La lucha en Hungría

* Colonia, 2 de febrero. La guerra en Hungría toca a su fin. «Parturiunt
Núm. 212, 3 de febrero de 1849
Neue Rheinische Zeitung.
montes, nascetur ridiculus mus.»
Así decía la *Kölnische Zeitung* hace unos días. Ésta se había dejado
embaucar por Welden con que la Dieta de Debreczin se había disuelto a sí misma y al
ejército, y que Kossuth estaba a punto de huir con los restos de sus
partidarios hacia Großwardein.
El monte que estaba de parto no era otro esta vez que la propia
*Kölnische Zeitung*.
El decimoséptimo boletín del ejército, al cual colgó Welden la mentira arriba mencionada,
anunciaba dos nuevas operaciones de los imperiales: primero, la salida 10
de un cuerpo de Pesth hacia Miskolcz, vía Gyöngyös, y segundo, el plan
de Schlick de operar en dos columnas —una por Kaschau, la otra por
Hanusfalva y Varanno— contra Tokaj. Ambos, movimientos concéntricos
hacia el Theiß, detrás del cual los magiares han tomado posiciones.
El Theiß describe, desde la frontera de Transilvania hasta Szegedin, un semicírculo cuyo centro es Großwardein: este semicírculo constituye la línea defensiva de los magiares. Dicha línea queda cubierta, en
el alto Theiß, por las fortalezas de Sziget y Munkacs; en el curso medio del Theiß,
por los pantanos intransitables que, comenzando a pocas millas de Munkacs, acompañan ambas orillas del río hasta su desembocadura
y dificultan enormemente el ataque desde el norte y el oeste. En el sur,
el Körös y sus afluentes ofrecen una línea defensiva igualmente protegida por pantanos ininterrumpidos y, además, por la fortaleza adelantada de Temeswar.
Así, defendido por tres lados por pantanos y ríos, el páramo de Debreczin se extiende hasta las alturas transilvanas
y ofrece a los magiares un punto excelente para concentrar sus ejércitos; tanto más excelente cuanto que Bem,
con el sometimiento de Transilvania, les ha despejado la retaguardia.

Mientras los magiares se mantengan aún en el Drau y en el Banato,
el centro de sus operaciones, Debreczin, sólo puede ser atacado desde el norte
(Schlick) y el oeste (Windischgrätz), y los dos movimientos arriba mencionados
debían iniciar ese ataque.
Miskolcz y Tokaj, las dos ciudades hacia donde marchan en primer lugar los imperiales,
distan apenas 6 millas entre sí. Tokaj es uno
de los puntos de paso más ventajosos sobre el Theiß; Miskolcz se halla
lo bastante cerca para permitir que las tropas enviadas allí, según las 10
circunstancias, pasen el Theiß un poco más abajo, ya sea unidas al cuerpo de Schlick en Tokaj, ya sea
por sí solas, y avancen luego
contra Debreczin una vez conseguido el paso.
Este plan de los imperiales, que el boletín núm. 17 pregona al mundo con tanta pompa,
no es, sin embargo, tan fácil de ejecutar. De Pesth a
Miskolcz hay más de 30 millas, a través de un yermo erial, apenas poblado o poblado
sólo por enemigos. De Eperies a Tokaj hay igualmente 30
millas, a través de una comarca igualmente hostil de manera resuelta y pobre. El solo aprovisionamiento de los dos cuerpos que avanzan retrasaría considerablemente su marcha; los malos caminos, que con el actual deshielo
se vuelven de todo punto intransitables, les hacen ya del todo imposible
llegar a sus destinos en menos de 14 días. Y una vez
llegados allí, se encontrarán frente al ejército magiar, atrincherado en los pasos del Theiß, entre los pantanos, en
posiciones con los flancos cubiertos, donde los imperiales no pueden desplegar su superioridad numérica
y donde, por el contrario, un par de regimientos pueden contener a todo un ejército.
Y aun cuando consiguieran forzar los pasos
del Theiß, la artillería y la caballería pesada austríacas se perderían por completo entre los pantanos, sobre un suelo cenagoso
en el que se quedan encallados a cada instante.
Los grandiosos éxitos que estas dos columnas han cosechado hasta ahora se desprenden ya del hecho
de que el decimoctavo boletín del ejército, que comunicamos ayer,
guarda completo silencio sobre ellas. Dónde están, cuánto
han avanzado, qué éxitos han obtenido: de ello no nos cuenta Welden ni una sílaba —y por
fundados motivos.
Pero, cuenta Welden, «según las comunicaciones llegadas de Hungría,
nuestras armas gozan por doquier de un éxito brillante»
—y la *Kölnische Zeitung* le cree eso al señor Welden.
Examinemos un poco más de cerca esos «éxitos brillantes».
Se relatan cuatro «éxitos». Tres de ellos, en comarcas donde no 40
se libra ninguna lucha decisiva, sino donde los magiares se afanan únicamente

