Hungría. 22 de febrero de 1849

Núm. 228, 22 de febrero de 1849
Neue Rheinische Zeitung.
* Los judíos son, como es sabido, en todas partes los estafadores estafados, pero especialmente en Austria. Han explotado la revolución y ahora son castigados por ello por Windischgrätz. Por lo demás, quien sepa qué poder tienen los judíos en Austria, podrá juzgar qué enemigo se ha echado encima Windischgrätz con la siguiente proclama:

Pest, 13 de febrero. (Amtliche Wiener Zeitung, Abendblatt.) Proclama. Con mis proclamas del 13 de noviembre y 13 de diciembre pasados, así como del 7 de enero del año en curso, he dado a conocer a todos los habitantes de Hungría la tarea que me incumbe resolver, a saber, el restablecimiento de la paz, el orden y la legalidad. Con satisfacción he visto también el efecto que en consecuencia de estas proclamas se ha manifestado por doquier. Sólo algunas localidades, seducidas por viles agitadores, intentan todavía perturbar la tan necesaria tranquilidad y el orden mediante la difusión de proclamas, órdenes y decretos de Kossuth. ¡Habitantes de Hungría! Habéis visto cuánta indulgencia se ha ejercido por mi parte –en el supuesto de que la mayoría pudiera ser más bien descarriados y seducidos que verdaderos rebeldes–; pero quien intente ahora hacer causa común con el partido subversivo de Debreczin, recibir órdenes de él, difundirlas o mantener cualquier tipo de conexión, o soliviantar a las comunidades, no puede esperar ya indulgencia alguna; a ése debe alcanzarle la pena de alta traición.

Destaco tropas en diversas direcciones, cuyos comandantes estarán investidos del derecho de espada; aquel en quien se encuentre una proclama de Kossuth o cualquier escrito, carta, periódico, etc., procedente de su partido, incurrirá irremisiblemente, lo mismo que aquel que oculte armas o incite al pueblo a la desobediencia, en la justicia sumaria. Todo jefe de posta o empleado de correos que acepte tales escritos, cartas, proclamas procedentes de la región de Debreczin, o que incluso los curse, incurrirá en la pena de horca. Por último, quiero advertir a los judíos de Buda y Pest, pero especialmente a los de Óbuda, que se abstengan de todo entendimiento, cualquiera que sea su nombre, con el traidor a la patria Kossuth, con el llamado «honvédelmi bizottmány» (Comité de Defensa Nacional) y con la dieta rebelde, pues he adquirido la certeza de que precisamente los israelitas son los que más se dejan utilizar como espías y proveedores de los rebeldes, a la vez que se dedican también a difundir noticias falsas y malas sobre supuestas victorias de los rebeldes, para suscitar así miedo y desconfianza; por consiguiente, por cada israelita que a causa de los delitos arriba indicados sea juzgado por un consejo de guerra o por un tribunal sumarísimo, la comunidad judaica a la que pertenezca pagará como multa 20 000 florines en moneda de convención. Cuartel general de Buda, 11 de febrero de 1849.

Alfred Fürst zu Windischgrätz, m. p., mariscal de campo imperial y real.

Tras esta proclama, las cosas están evidentemente muy mal para el «burgués y comunista» Windischgrätz.

Por lo demás, volviendo a los judíos, el intento de Windischgrätz de sacarles dinero ha alcanzado ya un «principio de ejecución», como dice el Code Napoléon. El Constitutionelles Blatt aus Böhmen comunica, en efecto, lo siguiente:

Los judíos deben pagar, de una vez por todas, 1 200 000 florines como suma de redención del abolido impuesto de tolerancia, y precisamente en el plazo de cinco años; pero no entregaron las cuotas correspondientes ni en el pasado año ni en el presente. Se ha exigido ahora el pago del importe atrasado. – El impresor Eisenfels ha sido detenido ayer.

Que los judíos tengan que pagar todavía su emancipación es algo impagable. En prusiano eso se llama: «redención de las cargas feudales».

Por lo demás, nada se comunica de Hungría, salvo que en Pest el 8 de febrero el comisionista Franz Förster fue fusilado sumarísimamente por participación en la rebelión, al haber intentado apoderarse del barco de vapor Hermine en Gran.

Sobre las complicaciones cada vez más cómicas entre los eslavos, la Leipziger Zeitung comunica lo siguiente (la N.Rh.Z. lo sabe, naturalmente, desde hace mucho tiempo):

Viena, 14 de febrero. De varias provincias de la monarquía se tiene noticia de tenaz negativa a la presentación de reclutas exigida. En el círculo de Prachin, en Bohemia, los campesinos se niegan con el pretexto de que la dieta no ha aprobado el reclutamiento decretado recientemente en escala tan grandiosa. Tanto en el campo como en la capital Praga se manifiesta una efervescencia bastante llamativa. Si el gobierno, como se asegura, presenta en breve una propuesta de indemnización respecto a las cargas señoriales abolidas, a las innumerables e interminables conmociones de nuestra vida estatal podría añadirse una nueva, más preocupante. En las regiones sudeslavas crece la confusión; pero también se está preparando manifiestamente una tormenta sumamente peligrosa, cuyo objetivo y final no se pueden prever aún. El general Theodorovich ha mandado declarar el estado de sitio en Karlowitz, sede del Comité Nacional serbio. El caos de los asuntos serbios se ve acrecentado por los esfuerzos específicamente austriacos del cónsul Mayerhofer. Con furor apenas contenido, los sudeslavos claman: ¡Traición! Afirman que todas las medidas tomadas recientemente por el gobierno en Hungría tienden a restaurar el ultramagiarismo, en la medida en que se envuelva en el ropaje viejo-aristocrático. En Agram la agitación ha alcanzado un grado muy preocupante. – Jellachich se encuentra en Szolnok. Lo siguiente es un hecho fehaciente: ha protestado contra la separación y fragmentación de su cuerpo de ejército. Tuvo que hacerlo para no poner en juego su extraordinaria popularidad en el mundo eslavo. En Croacia se exige enérgicamente la convocatoria de la dieta. Con ella termina la dictadura que le fuera conferida a Jellachich en verano.

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