* Colonia, 18 de febrero. Mientras los periódicos austriacos fantasean desde hace unos días con una victoria de Ottinger sobre Dembinski —¡en Debreczin!!—,
en las provincias eslavas de Hungría se agolpan nubarrones cada vez más densos para la monarquía unida k. k. Ya desde hace bastante tiempo —desde la toma por asalto de Viena— hemos llamado la atención sobre la inevitabilidad de una ruptura entre el gobierno austriaco y los eslavos. Esta ruptura es ahora manifiesta.

Empecemos por los serbios. Desde Temeswar escriben al *Gratzer Zeitung* lo siguiente, en interés de Austria: «En el Banato empiezan a producirse intromisiones serbias que, si todos los indicios no engañan, con el tiempo exigirán también una intervención armada, sobre todo porque una parte de los serbios, con arrogancia aún mayor que la de los propios magyáromanos, intenta oprimir por completo a las demás nacionalidades en la Voivodina, y por ello los rumanos y los alemanes se aprestan allí a la resistencia abierta. Entre las altas autoridades militares y la Voivodina la escisión es ya casi abierta, y le aseguro que tenemos que prepararnos para una lucha contra los serbios. En todo caso, ahora nos ha quedado claro que la supuesta simpatía por la causa austriaca no es de aquella pureza de la que hacen gala los croatas. En breve el asunto llegará a una decisión abierta.»

Es sabido que Karlowitz, sede del gobierno del Banato, es decir, del «comité central» serbio, cuyo vicepresidente es el «rebelde» Stratimirovich, ha sido declarado ya en estado de sitio.

Pero ¿qué hay de la «pureza» de la «simpatía» de los croatas? Oigamos:

«Praga, 13 de febrero. Los acontecimientos en Croacia causan gran sensación en los círculos checos. Ahora tiene que decidirse, dicen, si Jellachich está con su país o con la dinastía. Los oficiales ya dicen abiertamente que, cuando se haya acabado con Hungría, se marchará a Croacia.»

Así habla la *Deutsche Allgemeine Zeitung*. Y el periódico eslavo *Constitutionelles Blatt aus Böhmen* se expresa con no menos claridad: desde Kremsier le escriben el 11 de febrero que las noticias epistolares sobre el clima de descontento entre los eslovacos y los croatas se multiplican día a día. Los comisarios gubernamentales austriacos recién nombrados en los comitados eslovacos son todos magiares, sus decretos se promulgan en lengua magiar y «amenazaban con la muerte» si no se aceptaban sus notificaciones. Luego se dice que Jellachich está sumamente descontento porque quieren separar sus tropas y emplearlas en parte en el servicio de guarnición, mientras ponen otras tropas bajo su mando. La treta es buena: Jellachich, de todas formas sospechoso desde hace 6 a 8 semanas y vigilado por los agentes de Windischgrätz, es inofensivado así. Y aquí añade el *Constitutionelles Blatt aus Böhmen*: «¿Qué dirá Jellachich del estado de sitio en Karlowitz? ¿No se le ocurrirá aquello de: hoy por mí, mañana por ti? Pues ahora, para completar la igualdad de derechos de las nacionalidades, solo faltan Agram, los croatas —pues los alemanes, los húngaros, los polacos, los italianos y, ante todo, los checos ya han conocido el estado de sitio igualador de derechos.»

Por lo demás, ya se sabe que Windischgrätz ha nombrado en Pest una nueva comisión gubernamental húngara, la cual, para gran espanto de los croatas, reivindica todos los derechos del antiguo gobierno húngaro, y con ello reduce a la nada el proyectado reino sudeslavo. Los croatas ya se habían soñado independientes de Hungría, cuando de pronto llega un rescripto de Pest al gubernium provincial croata y exige sumisión, y este rescripto está incluso redactado —¡en lengua magiar, sin traducción croata! El *Slavenski Jug* lo imprime inmediatamente en el original y no cabe en sí de indignación. Los croatas echan espumarajos; ¡se los trata exactamente igual que bajo Kossuth! ¡Y esa es la recompensa por sus fieles servicios para salvar la monarquía unida!

Si se quiere saber cómo se relaciona esto, léase la *Presse* de Viena. Allí se encuentra un artículo en el que se reprocha directamente al príncipe Windischgrätz haberse dejado enredar ya por la aristocracia húngara, dejar que una multitud de magnates magiares, en parte prisioneros y en parte pasados al otro bando, anden libres por Pest, e incluso los distingue, etc.

Es claro: el aristócrata Windischgrätz sabe muy bien que su objetivo, la conservación del dominio de la nobleza en Hungría, solo puede alcanzarse mediante la conservación del dominio de la nobleza magiar. De ahí la protección y la predilección que dispensa a los magnates magiares. Que bajo ella sufran los croatas y los eslovacos, le es indiferente: una vez que haya domeñado y aristocratizado a Hungría, ya acabará con los eslavos, dispersos e impotentes sin la dirección austriaca —¡piénsese en Praga!

¡Y el gran Schwanbeck busca a la aristocracia no en el campo de Windischgrätz, sino en el de Kossuth! Voilà ce que c’est que d’être un savant sérieux!