por ocupar a los imperiales en puntos secundarios y dividirlos
de ese modo. Sólo el cuarto «éxito» se ha cosechado en el Theiß, allí
donde se decide la suerte de Hungría.
En el noroeste, entre el Waag y el Gran; en el sudoeste, entre
el Drau y el Danubio, y en el sur, en el Banato, 3 cuerpos húngaros 5
mantienen ocupada hasta ahora a una parte considerable de las fuerzas imperiales
e impiden con ello que Windischgrätz avance con masas importantes hacia
el Theiß. Contra estos 3 cuerpos han cosechado los imperiales, según dicen,
«éxitos brillantes». Voyons.
Primer éxito. En el nordeste, donde ahora se sitúa la «Eslovaquia»,
el barón Csorich ha batido al general Görgey cerca de Schemnitz y
ha tomado Schemnitz. Si se tiene en cuenta que el cuerpo de Görgey
es un mero puesto avanzado perdido, que tiene que mantenerse el mayor tiempo posible en la retaguardia del ejército imperial;
si se tiene en cuenta que Görgey
no opera en suelo magiar, sino en suelo puramente eslovaco, se
ve que este éxito ya no es tan «brillante».
A esto se suma ahora: Csorich debía ser apoyado por las columnas de Götz
y Sossay. Pero Sossay fue llamado urgentemente a Neutra para «colaborar allí en la pacificación de la parte del país ya ocupada
(un comitat puramente eslavo)», y Götz tenía todo 20
el trabajo del mundo para «mantener su posición cerca de Mossocz y proteger
el comitat de Turocz de los insurrectos batidos y dispersados (!!) por el
*teniente mariscal de campo* Csorich».
«La toma, finalmente *esperable* (es decir, que está todavía en un campo muy lejano), de Leopoldstadt y la ocupación de Neuhäusl ... *deberían* bastar 25
para robustecer el buen espíritu que empieza a desarrollarse (!)
por doquier en el comitat de Trentschin ... y contribuir al restablecimiento
del orden legal.»
¡Qué éxitos brillantes! ¡La toma finalmente esperable de una
fortaleza aún no tomada permite esperar que el esperable 30
buen espíritu de un territorio ocupado desde hace tiempo no se quede, según es de esperar, para siempre
en un piadoso deseo, y que el orden legal se aproxime
al menos en parte a su realización!
Una fortaleza no tomada, un ejército batido que, entretanto,
amenaza todo un comitat y mantiene en jaque a varios cuerpos de ejército, un
buen espíritu esperable aquí, un mal espíritu solo demasiado real
allá, por doquier insurrecciones amenazantes, y todo ello en territorio eslovaco, no
magiar —¡ése es el primer «éxito brillante»!
Segundo «éxito brillante». Un segundo puesto avanzado perdido de los
magiares se halla en el sudoeste, entre el Danubio y el Drau, bajo
el mando del jefe de partidas sueltas Damjanich. Aquí, el éxito brillante consiste en

