La prensa suiza

** Berna, 11 de enero. La prensa política de Suiza despliega con cada año una actividad mayor. Aparte de una veintena de revistas literarias, existen ahora 98 periódicos políticos en los 22 cantones. Pero no hay que imaginarse bajo estos papeles periódicos de gran formato, como los alemanes o incluso los franceses. Son pequeños, con excepción de algunos periódicos del cantón de Vaud, todos ellos hojitas que aparecen en medio pliego y en cuarto, de las que apenas una docena se publican a diario, algunas cinco veces por semana, la mayoría tres veces, y no pocas sólo una vez por semana, y que, salvo contadas excepciones, son dirigidas y redactadas de forma verdaderamente lamentable. Naturalmente, ¿cómo podrían formarse talentos periodísticos significativos sobre el terreno limitado de las relaciones cantonales de aquí, y en la politiquilla más mezquina aquí únicamente posible, y qué talento efectivo se dejaría limitar por estas minúsculas relaciones y por el espacio de una hojita en cuarto que aparece tres veces por semana!

La mejor cualidad de la prensa suiza es su desvergüenza. Aquí se dicen mutuamente cosas, en las hojas públicas, se lanzan ataques personales tan desvergonzados y sin ningún reparo, que un procurador renano, para quien es sagrado el artículo 270 del *Code pénal*, no aguantaría tres días en semejante país.

Pero esto es todo. Abstrayendo de esta desconsideración, explotada por lo demás sin ninguna agudeza, no queda casi nada más que la más rastrera reptación ante las repugnantes estrecheces mentales de un pueblo pequeño, escindido aún en su pequeñez e infinitamente engreído, compuesto por pastores alpinos antediluvianos, campesinos cerriles y sucios pequeñoburgueses. Que en los países grandes un periódico se oriente según su partido, que no incluya nada contrario al interés de éste, eso es comprensible y apenas perjudica a la libertad de discusión, porque cada tendencia, incluso la más avanzada, tiene sus órganos. Pero en las

condiciones limitadas de Suiza, los partidos mismos son limitados, y la prensa es tan limitada como los partidos. De ahí los estrechos puntos de vista de los que en todas partes se parte, de ahí la falta de todo órgano para tendencias que, aunque avanzadas, están incluso en Alemania a la orden del día desde hace tiempo, de ahí el miedo, incluso de los más radicales, a apartarse siquiera una pizca del programa limitado, orientado sólo a lo más inmediato, de su partido, a atacar siquiera las más estrechas de las estrecheces mentales nacionales suizas. Una patriarcal justicia linchadora castigaría de inmediato al infractor del sagrado santuario nacional. ¡Pues para qué otra cosa tendría sus puños el honrado suizo!

Éste es el nivel medio de la prensa suiza. Por encima de esta media se encuentran los mejores órganos de la Suiza romanda y de Berna; por debajo, la gran masa de los periódicos de la Suiza oriental.

Comencemos con la prensa de la capital suiza. En Berna se desarrolla ya una cierta centralización de la prensa suiza. La prensa del cantón está ya centralizada aquí y empieza a arrogarse una cierta influencia de capital.

El partido reaccionario o, como se dice aquí, aristocrático, tiene como órgano principal el *Schweizerischer Beobachter*, el *Moniteur* de los oficiales suizos al servicio extranjero, como con razón lo llama el *Berner Zeitung*. Esta aseada hojita (3 veces por semana) ensalza las hazañas heroicas de los croatas suizos en Italia, ataca a los radicales con las armas más sucias, defiende las capitulaciones militares, adula vilmente a los patricios, canta loas a Radetzky y Windischgrätz, defiende el asesinato de Robert Blum, calumnia a la revolución en todos los países y denuncia a los refugiados ante el gobierno. Este noble periódico no tiene propiamente ningún redactor; se redacta de forma conjunta con toda suerte de envíos y glosas marginales de ociosos hijos de patricios y cazadores de puestos en el consejo ciudadano. Dignamente está a su lado el *Intelligenzblatt*, un órgano en el que al principio sólo se encuentran anuncios y al final la exaltación del pietismo y del lucro patricio con los bienes ciudadanos. *Die Biene* se propone ser el *Charivari* de este partido. Pero como hoy en día los señores patricios, en general, tienen más que llorar que que reír, la agudeza de esta abeja resulta de un cuero y una torpeza espantosas.

Al partido moderado o liberal, al partido de Ochsenbein, le sirve ante todo como órgano el *Berner Verfassungsfreund*. Este periódico, redactado por el Dr. y ex profesor Karl Herzog, pasa francamente por la gaceta semioficial de Ochsenbein. Redactado con cierta rutina, pero sin talento alguno, se limita a la apología de los actos del gobierno y del

Consejo federal, en la medida en que éstos emanan del partido de Ochsenbein. En los cantones orientales, especialmente en los primitivos, es, naturalmente, de un talante liberal aterrador, y también, llegada la ocasión de la política exterior, lanza de vez en cuando una estridente fanfarria para introducir de contrabando, bajo el tono marcial, la neutralidad más incolora. Un *Bundeszeitung*, más o menos oscuro, navega aproximadamente en las mismas aguas, así como también el periódico francés *La Suisse*, redactado en mal francés por el piamontés Bassi. Menos directamente vinculado al gobierno que el *Verfassungsfreund*, inciensa no menos a la mayoría liberal gobernante, y ataca con gran perseverancia, pero poca fortuna, a la prensa revolucionaria de la Suiza francesa, especialmente al *Nouvelliste Vaudois*. Se comporta de manera más decente en la cuestión italiana, en la que su redactor está directamente implicado. – Estos tres periódicos aparecen a diario.

