COLONIA, 9 DE DICIEMBRE. JAMÁS LO HEMOS OCULTADO. EL terreno que nosotros pisamos no es el terreno jurídico, sino el
terreno revolucionario. También la burguesía ha renuncia
do a la hipocresía del terreno jurídico. Se ha situado en el terreno
revolucionario, pues también el terreno contrarrevolucionario es
revolucionario, a su manera.
En el párrafo 6 de la ley del 6 de abril de 1848337 se dispone:
Corresponderá, desde luego, a los futuros representantes del pueblo la
aprobación de todas las leyes, la fijación de los presupuestos del Estado y
el derecho de autorizar los impuestos.
Y el párrafo 13 de la ley del 8 de abril de 1848338 dice:
La Asamblea que habrá de reunirse con arreglo a la presente ley será com
petente para establecer la futura Constitución del Estado mediante un
pacto con la Corona y para ejercer, mientras la Asamblea se halle reunida,
las atribuciones que anteriormente correspondían a los estamentos del
Marx hace referencia a la “Ordenanza sobre algunas cuestiones fundamentales para la
futura Constitución prusiana”, del 6 de abril de 1848.
La “Ley electoral para los acuerdos de la Constitución del Estado prusiano en la Asam
blea” era una proposición del ministro Camphausen del 8 de abril de 1848, aprobada por las
dos Dietas Unificadas y basada indirectamente en un sistema electoral diferido o de segundo
grado.

reino, principalmente en relación con la autorización de los impuestos y
contribuciones.
El gobierno manda al diablo a la Asamblea del Pacto,339 dicta al
país por sí y ante sí una soi-disantConstitución340 y autoriza por sí
mismo los empréstitos que los representantes del pueblo le habían
denegado.
El gobierno prusiano ha puesto fin, estrepitosamente, a la camphauseniada, una especie de solemne canto de Job derechista.341 El
inventor de esta epopeya, el gran Camphausen, se venga de ello
actuando tranquilamente en Francfort como embajador del mismo
gobierno prusiano e intrigando igual que antes con los Bassermann,
al servicio de aquel gobierno. Este Camphausen, que había inven
tado la teoría del Pacto342 para salvar el terreno legal, es decir, para
arrebatar fraudulentamente a la revolución los honores que se le
debían, inventó al mismo tiempo las minas que más tarde harían
explotar el terreno legal y, con él, la teoría del Pacto.
Este hombre autorizó las elecciones indirectas, de las que sal
dría una Asamblea a la que el gobierno podría gritar con voz tonante, en el momento de un momentáneo levantamiento: trop tard!h
339 Asamblea del Pacto: así llaman Marx y Engels a la Asamblea Nacional prusiana y, en
consecuencia, a sus diputados los llaman “pactantes”. La Asamblea Nacional prusiana había
realizado sus trabajos en mayo de 1848, a fin de elaborar una Constitución “de acuerdo con
la Corona”. Con la aceptación de estos términos, la Asamblea Nacional prusiana renunciaba
al principio de la soberanía popular. Los debates de la Asamblea Nacional fueron publicados
en los informes estenográficos que daban cuenta de “las negociaciones acerca de la Consti
tución del Estado prusiano según los trabajos de la Asamblea”. (Véase supra, notas 35 y 40.)
a Llamada.
340 El 5 de diciembre de 1848, al mismo tiempo que la disolución de la Asamblea Nacio
nal, se dicta por la fuerza una “nueva Constitución para el Estado prusiano”, la cual llaman
Marx y Engels una “Constitución impuesta”. Ésta respondía a la tendencia del nuevo minis
terio contrarrevolucionario, y disponía, en numerosos artículos, una serie de medidas reac
cionarias que lesionaban la tendencia misma de los trabajos de la Asamblea Nacional, así
como los derechos del pueblo constituido democráticamente.
341 Marx hace alusión al poema satírico de Karl Arnold Kortum, titulado El canto de Job.
Curioso poema heroico.
342 Véase supra, nota 40.
b ¡Demasiado tarde!

»•
Llamó de nuevo al príncipe de Prusia, jefe de la contrarrevolución,
y no tuvo empacho en convertir su fuga, mediante una mentira ofi
cial, en un viaje de estudios.343 Dejó en vigor la vieja legislación pru
siana sobre delitos políticos y las viejas leyes. Bajo su gobierno, la
vieja burocracia y el viejo ejército ganaron tiempo para reponerse
del susto y reconstituirse totalmente. Todos los jefes del viejo régi
men siguieron, indemnes, en sus puestos. Al amparo de Camphausen hizo la camarilla la guerra en Posen,344 mientras él mismo gue
rreaba contra Dinamarca.345 Se quería que la guerra danesa fuese
un aglutinador para la plétora patriótica346 de la juventud alemana,
a la que a su vuelta a la patria se encargó de ajustarle las cuentas la
policía; esa guerra debía dar cierta popularidad al general Wrangel
y a sus tristemente célebres regimientos de la Guardia y, en general,
rehabilitar a la soldadesca prusiana. Una vez logrado este propósi
to, se ahogaría a todo trance la guerra ficticia por medio de un igno
minioso armisticio,347 que el mismo Camphausen pacto, a su vez,
en Francfort del Meno con la Asamblea Nacional alemana. El resul
tado de la guerra danesa fue el “alto mando de las dos Marcas’ 348 y
el retorno a Berlín de los regimientos de la Guardia expulsados en
marzo.
¡Y no digamos la guerra librada en Posen por la camarilla de
Potsdam, bajo los auspicios de Camphausen!
La guerra en Posen era más que una guerra contra la revolución
prusiana. Era la caída de Viena, la caída de Italia, la derrota de los
héroes de junio. Era el primer triunfo decisivo del zar de Rusia sobre
343 Véase supra, nota 47.
344 Véase supra, nota 42.
345 Véase supra, nota 23.
346 Plétora patriótica: expresión que proviene de Heinrich Heine, en su libro Ante la sere
na Aparición en París.
347 Véase supra, nota 280.
348 Alto mando de las dos Marcas: el día 15 de septiembre de 1838 sería designado, para el
alto mando de la defensa de Brandeburgo, el connotado miembro de la camarilla reacciona
ria del reino, general Wrangel. Así, consolidaba Prusia sus propósitos de una Federación ale
mana, en cuyo nombre iba dirigida la guerra. El margraviato de Brandeburgo, núcleo origi
nario del reino prusiano, se consolidó a mediados del siglo xix a partir de la Marca Electoral
y la Nueva Marca; de allí que se le señale como el “alto mando de las dos Marcas”.

la revolución europea. Y todo ello bajo los auspicios del gran Cam
phausen, del amigo reflexivo de la historia,349 del caballero del gran
debate, del héroe de la mediación.
De este modo, bajo Camphausen y a través de él, había logrado
la contrarrevolución apoderarse de todos los puestos decisivos y
preparar su ejército dispuesto a descargar el golpe, mientras la
Asamblea de los hombres del Pacto proseguía sus debates. Bajo el
ministro de la acción Hansemann-Pinto,350 se vistió con nuevos uni
formes a la vieja policía y se libró una guerra tan enconada como
mezquina por parte de la burguesía contra el pueblo. Y bajo Brandeburgo se sacó la conclusión de estas premisas. Para ello hacían
falta dos cosas: un bigote y un sable, en vez de una cabeza.
Cuando Camphausen dimitió, lo despedimos con estas pala
bras:
H a sem brado la reacción en interés d e la bu rguesía y recogerá la cosecha
en interés de la aristocracia y del absolutism o.
En estos momentos, no dudamos que su Excelencia, el embaja
dor prusiano Camphausen, se contará personalmente entre los seño
res feudales y se avendrá de buena gana a sus “incomprensiones”.
Pero no nos engañemos; no atribuyamos a un Camphausen o a
un Hansemann, hombres de talla secundaria, un espíritu de inicia
tiva a tono con la historia universal. Ellos eran solamente órganos
de una clase. Su lenguaje, sus actos eran simplemente el eco oficial de
una clase que los había colocado en el primer plano de la escena.
Eran, sencillamente, la gran burguesía situada en primer plano.
Los representantes de esta clase formaban la oposición liberal de
la difunta Dieta Unificada,351 resucitada por el momento gracias a
Camphausen.
349 Véase supra, nota 66.
350 Hansemann-Pinto: alusión irónica ante las similares medidas adoptadas por el minis
tro de Finanzas Hansemann y las opiniones del inspector de la Casa de Bolsa holandés, Pin
to, en cuanto al empréstito forzoso como medio para acelerar la circulación del dinero.
351 Véase supra, notas 15 y 17.