que el conde Nugent ha mandado ocupar Kaposvar para caer sobre el flanco de su adversario. En qué estribe eso
de un éxito brillante, hasta ahora no
se puede ver. La toma de Eszek por los imperiales es, ciertamente,
anunciada por varias hojas, pero el boletín núm. 18 no sabe 5
aún nada de ello y ni siquiera la espera.
Tercer «éxito brillante». El general Theodorowich ha tomado Werschetz en el Banato
y ha perseguido «vivamente» a los magiares hasta Moravicza.
De Werschetz a Moravicza hay, en efecto, exactamente tres millas, y la
posición cerca de Moravicza, entre el pantano de Alibunar y la montaña, es mucho más ventajosa que la de Werschetz.
Por lo demás, se sabe que el Banato queda tan apartado del centro de las operaciones,
y que los ataques contra los magiares han ocurrido aquí desde siempre
de manera tan a trompicones, que aun los éxitos más brillantes
de los imperiales carecerían aquí por completo de importancia. 15
Cuarto «éxito brillante». Hasta aquí veíamos a las armas imperiales
operar, ciertamente, en un terreno poco decisivo, pero las veíamos operar
con alguna apariencia de éxito. Ahora llegamos al fin
a territorio decisivo —y aquí el éxito consiste en una derrota
de los imperiales.
El general Ottinger había avanzado desde Pesth hasta el Theiß, hasta
Szolnok. El camino era bastante bueno; de Pesth a Szolnok hay
ferrocarril, y no había más que seguir la vía. La vanguardia
imperial había ocupado ya el puente de Szolnok. El paso
del Theiß parecía asegurado al ala derecha de los imperiales.
El ala izquierda al mando de Schlick desde Tokaj, el centro desde Miskolcz,
el ala derecha operando al mando de Ottinger desde Szolnok: todas debían
forzar los pasos del Theiß y marchar concéntricamente sobre Debreczin. Pero
los señores imperiales habían hecho la cuenta sin la huéspeda.
Los magiares cruzaron el río helado, batieron a Ottinger hasta hacerle retroceder
a Cegled, a cuatro millas de distancia, y no abandonaron la persecución hasta que
Ottinger hubo reunido refuerzos en Cegled y tomado una posición fuerte. 30
Los magiares, según informa el boletín, se han
retirado, es cierto, al otro lado del Theiß, pero en todo caso dominan
ahora el paso, y el señor Ottinger, que se ha replegado tan a toda prisa,
no lo forzará muy pronto.
Éstos son los «éxitos brillantes» de las armas imperiales contra
el disuelto, desmoralizado y disperso ejército de los rebeldes de Kossuth.
Una mirada al mapa muestra que en los pasos de este río o,
si éstos son forzados, en el páramo de Debreczin se librará 40
la batalla decisiva. E incluso si los magiares fueran dispersados allí,

la guerra de partidas sueltas en los eriales y pantanos de la baja Hungría
y en las montañas transilvanas
comenzaría entonces del mismo modo en que ya ha comenzado, para gran pesadumbre del boletín núm. 18, en las «partes del país ya ocupadas».
Lo que puede hacer una guerra semejante en un país poco poblado y en 5
un terreno adecuado, lo han demostrado las partidas carlistas en España,
lo demuestra Cabrera ahora nuevamente.
Pero Kossuth aún no ha llegado a eso. Aunque la *Kölnische Zeitung*,
en su cándida ingenuidad, lo hizo caer prisionero ayer, él sigue
libre aún y dispone de un ejército considerable. Para él no se trata
ya ahora de mantenerse durante meses; sólo necesita oponer resistencia
tres o cuatro semanas más. En tres o cuatro semanas a lo sumo
se habrá vuelto la hoja en París: o bien triunfa allí la
Restauración por el momento, y entonces también Hungría puede caer,
para que la contrarrevolución se vuelva de todo punto insolente; o bien triunfa 15
la Revolución, y entonces los señores austríacos marcharán a toda prisa hacia
el Rin y hacia Italia, para ser arrojados de vuelta a Hungría desde allí por los pantalones rojos.
Constatemos, para terminar, el más brillante de todos los éxitos de las armas
imperiales: los boletines del señor Welden han encontrado por fin *un* creyente
que jura por ellos —y ese uno es la *Kölnische Zeitung*.