La «Kölnische Zeitung» sobre las elecciones

* Colonia, 30 de enero.

La «Kölnische Zeitung» ha recibido por fin informes electorales, y precisamente informes que, en cierta medida, echan aceite en sus heridas.

«Los informes electorales democráticos —exclama Ehren-Brüggemann ebrio de alegría—, los informes electorales democráticos (es decir, la “Neue Rheinische Zeitung”) han exagerado enormemente. Ahora nos llegan reclamaciones de todas partes.»

¡De todas partes! La “Kölnische” nos aplastará con el peso de sus “reclamaciones”. ¿Acaso dos páginas de abigarrados boletines electorales, cada uno una “enorme exageración” de la “Neue Rheinische Zeitung”, cada uno mostrando una victoria de los constitucionales, nos harán subir el más púrpura rubor a las mejillas?

Por el contrario.

«Ahora nos llegan reclamaciones de todas partes.»

Ehren-Brüggemann no “exagera”. Le llegan realmente, suma y compendio, cuatro reclamaciones completas: de Oeste (Tréveris), Norte (Hamm), Sur (Siegburg) y Este (Arnsberg). ¿No son esto “reclamaciones de todas partes” contra la “enorme exageración de los informes electorales democráticos”?

Dejémosle, por el momento, el placer de creer que en estos cuatro lugares decisivos han vencido los constitucionales. De todos modos, ese placer ya está amargado por el dolor de que, en no pocos sitios, los constitucionales hayan sucumbido a la “seductibilidad de las masas”.

¡Ingenua confesión de los constitucionales: para ellos, las “masas” no son “seductibles”!

Con todo, un consuelo le queda a la «Kölnische Zeitung». ¿Y cuál es ese consuelo? El consuelo de que el corresponsal de Coblenza de la «Deutsche Zeitung» es su compañero de sufrimiento, de que en esta desdichada coyuntura ha pronunciado palabras apropiadas, dignas de figurar en las primeras columnas de la «Kölnische Zeitung»:

«Notad que la cuestión política, también en este punto como en todas partes, se vuelve pequeña frente a la cuestión social, que se disuelve por completo en ella.»

Hasta hace pocos días, la «Kölnische Zeitung» no quería saber nada de la cuestión social. Jamás se refería a este ser ultraterreno, o a lo sumo con cierta frivolidad (en la medida en que la «Kölnische» es capaz de ser frívola). Adoptaba ante ella una actitud atea, incrédula, librepensadora. Y de pronto le ocurre como al pescador de Las mil y una noches; así como ante él el genio surgió gigantesco de la vasija desprecintada, pescada en el fondo del mar, así se alza de repente ante la temblorosa «Kölnische», de la urna electoral, el amenazador fantasma gigantesco de la «cuestión social». Aterrorizado, Ehren-Brüggemann cae de rodillas; su última esperanza se desvanece; el fantasma devora de un solo trago toda su «cuestión política», tiernamente mimada durante años, junto con su base legal y sus accesorios.

Astuta política de la «Kölnische Zeitung»: intenta disimular su derrota política con su derrota social.

Este descubrimiento de que ha sido derrotada no solo en el terreno político, sino también en el social, ¡ésa es la mayor «experiencia de las elecciones primarias» de la «Kölnische»!

¿Acaso se entusiasmaba ya antes la «Kölnische Zeitung» por la «cuestión social»?

En efecto, Montesquieu LVI. había declarado en la «Kölnische Zeitung» que la cuestión social era infinitamente importante, y que el reconocimiento de la constitución otorgada era la solución de la cuestión social.

Pero el reconocimiento de la constitución otorgada es justamente lo que la «Kölnische Zeitung» denomina la «cuestión política».

Así, pues, antes de las elecciones la cuestión social se disolvía en la política; después de las elecciones, la cuestión política se disuelve en la social. Ésta es, por tanto, la diferencia: que la experiencia de las elecciones primarias enseña que después de las elecciones es justamente lo contrario de lo que antes de las elecciones era un evangelio.

