Colonia, 18 de febrero. Windischgrätz tiene una mala suerte especial. Habría podido convertirse en uno de los más grandes generales del siglo si no le ocurrieran constantemente los accidentes más inesperados. Ya Schwanbeck ha demostrado que habría cometido hazañas heroicas incomparables si los húngaros le hubieran presentado batalla alguna vez. Pero lo peor que le ha ocurrido al gran Windischgrätz es lo que ahora revela una correspondencia k. k. semioficial de la A.A.Z. En el suplemento del mencionado periódico del 15 de febrero del año en curso se dice textualmente lo siguiente:

«En cuanto a las operaciones del príncipe Windisch-Grätz en el mes de enero, debo recordar que ocho columnas del ejército estaban destinadas a entrar en el interior de Hungría a mediados de diciembre y que en aquel tiempo se hallaban a 10 o 12 días de marcha de Buda-Pest. Esta disposición del mariscal de campo se había tomado presuponiendo una dirección de la guerra sensata. Los magiares han echado por tierra este supuesto, presentando una fabulosa superioridad numérica en todas partes, solo no allí donde dicha superioridad habría podido dar el golpe favorable —si es que algo así era posible—. De las columnas a las que Windisch-Grätz había dado cita ante las capitales húngaras, solo las del ban, del teniente mariscal de campo Wrbna y el cuerpo de reserva bajo el mando del mariscal de campo pudieron cumplir las órdenes impartidas; la superioridad magiar impidió a las otras secciones de tropa obedecer.»

Windischgrätz había contado con que los magiares seguirían una «dirección de la guerra sensata». Si hubieran seguido esta dirección de la guerra sensata, Windischgrätz los habría derrotado de forma estrepitosa. Pero he aquí que presentan «una fabulosa superioridad numérica en todas partes, solo no allí donde» habría podido servir de algo. Y como consecuencia de esta incalculable insensatez, todas las disposiciones del gran Windischgrätz se van al agua.

Precisamente porque los magiares cometieron error tras error, y porque contra la estupidez los mismos dioses luchan en vano, ¡hasta las más doctas combinaciones de Windischgrätz han naufragado en su ignorancia estratégica!

¿Tuvo jamás un hombre tan mala pata
Como el alcalde Tschech –
y el mariscal de campo Windischgrätz, que no pudo derrotar a sus adversarios
simplemente porque eran demasiado tontos para él?!