansemann, por ejemplo, al dejar el cargo, hizo decir al rey que la ejecución de la orden del ejército de Stein era incompatible con la monarquía constitucional. Pfuel la ejecutó —en el sentido parlamentario, por cierto. Hansemann quedó comprometido —en el sentido constitucional. El propio rey no se contradijo, porque no había hablado —siempre en el sentido constitucional.

Así pues, la anterior declaración del rey no es otra cosa que una declaración ministerial, y como tal está sujeta a crítica.

Si Pfuel afirma que el rey creó la guardia ciudadana por iniciativa propia, entonces afirma que el rey es el autor de la revolución de marzo, lo cual es un disparate —incluso en el sentido constitucional.

Dejando esto de lado.

Después de que Dios creara el mundo y a los reyes por la gracia de Dios, dejó la industria de lo menudo a los hombres. Hasta las "armas" y los uniformes de teniente se fabrican por vía profana, y la vía profana de fabricación no crea de la nada, como la industria celestial. Necesita materias primas, instrumentos de trabajo y salarios, todas cosas que se engloban bajo el sencillo nombre de costos de producción. Estos costos de producción son sufragados para el Estado mediante los impuestos, y los impuestos son sufragados mediante el trabajo nacional. En el sentido económico, sigue siendo un enigma cómo un rey cualquiera puede dar algo a un pueblo cualquiera. Primero tiene el pueblo que fabricar armas y dar armas al rey, para poder recibir armas del rey. El rey siempre sólo puede dar lo que le es dado. Así en el sentido económico. Pero los reyes constitucionales surgen precisamente en momentos en que se le sigue la pista a este secreto económico. Los primeros motivos para la caída de los reyes por la gracia de Dios fueron siempre, por consiguiente, cuestiones de impuestos. Así también en Prusia. Incluso las mercancías inmateriales, los privilegios, que los pueblos se dejaban dar por los reyes, no solo se los dieron ellos previamente a los reyes, sino que siempre les pagaron la devolución al contado —con sangre y con moneda contante y sonante. Seguid, por ejemplo, la historia inglesa desde el siglo XI, y podréis calcular con bastante exactitud cuántos cráneos hundidos y cuántas libras esterlinas ha costado cada privilegio constitucional. El señor Pfuel parece querer retrotraernos a los buenos tiempos de la tabla económica de Davenant. En esa tabla sobre la producción inglesa se dice, entre otras cosas:

§ 1. Trabajadores productivos: reyes, oficiales, lores, clérigos rurales, etc.

§ 2. Trabajadores improductivos: marineros, campesinos, tejedores, hilanderos, etc.

Según esta tabla, el § 1 crea y el § 2 recibe. En este sentido hace el señor Pfuel que el rey dé.

La declaración de Pfuel demuestra lo que en Berlín se espera del héroe del "orden y libertad croata" <Jellachich>.

Los últimos acontecimientos de Berlín recuerdan las disputas vienesas entre la guardia ciudadana y el pueblo del 23 de agosto, provocadas igualmente por la camarilla.

A aquel 23 de agosto siguió un 5 de octubre.