El partido radical es el que cuenta con más órganos. A la cabeza está el *Berner Zeitung*, bajo la dirección superior del abogado, vicepresidente del Gran Consejo y consejero de los Estados, Niggeler. Es el órgano del partido radical decidido de la parte alemana del cantón, representado en el Consejo de gobierno por el director de Finanzas, Stämpfli. Llevar a cabo la democracia en la legislación y la administración del cantón, donde aún hay mucha vieja basura que barrer, la mayor centralización posible de toda Suiza, el abandono de la política de neutralidad en la primera ocasión oportuna: éstos son los principios fundamentales según los cuales se redacta este periódico.

Las notabilidades del radicalismo bernés colaboran en él, y por lo tanto no debe extrañar que el *Berner Zeitung* sea el periódico mejor redactado del cantón, e incluso de toda la Suiza alemana. Si los redactores y colaboradores pudieran escribir con entera libertad, sería todavía notablemente mejor: la república helvética única e indivisible, y precisamente con un tinte muy rojizo, saldría a relucir; pero por ahora esto no es posible, el partido no lo tolera aún. Junto al *Berner Zeitung* aparece, desde el 1 de enero, también a diario *L’Helvétie fédérale*, continuación de la *Helvétie* que aparecía antes en Pruntrut, en el Jura, órgano de los radicales jurásicos y de su jefe, el coronel y consejero de gobierno Stockmar. La antigua *Helvétie* se mostraba decididamente roja; la nueva, igualmente, e incluso más decididamente.

El *Schweizer Zeitung* (antiguamente el *Freie Schweizer*) representa asimismo el radicalismo, pero el radicalismo exclusivamente burgués, y por tanto se limita completamente a la exigencia de aquellas reformas económicas que son ventajosas para la clase poseedora dominante. Por lo demás, este periódico va también más allá de las habituales estrecheces

mentales de los cantones suizos (neutralidad, soberanía cantonal, etc.). Además de estos tres periódicos diarios, el radicalismo bernés posee aún un periódico satírico, y precisamente el único bueno de Suiza: el *Guckkasten* de Jenni. El *Guckkasten* (una vez por semana) se limita únicamente a los intereses cantonales suizos y especialmente berneses, pero justamente por eso ha logrado convertirse en un poder dentro del Estado, que contribuyó honestamente con su parte al derrocamiento del gobierno de Neuhaus y que ahora vuelve a ocuparse de que el partido de Ochsenbein no permanezca demasiado tiempo en el timón. La sátira despiadada con la que Jenni se esfuerza por despojar del nimbo de la popularidad a toda personalidad gobernante, hasta Ochsenbein, le ha acarreado bajo Neuhaus innumerables procesos y chicanas, y posteriormente cartas de amenaza y brutalidades, pero todo en vano; aún hoy los altos señores de Berna esperan con gran inquietud cada nuevo número de los sábados del *Guckkasten*. Cuando a Blum lo fusilaron, el *Guckkasten* trajo, como dibujo semanal, un tajo con un hacha, rodeado de un montón de coronas rotas y con la inscripción: *el único recurso*. Cuando los sesudos ciudadanos berneses se escandalizaron por ello, a la semana siguiente apareció una farola con una corona colgada y las inscripciones: *Suaviter in modo, fortiter in re – ¡A los manes de Messenhauser!*

El *Seeländer Anzeiger*, editado por el consejero nacional y del Gran Consejo J. A. Weingart, representaba hasta año nuevo en solitario el socialismo. El *Seeländer Anzeiger* predica una extraña mezcla de socialismo sentimental y caritativo, que se deshace en lágrimas, y de revolución roja. Lo primero para el cantón de Berna, lo segundo en cuanto habla del extranjero. Por lo que respecta a la forma, este periódico que aparece semanalmente es uno de los peor redactados del cantón. Por lo demás, el Sr. Weingart, pese a sus efusiones anímicas cristianas y blandengues, es en política un partidario del radicalismo más decidido. Desde año nuevo, el *Seeländer Anzeiger* ha encontrado un competidor en el *Unabhängige*, que también aparece una vez por semana y que se ha impuesto la tarea, ciertamente algo ingrata, de encontrar en las condiciones del cantón de Berna y de Suiza en general puntos de enlace para la propaganda de los rudimentos del socialismo y de proponer medidas para remediar al menos los males más groseros. En todo caso, esta hojita es la única en toda Suiza que ha emprendido el camino correcto para ganar terreno aquí en el país para su tendencia; y si sus posibilidades de éxito están en relación con la furia que ya ha despertado en las altas y altísimas autoridades, sus perspectivas no son en absoluto tan malas.

De los periódicos que aparecen fuera de la ciudad, menciono sólo uno: la *Evolution*, como el jefe de los cuerpos francos, Becker, ha rebautizado

ahora su *Revolution*. Este periódico, el más decidido de cuantos aparecen en Suiza, apela única y exclusivamente a una nueva revolución europea y busca ganar combatientes para ella en su círculo. En agradecimiento, es aborrecido por los ciudadanos tranquilos y encuentra, aparte de los refugiados alemanes en Suiza, Besançon y Alsacia, poco público.

En un próximo artículo entraré más de cerca en la prensa de fuera de Berna.