Se ha reprochado a los señores de esta oposición liberal el haber
sido infieles a sus principios después de la revolución de Marzo.
Esto es un error.
Los grandes terratenientes y capitalistas, representados con
carácter exclusivo en la Dieta Unificada, en una palabra, las arcas
de caudales, habían ganado en dinero y en cultura. Al desarrollarse
en Prusia la sociedad burguesa —es decir, al desarrollarse la indus
tria, el comercio y la agricultura— , habían perdido su base mate
rial las viejas diferencias de clase.
La nobleza se había aburguesado considerablemente. En sus bla
sones campeaban ahora, en vez de la lealtad, el amor y la fe, la remo
lacha azucarera, el aguardiente y la lana. El mercado de la lana era
ahora su gran palenque. Esto es, de una parte. De otra, el Estado
absolutista, al que la marcha de las cosas había privado como por
encanto del terreno sobre el que pisaba, habíase convertido en una
traba para la nueva sociedad burguesa, al cambiar el modo de pro
ducción y las necesidades de esta sociedad. La burguesía no tenía
más remedio que reivindicar, por razón de sus mismos intereses
materiales, la parte que le correspondía en el poder político. Ella y
solamente ella era capaz de hacer valer legalmente sus necesidades
comerciales e industriales. Necesitaba arrebatar la gestión de sus
“más sagrados intereses” a una burocracia caduca, tan inculta como
arrogante. Necesitaba tomar en sus manos la fiscalización del patri
monio del Estado, de la que se consideraba creadora. Y poseía, ade
más, la ambición necesaria para luchar e imponer una posición
política acorde con su posición social, después de haber arrebatado
a la burocracia el monopolio de la llamada cultura y teniendo, como
tenía, la conciencia de descollar ampliamente sobre ella en cuanto
al conocimiento real de las necesidades de la sociedad urbana. Para
alcanzar su meta, necesitaba poder debatir libremente sus propios
intereses e ideas y los actos del gobierno. A esto lo llamaba el “dere
cho de libertad de prensa” Necesita poder asociarse sin trabas. A esto
lo llamaba el “derecho de libre asociación” Tenía que reclamar, asi
mismo, como corolario obligado de la libre competencia, la libertad

religiosa, etc. Y la burguesía prusiana marchaba, antes de marzo de
1848, por el mejor de los caminos para ver realizados todos sus
deseos.
El Estado prusiano se hallaba en apuros financieros. Su crédito
se había agotado. He aquí el secreto de la convocatoria de la Dieta
Unificada. El gobierno se rebelaba contra su suerte, disolvió sin
contemplaciones la Dieta Unificada, pero la falta de dinero y de cré
dito se habrían encargado de echarlo infaliblemente, poco a poco,
en brazos de la burguesía. Lo mismo que los barones feudales, los
reyes por la Gracia de Dios se han mostrado siempre dispuestos a
trocar sus privilegios por dinero contante. La emancipación de los
siervos fue el primero y la monarquía constitucional y los Estados
cristiano-germánicos el segundo gran acto de este regateo de la his
toria universal, “L’argent na pas de maître”,0 pero los maîtres dejan
de serlo cuando se ven démonétisés (privados de dinero).
Por tanto, la oposición liberal en la Dieta Unificada no era sino
la oposición de la burguesía contra una forma de gobierno que ya
no respondía a sus intereses y necesidades. Y, para mantener la opo
sición a la Corte, tenía que hacer la corte al pueblo.
Tal vez ella se imaginara realmente que mantenía la oposición
en favor del pueblo.
Los derechos y las libertades a que aspiraba para sí sólo podía
reclamarlos, naturalmente, frente al gobierno, bajo la etiqueta de
derechos y libertades para el pueblo.
Como hemos dicho, esta oposición marchaba por el mejor
camino, cuando estalló la tormenta de febrero.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 165,10 de diciembre de 1848]
Colonia, 11 de diciembre. Cuando descendieron las aguas del dilu
vio de marzo — un diluvio en miniatura— , no dejaron sobre el sue
lo de Berlín monstruos o colosos revolucionarios, sino criaturas del
c “El dinero no tiene dueño”.

viejo estilo, figuras raquíticamente burguesas: los liberales de la Die
ta Unificada, los representantes de la consciente burguesía prusia
na. Las provincias en que existe la burguesía más desarrollada, la
provincia del Rin y Silesia, suministraron el principal contingente
para los nuevos ministerios. Tras ellos venía toda una cauda de
juristas renanos. A medida que la burguesía iba viéndose desplaza
da a último plano por los elementos feudales, la provincia del Rin y
Silesia dejaban sus puestos en los ministerios a las viejas provincias
prusianas. El ministerio Brandeburgo sólo se halla ya unido a la
provincia del Rin por un torya de Elberfeld. ¡Hansemann y Von der
Heydt!: ¡en estos dos nombres se cifra para la burguesía prusiana
toda la diferencia que va de marzo a diciembre de 1848!
La burguesía prusiana se vio encumbrada a las alturas del Esta
do, pero no, como ella habría deseado, mediante una transacción
pacífica con la Coronay sino mediante una revolución. Habría debi
do defender en contra de la Corona, es decir, en contra de sí mis
m a no sus propios intereses, sino los intereses del pueblo, ya que le
había preparado el camino un movimiento popular. Pero la Corona
no era, a sus ojos, más que la tapadera de derecho divino que le per
mitía ocultar sus propios intereses profanos. La intangibilidad de
sus propios intereses y de las formas políticas acomodadas a su inte
rés se expresaría, traducida al lenguaje constitucional, bajo la fór
mula de la intangibilidad de la Corona. De allí el entusiasmo que la
burguesía alemana, especialmente la prusiana, sentía por la monar
quía constitucional. Así pues, si la revolución de Febrero, con todas
sus repercusiones en Alemania, había sido gozosamente acogida
por la burguesía prusiana, ya que ponía en sus manos el timón del
Estado, representaba por otra parte un contratiempo para ella, pues
supeditaba su poder a condiciones que no quería ni podía cumplir.
La burguesía no había movido ni un dedo. Había permitido al
pueblo batirse por ella. El poder que se le transfería no era, por tan
to, el del general que ha derrotado a su adversario, sino el de un
a Conservador.

comité de seguridad a quien el pueblo victorioso confía la misión
de velar por sus intereses.
Camphausen percibía aún claramente todo lo que esta posición
tenía de incómodo, y de este sentimiento y de las circunstancias que
lo condicionaban provenía toda la debilidad de su gobierno. Una
especie de rubor teñía, por tanto, los actos más descarados de su
gabinete. El descaro y la desvergüenza desembozados son el privile
gio reservado a Hansemann. El tinte rojo marca la única diferencia
entre estos dos pintores.
La revolución prusiana de Marzo no debe confundirse con la
revolución inglesa de 1638 ni con la francesa de 1789.
En 1648, la burguesía se alió con la moderna nobleza en contra
de la monarquía, de la nobleza feudal y de la Iglesia imperante.
En 1789, la burguesía se alió con el pueblo en contra de la
monarquía, de la nobleza y de la Iglesia imperante.
La revolución de 1789 no tuvo más modelo (por lo menos en
Europa) que la revolución de 1648; y la revolución de 1648 sólo tuvo
por modelo el levantamiento de los Países Bajos en contra de Espa
ña. Ambas revoluciones se adelantaron en un siglo a sus modelos,
no sólo en cuanto al tiempo, sino también en cuanto al contenido.
En ambas revoluciones fue la burguesía la clase que se puso real
mente a la cabeza del movimiento. El proletariado y las facciones de la
sociedad urbana no pertenecientes a la burguesía, o no abrigaban inte
reses al margen de los de la burguesía, o bien no formaban aún cla
ses o sectores de clases con un desarrollo propio. Por eso, allí donde
se enfrentaban a la burguesía, como ocurrió por ejemplo en Francia
en 1793 y 1794, luchaban solamente por hacer valer los intereses de la
burguesía, aunque no a la manera de ésta. Todo el terrorismo francés
era, sencillamente, el modo plebeyo de luchar contra los enemigos de
la burguesía, contra el absolutismo, el feudalismo y los filisteos.
Las revoluciones de 1648 y 1789 no fueron simplemente revolu
ciones inglesa la una y francesa la otra, sino revoluciones ambas de
estilo europeo. No representaron el triunfo de una determinada cla
se de la sociedad sobre el viejo orden político, sino que proclamaron

