** Bern, 12 de enero.
(Nr. 197, 17 de enero de 1849, Neue Rheinische Zeitung.)
La agitación en favor de los aranceles protectores en Suiza es cada vez más animada, y en la misma proporción también el movimiento en interés del mantenimiento del sistema librecambista hasta ahora vigente. Las razones de ambas partes son igualmente excelentes, y por ahora es difícil prever cómo saldrá Suiza de este dilema. El partido proteccionista señala la presión, que aumenta anualmente, de la competencia extranjera sobre la industria nacional y la perspectiva, que en igual medida se desvanece, de ocupar a la creciente población sin pan. Los librecambistas contraponen el encarecimiento de los productos industriales para la mayoría del pueblo, dedicada a la agricultura, y la imposibilidad de proteger para un pueblo de 2 millones una frontera tan extensa y tan apta para el contrabando como la suiza sin un gasto ruinoso de dinero. Ambas partes tienen toda la razón: sin aranceles protectores, una rama tras otra de la industria suiza va a la ruina; con aranceles protectores, las finanzas federales se van a la ruina. Para conciliar ambas cosas, el *Verfassungsfreund* de Berna propone un arancel de justo medio, que arruinaría a ambas juntas. Los consejos federales bien podrán romperse los dientes en marzo con la imposible solución de esta cuestión.

En Ginebra se han dejado ver desde hace algún tiempo oficiales de reclutamiento napolitanos, empeñados en reunir reclutas para el servicio de Su Majestad bombardeadora. Fernando debe de tener mucha necesidad de los sólidos suizos para que haga reclutar incluso en cantones con los cuales no ha pactado capitulación alguna. Pero el gobierno ginebrino puso pronto término a este ajetreo. Declaró nulos y sin valor todos los enganches ya cerrados, prohibió todo reclutamiento y amenazó a los oficiales reclutadores con severos castigos. Los mercenarios de la hiena napolitana se han retirado a toda prisa del territorio de Ginebra.

Müller – El gobierno de Friburgo – Ochsenbein
** Bern, 13 de enero.
(Nr. 197, 17 de enero de 1849, Neue Rheinische Zeitung.)
Por fin ha llegado al cantón de Uri el gran señor Tobias Müller y exige del gobierno que el depósito de reclutas napolitanos, que antes se hallaba en Génova, sea ahora trasladado a Altorf, desde donde él los expediría a Nápoles por uno u otro camino. No se sabe si el gobierno accederá; pero aunque lo haga, aún se duda si los demás gobiernos de capitulación estarán satisfechos con este traslado. – Según se dice, una partida de reclutas lucerneses ha de ser embarcada ahora, después de todo, vía Trieste hacia Nápoles, para escándalo de todo el mundo civilizado. –

El gobierno de Friburgo, que de todos modos incurre en singulares abusos de autoridad, ha vuelto a expulsar ahora policialmente a un ciudadano del cantón de Schwyz, a pesar de la nueva constitución federal. Ya anteriormente había expulsado con el mismo desparpajo al señor Sieber, de Zúrich, redactor del «Wächter» de Murten y ahora corredactor de la *Berner Zeitung*. Ambos casos serán llevados ante la Asamblea federal, que, esperamos, sabrá hacer valer la constitución.

Se ha obrado un milagro: el órgano del neutral señor Ochsenbein, el «Verfassungsfreund», reconoce contrito que los tesinenses, en sus disputas con Radetzki y las tropas de la Suiza oriental, no andaban después de todo tan faltos de razón. Balbucea su *pater peccavi* e intenta disimular el asunto mediante un: *Iliacos intra peccatur muros et extra*. Y sin embargo, los consejeros de gobierno tesinenses son las gentes más decididamente antineutrales que existen y partidarios de la que Ochsenbein, con apelación odiosa a la estrechez nacionalista suiza, ha dado en llamar «política del exterior». Pero los tesinenses se han vuelto muy populares en Berna gracias a los informes de las tropas bernesas, y el señor Ochsenbein tiene que seguir siendo popular en Berna, y en fin, éste es el quid de la cuestión, el Consejo federal, sin provocación alguna, ha vuelto a responsabilizar al cantón del Tesino de todos los ulteriores enredos con Radetzki. Pero cada vez que el señor Ochsenbein impone una bajeza práctica en el Consejo federal, el *Verfassungsfreund* tiene que adoptar en la teoría un lenguaje magnánimo y noble. Así se gobierna a los aldeanos estúpidos en este país. ¡Oh democracia!