«¡La cuestión política se disuelve en la cuestión social!»

Dejemos de lado que ya antes de las elecciones hemos expuesto de la manera más palpable posible que no cabe hablar de una «cuestión social» como tal, que cada clase tiene su propia cuestión social, y que con esa cuestión social de una clase determinada está dada, al mismo tiempo, una determinada cuestión política para dicha clase. Dejemos de lado todas estas glosas superficiales frente a la seria y sólida hoja de Colonia, y entremos, en la medida de lo posible, en el hilo del pensamiento y en la manera de hablar de esta hoja de gran carácter y profundidad.

Por cuestión social entiende la «Kölnische Zeitung» la siguiente: ¿Cómo ayudar a la pequeña burguesía, a los campesinos y al proletariado?

Y ahora, cuando en las elecciones primarias la pequeña burguesía, los campesinos y los proletarios se han emancipado de la gran burguesía, de la alta nobleza y de la alta burocracia, ahora exclama la «Kölnische Zeitung»: «¡La cuestión política se disuelve en la social!»

¡Hermoso consuelo para la «Kölnische»! Es decir, que los obreros, los campesinos y los pequeños burgueses hayan batido del campo con mayorías aplastantes a los candidatos de la gran burguesía y de los demás bien reputados constitucionales de la «Kölnische Zeitung», ¡no es una derrota de los «constitucionales», sino simplemente una victoria de la «cuestión social»! Que los constitucionales hayan sido derrotados no prueba que los demócratas hayan vencido, sino que la política ha quedado fuera de juego frente a las cuestiones materiales.

¡Profunda y meditada seriedad del publicista vecino! Esos pequeños burgueses, que se hallan al borde de la ruina, ¿acaso se entusiasman por la constitución otorgada? Esos campesinos, aplastados aquí por las hipotecas y la usura, allá por las cargas feudales, ¿están entusiasmados por los barones financieros y feudales, sus propios opresores, para cuyo beneficio y provecho se ha inventado precisamente la constitución otorgada? Y, para colmo, esos proletarios, que languidecen al mismo tiempo bajo el furor reglamentario de nuestros burócratas y bajo la sed de ganancia de nuestra burguesía, ¿tienen algún motivo para alegrarse de que la constitución otorgada anude un nuevo lazo en torno a estas dos clases de explotadores del pueblo?

¿No tienen ante todo estas tres clases interés en la supresión de la primera cámara, que no las representa a ellas, sino a sus adversarios y opresores directos?

¡En efecto, la «Kölnische Zeitung» tiene razón: la cuestión social devora la política, las clases recién entradas en el movimiento político votarán, en interés de la «cuestión social», contra su propio interés político y en favor de la constitución otorgada!

¿Pueden los pequeños burgueses y campesinos, y con mayor razón los proletarios, encontrar una forma de Estado mejor para la representación de sus intereses que la república democrática? ¿No son precisamente estas clases las más radicales, las más democráticas de toda la sociedad? ¿No es el proletariado precisamente la clase específicamente roja? — ¡Da igual!, exclama la «Kölnische», la cuestión social devora la política.

La victoria de la cuestión social es, según la «Kölnische», al mismo tiempo la victoria de la constitución otorgada.

Pero la «cuestión social» de la «Kölnische Zeitung» tiene también un carácter muy especial. Léase el informe de la «Kölnische Zeitung» sobre las elecciones a la primera cámara y su «feliz desenlace», que consiste en que el Sr. Joseph DuMont ha resultado elector de primer grado. La verdadera cuestión social de la «Kölnische Zeitung» ha quedado, por cierto, resuelta con ello, y frente a ella desaparecen todas las «cuestiones sociales» subordinadas que pudieran haber surgido con ocasión de las elecciones a la plebeya segunda cámara.

¡Ojalá la tormenta de la «cuestión política» de alcance histórico universal, que en este momento se alza amenazadora en París, no quiebre sin piedad la delicada «cuestión social» de la «Kölnische Zeitung»!