el orden político de la nueva sociedad europea. Triunfó en ellas la
burguesía; pero el triunfo de la burguesía representaba entonces el
triunfo de un nuevo orden social, el triunfo de la propiedad burgue
sa sobre la propiedad feudal, de la nacionalidad sobre el provincia
lismo, de la libre competencia sobre los gremios, de la partición
sobre el mayorazgo, del dominio del propietario de la tierra sobre
la dominación de la tierra sobre el propietario, de las luces sobre la
superstición, de la familia sobre el linaje, de la industria sobre
la heroica haraganería, del derecho civil sobre los privilegios medie
vales. La revolución de 1648 fue el triunfo del siglo xvn sobre el xvi;
la revolución de 1789, el triunfo del siglo xvm sobre el xvn. Más
todavía que las necesidades de las partes del mundo en que acae
cían, Inglaterra y Francia, estas revoluciones expresaban las necesi
dades del mundo de entonces.
Nada de esto encontraremos en la revolución prusiana de Marzo.
La revolución de Febrero había abolido la monarquía constitu
cional en el terreno de la realidad y la dominación de la burguesía
en el terreno de la idea. La revolución prusiana de Marzo crearía la
monarquía constitucional en el terreno de la idea y la dominación
de la burguesía en el terreno de la realidad. Lejos de ser una revolu
ción europea, no era más que la desmedrada repercusión de una
revolución europea en un país atrasado. En vez de adelantarse a su
siglo, iba a la zaga de él en más de cincuenta años. Flabía sido des
de el primer momento un fenómeno secundario, pero sabido es que
las enfermedades secundarias son más difíciles de curar y hacen
mayores estragos en el cuerpo que las iniciales. No se trataba de ins
taurar una nueva sociedad, sino de resucitar en Berlín la sociedad
muerta en París. La revolución prusiana de Marzo no era siquiera
una revolución nacional, alemana, pues había sido desde el momen
to mismo de nacer una revolución prusiana, provincial. Los movi
mientos de Viena, Cassel, Munich y toda suerte de insurrecciones
provinciales discurrían paralelamente con ella y le disputaban la
preeminencia.
Mientras que las revoluciones de 1648 y 1789 se enorgullecían has-

í*
ta lo indecible, considerándose el summum de la creación, el orgullo
de los berlineses de 1848 se cifraba en representar un anacronismo.
Su luz era como la de esas estrellas que llega a los habitantes de la tie
rra cien mil años después de haberse extinguido los cuerpos que la
irradiaron. La revolución prusiana de Marzo era, en pequeño como
todo, una de esas estrellas para Europa. Su luz era la luz emanada del
cadáver de una sociedad de largo tiempo atrás putrefacto.
La burguesía alemana se había desarrollado de un modo tan
inerte, tan lento y tan cobarde que en el momento en que se enfren
taba amenazadora al feudalismo y al absolutismo, veía alzarse ame
nazadoramente ante sí al proletariado y a todos los sectores de las
ciudades afines a éste por sus intereses y sus ideas. Y no veía tras
ella ni a una sola clase, sino que tenía enfrente, hostilmente, a toda
Europa. La burguesía prusiana no era, como la francesa de 1789, la
clase que representaba a toda la sociedad moderna frente a los repre
sentantes de la vieja sociedad, frente a la monarquía y la nobleza.
Había descendido al nivel de un estamento tan hostil a la Corona
como al pueblo, animado de espíritu de oposición en contra de
ambos e indeciso frente a cada uno de sus adversarios por separa
do, porque siempre veía ante sí o tras sí a los dos; de antemano pro
pensa a la traición con respecto al pueblo y a la avenencia con res
pecto al representante coronado de la vieja sociedad, porque ella
misma pertenecía ya a la vieja sociedad; no representaba los intere
ses renovados dentro de una sociedad caduca; no empuñaba el
timón de la revolución porque el pueblo la empujaba a marchar
delante de él; no se hallaba a la cabeza porque representase la ini
ciativa de una nueva sociedad, sino simplemente porque expresaba
el rencor de una época vieja de la sociedad; no era un estrato del
viejo Estado que hubiese irrumpido por su pujanza, sino que había
emergido a la superficie del nuevo Estado por la fuerza de un terre
moto; carente de toda fe en sí misma y sin fe alguna en el pueblo;
gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo; egoís
ta para con unos y otros, y consciente de su egoísmo; revoluciona
ria para con los conservadores y conservadora para con los revolu

cionarios; recelosa de sus propios tópicos, que eran frases en vez de
ideas; empavorecida, ante la tormenta mundial, pero explotándola
en beneficio propio; sin energía en ninguna dirección y plagiaria
en todas; vulgar por falta de originalidad y original en su vulgari
dad; regateando con sus propios deseos; sin iniciativa, sin fe en sí
misma, sin fe en el pueblo y sin misión alguna en el plano de la his
toria universal; como un viejo maldito condenado a guiar y desviar
en su propio interés senil los primeros impulsos juveniles de un
pueblo robusto; ciego, sordo y desdentado, una verdadera piltrafa:
tal era la burguesía prusiana a la que la revolución de Marzo entre
gó el timón del Estado.
[Neue Rheinische Zeitungy núm. 169,15 de diciembre de 1848]
Coloniay 15 de diciembre. La teoría del Pacto que la burguesía, eleva
da al gobierno con el ministerio Camphausen, convirtió inmediata
mente en “la más amplia base” del contrato social prusiano, no era,
ni mucho menos, una teoría vacua, sino que había brotado, por el
contrario, en el “árbol de oro” de la vida.
La revolución de Marzo no sometió en modo alguno al sobera
no por la Gracia de Dios a la soberanía del pueblo. Se limitó a obli
gar a la Corona, al Estado absolutista, a entenderse con la burgue
sía, a pactar con su viejo rival.
La Corona sacrificará la burguesía a la nobleza; la burguesía,
por su parte, sacrificará el pueblo a la Corona. Bajo esta condición,
se hará la monarquía burguesa y la burguesía monárquica.
Después de marzo, sólo existen estos dos poderes. Uno y otro
actúan, turnándose, como pararrayos de la revolución. Y todo, natu
ralmente, sobre “la más amplia base democrática”
He ahí el secreto de la teoría del Pacto.
Los tratantes en grasa y en lana352 que formaron el primer
Alusión a Camphausen, quien a principios de ese año comerciaba con grasa y lana, y a
Hansemann, por su actividad como comerciante en lanas.

38o
ministerio nombrado después de la revolución de Marzo estaban
encantados con el papel de servir de manto plebeyo para cubrir las
desnudeces de la Corona. Sentíanse felices de que se les considerara
dignos de alternar con la Corte y, aunque de mala gana, condescen
diendo por pura grandeza de alma a prescindir de su áspero espíri
tu romano — del romanismo de la Dieta Unificada— , prestábanse
a cubrir con el cadáver de la popularidad de que habían gozado en
otro tiempo la brecha que amenazaba con devorar al trono. ¡Cómo
se pavoneaba el ministro Camphausen en su papel de comadrona
del trono constitucional! El buen hombre sentíase manifiestamente
enternecido consigo mismo y con su propia magnanimidad. Y la
Corona y su séquito toleraban a duras penas este humillante pro
tectorado y, en espera de días mejores, ponían bonne mine à mau
vais jeu.*
Al ejército disuelto a medias, a la burocracia que temblaba por
sus puestos y sus sueldos, el estamento feudal humillado, cuyos jefes
se hallaban en giras constitucionales de estudios,353 no les fue difí
cil aturdir con sus suaves palabras y sus zalemas al bourgeois gentil
homme.354
La burguesía prusiana era poseedora nominal del poder y no
dudó ni por un momento que los poderes del viejo Estado se ha
bían puesto sin reservas a sus órdenes, convirtiéndose en otros tan
tos devotos exponentes de su omnipotencia.
No sólo en el gobierno, sino en todos los ámbitos de la monar
quía, se hallaba la burguesía embriagada con esta quimera.
¿Acaso no encontraron cómplices dócilmente sumisos en el
ejército, en la burocracia e incluso entre los señores feudales los
únicos hechos heroicos realizados por la burguesía prusiana des
pués de marzo, a saber: las refriegas, no pocas veces sangrientas, de
la Milicia Cívica contra el proletariado sin armas? ¿No fueron admia Al mal tiempo, buena cara.
353 Véase supra, nota 47.
354 Bourgueois gentilhomme: héroe de la comedia de Molière, Le bourgueois gentilhomme.
En la estructura de esta obra dramática toma cuerpo un vanidoso y mal educado burgués,
cuya principal ambición en la vida consiste en obtener un título nobiliario.

