El señor Müller – Las chicanas de Radetzky contra el Tessin – El Consejo Federal – Lohbauer  
** Berna, 8 de enero. El gobierno napolitano, cada vez más preocupado por la falta de reclutas suizos, ha enviado ahora a uno de sus oficiales de estado mayor suizos, el señor Tobias Müller, aquí, para consultar con el Consejo Federal acerca de la modificación de la ruta de viaje de los reclutas, dado que el puerto de embarque estipulado por contrato, Genua, está bloqueado. Este señor Müller es sumamente idóneo para semejante misión. No solo porque ha combatido contra la libertad en Italia durante largos años; ya en 1831 empuñó las armas contra la revolución en su patria natal (Friburgo). Radetzky, que conoce a los suyos, lo ha recibido con distinción, lo ha abrazado ante su Estado Mayor y ha elogiado espléndidamente tanto a él como a los suizos en Nápoles en general, por su «fidelidad a su rey» (!) y por su valentía al servicio de su «rey». Probablemente, no obstante, el señor Müller encontrará dificultades; incluso el liberalismo imperante en el Consejo Federal no es amigo de las capitulaciones militares, como tampoco lo son los gobiernos liberales de Berna y Lucerna.

Mientras Radetzky fraterniza con los suizos en Nápoles, sus chicanas contra el Tessin se reanudan sin cesar. Ha denunciado al gobierno de allí que Mazzini aún se mantiene escondido en el cantón e incluso le ha indicado su escondite. Asimismo se queja de que continuamente se introducen armas de contrabando en Lombardía. El gobierno acordó investigar el primer punto y, si realmente Mazzini se encontrara de nuevo en el cantón, expulsarlo; sobre el segundo punto pasó al orden del día, pues no es asunto suyo servir de guardia fronteriza a los austriacos. Radetzky, por lo demás, ha amenazado con restablecer el bloqueo si el contrabando de armas no cesara.

El Consejo Federal se ocupa de los proyectos de ley que deben presentarse a la próxima Asamblea Federal. Entre ellos figuran la ley de aduanas, la organización postal, propuestas de organización militar, etc. Hay que confesarlo: mientras la muy honorable Asamblea de Francfort, en su desbordante impotencia y su impotente desbordamiento, no saca a la luz otra cosa que su propia miseria, las autoridades federales suizas llevan a cabo, en el mayor silencio, una tras otra, piezas de centralización burguesa. En marzo se presentarán a los Consejos una multitud de leyes centralizadoras; en mayo y junio serán debatidas y aprobadas, y en junio entrarán en vigor. Para semejantes pequeñas reformas de detalle, la generación liberal de políticos suizos hoy en el poder (no puede llamárseles estadistas) posee un talento indiscutible. En pocos años la centralización de Suiza estará consumada, en la medida en que la constitución lo permita, y entonces esta misma constitución se convertirá en una traba para el desarrollo ulterior del país, y la república única e indivisible será una necesidad. Todo ello bajo el supuesto —imposible— de que la tormenta europea que se prepara deje a Suiza tan neutral como lo hizo el año 1848.

¡Pero, ciertamente, qué nación, en una época de revoluciones como la actual, no aspira a otra cosa que a la supresión de las aduanas cantonales, de los correos cantonales y de otras instituciones cantonales que desde largos, larguísimos años ya se han vuelto oprimentemente gravosas! ¡Qué nación que, en medio de los dolores de parto de una nueva época histórica, pone su meta suprema en una edición mejorada de la república federativa históricamente heredada y en los primeros comienzos de la centralización burguesa, que ya la guerra del Sonderbund ha hecho necesarios! ¡Qué mezquindad en medio del movimiento europeo más grandioso!

Por lo demás, el Consejo Federal ha dado un paso de lo más singular. Ha llamado de nuevo al conocido señor Lohbauer, de Berlín, como profesor de ciencias militares. El señor Lohbauer, refugiado de 1830, radical, más tarde renegado, fue llamado, como es sabido, a Berlín por la camarilla de Eichhorn en los años cuarenta, donde colaboró en la *Staatszeitung*, en el *Janus* y en otros órganos ultrarreaccionarios y pietistas. El señor Lohbauer es, si no nos equivocamos, el autor de aquella patada de lacayo en el folletín de la *Staatszeitung* con la que se despachó entonces a Herwegh de los Estados reales, después de su carta a Su Majestad. El señor Lohbauer nunca fue soldado y, sin embargo, se supone que aquí ha de enseñar ciencias militares. Lo que esto significa solo lo comprende el señor Ochsenbein, que lo ha llamado.

En la mayoría de los cantones, los Grandes Consejos están ahora reunidos y se baten con los intereses más localísimos. El de Zúrich ha elegido a nuestro amigo el Dr. Alcibíades Escher como alcalde (*id est*, jefe del poder ejecutivo). El Gran Consejo de Berna se reunirá el 15.