Situación en París

* París, 28 de enero. El peligro de una insurrección popular está por el momento
Nr. 209, 31 de enero de 1849
Neue Rheinische Zeitung.
eliminado por el voto de la Cámara contra la urgencia de la prohibición de los clubes, es decir, contra la prohibición de los clubes en general. Pero surge un nuevo peligro: el peligro del golpe de Estado.
Léase el *National* de hoy y dígase si no trasluce el miedo al golpe de Estado en cada una de sus líneas.
«El voto de hoy es un golpe mortal para el gabinete, y desafiamos a los señores Odilon-Barrot, Faucher y *tutti quanti* a que sigan pretendiendo conservar sus carteras.»
Hasta aquí, parece que el *National* aún tiene buen ánimo. Pero escúchese la coletilla:
— «¡sin caer en abierta rebelión contra el espíritu y la letra de la constitución!»
¡Y qué más les daría a los señores Odilon-Barrot, Faucher y *tutti quanti* caer en abierta rebelión contra la constitución! ¡Desde cuándo se entusiasman Barrot y Faucher por la constitución de 1848!
El *National* ya no amenaza a los ministros, les demuestra que deben dimitir, demuestra al presidente que debe destituirlos. ¡Y esto en un país donde la dimisión de los ministros tras semejante voto se da por supuesta desde hace treinta años!
El presidente de la república, dice el *National*, comprenderá sin duda que la mayoría y el gabinete están en completa discordia, que destituyendo al gabinete estrechará los lazos entre él y la mayoría, que entre él y la mayoría solo existe un obstáculo para el buen entendimiento: el gabinete.
Sí, el *National* intenta construir al ministerio un puente de oro para la retirada: desea que se retire la acusación contra los ministros. El voto es castigo suficiente. Este último recurso debería reservarse hasta que los ministros hayan violado realmente la constitución mediante un acto consumado.
Sí, exclama por último, todo obliga al gabinete a retirarse; sus propias palabras lo atan de tal modo, que nos resistimos a creer que ose conservar el poder. El Sr. Barrot declaró esta tarde que, si se rechazaba la urgencia, la asamblea misma asumiría la responsabilidad de los acontecimientos. Bien, donde cesa la responsabilidad, debe cesar también el poder. Si el gabinete no quiere ser responsable de los acontecimientos, tampoco debe dirigirlos. El Sr. Barrot ha presentado su dimisión en la tribuna, al rechazar la responsabilidad.
En resumen: el *National* no cree en la dimisión voluntaria del ministerio, y tampoco en su destitución por el presidente.
Pero si el ministerio quiere desafiar el voto de la asamblea, no le queda más que... el golpe de Estado.
La disolución de la Asamblea Nacional y la preparación de la restauración monárquica mediante la fuerza militar, eso es lo que acecha tras el miedo del *National* a que el ministerio permanezca.
Por eso el *National* y los periódicos rojos piden al pueblo que, por nada del mundo, permanezca tranquilo, que no dé ningún pretexto para una intervención, pues cualquier motín no haría sino apuntalar al gabinete moribundo, no haría sino servir a la contrarrevolución monárquica.
Que el golpe de Estado se aproxima cada vez más lo demuestran los incidentes entre Changarnier y los oficiales de la guardia móvil. Los carniceros de Cavaignac no tienen ganas de dejarse utilizar para un golpe monárquico; por eso se los debe disolver; murmuran, y Changarnier amenaza con hacerlos pasar a cuchillo y arresta a sus oficiales.
La situación parece complicarse; pero en realidad se vuelve muy sencilla, tan sencilla como lo es siempre en vísperas de una revolución.
El conflicto entre la asamblea, el presidente y sus ministros ha estallado. Francia no puede seguir existiendo bajo la impotencia con que se la gobierna desde hace 10 meses; el déficit, el estado deprimido de la industria y el comercio, la presión fiscal, que arruina la agricultura, se vuelven cada día más insoportables; grandes medidas drásticas son cada vez más urgentes, y cada nuevo gobierno es más impotente e inactivo que el anterior; hasta que, finalmente, Odilon Barrot ha llevado la inactividad a su colmo y en 6 semanas no ha hecho absolutamente nada.
Pero con ello ha simplificado mucho la situación. Después de él, ya no es posible ningún ministerio de la república burguesa. Los gobiernos mixtos (el gobierno provisional y la comisión ejecutiva), el gobierno del *National*, el gobierno de la vieja izquierda, todo se ha experimentado, todo está desgastado y consumido. Ahora le toca el turno a Thiers, y Thiers es la restauración monárquica sin tapujos.
Restauración monárquica o república roja, esa es ahora la única alternativa en Francia. La crisis puede prolongarse aún algunas semanas, pero tiene que estallar. Changarnier-Monk, con sus trescientos mil hombres, que están enteramente a su disposición durante 24 horas, tampoco parece querer esperar más.
De ahí la angustia del *National*. Reconoce su incapacidad para dominar la situación; sabe que cualquier cambio violento de gobierno llevaría al poder a sus enemigos más encarnizados, que está perdido tanto con la monarquía como con la república roja. De ahí sus suspiros por una transacción pacífica, su cortesía hacia los ministros.
Muy pronto veremos si es necesario para la victoria final de la república roja que Francia pase por un momento por la fase monárquica. Es posible, pero no probable.
Pero lo que es seguro: la república burguesa se derrumba por todas partes, y después de ella, aunque solo sea tras algunos pequeños intermedios, ya solo es posible la república roja.