rados por los enmudecidos presidentes del gobierno y los generales
de división replegados sobre sí mismos los únicos esfuerzos a que
se aventuraron los representantes locales de la burguesía, los conse
jos municipales — cuya infamia pegajosamente servil hubo de ser
pisoteada más tarde como se merecía por los Windischgrátz, los
Jellachich y los Walden— y las únicas hazañas heroicas de estos con
sejos municipales después de la revolución de Marzo, sus palabras
patriarcalmente serias de advertencia al pueblo? ¿Y aún podía la
burguesía prusiana dudar de que se hubiera calmado el viejo enco
no del ejército, de la burocracia y de los señores feudales, en reve
rente homenaje al magnánimo vencedor, que había sabido refren
darse a sí mismo y poner un freno a la anarquía?
Era evidente. La burguesía prusiana sólo tenía ya una misión, la
de disfrutar tranquilamente de su poder, acabar con los molestos
anarquistas, restaurar “la paz y el orden” y recuperar los intereses
perdidos durante la tormenta de marzo. Ya sólo podía tratarse de
una cosa: de reducir al mínimo el costo de producción de su poder y
de la revolución de Marzo que lo condicionaba. ¿No habría que
romper en manos de un pueblo aturdido, que ya no necesitaba
emplearlas para la burguesía y manifestaba, en cambio, dudosas
veleidades de esgrimirlas en contra de ella, las armas que la burgue
sía prusiana, en su lucha contra la sociedad feudal y su Corona se
había visto obligada a reivindicar bajo la rúbrica del pueblo, el dere
cho de asociación, la libertad de prensa, etcétera?
Estaba convencida de que al pacto de la burguesía con la Coro
na, a los regateos de la burguesía con el viejo Estado, resignado a su
suerte, sólo estorbaba un obstáculo, un impedimento: el pueblo,
este puer robustus sed malitiosusj0 como Hobbes lo llama: \E1 pueblo
y la revolución!
La revolución era el título jurídico del pueblo; en ella basaba éste
sus impetuosas pretensiones. La revolución era la letra de cambio
librada por el pueblo contra la burguesía. El día de la dominación
b “Muchacho robusto pero malicioso”, variante de una frase de prólogo de Hobbes a su
libro De ave.

de ésta era el día de vencimiento del giro. Y la burguesía no tenía
más remedio que protestarlo.
La revolución significaba, en boca del pueblo: vosotros, burgue
ses, sois el Comité du salut public, el Comité de salud pública, a
quien confiamos el poder, no para que pactéis con la Corona acerca
de vuestros intereses, sino para que impongáis nuestros intereses,
los intereses del pueblo, contra la Corona.
La revolución era la protesta del pueblo contra el pacto de la
burguesía con la Corona. La burguesía que pactaba con la Corona
debía, pues, protestar contra... la revolución.
Y así lo hizo, en efecto, bajo el gran Camphausen. La revolución
de Marzo no fue reconocida. La representación nacional de Berlín se
constituyó como representación dé la burguesía prusiana en la Asam
blea del pacto, al rechazar la propuesta de que la revolución de Mar
zo fuese reconocida.
Se negó a reconocer los hechos producidos. Proclamó en voz
alta ante el pueblo prusiano que éste no había pactado con la bur
guesía para hacer la revolución contra la Corona, sino que había
hecho la revolución para que la Corona pactase con la burguesía
en contra de él. Quedó destruido así el título jurídico del pueblo
revolucionario y salvado el terreno legal de la burguesía conserva
dora.
¡El terreno legal!
Brüggemann, y a través de él la Gaceta de Colonia,355 han char
lado, fantaseado y lloriqueado tanto acerca del “terreno legal”, han
perdido y recobrado el “terreno legal” tantas veces, lo han agujerea
do y zurcido, lo han aventado de Berlín a Francfort y de Francfort
a Berlín, lo han encogido y ensanchado, lo han convertido de un
terreno simple en un terreno artesonado y doble —lo que es, como
se sabe, una de las jugadas maestras de los cómicos escamoteadores— y de un terreno doble en una trampa sin fondo, que el terre
no legal ha acabado por convertirse para nuestros lectores, y con
355 Véase supra, nota 43.

razón, en el terreno de la Gaceta de Colonia que estos lectores pue
den confundir del mismo modo que pueden confundir el santo y
seña de la burguesía prusiana con el santo y seña privado del señor
Joseph Dumont, una ocurrencia necesaria de la historia universal
prusiana con una chifladura personal de la Gaceta de Colonia y sólo
ven en el terreno legal el terreno sobre el que pisa este periódico.
¡El terreno legal, y concretamente el terreno legal prusiano!
El terreno legal sobre el que se muevan, después de marzo, el
caballero del gran debate, Camphausen, el espectro resurrecto de la
Dieta Unificada y la Asamblea del Pacto, ¿es la ley constitucional de
1815,356 o la ley de 1820 sobre la Dieta Federal,357 o la patente de 1837,358
o la ley electoral y del pacto, del 8 de abril de 1838?359
Nada de eso.
El “terreno legal” significa, pura y simplemente, que la revolución
no ha conquistado su terreno propio y que la vieja sociedad no ha
perdido el suyo, que la revolución de Marzo es un “acontecimiento”
que sólo ha servido para “impulsar” el “pacto” entre el Trono y la bur
guesía que el viejo Estado prusiano venía preparando desde hace lar
go tiempo, pacto cuya necesidad la propia burguesía había expresa
do ya en anteriores decretos mayestáticos, aunque antes de marzo no
lo considerase tan “apremiante”. El “terreno legal” significa, en una
palabra, que, después de marzo, la burguesía quiere seguir tratando
con la Corona sobre el mismo pie que antes de marzo, como si no
hubiese habido ninguna revolución y la Dieta Unificada hubiese
alcanzado su meta sin necesidad de ella. El “terreno legal” significa
que en el contrato social entre gobierno y burguesía no existe el títu
lo jurídico del pueblo, que es la revolución. La burguesía deriva sus
pretensiones de la vieja legislación prusiana, para que el pueblo no pue
da derivar de la nueva revolución prusiana pretensión alguna.
Huelga decir que los cretinos ideológicos de la burguesía, sus
356 Véase supra, nota 7.
357 Véase supra, nota 38.
358 Véase supra, nota 187.
359 Véase supra, nota 338.

periodistas, etc., hacen pasar este interés embellecido burgués por
el verdadero interés de la burguesía, y así se lo tienen que imaginar
ellos y hacerlo ver a los demás. En la cabeza de un Brüggemann, la
frase del terreno legal se transforma en una sustancia real.
El ministerio Camphausen había dado cima a su cometido, que
era la mediación y la transición. Sirvió, en efecto, de mediador entre
la burguesía encaramada sobre los hombros del pueblo y la bur
guesía que ya no necesitaba subirse a ellos; entre la burguesía que
aparentemente representaba al pueblo frente a la Corona y la bur
guesía que realmente representaba a la Corona frente al pueblo;
entre la burguesía que se desgajaba de la revolución y la burguesía
que se había presentado como el núcleo de ella.
Cumpliendo con su papel, el ministerio Camphausen se limitó,
en su pudor virginal, a ejercer la resistencia pasiva contra la revolu
ción.
La repudiaba, ciertamente, en teoría, pero en la práctica se rebe
laba contra sus pretensiones y sólo toleraba la reconstitución de los
viejos poderes del Estado.
La burguesía creía haber llegado, entre tanto, al punto en que la
resistencia pasiva debía trocarse en resistencia activa. El ministro
Camphausen dimitió, no porque hubiese cometido tales o cuales
errores, sino por la sencilla razón de que era el primer ministerio
formado después de la revolución de marzo, porque era el ministe
rio de la revolución de Marzo y porque, de acuerdo con su origen,
tenía que ocultar todavía a los representantes de la burguesía detrás
de la dictadura del pueblo. Aquel nacimiento ambiguo y aquel doble
carácter le imponían aún ciertas conveniencias, reservas y mira
mientos para con el pueblo soberano, que a la burguesía le resulta
ban fastidiosas y a las que ya no tendría por qué someterse un
segundo gabinete surgido directamente de la Asamblea del Pacto.
Por eso su retirada constituyó un misterio para los políticos case
ros. Le siguió el ministerio de la acción, el ministerio Hansemann,360
360 Al ministerio Camphausen siguió en Prusia, a partir del 26 de junio de 1848, el minis-

porque la burguesía se proponía pasar del periodo de la traición
pasiva contra el pueblo y al servicio de la Corona al periodo de la
supeditación activa del pueblo a su dominación, pactada con
la Corona. El ministerio de la acción era el segundo ministerio des
pués de la revolución de Marzo. En eso residía todo su secreto.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 170,16 de diciembre de 1848]
Colonia, 29 de diciembre.
¡Señores: en cuestiones de dinero, cesa la cordialidad!361
En estas concisas palabras resume Hansemann todo el liberalismo de
la Dieta Unificada. Este hombre era el jefe necesario del ministerio
emanado de la misma Asamblea del Pacto, del ministerio llamado
a convertir la resistencia pasiva frente al pueblo en ataque activo
contra el pueblo, del ministerio de la acción.
En ningún ministerio prusiano figuraban tantos nombres bur
gueses. Hansemann, Milde, Märker, ^Kühlwetter, Gierke. Hasta la eti
queta cortesana de este ministerio, representada por Von Auerswald,
pertenecía a la nobleza liberal de la oposición de Königsberg. ¡Sola
mente Roth von Schreckenstein representaba, entre la canalla, a la
vieja nobleza feudal burocratizada de Prusia! ¡Roth von Schreckens
tein! ¡Título sobreviviente de una novela perdida de bandidos y
caballeros del bienaventurado HildebrandtP62 Pero este Roth von
terio Auerswald-Hansemann, conocido también como el “ministerio de la acción”. Auerswald
fungió como su presidente, aunque la verdadera cabeza de dicho ministerio lo era el mismo
Hansemann, quien, desde su privilegiada posición de ministro de Finanzas en el ministerio
Camphausen, había representado los intereses de la gran burguesía, permitiéndose imponer
leyes y medidas en interés de su propia clase, tanto en el ministerio como en la Asamblea
Nacional.
361 Tomado del discurso de Hansemann durante la sesión de la primera Dieta Unificada,
del 8 de junio de 1847.
362 Marx alude aquí a una conocida novela de caballería de C. Hildebrandt, titulada Runo
von Schreckenstein o la visión profètica, publicada en 1821.

