"Neue Rheinische Zeitung" — Respuesta del rey de Prusia a los diputados

Respuesta del rey de Prusia a la diputación de la Asamblea Nacional

["Neue Rheinische Zeitung" núm. 120, del 19 de octubre de 1848]

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Colonia, 18 de octubre. El rey es, en todo caso, consecuente. Su Majestad nunca se contradice. A la diputación de la Asamblea Nacional de Fráncfort le dijo, con ocasión de la fiesta de la construcción de la catedral de Colonia:

«Comprendo muy bien el significado de su Asamblea, caballeros. Comprendo muy bien cuán importante es su Asamblea» —la voz de Su Majestad adoptó aquí un tono muy serio y cortante— «¡Pero no olviden que todavía hay príncipes en Alemania» —aquí Su Majestad se llevó la mano al corazón y habló con un énfasis extraordinario— «y no olviden que yo soy uno de ellos!»

Una respuesta semejante recibió también la diputación de la Asamblea de Berlín cuando, el 15 de octubre, hizo su visita de felicitación a Su Majestad en el palacio de Bellevue. El rey dijo:

«Estamos a punto de levantar un edificio que ha de durar siglos. Pero, caballeros, les llamo la atención sobre una cosa. Poseemos todavía una autoridad ancestral por la gracia de Dios» —el rey pronunció estas palabras con gran énfasis— «que todavía está investida de pleno poder y que, sin duda, es envidiada por muchos. Este es el fundamento único sobre el cual puede erigirse aquel edificio, si ha de ser tan duradero como he dicho.»

El rey es consecuente. Lo habría sido siempre si, por desgracia, las jornadas de marzo no hubieran interpuesto aquel funesto papel entre Su Majestad y el pueblo.

Su Majestad parece creer de nuevo en este momento, como antes de las jornadas de marzo, en los «pies de hierro» del eslavismo. El pueblo de Viena es tal vez el mago que convertirá el hierro en barro.