Schreckenstein no era más que el engarce feudal de la joya burgue
sa. Este Roth von Schreckenstein, en medio del ministerio burgués,
proclamaba en gigantescas letras mayúsculas: el feudalismo, el
ejército y la burocracia de Prusia siguen a la naciente estrella de la
burguesía prusiana. Estos gigantes se ponen a sus órdenes, y
la burguesía los coloca delante de su trono, como en los viejos sím
bolos heráldicos se colocaban osos delante del soberano. Roth von
Schreckenstein es, sencillamente, el oso en el escudo del ministerio
burgués.
El 26 de junio se presentó a la Asamblea Nacional el ministerio
Hansemann. Pero su verdadera existencia data del mes de Julio. La
revolución de Junio fue simplemente el telón de fondo del ministe
rio de la acción, como la revolución de Febrero fue el telón de fondo
del ministerio de la mediación.
La burguesía prusiana explotó en contra del pueblo la sangrien
ta victoria de la burguesía parisina sobre el proletariado de París, lo
mismo que la Corona prusiana explotó la sangrienta victoria arran
cada en Viena por los croatas contra la burguesía. Los dolores del
parto de la burguesía prusiana después del Noviembre austríaco
fueron la compensación de los dolores del parto del pueblo prusia
no después del Junio francés. En su miope estrechez de miras, los
filisteos alemanes se confundieron con la burguesía francesa. Ellos
no habían derribado ningún trono, no habían destruido la socie
dad feudal, y, menos aún sus últimos vestigios, no tenían ninguna
sociedad creada por ellos mismos que defender. Después de Junio,
como después de Febrero, igual que desde comienzos del siglo xvi
y a lo largo del xvm, creían, llevados de su afán astuto y furioso de
lucro, poder seguir arrancando al trabajo ajeno las tres cuartas par
tes de ganancia. No sospechaban que si, en Francia, la burguesía
aniquiladora de tronos sólo contemplaba ante sí un enemigo, el
proletariado, la burguesía prusiana que pugnaba con la Corona no
tenía más que un aliado, el pueblo. No porque no existieran entre
ellos intereses opuestos. Pero sí, pues los unía todavía, a una y otro,

el mismo interés contra una tercera fuerza que los oprimía conjun
tamente a ambos.
El ministerio Hansemann se consideraba como un ministerio
de la revolución de Junio. Y en cada ciudad prusiana los filisteos se
convirtieron, frente a los “bandidos rojos”, en “honrados republica
nos”, sin dejar de ser por ello honorables monárquicos, y de vez en
cuando no echaban de ver que sus “rojos” lucían escarapelas blan
quinegras.,363
En su discurso al trono del 26 de junio Hansemann dijo sin
andarse con rodeos lo que pensaba acerca de la misterioso-nebulosa idea de Camphausen sobre una “monarquía erigida sobre las más
amplias bases democráticas”
“Monarquía constitucional basada en el sistema bicameral y en el
ejercicio conjunto del poder legislativo por ambas, Cámara y Coro
na”: he aquí la fórmula escueta a que redujo el intuitivo fallo de su
entusiasta predecesor.
Modificar las relaciones más necesarias incompatibles con la nueva
Constitución del Estado, liberar a la propiedad de las trabas que entor
pecen su ventajosa utilización en gran parte de la monarquía, reor
ganizar la administración de justicia, reformar la legislación fiscal y,
principalmente, abolir las exencioneí de impuestos, etc. —y, sobre
todo—, fortalecer el poder del Estado, necesario para proteger la liber
tad adquirida [por los ciudadanos] contra la reacción [explotación de
la libertad en interés de los señores feudales], contra la anarquía
[explotación de la libertad en interés del pueblo] y para restablecer la
confianza quebrantada.364
Tal era el programa ministerial, el programa de la burguesía
prusiana convertida en ministerio y que tenía por representante clá
sico a Hansemann.
363 Negro y blanco: colores de la bandera prusiana oficial.
364 Resumen del “Programa5 del ministerio Auerswald-Hansemann, según lo expusiera
Hansemann ante la Asamblea Nacional, durante la vigésima sesión, del 26 de junio de 1848.

En la Dieta Unificada, Hansemann había sido el contradictor
más enconado y más cínico de la confianza, pues “¡Señores: en cues
tiones de dinero, cesa la cordialidad!” A la cabeza del gobierno, el
mismo Hansemann proclamó como necesidad primordial el “res
tablecer la confianza quebrantada] pues dirigiéndose esta vez al pue
blo, como la otra vez se había dirigido al trono:
¡Señores: en cuestiones de dinero, cesa la cordialidad!
Entonces, se trataba de la confianza que trae dinero, ahora se
trata de la confianza que hace dinero; allí, de la confianza feudal, de
la confianza basada en la pleitesía a Dios, al Rey y a la Patria, aquí
de la confianza burguesa, de la confianza en el comercio y las trans
acciones, en los intereses del capital, en la solvencia de los clientes,
en la confianza comercial; no se trataba ya de la fe, el amor y la espe
ranza, sino del crédito.
“¡Restablecer la confianza quebrantada/” En estas palabras de
Hansemann expresaba éste la idea fija de la burguesía prusiana.
El crédito descansa sobre la seguridad de que seguirá mante
niéndose a la manera tradicional la explotación del trabajo asala
riado por el capital, la explotación del proletariado por la burgue
sía, la explotación de los pequeños burgueses por los grandes.
Cualquier agitación política del proletariado, sea la que fuere y aun
que la burguesía la promueva directamente, quebranta la confianza
y el crédito. “Restablecer la confianza quebrantada” significaba, por
tanto, en boca de Hansemann:
Reprimir cualquier agitación política entre el proletariado y en
todas las capas de la sociedad cuyo interés no coincida directamente
con el de la clase que en opinión suya empuña el timón del Estado.
De allí que Hansemann plantease, en estrecha relación con la
mira de “restablecer la confianza quebrantada”, el objetivo de “for
talecer el poder del Estado” Sólo se equivocaba en cuanto a la natu
raleza de este “poder del Estado”. Creía fortalecer el poder estatal
que servía al crédito, a la confianza burguesa, y fortalecía solamen

te el poder estatal que reclama confianza y, en caso necesario, la
impone a cañonazos, porque carece de crédito. Quería regatear con
el costo de producción del poder burgués, y echó sobre los hom
bros de la burguesía la carga exorbitante de los millones que cuesta
la restauración del poder feudal prusiano.
Con respecto a los obreros, Hansemann se manifestó en térmi
nos muy concisos: les dijo que tenía en el bolsillo un gran remedio
para ellos. Pero, antes de sacarlo, era necesario que se restableciera,
ante todo, la “confianza quebrantada”. Y para restablecer la confian
za, la clase obrera debía poner fin a sus politiqueos y a sus injeren
cias en los asuntos del Estado, retornando a sus viejos hábitos. Si
seguía sus consejos y se restablecía la confianza, el gran remedio
misterioso daría resultado, desde luego, entre otras cosas porque ya
no sería necesario ni aplicable, puesto que se habría eliminado la
enfermedad, la perturbación del orden burgués. ¿Y para qué reme
dios, donde no había enfermedades? Pero si el pueblo se obstinaba
en inmiscuirse, entonces recurriría al “fortalecimiento del poder del
Estado”, de la policía, del ejército, de los tribunales de justicia, de la
burocracia, soltaría contra el pueblo a sus osos, pues la “confianza”
se había convertido en una “cuestión de dinero”, y
/Señores: en cuestiones de dinero, cesa la cordialidad!
Aunque esto haga reír a Hansemann, su programa era un pro
grama honrado, un programa bien intencionado.
Se trataba de fortalecer el poder del Estado no sólo contra la
anarquía, es decir, contra el pueblo, sino también contra la reac
ción, es decir, contra la Corona y los intereses feudales, en la medi
da en que trataran de imponerse frente a las arcas de caudales y
frente a las “más necesarias” es decir, las más modestas pretensio
nes políticas de la burguesía.
El ministerio de la acción era, ya por su misma composición,
una protesta contra esta “reacción”.
Este ministerio se distinguía de todos los anteriores gobiernos

prusianos por el hecho de que el verdadero presidente del Consejo
era el ministro de Hacienda. El Estado prusiano había ocultado cui
dadosamente durante varios siglos que las carteras de la Guerra y
los Asuntos Interiores, los Negocios Exteriores y las cuestiones de
la Iglesia y la Instrucción Pública, y hasta el ministerio encargado
de los Asuntos de la Corona, y la fe, el amor y la esperanza, todo se
hallaba supeditado al departamento profano de las Finanzas. El
ministerio de la acción se encargó de colocar en lugar descollante
esta desagradable verdad burguesa, colocando en sitio preeminen
te, a la cabeza, al señor Hansemann, al hombre cuyo programa
ministerial, lo mismo que su programa de oposición, se resumía en
las palabras:
/Señores: en cuestiones de dinero, cesa la cordialidad!
En Prusia, la monarquía se había convertido en una “cuestión
de dinero”.
Pasemos ahora del programa del ministerio de la acción a sus
actos.
La amenaza de “fortalecer el poder del Estado” contra la “anar
quía”, es decir, contra la clase obrera y todas las fracciones de la
burguesía que no se atenían al programa del señor Hansemann,
fue tomada en serio. Podemos, incluso, afirmar que, exceptuando
la elevación de los impuestos sobre el azúcar de remolacha y el
aguardiente, esta reacción contra la llamada anarquía, es decir, con
tra el movimiento revolucionario, fue el único acto serio realizado
por el ministerio de la acción.
Multitud de procesos de prensa al amparo del derecho nacional
prusiano365 o, en su defecto, del código penal francés,366 numerosas
detenciones basadas en el mismo “fundamento suficiente” (fórmula
de Auerswald), la creación en Berlín del cuerpo de “Condestables”,367
365 Véase supra, nota 203.
366 Véase supra, nota 262.
367 El ministerio Auerswald-Hansemann, conocido como el “ministerio de la acción” se

que hacía que tocasen a dos oficiales de policía por cada casa de la
ciudad, las usurpaciones policiacas contra la libertad de asociación,
los abusos de la soldadesca, a la que se azuzaba contra los ciudada
nos que se propasasen, los abusos de la Milicia Cívica, lanzada en
contra de los proletarios insolentes, el estado de sitio como norma,
todo se halla aún fresco en el recuerdo de los tiempos de la olim
piada de Hansemann. Huelgan los detalles.
Kühlwetter resumía este aspecto de las aspiraciones del ministe
rio de la acción, al declarar:
Un Estado que aspire a ser verdaderamente libre tiene que sostener como
poder ejecutivo a un numerosísimo personal de policía,
palabras a las que Hansemann puso, entre labios, esta glosa, ya habi
tual en él:
Esto contribuirá esencialmente, además, a h acer re in a r la co n fian za y a
rea n im a r la lá n gu id a a c tiv id a d com ercial.568
Así pues, bajo el ministerio de la acción se cfortalecieron ’ la vie
ja policía prusiana, los tribunales de justicia, la burocracia y el ejér
cito, que se hallaban al servicio de la burguesía, puesto que se halla
ban a sueldo de ella; así, al menos, pensaba Hansemann. Pero, sea
de ello lo que quiera, el caso es que se ffortalecieron!
En cambio, el estado de ánimo del proletariado y de la demo
cracia burguesa lo caracteriza un hecho. Como unos cuantos reachizo cargo de los asuntos del Estado a partir del 25 de junio de 1848 hasta el 21 de septiembre
del mismo año.
Bajo este ministerio se formó en Berlín, de acuerdo con la policía de siempre, una divi
sión armada entre un cuerpo civil a fin de tener elementos contra las reuniones callejeras y
las manifestaciones masivas del pueblo y, al mismo tiempo, un servicio de espionaje. Esta
división policiaca se llamó Condestables, de acuerdo con los que así eran llamados en Ingla
terra, y que desempeñaron un papel significativo durante las manifestaciones cartistas del 10
de abril de 1848.
Tomado del discurso del ministro Kühlweter y Hansemann en la trigesimoséptima
sesión de la Asamblea Nacional prusiana, el 9 de agosto de 1848.

cionarios maltrataran en Charlotemburgo a algunos demócratas, el
pueblo tomó por asalto el hotel del presidente del Consejo de
Ministros en Berlín. Tan popular se había hecho el ministerio de la
acción. Al día siguiente, Hansemann presentó un proyecto de ley
contra los motines y las concentraciones públicas. Tan astutamente
intrigaba este ministerio contra la reacción.
Como se ve, la actividad real, tangible y popular del ministerio
de la acción era una actividad puramente policiaca. A los ojos del
proletariado y de la democracia urbana, este ministerio y la Asam
blea de los partidarios del pacto, cuya mayoría se hallaba represen
tada en el ministerio, y la burguesía prusiana, cuya mayoría forma
ba la mayoría de la Asamblea del Pacto, no era otra cosa que el viejo
Estado policiaco y burocrático restaurado. A ello se había añadido la
furia contra la burguesía, porque ésta se hallaba en el poder y se
había convertido, con la Milicia Cívica, en parte integrante de la
policía.
A los ojos del pueblo, la “conquista de marzo” consistía en que
también los señores liberales de la burguesía habían asumido fun
ciones policiacas. Era, pues, una policía por partida doble.
No es en los actos del ministerio de la acción, sino en sus pro
yectos de leyes orgánicas donde se ve cómo “fortaleció” y empujó a
actuar a la “policía” expresión suprema del viejo Estado, solamente
en interés de la clase burguesa.
En los proyectos de leyes sobre el régimen municipal, los tribu
nales del jurado y la Milicia Cívica presentados por el ministerio
Hansemann, vemos que la fortuna constituye siempre, bajo una u
otra forma, el límite que separa el terreno legal del ilegal. Aunque
en todos ellos se hagan las más serviles concesiones al poder real, en
el que el ministerio burgués creía tener un aliado seguro, como con
trapeso de ello resalta con tanto mayor descaro el poder del capital
sobre el trabajo.
La ley de la Milicia Cívica, sancionada por la Asamblea del Pac
to, se volvió en contra de la burguesía misma y hubo de suminis
trar el pretexto legal para desarmarla. Claro está que se hacía la ilu

sión de que esta ley no entraría en vigor hasta que se implantase el
nuevo régimen municipal y se promulgase la Constitución, es decir,
hasta que se consolidase su poder. La experiencia que ha tenido con
la ley civil podría haber ayudado a la burguesía prusiana a abrir los
ojos y hacerla comprender que, por el momento, cuanto cree hacer
en contra del pueblo sólo lo hace, en realidad, en contra suya.
Por tanto, para el pueblo el ministerio Hansemann se resume
prácticamente en el viejo “alguacileo” policiaco y teóricamente en
las injuriosas distinciones belgas369 entre burgueses y no burgueses.
Pasemos a otro de los aspectos del programa ministerial, el de
la anarquía contra la reacción.
En este aspecto, el ministerio puede presentar, más que actos,
piadosos deseos.
Entre los piadosos deseos burgueses figura la parcelación y ven
ta de las tierras del dominio público a particulares, la entrega de la
Banca a la competencia privada, la transformación en instituto pri
vado del comercio marítimo,370 etcétera.
El ministerio de la acción tuvo la mala fortuna de que sus ata
ques económicos contra el partido feudal aparecieron colocados
todos bajo la égida del empréstito forzoso y de que sus intentos de
reformas se revelaran a los ojos del pueblo, en su conjunto, como
otros tantos recursos financieros encaminados a llenar las arcas de
aquel “poder del Estado” que se trataba de fortalecer. Esto hizo que
Hansemann se atrajese el odio de un partido sin congraciarse con
el otro. Y no puede negarse que sólo se atrevía a descargar un golpe
serio sobre los privilegios feudales allí donde se imponía, por inte
rés del ministerio de Hacienda, la “cuestión monetaria”, es decir, la
369 La Constitución aristocrático-burguesa de Bélgica aprobada después de la victoria de
la revolución burguesa de 1831 suprimía, mediante un censo general, el derecho electoral.
370 Sociedad prusiana del comercio marítimo: se fundó en 1772 como una sociedad de cré
dito, con la concesión de una serie de importantes privilegios de parte del Estado. El gobier
no hizo entrega de un fuerte empréstito para sus disposiciones, asignándole a sus banqueros
y agentes de cambio un importante papel. En 1810 las acciones y obligaciones de esta socie
dad fueron transformadas en bonos de la deuda pública, por lo que se procedió a suprimir
la. A través de una disposición ministerial, el 17 de enero de 1817 se transformó en una insti
tución bancaria y financiera del Estado prusiano.

cuestión monetaria en el sentido del ministerio de Hacienda. En este
estrecho sentido, exclamaba dirigiéndose a los señores feudales:
¡Señores: en cuestiones de dinero, cesa la cordialidad!
Y así incluso sus aspiraciones burguesas positivas en contra de
los elementos feudales presentaban el mismo matiz policiaco que sus
medidas negativas encaminadas a “reanimar la actividad comercial”.
En efecto, en términos de economía política, la policía se llama el fis
co. La elevación de los impuestos sobre el azúcar de remolacha y
sobre el aguardiente, que Hansemann hizo aprobar por la Asamblea
Nacional y elevó a ley, sublevó a las cajas de caudales, con Dios y por
la Patria y por el Rey, en Silesia, las Marcas, Sajonia, la Prusia Orien
tal y Occidental, etc. Y, a la par que esta medida concitaba la cólera
de los terratenientes industriales en las provincias de la vieja Prusia,
provocaba un descontento no menos grande entre los destiladores
de aguardiente burgueses de la provincia del Rin, quienes se veían
con ello colocados en condiciones de competencia no menos desfa
vorables frente a las viejas provincias prusianas. Y para colmar la
medida, indignó además a la clase obrera de las viejas provincias, para
las que esa medida no significaba ni podía significar más que el enca
recimiento de un artículo indispensable. Por tanto, para lo único que
servía era para llenar las arcas del “poder del Estado”, que se quería
“fortalecer”. Y creemos que basta con este ejemplo, ya que se trata del
único acto del ministerio de la acción contra los elementos feudales
llevado realmente a la práctica, del único proyecto orientado en este
sentido, que realmente llegó a convertirse en ley.
Los “proyectos” de Hansemann dirigidos a suprimir las exen
ciones fiscales de clase y del impuesto territorial, así como su pro
yecto de impuesto sobre la renta371 hicieron bailar la tarantela a los
El “Proyecto de Ley acerca de la supresión de las exenciones del impuesto sobre la
renta”, referente a la nobleza, la oficialidad, la jerarquía eclesiástica y los maestros, fue pro
puesto en la Asamblea Nacional prusiana el 12 de julio de 1848, tras la exposición que de él
hizo Hansemann y entregado a la Asamblea el 21 de julio.

fanáticos terratenientes adoradores de “Dios, el Rey y la Patria”.
Pusieron el grito en el cielo acusándolo de... comunista, y aún es
hoy el día en que los cruzados prusianos se santiguan tres veces al
oír el nombre de Hansemann, que suena a sus oídos como el de Fra
Diavolo.372 La abolición del privilegio de exención de impuestos,
única medida importante propuesta por un ministro prusiano
durante la maravilla de la Asamblea de los partidarios del pacto, se
estrelló contra la limitación de horizontes de que partiría por prin
cipio la izquierda. Y esta limitación había sido sancionada por el
propio Hansemann. ¿O acaso iba la izquierda a abrir nuevas fuen
tes de recursos financieros al ministerio del “poder del Estado” que
trataba de “fortalecerse”, antes de que se redactara y jurara la Cons
titución?
Tan desventurado era este ministerio burgués par excellence, que
la más radical de sus medidas tenía necesariamente que verse para
lizada por los miembros radicales de la Asamblea del Pacto. Tan
desamparado se hallaba, que toda su cruzada contra el feudalismo
se convirtió en una elevación de impuestos, arrostrando por igual el
disgusto de todas las clases, y toda su perspicacia financiera abortó
en un empréstito forzoso. Dos medidas que, en fin de cuentas, no
hacían más que aprontar subsidios para la campaña de la contrarre
volución contra la misma burguesía. Por su parte, los elementos feu
dales se convencieron de las “pérfidas” intenciones del ministerio
burgués. Por donde, en la misma lucha financiera de la burguesía
prusiana contra el feudalismo, se comprobó la verdad de que, en su
impotencia antipopular, esta burguesía procedía en contra de sí mis
ma incluso cuando se trataba de reunir dinero, y “¡señores: en cues
tiones de dinero, cesa la cordialidad/”
Lo mismo que el ministerio burgués había logrado concitar en
contra suya, por igual, el encono del proletariado urbano, de la
Fra Diavolo: el “hermano Diablo”, que en la realidad se llamó Michele Pezza, un jefe
bandolero del sur de Italia; dirigió de 1798 a 1806, con sus guerrilleros, una sostenida lucha
contra los conquistadores franceses, quienes al término de la resistencia lo atraparon y más
tarde lo ajusticiaron ejemplarmente. La figura de Fra Diavolo de la ópera del mismo nom
bre, de Auber, no tiene nada que ver con el verdadero, salvo en el nombre.

a*
democracia burguesa y de los elementos feudales, supo también
enajenarse y enfrentarse como enemiga incluso a la clase campesina
sojuzgada por el feudalismo, apoyado celosísimamente en ello por
la Asamblea de los partidarios del Pacto. No debe olvidarse, en tér
minos generales, que durante la mitad de su vida esta Asamblea
encontró en el ministerio Hansemann su adecuado representante y
que los mártires burgueses de hoy tiraban ayer de los faldones de la
levita a Hansemann.
El proyecto de liberación de las cargas feudales presentado por
Patow bajo Hansemann373 constituía el más lamentable amaño de
la impotente veleidad burguesa de abolir los privilegios feudales,
como “relaciones incompatibles con la nueva Constitución del Esta
do”, y del temor burgués a atentar revolucionariamente contra cual
quier clase de propiedad. El lamentable, medroso y mezquino egoís
mo cegó a la burguesía prusiana hasta el punto de repudiar a su
aliado natural> que era la clase campesina.
El 3 de junio, el diputado Hanow presentó una propuesta según
la cual
podrían dejarse en suspenso inmediatamente, a petición de una de las
partes, todas las negociaciones en curso encaminadas a regular las rela
ciones entre terratenientes y campesinos y a redimir las prestaciones per
sonales, entre tanto que se promulgara una nueva ley, basada en princi
pios de equidad.
Pero sólo a fines de septiembre, es decir, cuatro meses más tarde,
bajo el ministerio Pfuel, votó la Asamblea del Pacto el Proyecto de
ley sobre el aplazamiento de las negociaciones pendientes entre
terratenientes y campesinos, después de rechazar todas las enmien
das liberales, dejando en pie “la reserva de que podían establecerse
El título de la “Memoria de Patow para la liberación”, del io de junio de 1848, dice:
“Promemoria relativa a las disposiciones de la legislación por medio de las cuales se intenta
rá una reforma en las relaciones de propiedad y señorío así como la superación de las trabas
existentes para el cultivo de la tierra”.

con carácter interino las prestaciones en curso” y “hacerse efectivos
los tributos litigiosos y los atrasos”.374
En agosto, si no nos equivocamos, la Asamblea del Pacto decla
ró no urgente la propuesta de Nenstiel sobre la “inmediata abolición”
de las prestaciones personales?7^ ¡y se pretendía que los campesinos,
por su parte, consideraran urgente batirse por aquella misma Asam
blea de partidarios del pacto que los retrotraía al estado de hecho
anterior a la revolución de Marzo!
La burguesía francesa comenzó liberando a los campesinos. Con
los campesinos, conquistó a Europa. La burguesía prusiana, en cam
bio, se hallaba tan dominada por sus intereses estrechos e inmedia
tos, que perdió por su ligereza este aliado y lo convirtió en un ins
trumento en manos de la contrarrevolución feudal.
La historia oficial de la disolución del ministerio burgués es bien
conocida.
Bajo su égida, el “poder del Estado” “se fortaleció” de tal modo y
las energías del pueblo se deprimieron a tal punto, que los dióscuros Kühlwetter-Hansemann hubieron de formular, ya el 15 de julio,
una advertencia a todos los presidentes del gobierno de la monar
quía en contra de los manejos reaccionarios de los funcionarios
administrativos, especialmente de los consejos municipales; más tar
de, se reunió en Berlín, junto a la Asamblea del Pacto, una “Asam
blea de la nobleza y los grandes terratenientes en defensa” de sus pri
vilegios376 y, finalmente, se convocó en la Alta Lusacia para el 4 de
374 La Propuesta del diputado Hanow fue transmitida en la sesión del 3 de junio de 1838
de la Asamblea Nacional prusiana. El 21 de julio, la Comisión Central de la Asamblea ofreció
una exposición sobre esta propuesta y un proyecto de ley. En la sesión del 30 de septiembre,
esta comisión puso a debate dentro de la Asamblea un segundo informe sobre la propuesta
del diputado Hanow, acompañado de otro proyecto de ley. En esta última sesión se aprobó
el proyecto de ley. Finalmente, la ley que resultó de estas deliberaciones fue derogada por el
rey el 9 de octubre de 1848.
375 La Propuesta del diputado Nenstiel, “que de inmediato daba término a la subsistente
servidumbre palaciega”, fue declarada en la sesión del 1 de septiembre de 1848, en una nor
mal orden del día de la Asamblea, como no urgente, contra lo propuesto por el propio dipu
tado Nenstiel.
376 Marx se refiere a la “Asamblea general en defensa, de los intereses materiales de todas
las clases del pueblo prusiano”, también llamada “Parlamento de los }unkers” Se trata de un

septiembre, frente a la llamada Asamblea Nacional de Berlín, como
trasunto de la Edad Media, una “Dieta comunal para salvaguardar
los derechos amenazados de la propiedad sobre la tierra”.
La energía de que el gobierno y la llamada Asamblea Nacional
dieron pruebas en contra de estos síntomas contrarrevolucionarios
cada día más amenazadores se manifestó, como era natural, en
advertencias sobre el papel. Las bayonetas, las balas, las cárceles y
los alguaciles los reservaba el ministerio burgués para el pueblo,
con vistas a “restablecer la confianza quebrantada y reanimar la acti
vidad comerciar.
Los sucesos de Schweidnitz, en que la soldadesca asesinó direc
tamente a burgueses encuadrados en la Milicia Cívica, sacaron por
último a la Asamblea Nacional de su apatía. El 9 de agosto, se deci
dió, apelando a todas sus energías, a realizar un acto heroico, al dic
tar la orden al ejército de Stein-Schultze,377 en la que se recurría
como medio supremo de coacción al sentimiento de ternura de los
oficiales prusianos. ¡Vaya un medio de coacción! ¿Acaso su honor
monárquico no vedaba a los oficiales prestar oídos al honor bur
gués?
El 7 de septiembre, un mes después de haber concebido la orden
al ejército de Stein-Schultze, la Asamblea decidió que aquel acuer
do tuviese carácter real y fuese ejecutado por los ministros. Hansemann se negó a ello el 11 de septiembre, y presentó su dimisión,
después de extenderse a sí mismo el nombramiento de director del
Banco, con un sueldo anual de 6 000 táleros, pues
/Señores: en cuestiones de dinero, cesa la cordialidad!
Por último, el 25 de septiembre, la Asamblea del Pacto recibió
con gratitud de labios de Pfuel la fórmula completamente atenuada
gran congreso convocado por los grandes terratenientes “para la defensa y fortalecimiento
de la propiedad territorial y la prosperidad de todas las clases” (aunque, en realidad, este
congreso trató tan sólo de los intereses de la clase terrateniente), celebrado en Berlín el 18 de
agosto de 1848.
377 Véase supra, nota 271.

de la orden al ejército de Stein-Schultze, que entre tanto se había
convertido en una broma de mal gusto ante las masas de tropas con
centradas en torno a Berlín, con la orden paralela dirigida al ejérci
to por Wrangel.378
Basta echar una ojeada a las fechas que acabamos de consignar
y a la historia de la orden al ejército de Stein-Schultze para conven
cerse de que no fue ésta la verdadera razón de la dimisión de Hansemann. ¿Por qué había de retroceder ante aquella proclama sobre
el papel quien no se había asustado de otorgar su reconocimiento
a la revolución? Un Hansemann, que había alargado la mano hacia
la cartera de ministro cuantas veces le había caído en suerte, ¿iba a
dejarla esta vez al mejor postor sobre el banco del consejo de minis
tros, simplemente por una irritación de buena fe? No; nuestro Han
semann no es ningún fanático. Lo que ocurre es, sencillamente, que
se vio chasqueado, como personificación de la chasqueada burgue
sía. Se le hizo creer que la Corona lo sostendría, pasara lo que pasa
ra. Se le hizo perder hasta la última apariencia de popularidad, para
sacrificarle finalmente al rencor de la nobleza rural y poder librar
se así de la tutela de la burguesía. Además, el plan de campaña con
venido con Rusia y Austria exigía que se pusiera al frente del gabi
nete a un general designado por la camarilla, al margen de la
Asamblea del Pacto. El ministerio burgués había “fortalecido” ya lo
suficiente el “poder del Estado” para que pudiera aventurarse este
golpe.
La elección de Pfuel resultó equivocada. La victoria de los croa
tas en Viena hizo que incluso un Brandeburgo se convirtiera en un
instrumento idóneo.
Bajo el ministerio Brandeburgo, la Asamblea de los partidarios
del pacto fue ignominiosamente burlada, escarnecida, humillada,
Orden militar de Wrangel: el general al mando de la guarnición de Brandeburgo,
Wrangel, dirigió el 17 de septiembre de 1848 una orden al ejército en la que se indicaba que
los grupos militares prusianos que tuvieran intenciones de perpetrar un ataque abierto ante
las conquistas revolucionarias fueran degradados. Hizo notar que su labor estaba encami
nada a sostener la “tranquilidad pública”. La orden concluía con un llamado a los soldados
para cerrar filas en torno a los oficiales y al rey.

perseguida y, en el momento decisivo, el pueblo permaneció indife
rente. Su derrota fue la derrota de la burguesía prusiana, de los cons
titucionales; fue, por tanto, una victoria del partido democrático, por
muy cara que tuviese que pagarla.
Pero ¿y la Constitución otorgada?379
Se había dicho que jamás se interpondría “un pedazo de papel”
entre el rey y su pueblo.380 Ahora, se decía: entre el rey y su pueblo
sólo se interpondrá un pedazo de papel. La verdadera Constitución
de Prusia es el estado de sitio. La Constitución francesa otorgada
contenía solamente un artículo, el 14, que la derogaba.381 En la Cons
titución otorgada de Prusia todos y cada uno de los artículos son
un artículo 14.
Por esta Constitución, la Constitución otorga nuevos privile
gios; se los otorga, concretamente, a sí misma.
Se reserva en ella el derecho a disolver libremente las cámaras
sin plazo alguno. Concede a los ministros el derecho a dictar libre
mente, cuando no estén reunidas las cámaras, toda clase de leyes
(incluso sobre la propiedad, etc.). Permite a los diputados acusar
libremente por ello a los ministros, pero corriendo el riesgo de ser
declarados en estado de sitio como “enemigos interiores”. Y, por
último, se reserva a sí misma, en el caso de que para la primavera
subiera la cotización de las acciones de la contrarrevolución, el dere
cho de sustituir este “pedazo de papel” que flota en el aire por una
Carta Magna382 cristiano-germánica emanada orgánicamente de la
jerarquía estamental de la Edad Media, o a poner fin sin más al jue
4oo
a*
379 Véase supra, nota 340.
380 Referencia al “Mensaje” de Federico Guillermo IV durante la apertura de la primera
Dieta Unificada, el 11 de abril de 1847.
381 De acuerdo con el artículo 14 de la Charte constitutionelle de Luis XVIII se decía: “El
rey es la cabeza del Estado... él decreta las disposiciones y mandatos necesarios para la apli
cación de la ley y la seguridad del Estado”.
382 Magna Charta Libertatum: documento que habrían de proponer al rey inglés, Juan sin
Tierra, con el apoyo de la nobleza y las ciudades, los grandes señores feudales, barones y ecle
siásticos. Fue firmada el 15 de junio de 1215 a fin de limitar los derechos del rey ante todos los
grandes señores feudales, la nobleza y las ciudades de todo el reino. Funcionó como una
auténtica carta constitucional.

go constitucional. Incluso en este último caso, la parte conservado
ra de la burguesía se postraría de hinojos y rezaría:
¡E l Señor nos lo ha dado, el Señor nos lo ha quitado, bendito y alabado sea el
nom bre del Señor!
La historia de la burguesía prusiana y de la burguesía alemana
en general, desde marzo hasta diciembre, demuestra que en Alema
nia es imposible una revolución puramente burguesa y la instaura
ción del poder de la burguesía bajo la forma de la monarquía consti
tucional; que en este país sólo cabe una de estas dos cosas: o la
contrarrevolución feudal-absolutista o la revolución republicanosocial
Ahora bien, que la misma parte vital de la burguesía tiene nece
sariamente que volver a despertar de su apatía nos lo garantizan,
sobre todo, las cuentas monstruosas con que la contrarrevolución la
sorprenderá en la primavera, pues, como tan ingeniosamente dice
nuestro Hansemann,
¡Señores: en cuestiones de dinero, cesa la cordialidad!
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 183,31 de diciembre de 1848]